el señor es mi pastos

nada me faltara

lunes, 31 de agosto de 2026

 CUANDO MAMÁ RECIBE UN DIAGNÓSTICO DE CÁNCER

Cuando una madre recibe un diagnóstico de cáncer, la noticia estremece a toda la familia. Surgen el miedo, la incertidumbre y muchas preguntas. Ella puede mostrarse fuerte para no preocupar a sus seres queridos, aunque por dentro también necesite llorar, ser escuchada y sentirse acompañada.

El cáncer no debe mirarse inmediatamente como una sentencia de muerte. Cada historia es diferente y, junto con la atención médica, el amor de la familia, la esperanza y la fe pueden darle fuerzas para atravesar este camino.

Como sobreviviente de cáncer de mama, después de haber sido intervenida quirúrgicamente en dos ocasiones, puedo decirte: no te desanimes. Aférrate a Dios, cumple responsablemente tu tratamiento y permite que quienes te aman caminen a tu lado. Habrá días difíciles, pero también descubrirás una fortaleza que quizá no sabías que tenías.

A la familia le corresponde acompañarla con paciencia y ternura. No la traten solamente como una enferma: ella sigue siendo madre, esposa, mujer, amiga y una persona llena de dignidad, sueños y deseos de vivir.

Una llamada, una visita, una conversación sincera o un abrazo pueden convertirse en una medicina para el alma.

 “No temas, porque yo estoy contigo; no mires con desconfianza, pues yo soy tu Dios. Y yo te doy fuerzas , yo soy tu auxilio y con mi diestra victoriosa te sostendré.” Isaías 41,10

Reflexión

Mamá no necesita que le prometamos que todo será fácil; necesita saber que no caminará sola. El diagnóstico puede cambiar muchas cosas, pero no puede quitarle su dignidad, su valor, ni el amor que ha sembrado en su familia.

Donde aparece el miedo, que también aparezca la oración; donde llegue el cansancio, que encuentre unos brazos dispuestos a sostenerla.

Mientras exista fe, amor y esperanza, siempre habrá una luz encendida en el corazón.

Oración por una enferma con cáncer

Señor Jesús, hoy pongo en tus manos a esta mujer que atraviesa la enfermedad del cáncer. Tú conoces sus miedos, su cansancio, sus dolores y también las esperanzas que guarda en lo profundo de su corazón.

Dale fortaleza para afrontar cada día, serenidad en los momentos difíciles y confianza para no perder la esperanza. Bendice a sus médicos, a quienes la cuidan y a su familia.

Virgen María, Madre amorosa, cúbrela con tu manto y acompáñala en este camino. Que nunca se sienta sola y que, aun en medio de la enfermedad, pueda sentir la presencia de Dios diciéndole: “Estoy contigo, no tengas miedo”.

Señor, si es tu voluntad, concédele la gracia de la sanación; y en todo momento regálale fe, paz y esperanza. Amén.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

Hasta nuestro próximo Toque Espiritual.

domingo, 30 de agosto de 2026

 CUANDO LOS HIJOS SUFREN LA RUPTURA DE SUS PADRES

Cuando un matrimonio entra en crisis, muchas veces pensamos solamente en los esposos y olvidamos a quienes también están viviendo el dolor: los hijos.

Ellos no eligieron la separación, no provocaron las discusiones y tampoco deberían convertirse en jueces, mensajeros o instrumentos para lastimar al otro padre.

El papa Francisco, en Amoris laetitia, (expresión en latín que significa “La alegría del amor”) es el título de una exhortación apostólica publicada por el papa Francisco en 2016. En ella reflexiona sobre el amor dentro de la familia, el matrimonio, la educación de los hijos, las dificultades familiares y el acompañamiento de quienes atraviesan situaciones dolorosas, como la separación o el divorcio.

Su mensaje central es que la familia, aunque enfrente dificultades y no sea perfecta, continúa siendo un lugar donde se aprende a amar, perdonar, comprender y vivir la misericordia de Dios.

Señaló que los hijos son víctimas inocentes de la separación y pidió a los padres que jamás los utilicen como rehenes ni los hagan cargar con el peso del conflicto.

También recordó algo muy importante: aunque los padres se separen, siguen siendo padres. Los hijos necesitan amor, protección, confianza y la presencia responsable de ambos, siempre que las circunstancias lo permitan.

Papa Francisco decía que los hijos observan a sus padres y necesitan descubrir, a través de ellos, que el amor puede ser fuerte, confiable y capaz de superar dificultades.

Por eso, cuando una pareja ya no puede continuar junta, hay una responsabilidad que permanece: cuidar el corazón de los hijos.

No hablar mal del padre delante de ellos.

No obligarlos a escoger.

No utilizarlos para transmitir mensajes.

No hacerlos sentir culpables.

Y, sobre todo, hacerles saber: “Esto no es culpa tuya. Papá y mamá te siguen amando.”

La Iglesia también recuerda que, ante situaciones de violencia o graves injusticias, la separación puede ser necesaria para proteger al cónyuge más débil y a los hijos.

REFLEXIÓN

Quizás los padres no puedan evitar todas las heridas que deja una ruptura, pero sí pueden evitar agrandar esas heridas.

El matrimonio puede atravesar una crisis, pero la responsabilidad de ser padre y madre permanece.

Y aquí aparece nuestra fe: rezar no significa ignorar el problema; significa poner delante de Dios aquello que nosotros ya no sabemos cómo resolver.

Reza por tu matrimonio.

Reza por tu esposo o esposa.

Pero, sobre todo, reza por tus hijos, para que esta experiencia no les robe la confianza, la esperanza ni la capacidad de amar.

 “Si el Señor no construye el edificio, en vano se fatigan los obreros. Si el Señor no protege la ciudad, en vano monta guardia el centinela.” Salmo 127,1.

ORACIÓN

Señor, protege a los hijos que sufren por la separación de sus padres. Sana sus corazones, quita de ellos toda culpa y ayúdalos a sentirse siempre amados. Toca también el corazón de sus padres para que puedan actuar con madurez, respeto y responsabilidad.

Y si es posible la reconciliación, abre caminos de diálogo y perdón. Si el camino debe ser otro, danos la sabiduría para recorrerlo sin destruirnos y sin herir más a quienes amamos. Amén.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga,

Mirtha Villarroel de Rocha

¡Hasta nuestro próximo encuentro en Toque Espiritual!

sábado, 29 de agosto de 2026

 EL DIVORCIO ES UN DUELO: ¿CÓMO SUPERARLO?

El divorcio puede vivirse como un duelo, porque no solamente termina una relación: también pueden romperse proyectos, rutinas, sueños, expectativas y una forma de vida que se había construido durante años.

Cuando llega un divorcio, es normal sentir tristeza, rabia, culpa, miedo, soledad o incluso alivio. No todas las personas viven el duelo de la misma manera ni en el mismo orden.

Superarlo no significa olvidar lo vivido ni negar el dolor. Significa aceptar que una etapa terminó y aprender, poco a poco, a construir una nueva vida.

¿Cómo comenzar?

 1. Permítete sentir. No escondas el dolor. Llorar también es una forma de sanar.

 2. Acepta la realidad. No puedes cambiar lo que ocurrió, pero sí puedes decidir cómo continuar.

 3. No te culpes por todo. Una separación generalmente es el resultado de una historia compleja; aprende de ella sin convertirla en una condena personal.

 4. Protege a los hijos. Ellos también viven un duelo. No deben convertirse en mensajeros, jueces ni intermediarios entre sus padres.

 5. Recupera tu identidad. Vuelve a descubrir quién eres más allá de ser esposo o esposa.

 6. Acércate a Dios. Cuando no encuentres respuestas, puedes comenzar simplemente diciendo: “Señor, ayúdame a atravesar este momento.”

 Una palabra de esperanza

“El Señor está cerca de los que tienen el corazón herido.” Salmo 34, 19

El divorcio puede cerrar una historia, pero no tiene por qué cerrar tu vida.

“Sanar no significa dejar de recordar; significa poder recordar sin que el recuerdo siga destruyendo tu presente.”

Y aquí está algo que para una mujer de fe puede convertirse en un refugio:

 Reza, porque la oración tiene poder

Rezar no significa pedir que Dios obligue a alguien a regresar ni esperar que desaparezcan mágicamente los problemas.

Orar es poner delante de Dios aquello que ya no podemos cargar solos.

“Señor, sana mi corazón.

Dame fuerza para aceptar lo que no puedo cambiar.

Ayúdame a perdonar.

Protege a mis hijos.

Y muéstrame el camino que debo seguir.”

La oración puede no cambiar inmediatamente las circunstancias, pero puede cambiar nuestro corazón para enfrentarlas con esperanza.

 “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.”  Mateo 11,28

Para terminar

El divorcio puede cerrar una etapa, pero no tiene por qué cerrar la vida.

Un divorcio no define quién eres. Es una etapa difícil de tu historia, pero tu vida continúa. Sigues siendo una persona con dignidad, capacidades, sueños y un futuro que merece ser vivido con esperanza.

Y si hoy estás atravesando ese dolor, recuerda:

No tienes que entenderlo todo hoy.

No tienes que sanar todo hoy.

Hoy solamente da un paso.

Y si no sabes hacia dónde caminar, permite que Dios vaya sanando tu corazón

Reza, confía. No te alejes de Él en medio del dolor; busca refugio en la Santa Misa y, si lo necesitas, acércate a un sacerdote y cuéntale tu situación para recibir orientación y acompañamiento espiritual. Si tu matrimonio fue celebrado por la Iglesia, no cargues sola con las dudas sobre tu situación sacramental o la recepción de la Eucaristía: déjate orientar con serenidad y misericordia. Y aunque hoy sientas que una parte de tu vida se ha quebrado, recuerda que Dios todavía puede sostenerte, levantarte y enseñarte a caminar nuevamente.

Tu historia no termina aquí y permíteme que oremos:

Señor, cuando mi corazón esté herido y no encuentre el camino, sostenme con tu amor. Dame fortaleza para aceptar lo que no puedo cambiar, serenidad para sanar y esperanza para volver a comenzar. Que nunca olvide que, aun en mis días más difíciles, Tú caminas conmigo y no me abandonas. Amén.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

Hasta nuestro próximo Toque Espiritual.

 

viernes, 28 de agosto de 2026

 REFLEXIÓN EN TOQUE ESPIRITUAL

DIVORCIO: CUANDO UNA FAMILIA ATRAVIESA UNA HERIDA

Importancia, dificultades de la vida conyugal y divorcio

El matrimonio es una unión que requiere amor, respeto, comunicación, compromiso y paciencia. Sin embargo, la convivencia puede enfrentar dificultades que, si no se atienden oportunamente, pueden llevar al distanciamiento y, en algunos casos, al divorcio. Comprender estas dificultades permite prevenir conflictos, buscar soluciones y afrontar una separación de manera responsable y humana.

Hablar de divorcio no es solamente hablar de una separación legal. Es hablar de personas, historias, sueños, hijos, heridas y decisiones difíciles.

¿Por qué se llega al divorcio?

“Moisés les permitió divorciarse por su incapacidad para entender, pero no era así al principio.” Mateo 19, 8

No existe una sola causa. Muchas veces el matrimonio se va deteriorando poco a poco: falta de comunicación, incomprensión, infidelidad, problemas económicos, diferencias que nunca se resolvieron, pérdida de confianza, falta de tiempo para la pareja o la aparición de otra persona.

También existen situaciones mucho más graves, como violencia física o psicológica, amenazas, adicciones o abandono.

Y entonces debemos preguntarnos, sin buscar culpables:

¿Qué fue faltando entre ellos? ¿En qué momento dejaron de escucharse? ¿Cuándo el diálogo fue reemplazado por los gritos, el resentimiento o la indiferencia?

No siempre podremos encontrar una respuesta. Cada matrimonio tiene su propia historia.

¿Y los hijos?

Muchas veces los hijos terminan siendo testigos indefensos de las peleas, los silencios, los reproches y la incomprensión de sus padres.

Ellos pueden preguntarse: ¿Fue por mi culpa? o sentirse obligados a tomar partido por uno de los padres.

Por eso, aun cuando el matrimonio termine, los hijos no deben convertirse en mensajeros, jueces ni armas de la separación. Ellos necesitan saber que siguen siendo amados por ambos padres.

El lado humano del divorcio

También debemos mirar a la persona que queda después de la separación.

Una mujer divorciada puede sentir vergüenza, fracaso, soledad o miedo al qué dirán. Todavía existen personas que colocan etiquetas y juzgan sin conocer la historia que existe detrás de una ruptura.

Pero una mujer no deja de tener dignidad porque su matrimonio haya terminado.

El divorcio puede sentirse como un verdadero duelo: se pierde una convivencia, proyectos, rutinas, sueños y, algunas veces, la familia como se había imaginado.

Por eso hay que darse permiso para llorar, sanar, pedir ayuda y comenzar nuevamente.

 ¿Cómo superar ese duelo?

No es olvidar de un día para otro. Es aprender a vivir sin aquello que se perdió, sin permitir que el dolor destruya lo que todavía permanece.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

Hasta nuestro próximo Toque Espiritual.

jueves, 27 de agosto de 2026

 REFLEXIÓN EN TOQUE ESPIRITUAL

UNA MUJER DE FE PUEDE LUCHAR POR SU MATRIMONIO SIN PERDER SU DIGNIDAD

Hay momentos en la vida matrimonial en los que una mujer siente que todo aquello que construyó con amor se está desmoronando. El esposo se aleja, busca otra mujer, abandona el hogar, los hijos sufren y ella queda preguntándose: ¿Qué puedo hacer? ¿Debo seguir luchando? ¿Debo esperar? ¿Debo aceptar que todo terminó?

Desde la fe, luchar por el matrimonio no significa perseguir, suplicar ni obligar a alguien a regresar.

Una mujer de fe puede pedir a Dios el regreso de su esposo, pero también debe respetar su libertad. Puede perdonar sin justificar el abandono. Puede mantener la esperanza sin dejar de aceptar la realidad.

El matrimonio cristiano es una alianza que busca la fidelidad y la permanencia. Lo que Dios unió que no lo separe el hombre Mateo,19,6 Por eso, cuando existe una posibilidad de reconciliación, vale la pena buscar el diálogo, la oración, el acompañamiento y la sanación de las heridas.

Pero también debemos comprender que nadie puede obligar a otra persona a amar, cambiar o regresar.

Ante una ruptura matrimonial, no comencemos buscando culpables. Comencemos poniendo a la familia en las manos de Dios.

Cuida a tus hijos. Cuida tu corazón. Busca apoyo. No permitas que el dolor te lleve a tomar decisiones desesperadas. Y si existe una posibilidad de reconciliación, que ésta sea fruto de un verdadero cambio y no solamente del miedo a estar solos.

Tal vez hoy no puedas cambiar la decisión de tu esposo. Pero puedes decidir cómo vivir este momento delante de Dios.

Puedes decir:

“Señor, yo quisiera que mi familia se reconstruya, pero no quiero imponer mi voluntad. Si es posible la reconciliación, toca nuestros corazones. Sana nuestras heridas y enséñanos a perdonarnos. Y si el camino es diferente al que yo esperaba, dame fortaleza para aceptarlo sin perder mi fe.”

Una mujer de fe no lucha por su matrimonio desde la desesperación, sino desde el amor, la oración y la dignidad. Puede tender la mano para salvar su hogar, pero nunca debe olvidar que también merece ser amada, respetada y valorada.

Porque la esperanza cristiana no significa negar la realidad. Significa confiar en Dios aun cuando no sabemos cómo terminará nuestra historia.

 CITA BÍBLICA: “Que no canten victoria los que me odian sin razón, ni se guiñen el ojo.” Salmo 34,19.

REFLEXIÓN

Cuando un matrimonio se rompe, el dolor puede ser profundo, especialmente cuando hay hijos. Pero una mujer de fe no necesita perder su dignidad para luchar por su familia.

Puede orar por el regreso de su esposo, perdonar sin justificar el abandono y mantener la esperanza, pero también debe aceptar aquello que no puede controlar.

Cuida tu corazón, protege a tus hijos y pon tu familia en las manos de Dios.

Cuando ya no sepas qué hacer, todavía puedes orar: “Señor, yo no puedo, pero Tú sí. Guía mi camino y ayúdame a confiar en Ti.”

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

Hasta nuestro próximo Toque Espiritual.

miércoles, 26 de agosto de 2026

 REFLEXIÓN EN TOQUE ESPIRITUAL

DIOS TE MUESTRA EL CAMINO, PERO CAMINARLO ES TU DECISIÓN

Hay momentos en nuestra vida en los que nos encontramos frente a una decisión y no sabemos qué hacer. Miramos hacia adelante y sentimos incertidumbre. Preguntamos: “Señor, ¿qué quieres de mí? ¿Hacia dónde debo ir?”

Y muchas veces esperamos que Dios nos dé una respuesta clara e inmediata.

Pero Dios no siempre nos muestra todo el camino de una sola vez. A veces solamente ilumina el próximo paso.

Dios puede hablarte en la oración, en una palabra, de la Biblia, en el consejo de una persona, en una situación que se presenta inesperadamente o incluso en una puerta que se cierra.

Hay puertas que se cierran y nos duelen, pero después comprendemos que Dios estaba protegiéndonos. Hay caminos que no entendemos al principio, pero con el tiempo descubrimos que nos llevaron exactamente donde necesitábamos estar.

Dios te muestra, pero tú debes decidir

Dios respeta profundamente nuestra libertad. Él puede llamarnos, orientarnos, advertirnos y mostrarnos el camino, pero la decisión de caminarlo está en nuestras manos.

 Puedes saber qué es lo correcto y aun así tener miedo de hacerlo.

Puedes sentir que Dios te está llamando a perdonar, pero tu corazón todavía está herido.

Puedes saber que necesitas comenzar de nuevo, pero el pasado todavía te ata.

Puedes sentir que debes dejar una relación que te hace daño, pero tienes miedo de lo que vendrá después.

Y es precisamente allí donde aparece la fe.

La fe no significa no tener miedo. La fe significa avanzar a pesar del miedo, confiando en que Dios va delante de nosotros.

No necesitas conocer todo el camino

Muchas veces queremos que Dios nos muestre el comienzo, el final y todo lo que sucederá en medio.

Queremos seguridad absoluta.

Pero Dios nos invita a confiar.

Cuando un niño camina de la mano de su padre, no necesita saber hacia dónde conduce cada calle. Le basta saber que está tomado de una mano que lo protege.

Así también nosotros podemos caminar con Dios.

Quizás hoy no entiendas por qué estás viviendo determinada situación. Quizás no comprendas por qué una puerta se cerró, por qué una persona se alejó o por qué tus planes no resultaron como esperabas.

No abandones la fe solamente porque todavía no comprendes el propósito.

Hay cosas que solamente entenderemos después.

A veces el camino de Dios no es el camino más fácil

También debemos recordar algo importante: seguir a Dios no significa que no tendremos dificultades.

Jesús nunca prometió una vida sin problemas. Prometió estar con nosotros.

Cita bíblica: “Confía en el Señor de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia. En todas tus empresas tenle presente, y el dirigirá todos tus pasos.” Proverbios 3, 5-6

ORACIÓN:

Señor, muéstrame el camino que debo seguir y dame valentía para caminarlo. Cuando tenga dudas o miedo, aumenta mi fe y ayúdame a confiar en que Tú vas delante de mí. Amén.

Habrá momentos de cansancio, lágrimas, pérdidas, decepciones y pruebas. Pero incluso en esos momentos podemos decir:

“Señor, no entiendo este camino, pero confío en Ti.”

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

Hasta nuestro próximo Toque Espiritual.

 

 

 

martes, 25 de agosto de 2026

 REFLEXIÓN EN TOQUE ESPIRITUAL

¿QUÉ NECESITA HOY TU CORAZÓN?

Hay una pregunta que pocas veces nos hacemos: ¿Qué necesita hoy mi corazón?

Tal vez necesita descansar.

Tal vez necesita perdonar.

Tal vez necesita dejar de preocuparse por aquello que no puede controlar.

Tal vez necesita una palabra de esperanza, un abrazo, una oración… o simplemente quedarse un momento en silencio delante de Dios.

Muchas veces nos preocupamos por lo que necesita nuestra casa, nuestros hijos, nuestro trabajo, nuestra familia y hasta las personas que amamos. Pero olvidamos preguntarnos cómo está nuestro propio corazón.

Y un corazón cansado también necesita atención.

Quizá hoy tu corazón necesita paz.

Quizá necesita recordar que no tienes que resolverlo todo tú solo. Hay situaciones que están fuera de nuestras manos, pero nunca están fuera de las manos de Dios.

Jesús nos dice:

“Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso.” Mateo 11,28

Qué hermosa invitación.

No dice: “Vengan cuando tengan todo solucionado”.

Dice: “Vengan cuando estén cansados.”

Puedes acercarte a Dios tal como estás: con tus preocupaciones, tus lágrimas, tus dudas, tus heridas y también con aquello que todavía no sabes cómo resolver.

Hoy pregúntate delante de Él:

¿Qué necesita mi corazón?

Si necesita perdonar, pide la gracia de perdonar.

Si necesita sanar una herida, entrégasela a Dios.

Si necesita fortaleza, pídesela.

Si necesita dejar una preocupación, ponla en sus manos.

Y si simplemente necesita descansar, quédate un momento con Él.

Porque a veces no necesitamos que Dios cambie inmediatamente nuestras circunstancias.

Necesitamos que Dios cambie la manera en que las enfrentamos.

No olvides esto: tu corazón también merece cuidado. Y uno de los lugares más seguros donde puedes llevarlo es a la presencia de Dios.

Y tú que estás leyendo esto, dime:

¿Qué necesita hoy tu corazón: paz, fortaleza, perdón, consuelo o esperanza?

No tengas miedo de decírselo a Dios. Él ya conoce tu corazón; solo está esperando que se lo entregues.

Cita bíblica: “En paz me acuesto, y al punto yo me duermo: porque Señor, tú solo me das seguridad .” Salmo 4, 9

Para terminar, haz esta ORACIÓN

Hoy, antes de dormir, haz silencio y dile:

Señor, aquí está mi corazón. Tú sabes lo que necesita, incluso aquello que yo no sé expresar. Sana lo que está herido, fortalece lo que está débil, dame paz donde hay preocupación y enséñame a confiar en Ti.

Esta noche pongo en tus manos mis desasosiegos, mis temores y todo aquello que inquieta mi corazón.

Perdona mis faltas, sana mis heridas y ayúdame a dejar atrás lo que ya no puedo cambiar.

Bendice mi hogar y a mi familia. Protégeme durante esta noche y dame un sueño tranquilo y reparador.

Lo que hoy no pude resolver, lo dejo en tus manos. Confío en Ti, Señor, porque sé que nunca me abandonas.

Dame paz para dormir y esperanza para despertar. Amén.

Duerme en paz. Dios está contigo.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

Hasta nuestro próximo Toque Espiritual.

lunes, 24 de agosto de 2026

 REFLEXIÓN EN TOQUE ESPIRITUAL

EL PODER DEL ROSARIO PARA SANAR EL ALMA Y FORTALECER EL CORAZÓN

Hay momentos en que no encontramos palabras para expresar lo que sentimos. Tenemos preocupaciones, enfermedades, pérdidas, problemas familiares y heridas que llevamos en silencio.

Entonces tomemos el Rosario.

Una cuenta tras otra, un Ave María tras otra, y poco a poco nuestro corazón comienza a descansar.

El Rosario no es magia. Su fuerza está en la fe y en Jesús, a quien contemplamos junto a María. Cuando rezamos el Rosario, no solamente repetimos oraciones. Recorremos con María los momentos más importantes de la vida de su Hijo: su nacimiento, su pasión, su muerte y su resurrección.

Y mientras nuestros labios rezan, nuestro corazón va entregando nuestras preocupaciones a Dios.

El Rosario puede ayudarnos a encontrar paz en la angustia, fortaleza en el duelo, esperanza en las dificultades y consuelo en las heridas del corazón.

También podemos rezarlo por nuestros enfermos, confiando en Dios y buscando siempre la atención médica necesaria.

 ¿Por qué seguir rezando?

Quizás hoy estás rezando por un hijo, un nieto, un esposo, tus padres, un enfermo o alguien que se alejó de Dios.

Toma tu Rosario.

No importa si hoy solamente puedes rezar un misterio. Empieza y dile a María:

“Madre, yo no sé cómo resolver esto, pero te lo entrego. Llévalo a Jesús.”

Y sigue rezando.

Porque cada Ave María puede ser una pequeña entrega de confianza.

Jesús nos dice:

“Vengan a mí todos los que están cargados y agobiados, porque yo los aliviaré.” Mateo 11,28

Quizás todavía no ha llegado la respuesta que esperas.

Sigue rezando.

Quizás todavía no ves la solución.

Sigue confiando.

Y cuando no tengas palabras, simplemente toma el Rosario.

María rezará contigo y te conducirá siempre hacia su Hijo.

 ORACIÓN

 Santa María Reina,

pongo en tus manos mi vida, mi familia y todas mis preocupaciones.

Acompáñame mientras rezo este Santo Rosario. Que cada Ave María traiga paz a mi corazón, fortaleza en mis dificultades y esperanza cuando sienta que no puedo más.

Intercede ante Jesús por nuestros enfermos, por quienes sufren, por nuestros hijos y nietos y por todos los que necesitan una gracia especial.

Enséñanos a confiar en Dios aun cuando no comprendamos sus caminos.

Que nunca abandonemos la oración y que, de tu mano, lleguemos siempre al corazón de Jesús. Amén.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

Hasta nuestro próximo Toque Espiritual.

 

 

 

 

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