CUANDO MAMÁ RECIBE UN DIAGNÓSTICO DE CÁNCER
Cuando una
madre recibe un diagnóstico de cáncer, la noticia estremece a toda la familia.
Surgen el miedo, la incertidumbre y muchas preguntas. Ella puede mostrarse
fuerte para no preocupar a sus seres queridos, aunque por dentro también
necesite llorar, ser escuchada y sentirse acompañada.
El cáncer no
debe mirarse inmediatamente como una sentencia de muerte. Cada historia es
diferente y, junto con la atención médica, el amor de la familia, la esperanza
y la fe pueden darle fuerzas para atravesar este camino.
Como
sobreviviente de cáncer de mama, después de haber sido intervenida
quirúrgicamente en dos ocasiones, puedo decirte: no te desanimes. Aférrate a
Dios, cumple responsablemente tu tratamiento y permite que quienes te aman
caminen a tu lado. Habrá días difíciles, pero también descubrirás una fortaleza
que quizá no sabías que tenías.
A la familia le
corresponde acompañarla con paciencia y ternura. No la traten solamente como
una enferma: ella sigue siendo madre, esposa, mujer, amiga y una persona llena
de dignidad, sueños y deseos de vivir.
Una llamada,
una visita, una conversación sincera o un abrazo pueden convertirse en una
medicina para el alma.
Reflexión
Mamá no
necesita que le prometamos que todo será fácil; necesita saber que no caminará
sola. El diagnóstico puede cambiar muchas cosas, pero no puede quitarle su
dignidad, su valor, ni el amor que ha sembrado en su familia.
Donde aparece el miedo, que también aparezca
la oración; donde llegue el cansancio, que encuentre unos brazos dispuestos a
sostenerla.
Mientras exista
fe, amor y esperanza, siempre habrá una luz encendida en el corazón.
Oración por una enferma con cáncer
Señor Jesús,
hoy pongo en tus manos a esta mujer que atraviesa la enfermedad del cáncer. Tú
conoces sus miedos, su cansancio, sus dolores y también las esperanzas que
guarda en lo profundo de su corazón.
Dale fortaleza
para afrontar cada día, serenidad en los momentos difíciles y confianza para no
perder la esperanza. Bendice a sus médicos, a quienes la cuidan y a su familia.
Virgen María,
Madre amorosa, cúbrela con tu manto y acompáñala en este camino. Que nunca se sienta
sola y que, aun en medio de la enfermedad, pueda sentir la presencia de Dios
diciéndole: “Estoy contigo, no tengas miedo”.
Señor, si es tu
voluntad, concédele la gracia de la sanación; y en todo momento regálale fe,
paz y esperanza. Amén.
¡DIOS TE
BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!
Tu amiga
Mirtha
Villarroel de Rocha
Hasta nuestro
próximo Toque Espiritual.