VIVIR LA CUARESMA CON CONCIENCIA Y URGENCIA
La
Cuaresma es un tiempo santo, un regalo de Dios para detenernos en medio del
ruido del mundo y mirar nuestra alma con sinceridad. No es simplemente una
tradición anual; es una oportunidad concreta de conversión. Es el llamado
amoroso y firme del Señor que nos dice: “Vuelve a mí con todo tu corazón.”
Vivimos
muchas veces distraídos, ocupados en lo material, preocupados por lo inmediato,
corriendo detrás de lo que pasa. Pero la realidad es clara: nuestra vida se
marchita como la hierba del campo. Somos frágiles, pasajeros, peregrinos en
esta tierra. Y precisamente por eso, la Cuaresma es urgente.
La
Palabra de Dios nos lo recuerda con fuerza:
“Porque
él sabe de qué estamos hechos, se acuerda de que somos polvo. Los días del
hombre son como la hierba, florece como la flor del campo; pasa el viento y ya no
está.” (Salmo 103,14-16)
Esta
verdad no debe llenarnos de miedo, sino de conciencia. Si la vida es breve,
entonces cada día cuenta. Cada decisión cuenta. Cada acto de amor cuenta.
La
Cuaresma es el tiempo de gracia para no llegar con las manos vacías.
Es el
tiempo de sembrar lo que un día presentaremos ante la presencia de Dios.
Es
tiempo de:
Orar más profundamente, para
que Dios vuelva a ocupar el primer lugar.
Ayunar con sentido,
renunciando no solo a cosas materiales, sino al orgullo, al egoísmo y a la
indiferencia.
Practicar la caridad,
haciendo de las obras de misericordia nuestro verdadero tesoro.
Porque
no basta con cumplir externamente; Dios mira el corazón. No basta con privarnos
de algo; debemos transformarnos por dentro. La verdadera conversión implica
cambiar de rumbo, dejar lo que nos aleja de Dios y abrazar lo que nos acerca a
Él.
La
Cuaresma nos pregunta con seriedad:
¿A
quién estoy poniendo primero?
¿Estoy
viviendo para lo eterno o solo para lo pasajero?
¿Si
hoy fuera mi último día, qué llevaría en mis manos?
Que
cuando llegue nuestra hora, esa hora que nadie conoce, podamos presentarnos con
confianza y decir:
“Señor, aproveché el tiempo que me diste.
Me convertí. Me arrepentí. Amé. Serví. Practiqué la
misericordia.”
Entonces entenderemos que nada de lo hecho por amor se
pierde.
Porque, aunque nuestra vida se marchite como la hierba del
campo…
las obras hechas por amor florecen en la eternidad. Llamado
a la conversión
“El
plazo está vencido, el Reino de Dios se ha acercado Tomen otro camino y crean
en la Buena Nueva.” (Marcos 1,15)
Que el
Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja
Tu
amiga
Mirtha
Villarroel de Rocha
Comentarios
Publicar un comentario