el señor es mi pastos

nada me faltara

miércoles, 30 de septiembre de 2026

 APRENDE A BUSCAR UNA CITA BÍBLICA

Buscar una cita en la Biblia es más sencillo de lo que parece. Solo necesitamos aprender tres elementos: el nombre del libro, el capítulo y el versículo.

talvez alguien te diga:

“Busca Juan 3,16”.

 Juan indica el libro.

3 indica el capítulo.

16 indica el versículo.

Por tanto, Juan 3,16 significa: Evangelio según San Juan, capítulo 3, versículo 16.

Primero busca el libro en el índice de tu Biblia. Luego localiza el capítulo, que aparece señalado con números grandes, y finalmente busca el versículo, indicado con números pequeños dentro del texto.

El índice de la Biblia normalmente se encuentra en las primeras páginas, antes de comenzar los libros bíblicos. Allí aparecen los nombres de todos los libros del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento, junto con la página donde comienza cada uno.

Ejemplo: si quieres buscar el Evangelio de Juan, primero vas al índice, buscas Juan, miras el número de página y vas directamente a esa página.

Importante: en algunas Biblias también puede haber un índice al final, y la ubicación puede variar según la edición.

Con un poco de práctica podrás encontrar rápidamente cualquier cita. Y recuerda: no se trata solamente de encontrar un versículo, sino de leerlo, comprenderlo, meditarlo y descubrir qué quiere decirte Dios a través de su Palabra.

Otro ejemplo:

Mateo 5,1-12

Quiere decir: Evangelio según San Mateo, capítulo 5, desde el versículo 1 hasta el versículo 12.

PRACTIQUEMOS. Busca en tu Biblia:

 Salmo 23,1

 Filipenses 4,13

 Mateo 5,1-12

Una vez que comprendes este sistema, buscar citas resulta mucho más sencillo.

 ¡Ya encontraste tu cita bíblica!

Un pequeño consejo: no leas solamente el versículo. Lee también unas líneas antes y después para comprender mejor lo que la Palabra de Dios quiere enseñarnos.

Cuando puedas encontrarlas sin dificultad, ya habrás aprendido algo muy importante: moverte por las páginas de la Biblia y comenzar a familiarizarte con la Palabra de Dios.

No tengas miedo de abrir la Biblia. Cuanto más la uses, más fácil será encontrar sus libros, capítulos y versículos.

 UN SOLO JESÚS, CUATRO EVANGELIOS

Los cuatro Evangelios no nos hablan de cuatro Jesús diferentes. Mateo, Marcos, Lucas y Juan nos anuncian al mismo Jesucristo, pero cada evangelista nos ayuda a conocerlo desde una perspectiva particular.

Los cuatro anuncian a Jesucristo, pero cada evangelista presenta determinados acontecimientos y enseñanzas desde su propia perspectiva y pensando en comunidades concretas.

Podemos imaginarlos como cuatro ventanas que nos permiten contemplar a una misma persona.

Por medio de ellos conocemos las palabras de Jesús, sus parábolas, milagros y encuentros, así como su Pasión, muerte y Resurrección.

Por eso, cuando leas un Evangelio, no te quedes solamente con la pregunta: ¿Qué sucedió?

Detente un momento, guarda silencio y pregúntate:

¿Qué me está diciendo Jesús hoy?

¿Qué quiere enseñarme con esta Palabra?

¿Qué puedo cambiar o poner en práctica en mi vida?

Porque el Evangelio no es solamente una historia que ocurrió hace más de dos mil años. Es Palabra viva que también hoy puede iluminar nuestra vida.

ORACIÓN

Señor Jesús, despierta en mí el deseo de conocer tu Palabra. Dame perseverancia para leerla cada día, sabiduría para comprenderla y un corazón dispuesto a ponerla en práctica. Que cada página me acerque más a Ti. Amén.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

martes, 29 de septiembre de 2026

 DÍA DE LOS SANTOS ARCÁNGELES

San Miguel, San Gabriel y San Rafael: mensajeros de Dios y servidores de su voluntad.

Cada 29 de septiembre, la Iglesia católica celebra la fiesta de los tres arcángeles cuyos nombres aparecen en la Sagrada Escritura: San Miguel, San Gabriel y San Rafael.

Dios, en su infinito amor, no nos deja solos en nuestro camino. La Biblia nos enseña que los ángeles son seres espirituales creados por Dios, enviados como mensajeros y servidores de sus designios.

Cada uno de estos tres arcángeles tiene una misión especial que nos invita a reflexionar sobre nuestra propia vida: San Miguel nos recuerda la lucha contra el mal; San Gabriel, la importancia de escuchar y responder al llamado de Dios; y San Rafael, el acompañamiento y la protección divina durante nuestro caminar.

Conozcamos un poco más sobre ellos y descubramos qué podemos aprender de sus misiones.

SAN MIGUEL ARCÁNGEL: ¿QUIÉN COMO DIOS? ¡NADIE COMO DIOS!

Es un verdadero grito de fidelidad y humildad que nos recuerda que nadie está por encima de Dios. El nombre Miguel significa precisamente ¿Quién como Dios?, una pregunta cuya respuesta proclama nuestra fe: ¡Nadie como Dios! Frente al orgullo, la tentación, el miedo y las dificultades, este lema nos invita a reconocer que solo Dios es Señor, que en Él está nuestra fortaleza y que ningún poder puede compararse con su grandeza. Repetir ¿Quién como Dios? ¡Nadie como Dios! es renovar nuestra confianza y afirmar con valentía que queremos permanecer del lado de Dios.

San Miguel es presentado en la Sagrada Escritura como defensor del pueblo de Dios y jefe de los ángeles en la lucha contra el mal.

En el libro del Apocalipsis (12,7-9), San Miguel y sus ángeles combaten contra el dragón, símbolo de Satanás y de las fuerzas del mal.

Su misión nos recuerda que también nosotros enfrentamos diariamente una lucha espiritual: las tentaciones, el egoísmo, el orgullo, la envidia y todo aquello que pretende alejarnos de Dios.

¿Qué nos enseña San Miguel?

A mantenernos firmes en la fe, defender la verdad, rechazar el mal y confiar en el poder de Dios, especialmente en los momentos de dificultad.

Pidamos su intercesión por nuestras familias, nuestros hijos, nuestros sacerdotes y yo pido especialmente por mi nietecito Christian Bress Rocha, que hoy cumple 9 años y por todos aquellos que atraviesan situaciones difíciles.

SAN GABRIEL ARCÁNGEL: EL MENSAJERO DE LAS BUENAS NOTICIAS

San Gabriel es el mensajero de Dios que anuncia acontecimientos decisivos en la historia de la salvación.

En el Evangelio de san Lucas, anuncia a Zacarías el nacimiento de Juan el Bautista y, posteriormente, visita a la Virgen María para comunicarle que ha sido elegida para ser la Madre de Jesús.

“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lucas 1,28).

¡Qué hermosa misión la de San Gabriel! Ser portador de la noticia que cambiaría para siempre la historia de la humanidad.

María escucha, pregunta y finalmente responde con humildad y confianza: “Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí tal como has dicho” (Lucas 1,38).

¿Qué nos enseña San Gabriel?

A escuchar la voz de Dios, aceptar su voluntad y convertirnos también nosotros en mensajeros de esperanza.

Cuántas veces una palabra oportuna, una buena noticia, una llamada telefónica o una visita pueden devolver la alegría a una persona que está sufriendo.

Seamos mensajeros de paz en nuestros hogares y comunidades. Que de nuestros labios salgan palabras que consuelen, reconcilien y acerquen a los demás a Dios.

SAN RAFAEL ARCÁNGEL: DIOS SANA

San Rafael aparece en el libro de Tobías, uno de los libros de la Biblia católica. Su nombre significa “Dios sana”.

Bajo la apariencia de un compañero de viaje, acompaña al joven Tobías, lo protege durante el camino, lo ayuda a encontrar esposa y le indica cómo preparar el remedio que devolverá la vista a su padre.

Al revelar su identidad, Rafael manifiesta que es uno de los siete ángeles que están ante la gloria del Señor (Tobías 12,15).

Su historia nos recuerda que Dios nos acompaña incluso cuando no reconocemos su presencia.

¿Qué nos enseña San Rafael?

A confiar en la providencia divina durante las dificultades, especialmente cuando atravesamos enfermedades, viajes, problemas familiares o momentos de incertidumbre.

Pidamos su intercesión por los enfermos, los médicos, los cuidadores y por todas aquellas personas que necesitan recuperar la salud del cuerpo y encontrar paz en el alma.

San Rafael también nos recuerda que acompañar a quien sufre es una hermosa manera de servir a Dios.

REFLEXIÓN: TRES ARCÁNGELES, TRES ENSEÑANZAS PARA NUESTRA VIDA

La fiesta de los santos arcángeles nos invita a reconocer que Dios cuida de nosotros y nos llama a colaborar con su obra.

San Miguel nos enseña a defender nuestra fe y permanecer firmes frente al mal. San Gabriel nos anima a escuchar la voz de Dios y anunciar su Palabra. San Rafael nos recuerda la importancia de acompañar, cuidar y ayudar a quienes atraviesan momentos difíciles.

El papa Francisco también destacó estas tres misiones: Miguel defiende, Gabriel anuncia la Buena Nueva y Rafael nos acompaña en el camino.

Hoy podemos preguntarnos: ¿Defendemos nuestra fe con valentía? ¿Somos portadores de buenas noticias o sembramos discordia? ¿Acompañamos a nuestros enfermos, ancianos y personas que viven en soledad?

Honrar a los arcángeles no consiste solamente en pedir su intercesión. También podemos aprender de su obediencia y disponibilidad para cumplir la voluntad de Dios.

ORACIÓN A LOS TRES ARCÁNGELES

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha contra el mal, protege a nuestras familias y fortalece nuestra fe.

San Gabriel Arcángel, ayúdanos a escuchar la voz de Dios, aceptar su voluntad y anunciar con alegría el Evangelio.

San Rafael Arcángel, acompaña nuestros pasos, intercede por nuestros enfermos, protege a quienes viajan y consuela a quienes sufren.

Santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, intercedan por nosotros para que permanezcamos unidos a Cristo y aprendamos a cumplir cada día la voluntad del Padre. Amén.

PARA RECORDAR

San Miguel, defiéndenos. San Gabriel, ayúdanos a escuchar a Dios. San Rafael, acompáñanos en nuestro caminar. Y que en todo momento sea Dios quien guíe nuestra vida.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

lunes, 28 de septiembre de 2026

 LA BIBLIA: UN ENCUENTRO DIARIO CON DIOS

No basta con tener una Biblia en casa; lo importante es abrirla, leerla y dejar que Dios nos hable a través de ella. Cuando nos acercamos a su Palabra con fe, descubrimos que no es un libro más, sino una luz que ilumina nuestra vida y nos acerca a Dios.

NO TENGAS MIEDO DE EMPEZAR POCO A POCO.

No necesitas leer toda la Biblia para comenzar a conocer a Dios. Lo importante no es cuánto lees, sino cuánto permites que su Palabra llegue a tu corazón.

Un Evangelio.

Un capítulo.

Un versículo.

Diez minutos al día.

Puede ser suficiente para iniciar un hermoso camino de encuentro con Dios.

Comienza, por ejemplo, con el Evangelio de San Juan. Lee despacio, sin prisas, tratando de comprender lo que Jesús quiere enseñarte. Si algún pasaje te llama la atención, detente, vuelve a leerlo y medita sobre lo que significa para tu vida.

No te preocupes si al principio encuentras palabras o acontecimientos difíciles de comprender. La Biblia no es un libro que debamos terminar rápidamente, sino una Palabra que debemos aprender a escuchar, meditar y vivir.

Haz de su lectura un encuentro diario con Dios. Busca un lugar tranquilo, guarda unos minutos de silencio y, antes de comenzar, pídele al Espíritu Santo que ilumine tu entendimiento.

Recuerda que diez minutos diarios, dedicados con amor y perseverancia, pueden convertirse en una hermosa costumbre que fortalezca tu fe y transforme tu manera de vivir.

Cita bíblica

“Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero». (Salmo 119,105).

No tengas prisa

No necesitas leer muchos capítulos cada día.

Puedes comenzar con un capítulo diario, incluso menos si deseas detenerte en una frase que haya tocado tu corazón.

Antes de leer, haz una pequeña oración:

“Señor, voy a abrir tu Palabra. Abre también mi corazón para escuchar lo que hoy quieres decirme.”

Porque leer la Biblia no consiste solamente en preguntarnos:

¿Cuánto leí hoy?

La pregunta más importante es:

¿Qué Palabra se quedó hoy en mi corazón?

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

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domingo, 27 de septiembre de 2026

 ¿POR DÓNDE COMIENZO A LEER LA BIBLIA?

Si nunca has leído la Biblia con frecuencia, no necesitas comenzar por Génesis y tratar de seguir página por página hasta Apocalipsis.

Puedes comenzar por conocer a Jesús.

Una ruta sencilla

Para que tu lectura fluya de la mejor manera, te sugiero seguir este orden:

1: Evangelio de Juan. Por qué primero:

Capítulo 1: El inicio más hermoso ("En el principio era el Verbo"). Presenta a Jesús como la luz del mundo y la Palabra hecha carne.

Capítulo 3: El encuentro con Nicodemo. Contiene el verso central de toda la Biblia (Juan 3,16) sobre el inmenso amor de Dios y la necesidad de nacer de nuevo.

Capítulo 11: La resurrección de Lázaro. Muestra la humanidad de Jesús (llora por su amigo) y su poder absoluto: "Yo soy la resurrección y la vida".

Capítulo 15: La alegoría de la vid y los sarmientos. Te enseña cómo permanecer conectado a Jesús para dar frutos de amor.

Te conecta de inmediato con la identidad divina de Jesús y profundiza en su amor.

2. Evangelio de Marcos. Por qué segundo:

Después de la profundidad teológica de Juan, pasar a Marcos es perfecto porque es el evangelio más corto, rápido y dinámico.

Te mostrará a ese mismo Jesús en acción constante, haciendo milagros y cumpliendo su misión con agilidad.

Capítulo 1: Comienzo inmediato de su ministerio, bautismo y milagros rápidos. Muestra a un Jesús activo que no pierde tiempo.

Capítulo 2:  El perdón de los pecados y la sanidad del paralítico que bajan por el techo. Demuestra su autoridad para sanar el cuerpo y el alma.

Capítulo 8: El punto central del libro. Pedro reconoce que Jesús es el Cristo y Jesús anuncia su entrega como el Siervo Sufriente.

Capítulo 16: La tumba vacía y la gran comisión de ir por todo el mundo a predicar.

3: Evangelio de Lucas. Por qué tercero: Una vez que ya viste la acción en Marcos, Lucas te detalla la ternura de Jesús. Es el evangelio de la misericordia, la oración, las mujeres y los necesitados. Te ayuda a sentir la cercanía humana del Maestro.

Capítulo 2: El relato más tierno y detallado del nacimiento de Jesús, los pastores y los ángeles.

Capítulo 11: La enseñanza del Padre Nuestro y la importancia de la constancia en la oración.

Capítulo 15: El capítulo de la misericordia por excelencia. Contiene las parábolas de la oveja perdida, la moneda perdida y el Hijo Pródigo.

Capítulo 24: El hermoso encuentro con los discípulos en el camino de Emaús, mostrando a un Jesús resucitado que camina al lado de los tristes

4. Evangelio de Mateo. Por qué al final: Habiendo conocido su identidad, sus obras y su misericordia, Mateo te da el manual práctico de vida. Es ideal para el cierre porque contiene los discursos más largos de enseñanzas (como el Sermón de la Montaña) para aprender a vivir el día a día como cristiano.

Capítulos 5, 6 y 7 (El Sermón de la Montaña): Es la joya de Mateo. Contiene las Bienaventuranzas y es el manual completo de cómo debe vivir, pensar y actuar un cristiano.

Capítulo 13: Las parábolas del Reino (el sembrador, el trigo y la cizaña, la perla de gran precio) para entender cómo crece la iglesia.

Capítulo 16: La confesión de Pedro y la promesa de Jesús de edificar su Iglesia sobre la roca.

Capítulo 28: La victoria final y el mandato definitivo a todas las naciones: "Hagan discípulos...bautizándolos...y enseñándoles".

5. Hechos de los Apóstoles: para conocer lo que sucedió después de la Resurrección y cómo comenzó a extenderse la Iglesia.

6. Salmos: para aprender a convertir en oración nuestras alegrías, preocupaciones, sufrimientos y agradecimientos.

Después podrás ir entrando poco a poco en los demás libros del Antiguo y del Nuevo Testamento.

7. Después vuelve al Antiguo Testamento.

Comienza con Génesis y Éxodo para comprender mejor la historia de la salvación.

 SÓLO 10 MINUTOS AL DÍA

No leas para terminar páginas; lee para encontrarte con Dios. Antes de empezar di: “Señor, abre mi corazón para comprender lo que hoy quieres decirme.” Luego sigue estos 5 pasos:

Lee: Toma un pequeño pasaje.

Piensa: ¿Qué dice el texto?

Pregúntate: ¿Qué me dice Dios a mí hoy?

Ora: Respóndele a Dios con tus propias palabras ¡esta es la hora de orar!.

Vive: Elige algo concreto para poner en práctica hoy.

"Que esta ruta santa guíe tus pasos: para que descubras quién es Jesús con Juan, veas su poder en Marcos, sientas su infinita misericordia con Lucas y aprendas a vivir bajo su amor con Mateo."

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

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sábado, 26 de septiembre de 2026

  CONOCE TU BIBLIA Y ÁBRELA.

¿Tienes una Biblia en casa, pero no sabes por dónde comenzar?

Primero conozcámosla.

73 libros, una sola historia de amor entre Dios y su pueblo

La Biblia no es un libro para solamente rezar, o para instrucción nuestra. La Biblia es la Palabra de Dios para comunicarnos la vida. En el centro de la Biblia está la Cruz de Jesús y su Resurrección.

¿Alguna vez abriste la Biblia y pensaste:

¿Por dónde comienzo?

No te preocupes. La Biblia no es un sólo libro que necesariamente debamos leer desde la primera página hasta la última. Es como una pequeña biblioteca formada por 73 libros, escritos en diferentes épocas, pero unidos por una misma historia: Dios que busca, acompaña y salva a su pueblo.

 ¿Cómo se divide?

La Biblia católica tiene 73 libros y se divide en dos grandes partes:

ANTIGUO TESTAMENTO:  46 libros

Nos cuenta la historia del pueblo de Dios antes de Jesucristo: la creación, los patriarcas, Moisés, los profetas, la oración y la sabiduría de Israel.

NUEVO TESTAMENTO: 27 libros

Nos presenta a Jesucristo, su vida y enseñanzas, su muerte y resurrección, el nacimiento de la Iglesia y la misión de los primeros cristianos.

Conoce los 73 libros, de manera sencilla

ANTIGUO TESTAMENTO (46) Los 46 libros del Antiguo Testamento pueden organizarse en cuatro grandes grupos.

El Pentateuco comprende 5 libros: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Allí encontramos relatos fundamentales como la creación, Abrahám, Moisés, la salida de Egipto y la Alianza.

Después vienen 16 libros históricos, que narran diferentes momentos de la historia del pueblo de Israel.

Los 7 libros poéticos y sapienciales nos enseñan a orar, meditar y buscar la sabiduría de Dios. Entre ellos encontramos los Salmos y Proverbios.

Finalmente están los 18 libros proféticos. Los profetas invitaban al pueblo a regresar a Dios, denunciaban las injusticias y mantenían encendida la esperanza.

 El Antiguo Testamento nos permite comprender el camino que prepara la llegada de Jesucristo.

NUEVO TESTAMENTO (27)

 Evangelios: 4 libros

 Hechos de los Apóstoles: 1 libro

 Cartas: 21 libros

 Apocalipsis: 1 libro

46 + 27 = 73 libros

La Biblia puede permanecer años cerrada sobre una mesa y seguir siendo un libro cerrado. Pero cuando la abrimos con fe, la Palabra comienza a entrar en nuestra vida.

No tengas miedo de empezar poco a poco.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

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viernes, 25 de septiembre de 2026

 LA MISIÓN DEL SACERDOTE

Cura animarum: el cuidado de las almas

¿por qué llamamos “cura” al sacerdote?

Su misión

Tradicionalmente llamamos “el cura” al sacerdote, pero quizá pocas veces nos preguntamos de dónde viene esta palabra y cuál es su verdadero significado.

La palabra cura proviene del latín y significa cuidado, solicitud, atención. De allí nace la expresión cura animarum, que significa “cuidado de las almas” y expresa una de las misiones más hermosas del ministerio sacerdotal.

La misión del sacerdote es servir a Dios cuidando y acompañando espiritualmente a su pueblo. Está llamado a anunciar la Palabra, celebrar la Eucaristía, administrar los sacramentos, orientar, escuchar, consolar, acompañar al enfermo y ayudar a las personas a acercarse a Dios.

No se trata de “curar” como lo hace un médico, sino de cuidar el alma, alimentar la fe, ofrecer esperanza y acompañar a cada persona en su camino hacia Cristo.

Por eso, cuando llamamos “cura” al sacerdote, estamos recordando una hermosa y profunda misión: cura animarum, el cuidado de las almas.

¿Qué representa el sacerdote para los católicos?

El sacerdote es un hombre llamado por Dios y consagrado mediante el sacramento del Orden para servir a Cristo y a su Iglesia.

No sustituye a Dios ni deja de ser una persona con virtudes, limitaciones y debilidades. Sin embargo, por el ministerio que ha recibido, en determinados actos sacramentales actúa in persona Christi Capitis, expresión latina que significa “en la persona de Cristo Cabeza”.

Por eso encontramos al sacerdote acompañándonos en momentos fundamentales de nuestra vida: en el Bautismo, la Eucaristía, la Reconciliación, el matrimonio, la enfermedad y también cuando llega la muerte. Nos anuncia la Palabra, celebra los sacramentos y nos acompaña en nuestro camino de fe.

Está presente en muchos de los momentos más importantes de nuestra existencia.

El sacerdote también necesita ser acompañado

Muchas veces acudimos al sacerdote cuando tenemos un problema, buscamos orientación, necesitamos confesarnos o pedimos oración. Esperamos que tenga tiempo para escucharnos y palabras para consolarnos.

Pero pocas veces nos preguntamos: ¿quién acompaña al sacerdote?

Él también experimenta cansancio, preocupaciones, dificultades y momentos de soledad. Por eso, en lugar de mirar solamente sus errores, aprendamos también a comprenderlo, acompañarlo y sostenerlo con nuestra oración.

Podemos ayudar a nuestro párroco de muchas maneras: ofreciendo nuestro tiempo, colaborando en las necesidades de la comunidad, acercándole alimentos o ayudándolo material o económicamente cuando lo necesite, siempre de manera libre, generosa y sin esperar privilegios a cambio.

Cuidemos también a quienes han recibido la misión de cuidar nuestras almas.

Jesús dijo:

«Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas». Juan 10,11

Esta imagen del Buen Pastor ayuda a comprender el corazón de la misión sacerdotal.

El sacerdote también necesita nuestras oraciones

El sacerdote acompaña, escucha, consuela, orienta y reza por su comunidad, pero él también necesita ser acompañado con nuestra oración.

Es un hombre llamado por Dios, pero sigue siendo humano: tiene preocupaciones, incomprensiones y momentos difíciles. Lleva sobre sus hombros muchas historias, dolores y necesidades que los fieles confían a su corazón.

Por eso, además de pedirle que rece por nosotros, recemos también nosotros por él: para que Dios fortalezca su vocación, ilumine sus decisiones, renueve sus fuerzas y le conceda un corazón siempre dispuesto a servir.

No olvidemos a nuestros sacerdotes. Quien cuida espiritualmente de tantas almas también necesita sentirse sostenido por la oración de su pueblo.

San Pablo nos recuerda: “Oren sin cesar”. 1 Tesalonicenses 5,17

Reflexión

Detrás de cada sacerdote hay un hombre que respondió al llamado de Dios y entregó su vida al servicio de los demás. Su misión es anunciar a Cristo, celebrar los sacramentos y ejercer la cura animarum: el cuidado de las almas.

También ellos necesitan nuestro acompañamiento. Podemos sostener a nuestro párroco con la oración, nuestro tiempo, alimentos, ayuda en sus necesidades o una colaboración económica voluntaria, siempre con libertad y sin esperar privilegios.

La ayuda tampoco tiene que ser únicamente dinero: puede ser alimentos, transporte, asistencia ante una enfermedad, nuestro tiempo y, especialmente, nuestra oración.

Cuidemos también a quienes han recibido la misión de cuidar nuestras almas.

Tal vez no pueda solucionar todos nuestros problemas. Tal vez también se equivoque. Pero su misión sigue siendo inmensa: anunciar a Cristo, celebrar los sacramentos y cuidar pastoralmente a quienes Dios pone en su camino.

Qué hermosa responsabilidad y, al mismo tiempo, qué grande necesidad de oración.

También podríamos preguntarnos: “¿Cómo estamos acompañando y sosteniendo a nuestro sacerdote en su misión?” Una ayuda sencilla y sin condiciones puede ser un hermoso gesto de fraternidad cristiana.

“El obrero merece su salario”. Lucas 10,7

Oración por el ministerio sacerdotal

Señor Jesús, Buen Pastor,

te damos gracias por nuestros sacerdotes y por su entrega a tu servicio.

Fortalécelos en el cansancio, consuélalos en la soledad y dales sabiduría para guiar a tu pueblo.

Protégelos en las dificultades, renueva cada día su vocación y hazlos fieles servidores de tu Palabra y de tus sacramentos.

Que sepamos acompañarlos, respetarlos y sostenerlos con nuestra oración. Amén.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

 

jueves, 24 de septiembre de 2026

 ORA: DIOS ACELERA TUS SUEÑOS

Todos tenemos sueños: recuperar la salud, conseguir un trabajo, fortalecer nuestra familia, reconciliarnos, superar una dificultad o alcanzar un proyecto esperado durante años.

Cuando el tiempo pasa y nada sucede, podemos preguntarnos: ¿Dios me escucha? Sí, Dios escucha, pero sus tiempos no siempre coinciden con los nuestros.

Orar puede acelerar tus sueños, no porque obliguemos a Dios a cumplir nuestros deseos, sino porque al ponerlos en sus manos, Él puede abrir caminos, acercar personas y cambiar circunstancias que nosotros no podemos ver.

Y a veces, la respuesta de Dios es distinta de la que esperábamos. Algunas puertas permanecen cerradas porque no nos convienen, y algunas esperas nos preparan para algo mejor.

Por eso, ora, confía y persevera. Mientras esperas que tu sueño se haga realidad, Dios también está trabajando en ti.

 “Pon tu porvenir en manos del Señor, confía en Él y déjalo actuar.” Salmo 37,5

Ora, pero también actúa

No podemos pedirle a Dios un trabajo y quedarnos esperando sin buscarlo. No podemos pedir la reconciliación y continuar alimentando el orgullo. No podemos pedir que un proyecto prospere sin esforzarnos por realizarlo.

La oración y la acción deben caminar juntas.

Ora por tus sueños, pero trabaja por ellos.

Ora por una puerta, pero atrévete a tocarla.

Ora por una oportunidad, pero prepárate para recibirla.

Ora por un cambio, pero comienza también cambiando tú.

Dios puede bendecir nuestros esfuerzos, iluminar nuestras decisiones y colocarnos frente a oportunidades inesperadas.

No abandones porque tarda

Quizá llevas mucho tiempo pidiendo algo y estás a punto de decir: “Ya no puedo más”.

No abandones solamente porque todavía no ves resultados.

Una semilla permanece durante un tiempo debajo de la tierra. Desde afuera parece que nada sucede, pero silenciosamente está germinando.

Así ocurre muchas veces con nuestros sueños.

Lo que hoy parece detenido puede estar madurando. Lo que hoy interpretamos como un retraso puede estar evitando una equivocación. Y aquello que no llegó cuando nosotros queríamos quizá llegue cuando estemos verdaderamente preparados.

Pero recuerda algo importante: confiar en Dios también significa aceptar que su respuesta puede ser distinta de la que imaginamos.

La fe no consiste en decir: “Dios hará exactamente lo que yo quiero”.

REFLEXIÓN

Quizá llevas mucho tiempo pidiendo algo y estás a punto de decir: “Ya no puedo más”. No abandones porque todavía no ves resultados.

Como una semilla bajo la tierra, muchas veces nuestros sueños están germinando en silencio. Lo que parece un retraso puede ser preparación o incluso protección.

Confía en Dios, pero recuerda que su respuesta puede ser diferente de lo que esperas. Dile: “Señor, este es mi sueño; si es para mi bien, abre el camino. Si no lo es, muéstrame uno mejor”.

¿Cuál es ese sueño que llevas hoy en tu corazón?

No tengas miedo de hablarle a Dios de él. Cuéntale lo que deseas, lo que te preocupa, lo que esperas y también aquello que te causa temor.

Después de orar, levántate y continúa caminando.

Porque orar no es quedarse inmóvil esperando un milagro; es caminar confiando en que Dios camina contigo.

Tal vez Él acelere aquello que parecía imposible. Tal vez te pida esperar un poco más. Tal vez cambie el rumbo.

Pero si permaneces cerca de Él, incluso cuando tus planes cambien, descubrirás que nunca caminaste solo.

ORACIÓN

Señor, pongo en tus manos mis sueños y proyectos.

Abre las puertas que sean para mi bien, dame paciencia cuando deba esperar y sabiduría para aceptar tus caminos.

Que nunca me falten la fe para orar ni la voluntad para trabajar por aquello que anhelo.

Señor, toma mis sueños en tus manos y llévame por el camino que Tú sabes que es mejor para mí Amén.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

  APRENDE A BUSCAR UNA CITA BÍBLICA Buscar una cita en la Biblia es más sencillo de lo que parece. Solo necesitamos aprender tres elemento...