Hermano GABRIELITO…

Quiero decirte algo con respeto y cariño. A veces, cuando estamos bajo presión económica, emocional o de pareja nuestra visión se reduce. Empezamos a pensar que alejarnos de la familia es la solución, que cortar vínculos traerá paz. Pero la verdadera paz no nace del aislamiento, sino del orden interior.

La fe no se usa para dividir. La fe auténtica une, sana, reconcilia y enseña humildad. Y la humildad no significa ceder ante presiones, sino reconocer que necesitamos consejo, comunidad y apoyo.

Ninguna relación debería empujarte a romper con tus hermanos. Al contrario, quien te ama de verdad respeta tus raíces.

No te hablo desde el enojo, sino desde la preocupación sincera. Las decisiones tomadas bajo presión o influencia intensa rara vez reflejan lo mejor de nosotros. Respira. Ora. Busca silencio. No tomes decisiones definitivas desde emociones temporales.

No estás en guerra con nadie. No tienes que probar nada. No tienes que elegir entre amor y familia. La verdadera madurez es integrar, no dividir.

Y recuerda algo: Dios no empuja al aislamiento ni al orgullo. Dios invita a la reconciliación, a la prudencia y a la serenidad.

Aquí estamos. No como enemigos, sino como hermanos Villarroel Hurtado.

 

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