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sábado, 14 de febrero de 2026

 CUANDO DIOS PIDA CUENTAS DE NUESTROS TALENTOS

En el Evangelio de Mateo 14-30, Jesucristo habló de los talentos. No eran solo monedas; eran símbolos de los dones, capacidades, oportunidades y propósito que Dios entrega a cada persona. A uno le dio cinco, a otro dos, a otro uno. No todos recibieron lo mismo, pero todos recibieron algo. Y a todos se les pidió cuentas.

Dios confía dones y responsabilidades a cada persona.

La fidelidad y el compromiso activo son valorados.

No se trata solo de conservar, sino de hacer crecer lo recibido.

El miedo paraliza, pero la confianza en Dios impulsa a actuar.

Hoy esa pregunta resuena en nuestro corazón:

¿Qué hicimos con el talento que nos fue entregado?

Tal vez lo desarrollamos. Tal vez lo trabajamos con esfuerzo, disciplina y fe. Quizás lo pusimos al servicio del bien, ayudando, enseñando, construyendo, sanando, creando, sirviendo. El talento crece cuando se comparte. Se multiplica cuando se entrega con amor. En ese caso, el día que el Señor nos llame, no habrá miedo, sino gozo; no habrá vergüenza, sino gratitud.

Pero también puede ser que lo hayamos enterrado.

Enterrado por miedo al fracaso.

Enterrado por inseguridad.

Enterrado por compararnos con otros.

Enterrado por comodidad.

El siervo que escondió su talento no lo perdió por falta de capacidad, sino por temor. Y el miedo paraliza, detiene, convence de que es más seguro no arriesgar. Pero el propósito no se cumple en la comodidad; se cumple en la confianza.

El día que el Señor nos llame no será un juicio de terror para quien vivió intentando amar y servir. Será un encuentro. Será la revisión de una misión. Si nuestro propósito se ha cumplido en la tierra, si dimos lo que podíamos dar, si fuimos fieles en lo poco o en lo mucho, escucharemos esas palabras que todos anhelamos:“Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.” Mateo 25,21.

La verdadera pregunta no es cuántos talentos recibimos.

La verdadera pregunta es: ¿los pusimos al servicio del bien?

 Aún estamos a tiempo.

Si el talento está enterrado, podemos desenterrarlo.

Si está dormido, podemos despertarlo.

Si está en nuestras manos, podemos ofrecerlo.

Porque al final, no se nos pedirá éxito, sino fidelidad.

Y el amor siempre multiplica lo que se le entrega.

 ¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

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