el señor es mi pastos

nada me faltara

domingo, 31 de agosto de 2025

 “LA HUMILDAD, PUERTA DE ENTRADA AL CORAZÓN DE DIOS”

 La Palabra de Dios hoy nos invita a detenernos en una virtud fundamental para la vida cristiana: la humildad. El libro del Eclesiástico nos exhorta: “Actúa con humildad en tus quehaceres y te querrán más que al hombre generoso” (3,17). La humildad es esa llave que abre las puertas del corazón humano y, sobre todo, nos permite adentrarnos en los misterios de Dios.

Jesús en el Evangelio nos recuerda que “el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido” (Lc 14,1.7-14). El corazón humilde es aquel que reconoce su verdad más profunda: que somos humus, tierra, polvo de donde fuimos tomados y a donde un día volveremos. Ser humilde no significa callar ni anularse, sino vivir desde la verdad del corazón, reconociendo que la vida es un regalo de Dios y no un mérito propio.

La humildad no depende de la riqueza ni de la posición social. No es fruto del poder ni del dinero, sino de la asimilación interior de quién soy yo ante Dios. Es así que la humildad nos recuerda que somos iguales ante Dios, que nadie es más que nadie. Los títulos, los bienes materiales o las posiciones sociales no nos hacen superiores. Al contrario, quien ha recibido más debe ser más servidor, porque los dones que tenemos no son para vanagloria, sino para ponerlos al servicio del prójimo.

El humilde sabe que todo lo que tiene y es viene del Creador, y por eso no desprecia a nadie, no trata con indiferencia al pobre ni se enorgullece de sus logros, no ostenta con sus bienes.

El camino de la humildad nos conduce a la grandeza verdadera, no la que el mundo aplaude, sino la que Dios eleva. Porque la humildad nos hace semejantes a Cristo, que siendo Hijo de Dios se abajó hasta hacerse servidor de todos.

Hoy, más que nunca, necesitamos pedir al Señor un corazón humilde, capaz de reconocer sus limitaciones, de agradecer cada día la vida, y de mirar a los demás con respeto y compasión. El humilde será enaltecido porque en su pequeñez se refleja la grandeza de Dios.

La Humildad que salva es la conciencia que debemos tener de respetar a Dios y respetar al hermano, porque en ese respeto está el fundamento de la vida cristiana. El ser humano, con su actuar cotidiano, se acerca a la salvación o se aparta de ella.

Un corazón humilde es el que reconoce su dependencia de Dios y la dignidad del hermano. Quien vive así no busca exaltarse, sino servir; no oprime, sino levanta; no desprecia, sino acoge.

La verdadera grandeza está en vivir desde la humildad, porque sólo el que se abaja ante Dios puede ser elevado por Él.

La humildad no es debilidad, sino grandeza interior. Es el camino que abre las puertas del corazón de Dios y nos permite mirar a los demás como hermanos, nunca como inferiores. El soberbio se exalta a sí mismo y termina vacío; el humilde se inclina y en esa entrega alcanza plenitud. Solo un corazón humilde puede reconocer que todo lo que somos y tenemos es don de Dios.

 “Doblar la rodilla ante Dios es la mayor elevación del ser humano. Sólo quien se reconoce pequeño ante el Creador puede ser grande en la eternidad.”

 “Dios se opone a los orgullosos, pero da su gracia a los humildes.” (Santiago 4,6)

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

 

 

 

 

 

sábado, 30 de agosto de 2025

 MI VIDA ES EL TALENTO DE DIOS...

No llegamos vacíos a este mundo, porque nuestra vida es el talento de Dios. Y lo que podemos ofrecer es justamente eso: nuestra vida, gastada en el amor, invertida en servir y entregada en plenitud.

Todos hemos recibido una serie de capacidades, dones y habilidades que necesitan ser desarrollados y puestos al servicio a lo largo de la vida. Jesús, en la parábola de los talentos (Mateo 25,14-30), nos recuerda que cada talento tenía un valor inmenso, equivalía a unos 27 kilos de oro, pero más allá de la riqueza material, representa la confianza de Dios en cada uno de nosotros.

No tengamos miedo de asumir la misión que el Señor nos entrega. El miedo nubla el discernimiento, nos paraliza y nos hace olvidar que somos hijos amados de Dios. Mientras estemos vivos y no dentro de un cajón llevados al cementerio, aún tenemos tiempo para hacer fructificar nuestros talentos.

Dios no pide más de lo que podemos dar: exige a cada uno según sus capacidades. Lo que sí espera es que vivamos el día de hoy con plenitud, dando lo mejor de nosotros, sin dejar pasar la oportunidad de amar, servir y hacer el bien.

Que podamos decir con convicción: “Mi vida es el talento de Dios, y quiero devolverla multiplicada”. Porque Dios nos confió talentos para que florezcan en obras. Lo que podemos dar al Señor no es oro ni plata, sino nuestras obras de amor: escuchar el evangelio diario, participar en un grupo de oración, hacer un gesto de solidaridad, una palabra de aliento, una hora de tiempo compartido, una visita al enfermo, un perdón ofrecido. Cada día es una oportunidad irrepetible para multiplicar lo que Dios puso en nosotros. Cada acción concreta es oro que se multiplica ante el Reino.  No hay tiempo que perder, los talentos no se guardan. La parábola de hoy nos advierte que llegará el día en que el Señor nos pedirá cuentas. Y entonces no valdrán las excusas, sino lo que hayamos hecho con la vida, con los dones recibidos, con el tiempo que se nos confió.

Por eso debemos preguntarnos hoy, no mañana:

¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿En qué estoy gastando mis días? ¿Qué tengo ahora mismo entre mis manos? ¿Qué puedo ofrecer?

No hemos venido al mundo con las manos vacías. Dios nos ha creado con dones únicos, con talentos que son semilla de vida y esperanza. Nadie llega a este mundo sin una misión, sin una capacidad para amar, servir, trabajar y transformar. Venimos equipados con virtudes, fuerza interior y un corazón capaz de dar más de lo que imaginamos.

El que escondió su talento en la tierra no perdió lo que tenía, pero tampoco produjo fruto, y fue llamado “siervo malo y perezoso”. Esa es la advertencia: la pasividad, la indiferencia, la tibieza son caminos de pérdida.

Que al final de la vida podamos presentarnos con las manos llenas de frutos y escuchar esas palabras que son la verdadera recompensa: “Bien, siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor.”

"Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará." Mateo 25,29

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

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viernes, 29 de agosto de 2025

 “DE LA CÁRCEL A LA LIBERACIÓN: LA VOZ DE JUAN BAUTISTA HOY”

Recordamos el martirio de San Juan Bautista.

San Juan Bautista fue encarcelado y decapitado no por un crimen, sino porque se atrevió a proclamar la verdad y denunciar el pecado de Herodes. El rey, enceguecido por sus pasiones y dominado por un poder corrupto, ofreció lo que quisiera a la hija de Herodías, y ella, manipulada por su madre, pidió la cabeza del profeta. Así, la justicia fue doblegada por el capricho, el poder, el deseo mal intencionado, la ambición y la venganza.

Murió como consecuencia de una justicia corrompida o depravada y manejada políticamente. El rey Herodes lo mandó encarcelar no por un delito real, sino porque la verdad que Juan proclamaba enfadaba al poder. Finalmente, a causa de un capricho y la presión de intereses personales, fue decapitado injustamente.

Su martirio nos recuerda que cuando la justicia se somete a los poderes políticos, se convierte en un instrumento de opresión: se priva de la libertad a quienes levantan su voz, se sanciona sin sentencia y se condena a inocentes y sus familias, y se oprime a un pueblo que clama por verdad y dignidad.

La corrupción enceguece a quienes tienen en sus manos el poder de un pueblo, de una sociedad, olvidando que toda autoridad viene de Dios y que será juzgada por Él.

Hoy en Bolivia la corrupción y la injusticia siguen oprimiendo a inocentes, encarcelando y apagando voces que claman verdad. Lo vemos en las autoridades enceguecidas por intereses personales, por buscar impunidad ante la comisión de sus delitos manipulando la ley, encarcelan sin aplicar procedimientos y callan voces que les son incómodas. Pero la verdad no muere en la cárcel ni en la injusticia.

La justicia no puede ser rehén de la corrupción, porque donde la justicia se vende, el pueblo entero sufre.

Hoy, muchos privados de libertad viven situaciones similares, hombres y mujeres que esperan años por una sentencia, otros que sufren prisión siendo inocentes, y también aquellos que luchan por sus ideales y son acallados con la cárcel. Frente a esto, la vida de San Juan Bautista nos da esperanza, porque la última palabra no la tiene la injusticia, sino Dios. Él es quien trae la verdadera liberación, y llegará el momento en que se abran las puertas y la dignidad de los oprimidos sea restituida.

San Juan Bautista nos recuerda que la verdad no se mata, aunque se encarcele o se silencie al mensajero. Llegará el momento en que la liberación se haga presente, porque ningún poder injusto es eterno.

A quienes administran justicia en nuestros tiempos les decimos; no repitan el error de Herodes, y comprendan que la verdadera grandeza del poder está en servir al pueblo con justicia, rectitud y compasión.  La historia enseña que ningún poder injusto es eterno. La dignidad humana no puede ser pisoteada impunemente.

La verdad siempre se abre camino y “la verdad los hará libres” (Juan 8,32)

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

 

 

 

jueves, 28 de agosto de 2025

 REFLEXIÓN SOBRE LA CONVERSIÓN, LA ORACIÓN Y EL AÑO JUBILAR

Santa Mónica es ejemplo vivo de lo que significa orar sin cansarse. Durante muchos años derramó lágrimas y elevó súplicas constantes por la conversión de su hijo, Agustín. Parecía un caso perdido. Se dejaba llevar por las pasiones, buscaba la verdad en filosofías que no lo saciaban, y se resistía a la gracia, se resistía a la fe.  Sin embargo, aquella madre perseverante nunca bajó los brazos.

Al final, el Señor escuchó sus ruegos, escuchó su oración y Agustín, aquel joven rebelde se transformó, se encontró con la misericordia de Cristo y, de pecador inquieto, se convirtió en San Agustín de Hipona, uno de los más grandes santos y doctores de la Iglesia Católica. quien afirmó: “Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”.  

Hoy es el tiempo propicio para abrirle el corazón al Señor. Y así como Santa Mónica rezó por su hijo, nosotras las madres debemos rezar mucho por la conversión de nuestros hijos, familiares y de nosotras mismas. La oración insistente, aunque a veces parezca estéril, mueve montañas y atrae la misericordia de Dios.

Este testimonio nos recuerda que no podemos dejar para el último instante nuestra conversión. El mañana no está asegurado; hoy es el día de la gracia, hoy es el tiempo para reconciliarnos, para perdonar y cambiar de vida.

Y este llamado cobra mayor fuerza en el Año Jubilar, un tiempo extraordinario de gracias que la Iglesia abre cada 25 años. Es un año en que la misericordia de Dios se derrama con abundancia sobre sus hijos, ofreciéndonos el don inmenso de las indulgencias plenarias, que borran toda pena temporal causada por nuestros pecados ya perdonados. El Jubileo es un tiempo de reconciliación, de conversión profunda, de renovar la fe y caminar en santidad.

El Jubileo es la oportunidad de recibir una nueva vida en Cristo, de dejar atrás el pecado y abrazar la gracia. Así como Santa Mónica perseveró por años hasta ver a su hijo transformado, también nosotros debemos aprovechar este tiempo sagrado para buscar la conversión de nuestros hijos, familiares y la nuestra propia, con fe y constancia.

“Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé.” San Agustín de Hipona.

“Convertíos a mí de todo corazón, con ayuno, llanto y luto; rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos. Volveos al Señor, vuestro Dios, porque es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en amor.”  Joel 2,12-13

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

miércoles, 27 de agosto de 2025

 EL TIEMPO ES VIDA, EL DÍA ES HOY.

Dios tiene palabra de acción para nosotros. Hay momentos en la vida en los que sentimos que el tiempo se nos escapa de las manos, postergamos sueños, guardamos proyectos en un cajón, callamos palabras de amor o de perdón y creemos que siempre habrá un mañana. Pero la verdad es que el tiempo no se detiene y cada día que pasa es un regalo que no vuelve.

Por eso, el llamado es a vivir con plenitud, a aprovechar cada instante para amar, perdonar, servir y soñar. Lo que no hagas hoy quizá mañana ya no sea posible. El tiempo no espera: se aprovecha o se pierde.

Ese tiempo precioso debe ser aprovechado para hacer el bien, para aplicar la justicia, para asistir a un enfermo, para ayudar al que te extiende su mano y hasta para prepararnos para el día en que el Señor venga por segunda vez. Llenemos nuestras manos de amor, sembremos esperanza y dejemos huellas de bondad.

Y dentro de todo ese obrar, debe haber también tiempo para rezar, para pedir por nuestra conversión, por la conversión de nuestros hijos o familiares, como lo hizo Santa Mónica, a quien hoy recordamos. Ella supo esperar con fe y perseverancia la conversión de su hijo Agustín, quien después llegó a ser un gran santo y doctor de la Iglesia.

Su ejemplo nos enseña que nunca debemos cansarnos de orar, porque las lágrimas y súplicas de una madre tocan el corazón de Dios y dan fruto en el tiempo preciso.

Y en medio de ese caminar, podemos quizá, recordar alguna canción de nuestra época, yo por ejemplo, cuando cantaba en el coliseo de mi pueblo y me creía una artista, hoy te comparto mi risa de casi seis décadas atrás, esas melodías que nos marcaron y que hoy nos hacen pensar que lo más valioso no fueron los aplausos ni las conquistas pasajeras, sino las obras de amor que quedaron grabadas en el corazón de los demás.

"Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo." (Eclesiastés 3,1)

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

martes, 26 de agosto de 2025

 QUE NUESTRA FE NO SE QUEDE QUIETA. UNA FE VIVA ES AQUELLA QUE SE TRADUCE EN AMOR.

¿Hay fe sin actividad? dejemos que sea fuerza, movimiento e impulso.

Muchas veces decimos: “yo tengo mucha fe”, pero la gran pregunta es: esa fe ¿dónde se refleja? La fe no es un adorno que guardamos en silencio, ni un sentimiento bonito que se guarda en el corazón, ni un recuerdo heredado de nuestros padres o abuelos. La fe es un fuego vivo que necesita expandirse, iluminar, calentar e impulsar. La fe es fuerza viva que se manifiesta en nuestras obras, en nuestra manera de amar, en el modo de servir y en el deseo de compartir con otros la presencia de Dios en nuestra vida.

Si creemos de verdad, debemos mostrarlo con nuestras acciones: ayudando al que sufre con una enfermedad o su misma soledad, levantando al que ha caído, compartiendo el pan con el hambriento, ofreciendo una palabra de consuelo al que llora, siendo portadores de esperanza en medio de tanta oscuridad.

 ¿En qué momento la fe se convierte en vida, en obra, en testimonio?

La fe se convierte en vida, porque orienta nuestras decisiones, pensamientos y sentimientos, dando sentido a lo que somos y no es una convicción interior, empieza a reflejarse en nuestras acciones cotidianas.

Cuando se convierte en obra, esa fe se traduce en gestos concretos de amor, justicia, perdón y servicio. Como dice Santiago 2,17: “La fe, si no tiene obras, está muerta en sí misma”

 Cuando se convierte en testimonio, cuando los demás pueden reconocer a Dios a través de nuestra manera de vivir y contagia a otros a creer en la presencia viva de Dios.

No se trata sólo de palabras, sino de irradiar coherencia, paz y esperanza, aun en medio de las pruebas por más difíciles que parezcan, o que te duelan. Jesús mismo lo expresó: “Que brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5,16).

¿Quién inspira esa fe?

La fe auténtica no nace de un simple esfuerzo humano. Es Dios mismo quien la inspira.

Es el Espíritu Santo quien mueve esa fe. Él nos inspira a salir de nuestra comodidad de estar en casa, no hacer nada, estar pegada al celular, a vencer la indiferencia, a atrevernos a dar un paso más. Porque una fe que no se comunica, que no se comparte, se apaga; pero una fe que se traduce en obras se convierte en semilla de vida para muchos.

La fe verdadera es contagiosa, cuando vivimos lo que creemos, otros pueden ver en nosotros la huella de Dios y descubrir que sí es posible confiar, que sí es posible creer, que sí es posible levantarse, aunque todo parezca perdido.

Hoy más que nunca, el mundo necesita creyentes activos, personas que no sólo digan “yo creo”, sino que lo demuestren con sus hechos. Que nuestra fe sea oración en los labios, pero también caridad en las manos; esperanza en el corazón y también justicia

Por eso, la fe debe hacerse acción, en la ayuda al necesitado, en la palabra de aliento, en el perdón ofrecido, en la oración compartida, en la justicia defendida, en la esperanza sembrada. La fe sin obras no convence a nadie; pero la fe que actúa habla por sí misma y muestra que la vida realmente se mueve en torno a lo divino.

“Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje se oye por la palabra de Cristo que la comunidad anuncia y transmite. (Romanos 10,17),

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

lunes, 25 de agosto de 2025

 “DEL DOLOR A LA MISIÓN: CUANDO DIOS TRANSFORMA LAS PRUEBAS     EN SERVICIO”

Quiero compartir con vos esto:

La huella de mi confesor y la fuerza que daba su acompañamiento

La partida de mi confesor hace un mes atrás fue un dolor profundo, pero también dejó en mí la certeza de que la verdadera conciliación va más allá de lo legal: es un encuentro con Dios.

Con orgullo y humildad te digo que, como “maestra de primaria ya jubilada”, mi vocación ha trascendido las aulas por 41 años. Hoy, como abogada conciliadora, sigo ejerciendo un rol educativo y de guía, pero en un ámbito más amplio: la vida misma. No me limito sólo a los marcos legales, sino que ayudo a las personas a reencontrarse consigo mismas, con sus familias y con Dios.

En mis más de tres décadas como abogada siempre fui anti-divorcio. Con la guía de mi confesor, logramos que muchos matrimonios que llegaban decididos a separarse reencontraran el camino de la reconciliación. Sólo en contadas ocasiones se llegó al divorcio, y no por interés económico, pues conciliar siempre cuesta menos, sino por la intolerancia de uno de los cónyuges. La mayoría volvió a su hogar con paz, esperanza y la gracia de Dios.

Aprendí que detrás de cada expediente hay una familia y que el derecho por sí solo no sana heridas; unido a la fe, sí puede restaurar lo que parecía perdido. Muchas parejas que acudían a mi oficina buscando separación terminaban ese mismo día reconciliándose con Dios y con su familia.  Mi labor muestra que los problemas familiares no se resuelven sólo con documentos o acuerdos legales. Hace falta sanar el corazón, abrir el alma y recuperar la paz interior. Ese “giro” que describo, es precisamente el efecto de integrar la fe, la reconciliación sacramental y la orientación legal.

Cada matrimonio reconciliado y cada familia restaurada me confirman que esta misión es un servicio confiado por Dios. La conciliación se vuelve verdadera reconciliación cuando se une lo humano con lo divino. Cada persona que encuentra consuelo, cada matrimonio que recupera su camino, es un regalo que me recuerda que, a pesar de la enfermedad y del sufrimiento vivido, la vida tiene sentido cuando se entrega al servicio del prójimo. Y la pareja comprendía que el matrimonio sólo se sostiene cuando Dios es el centro.

Como maestra y ahora como abogada conciliadora, pensaba que mi misión no es sólo legal, sino también espiritual, lo creo y confirmo sólidamente, que es un verdadero ministerio laical, silencioso, pero profundamente activo, que busca sembrar paz donde hay conflicto, esperanza donde hay desesperanza, y reconciliación donde parecía que solo había ruptura. Porque la conciliación no es solamente un trámite, sino una pasadera que devuelve dignidad, abre caminos de perdón y restaura la vida en común.

 Después de sobrevivir dos veces al cáncer y a una cirugía a corazón abierto, fueron fuertes lastimadas en mi cuerpo que se transformaron en instrumento para sanar las heridas de otros, que mis propias pruebas se transformaron en un instrumento para acompañar a otros en su dolor. Y hoy comprendo que todo esto es parte de una misión que Dios me confió, y es lo que comprendí que la vida es un don que no sólo a mí me pertenece, pero Dios, en su infinita misericordia, me devolvió la salud, si me dejó aquí, es para servir y con ella me confió una misión, acompañar a las personas en sus momentos de mayor dolor y confusión.

Hoy sólo me queda dar gracias a Dios por la vida, la capacidad para escribirte y por esta oportunidad de llegar a la gente, porque mi tarea no se limita a resolver conflictos y dejarlas plasmadas en un acta o en un acuerdo, siento que mi vida misma se ha convertido en un testimonio vivo de resistencia y de misión. Llegar a personas con cáncer especialmente, compartir su dolor, en sus luchas emocionales, espirituales y hasta económicas dentro de mis posibilidades.

Y si alguna huella quiero dejar en esta tierra, es la de haber mostrado que se puede servir a Dios desde lo cotidiano, con las herramientas que Él mismo nos ha dado, ya sea el pizarrón y almohadilla de una escuela o el escritorio de una oficina jurídica, siempre poniendo a Dios, al ser humano y su familia en el centro.

Lo dejo así escrito, como un testimonio-reflexión

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (Romanos 5,1)

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

Con gratitud

Mirtha Villarroel de Rocha

sábado, 23 de agosto de 2025

 GUÍA DE AUTO EXPLORACIÓN MAMARIA

¿Cuándo hacerlo? Una vez al mes.

El mejor momento es 7 a 10 días después de la menstruación (cuando los senos están menos sensibles).

Si ya no menstruas, elige un día fijo de cada mes (ejemplo: el día 1 o el 15).

 Primer paso 1: Observación frente al espejo

Colócate frente a un espejo, con los brazos relajados a los lados.

Observa si hay cambios en tamaño, forma o color de tus senos.

Repite la observación con los brazos levantados y luego con las manos apoyadas en la cintura, apretando para tensar el pecho.

 ¿Qué debes buscar? Hoyuelos o retracciones en la piel (como piel de naranja).

Bultos visibles o inflamaciones. Cambios en el pezón (hundimiento, secreción o enrojecimiento).

Segundo Paso. Palpación de pie (en la ducha)

Levanta el brazo izquierdo y usa la mano derecha para explorar el seno izquierdo.

Con la yema de los dedos, haz movimientos circulares pequeños, recorriendo toda la mama:

Desde la parte superior hacia abajo. Desde el borde externo hacia el pezón.

Repite el procedimiento en la otra mama.

Palpa también la axila y la zona de la clavícula, donde hay ganglios linfáticos.

 Tercer Paso. Palpación acostada

Acuéstate boca arriba, coloca una almohada bajo el hombro derecho y el brazo derecho detrás de la cabeza.

Con la mano izquierda, repite los movimientos circulares sobre el seno derecho.

Haz lo mismo con el seno izquierdo.

Señales de alerta que requieren consulta médica. Bulto duro y fijo en la mama o axila. Retracción o hundimiento de piel o pezón. Secreción con sangre o transparente fuera de la lactancia. Cambios de color o textura en la piel del seno. Dolor persistente en una zona específica.

La autoexploración no reemplaza la mamografía ni los controles médicos, pero es un acto de amor propio que ayuda a conocer tu cuerpo y detectar cambios tempranos.

Si notas algo diferente, consulta al médico de inmediato.

Mensaje de esperanza

"Hoy tu cuerpo lleva las huellas de una gran batalla, pero también refleja la fuerza de alguien que no se rindió. La quimioterapia y la radioterapia pudieron cansarte, quitarte el cabello, robarte el apetito y a veces hasta la sonrisa, pero no lograron apagar tu fe ni la esperanza que brilla en ti.

Cada lágrima, cada noche de cansancio y cada día de incertidumbre son semillas de vida que, con paciencia, darán fruto en tu corazón. Aunque el camino sea duro y a veces parezca interminable, recuerda que dentro de ti late una valentía que ni la enfermedad puede vencer.

Y aunque el futuro se vea incierto, en cada amanecer Dios te regala una nueva oportunidad de vida, un motivo para seguir soñando y creyendo.

Hoy celebra no sólo que sobreviviste a un tratamiento, sino que eres testimonio vivo de que la esperanza es más fuerte que el dolor.

Escucha esto. No estás sola, está tu familia, tus amigos, tu fe más que todo y todos los que te aman caminan con vos. Ttambién descubrí que el amor de la familia, los amigos y la fe, actúan como una medicina que no se compra en farmacias.

Te dejo mi mensaje final

Que quede claro que “Dios no te mandó esta enfermedad. Él nunca quiere verte sufrir. La enfermedad llega porque nuestro cuerpo es frágil y porque vivimos en un mundo donde también existe el dolor. Pero lo importante es saber que Dios camina a tu lado, en cada sesión del tratamiento, en cada lágrima, en cada noche de cansancio.

Él no te castiga, al contrario, te abraza y te sostiene. Jesús mismo sanaba a los enfermos y se conmovía con su dolor, porque el corazón de Dios es misericordioso.

Si hoy estás pasando por un diagnóstico de cáncer de mama, quiero decirte; que El Señor tiene el control de tu vida. Confía en Él, fortalece tu espíritu con la oración, cuida tu salud siguiendo las indicaciones médicas y no pierdas la esperanza.

“La enfermedad puede tocar tu cuerpo, pero nunca podrá robarte la fe ni el amor de tus hijos, tu esposo y quienes te rodean.

Cuando atravieses esta etapa y salgas adelante, te darás cuenta que tu vida será un testimonio vivo de que la misericordia de Dios y es más grande que cualquier diagnóstico. Y en medio de esta lucha, Dios hará brotar en ti una fortaleza que tal vez nunca imaginaste tener, y serás un apoyo para otras que atraviesan lo mismo.

Y a las que hemos pasado por este camino del cáncer, nos corresponde ser entregadas al prójimo, con un corazón compasivo y solidario que acompañe y anime a quienes hoy luchan, recordándoles que Dios está primero y nunca nos deja sola.

Como dice la Escritura: “Los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán” (Isaías 40,31).

¡Con gratitud inmensa a Dios Todopoderoso por la segunda oportunidad!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

(Muy pronto tendrás la primera edición de mi libro. Mi Testimonio de vida. Porque yo creo en Dios y en los milagros)

 

 

viernes, 22 de agosto de 2025

CUANDO HAY VIDA, SIEMPRE HAY ESPERANZA, INCLUSO FRENTE A UN DIAGNÓSTICO DE CÁNCER.

SEGUNDA PARTE

Sigo respondiendo a las preguntas que hacen mujeres con este diagnóstico.

Un diagnóstico así puede golpear fuerte, traer miedo y confusión, pero también abre la puerta a la valentía, a la fe y a la oportunidad de luchar día a día. La medicina avanza, los tratamientos mejoran, y sobre todo, la fortaleza del espíritu humano y la confianza en Dios pueden sostener en los momentos más difíciles.

Recordar que la vida no se reduce a una enfermedad ayuda a encontrar motivos para seguir: el amor de la familia, la fe, los sueños que aún esperan cumplirse. Cada nuevo amanecer es una oportunidad de seguir adelante.

¿Qué tratamiento se siguió? Pasé por dos cirugías que dejaron cicatrices visibles, por quimioterapia que ataca células cancerígenas; y la radioterapia dirigida a la zona afectada para eliminar células residuales; puede provocar irritación en la piel y fatiga, que suelen mejorar con cuidados. Cada una tenía su reto. Todo eso lo pasé la primera vez.

 En la segunda cirugía que enfrenté la enfermedad, aún sigo con tratamientos hormonales desde el 2019. Pero te comento que mi actitud fue distinta, no tuve miedo, hasta el oncólogo se sorprendió, reafirmé mi fe en Dios, me sentí más fortalecida porque estaba rodeada una vez más de mi amado esposo y de mis hijos, ya adultos, que me acompañaron con madurez y aceptando la realidad.

¿Cuáles son los síntomas? Síntomas comunes de cáncer de mama:

Bulto o nódulo en la mama o la axila. Generalmente duro, con bordes irregulares y que no duele. Puede aparecer en cualquier parte del seno o bajo el brazo. Cambios en la forma o tamaño del seno. Una mama se ve diferente a la otra. Aparición de asimetría repentina. Alteraciones en la piel de la mama. Hundimientos, hoyuelos (como piel de naranja). Enrojecimiento, descamación o engrosamiento. Cambios en el pezón. Retracción (se mete hacia adentro). Dolor, enrojecimiento o descamación. Secreción anormal (con sangre o transparente, fuera de la lactancia). Dolor persistente en la mama o en la axila

Aunque la mayoría de los cánceres no duelen, a veces sí hay molestias que no desaparecen. Ganglios inflamados en la axila o clavícula. Puede sentirse un volumen pequeño, duro y fijo.

 Importante

Tener uno de estos síntomas no significa automáticamente cáncer, pero sí requiere consulta médica inmediata. La detección temprana aumenta muchísimo las posibilidades de curación. Se recomienda auto exploración mensual (después del periodo menstrual) y mamografía según la edad y riesgo.

¿Qué pasa después de una quimioterapia y radioterapia? Después de una quimioterapia y radioterapia, el cuerpo y la mente atraviesan un proceso de impacto que no solo es físico, sino también profundamente emocional. Te lo explico en dos dimensiones:

Efectos físicos más comunes

Cansancio extremo (fatiga): El cuerpo gasta mucha energía en recuperarse y reparar tejidos dañados. Náuseas y vómitos. Aunque hoy en día existen medicamentos que ayudan a controlarlos, siguen siendo frecuentes. Pérdida de apetito y cambios en el gusto. Muchos pacientes sienten que la comida no sabe igual o que ciertos olores resultan desagradables. Caída del cabello. En la quimioterapia es casi inevitable; en radioterapia depende de la zona tratada.

Cambios en la piel y mucosas. Sequedad, irritación, llagas en la boca o inflamación intestinal. Debilitamiento del sistema inmune. Lo que incrementa el riesgo de infecciones. Dolores musculares o articulares y, en algunos casos, hormigueos en manos y pies (neuropatía periférica). Alteraciones en la memoria y concentración (“niebla mental” post-tratamiento).

Carga emocional

La parte emocional puede ser incluso más dura que la física

Miedo y ansiedad. El temor a una recaída, a lo desconocido o a la efectividad del tratamiento.

Cambios en la autoestima. La pérdida de cabello, de peso o la sensación de fragilidad pueden afectar la imagen personal.

Tristeza o depresión. Es común sentir una “montaña rusa” emocional, alternando esperanza con desánimo.

Sensación de soledad o incomprensión. Incluso con apoyo familiar, a veces el paciente siente que nadie entiende del todo lo que está viviendo.

Necesidad de reconfigurar la vida. Se replantean prioridades, relaciones, espiritualidad y proyectos personales.

Aspecto positivo

Muchas personas descubren una fortaleza interior que no conocían. Se valora más la vida diaria, los pequeños gestos y el cariño de los demás. El acompañamiento espiritual, psicológico y médico resulta esencial para sobrellevar esta etapa.

¿Por qué Dios permite esto? Yo no creo que Dios mande la enfermedad como castigo ni como prueba. La enfermedad forma parte de la fragilidad de nuestra vida humana, nuestro cuerpo es limitado y se desgasta. Lo que sí creo profundamente es que Dios nunca nos abandona en medio de esa fragilidad. Él está presente en nuestro dolor, en el abrazo de los que nos quieren, en la fortaleza que descubrimos cuando creemos que ya no podemos más.

Dios no envía el cáncer, pero sí, nos da la capacidad de resistirlo, de encontrar sentido y hasta de crecer en amor y fe a través de la prueba. A veces lo que parece oscuridad se convierte en oportunidad para experimentar su cercanía y descubrir que la vida tiene un valor inmenso, aun en medio del sufrimiento."

Después del tratamiento.

Hacer los controles periódicos. No abandonar las revisiones médicas. Tener una vida saludable, continuar con buena alimentación, ejercicio y chequeos. Acompañar a otras mujeres y convertir nuestra experiencia dando consejos de esperanza.

 Te dejo una cita bíblica de consuelo

“En el mundo tendrán tribulaciones; ¡Pero sean valientes! “Yo he vencido al mundo”. (Juan 16,33)

Con estas palabras Jesús recuerda que las pruebas existen, pero que Él camina al lado nuestro y su victoria es también nuestra esperanza.

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 (No te pierdas la Guía de Autoexploración Mamaria)


jueves, 21 de agosto de 2025

 “DOS VECES CÁNCER, DOS VECES VIDA” POR LA MISERICORDIA DE DIOS.

Ya conté mi historia, pero es necesario insistir para cuidarnos y estar alertas  mujeres y por su relevancia estará dividido en dos partes. 

Primera parte:  

"A lo largo de mi vida he pasado por dos batallas que marcaron profundamente mi historia: el cáncer de mama, primero a mis 35 años y luego nuevamente a mis 67. Hoy te escribo a mis 73 años. En ambas ocasiones el Señor y su Madre Santísima me sostuvieron con su misericordia, dándome la oportunidad de seguir viviendo para contarlo.

Hoy, muchas mujeres se acercan a mí en busca de consejo, esperanza y oración. Saben que he caminado por este valle de sombra y que, por la gracia de Dios, lo he atravesado con fe en Dios, el apoyo de mi esposo, su presencia y comprensión me dieron seguridad y fuerza. Mis hijos y nietos cada uno con su amor, son un motor para seguir luchando. Mis hermanos, los amigos y el entorno, no hay que aislarse y hay que permitir que nos ayuden.

Lo más relevante en estos momentos es la FE que la debemos tomar como un ancla.

Entregar la enfermedad a Dios. Decir cada día: “Señor, en tus manos pongo mi vida.”

Buscar el consuelo de la Virgen. Rezar a diario el rosario, una imagen, o rezar novenas.

Mostrar que se puede vivir y superar, incluso dos veces, como en mi caso y es esperanza 

para otras.

Me visitan muchas mujeres enfermas con cáncer, me hacen varias preguntas como por ejemplo: Si tuve miedo. Si contagia. ¿Cómo supe que era cáncer? ¿Qué tratamiento se siguió? ¿Cuáles son los síntomas? ¿Qué pasa después de una quimioterapia o radioterapia? ¿Por qué Dios permite esto? ¿Es un castigo?  También buscan ánimo para afrontar el diagnóstico, en medio de la confusión y fortaleza para continuar y son conscientes que sólo Dios puede abrir luz en ese caminar duro por el momento, tanto personal como familiar. Pero no hay que desesperarse porque el cáncer tiene cura si se detecta a tiempo o también por milagro de Dios. 

Por eso las escucho, rezo con ellas, les comparto lo que aprendí en mi propio camino y les recuerdo que el cáncer no es el final, sino un desafío que, con fe, disciplina y esperanza, se puede enfrentar. Mi deseo es que cada mujer que llega a mí se vaya con el corazón más fuerte que cuando llegó. Lo primero que se debe hacer es no perder la fe en Dios, al contrario, aferrarse a lo divino y es momento que, si has perdido la conexión, debes buscarlo porque es providencial esos momentos para encontrar la calma interior, la que jamás se debe perder. Así suelo decirles...

Y así voy respondiendo con lo que aprendí en mi propia carne y en mi espíritu

Comienzo por la última pregunta y les digo que la enfermedad de cáncer NO es un castigo de Dios. Y que no contagia.  Como muchos suelen demostrar animadversión, eso pasó conmigo. Esta enfermedad es parte de la fragilidad humana, y en medio de ella, Él se hace presente para sostenernos. Puedes atender a uno o una enferma hasta cerrarles los ojitos sin pena alguna, es una gran obra de misericordia.  

El Señor no envía el cáncer para destruirnos, sino que nos acompaña en la prueba para fortalecernos. En esos momentos descubrimos su presencia, porque en medio del dolor Él se hace más cercano, hay que aceptar la realidad sin dejarse vencer por el miedo. Esto no significa resignarse, sino reconocer que hay un desafío que afrontar.

Deben fortalecer su espíritu en la oración. Dedicar momentos del día para hablar con Dios y pedir a la Virgen fortaleza, paz y confianza.

Si tuve miedo. ¿Y cómo supe que era cáncer? Claro que tuve miedo…, y mucho, cuando conocí el diagnóstico que era cáncer, fue como si el mundo se viniera abajo. La primera vez lo descubrí por una secreción en el pezón y luego un bulto que no estaba antes. Fui al médico pensando que sería algo sencillo, pero los exámenes confirmaron que era cáncer. La palabra me golpeó como un ladrillo, me pareció una sentencia de muerte. Sin embargo, en cuanto vi el rostro de mis hijos que en ese entonces tenían 5, 7 y 10 años le dije al Señor, “no puedo derrumbarme, ellos me necesitan”.

En la segunda ocasión, la aceptación fue más serena: estaba gracias a Dios, rodeada de mi amado esposo y de mis hijos, ya mayores y realistas. Entonces comprendí que había un propósito en mi vida que el Señor quería que cumpliera, y me aferré a esa certeza como a un ancla en medio de la tormenta.

"A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien" (Romanos 8,28).

¡Con gratitud inmensa a Dios todopoderoso por la segunda oportunidad!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 Continuará...

lunes, 18 de agosto de 2025

 SEGUNDA VUELTA. PERO... CON FE Y ESPERANZA

Bolivia vivió una jornada eleccionaria este domingo 17 de agosto 2025. Por el derecho y deber como ciudadanos bolivianos fuimos convocados a emitir nuestro voto y nos acercamos a las urnas voluntariamente, eligiendo al candidato que cada uno consideró el más idóneo para conducir nuestra patria. Personalmente, me levanté muy temprano y asistí a la Santa Misa. Allí, delante del Señor de la vida y de la historia, puse a Bolivia en sus manos, y pedí que el Espíritu Santo iluminara a quienes tienen la responsabilidad de elegir y de ser elegidos.

Le rogué con el corazón abierto por paz en las almas, claridad en las mentes, responsabilidad en las decisiones y cordura en los actos. Que nuestros candidatos recuerden siempre que servir no es un privilegio personal, sino un deber sagrado hacia el pueblo, y que cada ciudadano ejerza su derecho con conciencia, respeto y esperanza en un mañana mejor.

Pedí también al Señor que aparte de nosotros la violencia, la división y el egoísmo, y que en su lugar florezcan la unidad, la justicia y la solidaridad entre hermanos. Que nunca olvidemos que no somos enemigos, sino hijos de una misma tierra, herederos de una misma historia y constructores de un mismo futuro.

Bajo esa guía sagrada, Bolivia tuvo que elegir el camino que más convenga para el bien común. Y si el destino ya nos condujo a una segunda vuelta, que no decaiga nuestra confianza: con fe en Dios y esperanza en el corazón, sabremos esperar que la nueva autoridad sea instrumento de su voluntad, para conducirnos por senderos de paz, de reconciliación y de prosperidad.

Hoy, después de 20 años, nuestra amada Bolivia vuelve a levantar la mirada al cielo y a decir con voz firme: “¡Sí, todavía tenemos FE Y ESPERANZA!”. Porque la vida, con sus pruebas y contrastes, nos recuerda que todo puede cambiar cuando el pueblo se une, ora y confía en el Dios de la vida. Te invito a reflexionar:

 “Si el Señor no construye el edificio, en vano se fatigan los obreros; si el Señor no guarda la ciudad, en vano monta guardia el centinela.” (Salmo 127,1)

Sería inútil orientar nuestra vida sin intentar  saber lo que Dios quiere. Es vano buscar  la felicidad por otra  caminos que  los que Él indicó.

"La sabiduría que viene de lo alto es, ante todo, pura, y además pacífica, comprensiva, dócil, llena de misericordia y de buenos frutos, imparcial y sincera. Y el fruto de la justicia se siembra en la paz para aquellos que trabajan por la paz. Santiago 3,17-18

 En esta cita bíblica Santiago nos recuerda que la “verdadera sabiduría no se mide en conocimientos humanos, sino en la capacidad de vivir en paz, practicar la misericordia y dar frutos de justicia."

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

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