LEPANTO: UNA HISTORIA QUE NO DEBEMOS OLVIDAR
Lepanto, hoy llamada Nafpaktos, es
una ciudad de Grecia. El 7 de octubre de 1571, frente a sus costas, se libró la
famosa batalla de Lepanto. Mientras la flota cristiana combatía, el papa San
Pío V pidió a los fieles rezar el Santo Rosario por la victoria. Desde
entonces, esta fecha quedó profundamente vinculada a Nuestra Señora del
Rosario.
Para entender por qué el Rosario quedó tan
profundamente unido a la idea de victoria espiritual, tenemos que viajar hasta
el año 1571.
Europa estaba viviendo un momento de gran preocupación
ante el avance del Imperio otomano.
Se preparó una flota cristiana conocida como la Liga
Santa.
Y mientras los hombres se preparaban para enfrentarse
en el mar, el papa San Pío V pidió a los cristianos que rezaran y recurrieran
especialmente al Santo Rosario.
Y ocurrió algo impresionante.
Mientras los soldados estaban en el campo de batalla,
muchísimas personas que no podían combatir se pusieron a rezar.
No tenían barcos. No tenían cañones. No tenían
espadas.
Pero tenían algo que sí podían ofrecer: su oración.
El 7 de octubre de 1571, tuvo lugar la batalla de
Lepanto.
La Liga Santa obtuvo la victoria.
Y San Pío V interpretó aquella victoria como una
gracia obtenida por la intercesión de la Virgen María, invocada mediante el
Rosario.
Por eso aquella fecha quedó profundamente vinculada a
la devoción de Nuestra Señora del Rosario.
Pero aquí está el mensaje para
nosotros
Quizás nosotros no estamos en una batalla naval.
Pero todos tenemos alguna batalla.
Quizás alguien está luchando hoy por salvar su
matrimonio.
Quizás una madre está preocupada por un hijo.
Quizás un padre está luchando por mantener a su
familia.
Quizás alguien está atravesando una enfermedad.
Quizás alguien está luchando contra una adicción, una
tentación o una situación que nadie conoce.
Quizás alguien está perdiendo la esperanza.
Y aquí viene el mensaje:
No abandones el Rosario.
Cuando no sepas qué hacer: reza.
Cuando tengas miedo: reza.
Cuando estés preocupado por tus hijos: reza.
Cuando tu familia esté pasando por dificultades: reza.
Cuando sientas que ya no puedes más: toma el Rosario y
reza.
No porque el Rosario sea mágico.
Sino porque el Rosario te ayuda a volver tu corazón
hacia Dios.
¿Y si no tengo tiempo?
Esta es una de las frases que más escuchamos:
“Yo quisiera rezarlo, pero no tengo tiempo.”
Pero pensemos:
¿Cuánto tiempo pasamos mirando el teléfono?
¿Cuánto tiempo pasamos viendo noticias, videos o redes
sociales?
¿Cuánto tiempo dedicamos a tantas cosas que, al final
del día, ni siquiera recordamos?
Y quizás no encontramos unos minutos para hablar con
Dios.
No se trata de vivir todo el día rezando.
Se trata de encontrar un momento y ser fieles.
Cinco minutos. Diez minutos. Un misterio. Una decena.
Y poco a poco volver a crear el hábito.
Porque una oración que se abandona se enfría.
Pero una oración perseverante puede transformar
nuestra vida espiritual.
“Oren
constantemente.” 1 Tesalonicenses 5,17
¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE
ACOMPAÑE!
Tu amiga
Mirtha Villarroel de Rocha