el señor es mi pastos

nada me faltara

domingo, 27 de septiembre de 2026

 ¿POR DÓNDE COMIENZO A LEER LA BIBLIA?

Si nunca has leído la Biblia con frecuencia, no necesitas comenzar por Génesis y tratar de seguir página por página hasta Apocalipsis.

Puedes comenzar por conocer a Jesús.

Una ruta sencilla

Para que tu lectura fluya de la mejor manera, te sugiero seguir este orden:

1: Evangelio de Juan. Por qué primero:

Capítulo 1: El inicio más hermoso ("En el principio era el Verbo"). Presenta a Jesús como la luz del mundo y la Palabra hecha carne.

Capítulo 3: El encuentro con Nicodemo. Contiene el verso central de toda la Biblia (Juan 3,16) sobre el inmenso amor de Dios y la necesidad de nacer de nuevo.

Capítulo 11: La resurrección de Lázaro. Muestra la humanidad de Jesús (llora por su amigo) y su poder absoluto: "Yo soy la resurrección y la vida".

Capítulo 15: La alegoría de la vid y los sarmientos. Te enseña cómo permanecer conectado a Jesús para dar frutos de amor.

Te conecta de inmediato con la identidad divina de Jesús y profundiza en su amor.

2. Evangelio de Marcos. Por qué segundo:

Después de la profundidad teológica de Juan, pasar a Marcos es perfecto porque es el evangelio más corto, rápido y dinámico.

Te mostrará a ese mismo Jesús en acción constante, haciendo milagros y cumpliendo su misión con agilidad.

Capítulo 1: Comienzo inmediato de su ministerio, bautismo y milagros rápidos. Muestra a un Jesús activo que no pierde tiempo.

Capítulo 2:  El perdón de los pecados y la sanidad del paralítico que bajan por el techo. Demuestra su autoridad para sanar el cuerpo y el alma.

Capítulo 8: El punto central del libro. Pedro reconoce que Jesús es el Cristo y Jesús anuncia su entrega como el Siervo Sufriente.

Capítulo 16: La tumba vacía y la gran comisión de ir por todo el mundo a predicar.

3: Evangelio de Lucas. Por qué tercero: Una vez que ya viste la acción en Marcos, Lucas te detalla la ternura de Jesús. Es el evangelio de la misericordia, la oración, las mujeres y los necesitados. Te ayuda a sentir la cercanía humana del Maestro.

Capítulo 2: El relato más tierno y detallado del nacimiento de Jesús, los pastores y los ángeles.

Capítulo 11: La enseñanza del Padre Nuestro y la importancia de la constancia en la oración.

Capítulo 15: El capítulo de la misericordia por excelencia. Contiene las parábolas de la oveja perdida, la moneda perdida y el Hijo Pródigo.

Capítulo 24: El hermoso encuentro con los discípulos en el camino de Emaús, mostrando a un Jesús resucitado que camina al lado de los tristes

4. Evangelio de Mateo. Por qué al final: Habiendo conocido su identidad, sus obras y su misericordia, Mateo te da el manual práctico de vida. Es ideal para el cierre porque contiene los discursos más largos de enseñanzas (como el Sermón de la Montaña) para aprender a vivir el día a día como cristiano.

Capítulos 5, 6 y 7 (El Sermón de la Montaña): Es la joya de Mateo. Contiene las Bienaventuranzas y es el manual completo de cómo debe vivir, pensar y actuar un cristiano.

Capítulo 13: Las parábolas del Reino (el sembrador, el trigo y la cizaña, la perla de gran precio) para entender cómo crece la iglesia.

Capítulo 16: La confesión de Pedro y la promesa de Jesús de edificar su Iglesia sobre la roca.

Capítulo 28: La victoria final y el mandato definitivo a todas las naciones: "Hagan discípulos...bautizándolos...y enseñándoles".

5. Hechos de los Apóstoles: para conocer lo que sucedió después de la Resurrección y cómo comenzó a extenderse la Iglesia.

6. Salmos: para aprender a convertir en oración nuestras alegrías, preocupaciones, sufrimientos y agradecimientos.

Después podrás ir entrando poco a poco en los demás libros del Antiguo y del Nuevo Testamento.

7. Después vuelve al Antiguo Testamento.

Comienza con Génesis y Éxodo para comprender mejor la historia de la salvación.

 SÓLO 10 MINUTOS AL DÍA

No leas para terminar páginas; lee para encontrarte con Dios. Antes de empezar di: “Señor, abre mi corazón para comprender lo que hoy quieres decirme.” Luego sigue estos 5 pasos:

Lee: Toma un pequeño pasaje.

Piensa: ¿Qué dice el texto?

Pregúntate: ¿Qué me dice Dios a mí hoy?

Ora: Respóndele a Dios con tus propias palabras ¡esta es la hora de orar!.

Vive: Elige algo concreto para poner en práctica hoy.

"Que esta ruta santa guíe tus pasos: para que descubras quién es Jesús con Juan, veas su poder en Marcos, sientas su infinita misericordia con Lucas y aprendas a vivir bajo su amor con Mateo."

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

No te pierdas el próximo tema…

 

sábado, 26 de septiembre de 2026

  CONOCE TU BIBLIA Y ÁBRELA.

¿Tienes una Biblia en casa, pero no sabes por dónde comenzar?

Primero conozcámosla.

73 libros, una sola historia de amor entre Dios y su pueblo

La Biblia no es un libro para solamente rezar, o para instrucción nuestra. La Biblia es la Palabra de Dios para comunicarnos la vida. En el centro de la Biblia está la Cruz de Jesús y su Resurrección.

¿Alguna vez abriste la Biblia y pensaste:

¿Por dónde comienzo?

No te preocupes. La Biblia no es un sólo libro que necesariamente debamos leer desde la primera página hasta la última. Es como una pequeña biblioteca formada por 73 libros, escritos en diferentes épocas, pero unidos por una misma historia: Dios que busca, acompaña y salva a su pueblo.

 ¿Cómo se divide?

La Biblia católica tiene 73 libros y se divide en dos grandes partes:

ANTIGUO TESTAMENTO:  46 libros

Nos cuenta la historia del pueblo de Dios antes de Jesucristo: la creación, los patriarcas, Moisés, los profetas, la oración y la sabiduría de Israel.

NUEVO TESTAMENTO: 27 libros

Nos presenta a Jesucristo, su vida y enseñanzas, su muerte y resurrección, el nacimiento de la Iglesia y la misión de los primeros cristianos.

Conoce los 73 libros, de manera sencilla

ANTIGUO TESTAMENTO (46) Los 46 libros del Antiguo Testamento pueden organizarse en cuatro grandes grupos.

El Pentateuco comprende 5 libros: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Allí encontramos relatos fundamentales como la creación, Abrahám, Moisés, la salida de Egipto y la Alianza.

Después vienen 16 libros históricos, que narran diferentes momentos de la historia del pueblo de Israel.

Los 7 libros poéticos y sapienciales nos enseñan a orar, meditar y buscar la sabiduría de Dios. Entre ellos encontramos los Salmos y Proverbios.

Finalmente están los 18 libros proféticos. Los profetas invitaban al pueblo a regresar a Dios, denunciaban las injusticias y mantenían encendida la esperanza.

 El Antiguo Testamento nos permite comprender el camino que prepara la llegada de Jesucristo.

NUEVO TESTAMENTO (27)

 Evangelios: 4 libros

 Hechos de los Apóstoles: 1 libro

 Cartas: 21 libros

 Apocalipsis: 1 libro

46 + 27 = 73 libros

La Biblia puede permanecer años cerrada sobre una mesa y seguir siendo un libro cerrado. Pero cuando la abrimos con fe, la Palabra comienza a entrar en nuestra vida.

No tengas miedo de empezar poco a poco.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

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viernes, 25 de septiembre de 2026

 LA MISIÓN DEL SACERDOTE

Cura animarum: el cuidado de las almas

¿por qué llamamos “cura” al sacerdote?

Su misión

Tradicionalmente llamamos “el cura” al sacerdote, pero quizá pocas veces nos preguntamos de dónde viene esta palabra y cuál es su verdadero significado.

La palabra cura proviene del latín y significa cuidado, solicitud, atención. De allí nace la expresión cura animarum, que significa “cuidado de las almas” y expresa una de las misiones más hermosas del ministerio sacerdotal.

La misión del sacerdote es servir a Dios cuidando y acompañando espiritualmente a su pueblo. Está llamado a anunciar la Palabra, celebrar la Eucaristía, administrar los sacramentos, orientar, escuchar, consolar, acompañar al enfermo y ayudar a las personas a acercarse a Dios.

No se trata de “curar” como lo hace un médico, sino de cuidar el alma, alimentar la fe, ofrecer esperanza y acompañar a cada persona en su camino hacia Cristo.

Por eso, cuando llamamos “cura” al sacerdote, estamos recordando una hermosa y profunda misión: cura animarum, el cuidado de las almas.

¿Qué representa el sacerdote para los católicos?

El sacerdote es un hombre llamado por Dios y consagrado mediante el sacramento del Orden para servir a Cristo y a su Iglesia.

No sustituye a Dios ni deja de ser una persona con virtudes, limitaciones y debilidades. Sin embargo, por el ministerio que ha recibido, en determinados actos sacramentales actúa in persona Christi Capitis, expresión latina que significa “en la persona de Cristo Cabeza”.

Por eso encontramos al sacerdote acompañándonos en momentos fundamentales de nuestra vida: en el Bautismo, la Eucaristía, la Reconciliación, el matrimonio, la enfermedad y también cuando llega la muerte. Nos anuncia la Palabra, celebra los sacramentos y nos acompaña en nuestro camino de fe.

Está presente en muchos de los momentos más importantes de nuestra existencia.

El sacerdote también necesita ser acompañado

Muchas veces acudimos al sacerdote cuando tenemos un problema, buscamos orientación, necesitamos confesarnos o pedimos oración. Esperamos que tenga tiempo para escucharnos y palabras para consolarnos.

Pero pocas veces nos preguntamos: ¿quién acompaña al sacerdote?

Él también experimenta cansancio, preocupaciones, dificultades y momentos de soledad. Por eso, en lugar de mirar solamente sus errores, aprendamos también a comprenderlo, acompañarlo y sostenerlo con nuestra oración.

Podemos ayudar a nuestro párroco de muchas maneras: ofreciendo nuestro tiempo, colaborando en las necesidades de la comunidad, acercándole alimentos o ayudándolo material o económicamente cuando lo necesite, siempre de manera libre, generosa y sin esperar privilegios a cambio.

Cuidemos también a quienes han recibido la misión de cuidar nuestras almas.

Jesús dijo:

«Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas». Juan 10,11

Esta imagen del Buen Pastor ayuda a comprender el corazón de la misión sacerdotal.

El sacerdote también necesita nuestras oraciones

El sacerdote acompaña, escucha, consuela, orienta y reza por su comunidad, pero él también necesita ser acompañado con nuestra oración.

Es un hombre llamado por Dios, pero sigue siendo humano: tiene preocupaciones, incomprensiones y momentos difíciles. Lleva sobre sus hombros muchas historias, dolores y necesidades que los fieles confían a su corazón.

Por eso, además de pedirle que rece por nosotros, recemos también nosotros por él: para que Dios fortalezca su vocación, ilumine sus decisiones, renueve sus fuerzas y le conceda un corazón siempre dispuesto a servir.

No olvidemos a nuestros sacerdotes. Quien cuida espiritualmente de tantas almas también necesita sentirse sostenido por la oración de su pueblo.

San Pablo nos recuerda: “Oren sin cesar”. 1 Tesalonicenses 5,17

Reflexión

Detrás de cada sacerdote hay un hombre que respondió al llamado de Dios y entregó su vida al servicio de los demás. Su misión es anunciar a Cristo, celebrar los sacramentos y ejercer la cura animarum: el cuidado de las almas.

También ellos necesitan nuestro acompañamiento. Podemos sostener a nuestro párroco con la oración, nuestro tiempo, alimentos, ayuda en sus necesidades o una colaboración económica voluntaria, siempre con libertad y sin esperar privilegios.

La ayuda tampoco tiene que ser únicamente dinero: puede ser alimentos, transporte, asistencia ante una enfermedad, nuestro tiempo y, especialmente, nuestra oración.

Cuidemos también a quienes han recibido la misión de cuidar nuestras almas.

Tal vez no pueda solucionar todos nuestros problemas. Tal vez también se equivoque. Pero su misión sigue siendo inmensa: anunciar a Cristo, celebrar los sacramentos y cuidar pastoralmente a quienes Dios pone en su camino.

Qué hermosa responsabilidad y, al mismo tiempo, qué grande necesidad de oración.

También podríamos preguntarnos: “¿Cómo estamos acompañando y sosteniendo a nuestro sacerdote en su misión?” Una ayuda sencilla y sin condiciones puede ser un hermoso gesto de fraternidad cristiana.

“El obrero merece su salario”. Lucas 10,7

Oración por el ministerio sacerdotal

Señor Jesús, Buen Pastor,

te damos gracias por nuestros sacerdotes y por su entrega a tu servicio.

Fortalécelos en el cansancio, consuélalos en la soledad y dales sabiduría para guiar a tu pueblo.

Protégelos en las dificultades, renueva cada día su vocación y hazlos fieles servidores de tu Palabra y de tus sacramentos.

Que sepamos acompañarlos, respetarlos y sostenerlos con nuestra oración. Amén.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

 

jueves, 24 de septiembre de 2026

 ORA: DIOS ACELERA TUS SUEÑOS

Todos tenemos sueños: recuperar la salud, conseguir un trabajo, fortalecer nuestra familia, reconciliarnos, superar una dificultad o alcanzar un proyecto esperado durante años.

Cuando el tiempo pasa y nada sucede, podemos preguntarnos: ¿Dios me escucha? Sí, Dios escucha, pero sus tiempos no siempre coinciden con los nuestros.

Orar puede acelerar tus sueños, no porque obliguemos a Dios a cumplir nuestros deseos, sino porque al ponerlos en sus manos, Él puede abrir caminos, acercar personas y cambiar circunstancias que nosotros no podemos ver.

Y a veces, la respuesta de Dios es distinta de la que esperábamos. Algunas puertas permanecen cerradas porque no nos convienen, y algunas esperas nos preparan para algo mejor.

Por eso, ora, confía y persevera. Mientras esperas que tu sueño se haga realidad, Dios también está trabajando en ti.

 “Pon tu porvenir en manos del Señor, confía en Él y déjalo actuar.” Salmo 37,5

Ora, pero también actúa

No podemos pedirle a Dios un trabajo y quedarnos esperando sin buscarlo. No podemos pedir la reconciliación y continuar alimentando el orgullo. No podemos pedir que un proyecto prospere sin esforzarnos por realizarlo.

La oración y la acción deben caminar juntas.

Ora por tus sueños, pero trabaja por ellos.

Ora por una puerta, pero atrévete a tocarla.

Ora por una oportunidad, pero prepárate para recibirla.

Ora por un cambio, pero comienza también cambiando tú.

Dios puede bendecir nuestros esfuerzos, iluminar nuestras decisiones y colocarnos frente a oportunidades inesperadas.

No abandones porque tarda

Quizá llevas mucho tiempo pidiendo algo y estás a punto de decir: “Ya no puedo más”.

No abandones solamente porque todavía no ves resultados.

Una semilla permanece durante un tiempo debajo de la tierra. Desde afuera parece que nada sucede, pero silenciosamente está germinando.

Así ocurre muchas veces con nuestros sueños.

Lo que hoy parece detenido puede estar madurando. Lo que hoy interpretamos como un retraso puede estar evitando una equivocación. Y aquello que no llegó cuando nosotros queríamos quizá llegue cuando estemos verdaderamente preparados.

Pero recuerda algo importante: confiar en Dios también significa aceptar que su respuesta puede ser distinta de la que imaginamos.

La fe no consiste en decir: “Dios hará exactamente lo que yo quiero”.

REFLEXIÓN

Quizá llevas mucho tiempo pidiendo algo y estás a punto de decir: “Ya no puedo más”. No abandones porque todavía no ves resultados.

Como una semilla bajo la tierra, muchas veces nuestros sueños están germinando en silencio. Lo que parece un retraso puede ser preparación o incluso protección.

Confía en Dios, pero recuerda que su respuesta puede ser diferente de lo que esperas. Dile: “Señor, este es mi sueño; si es para mi bien, abre el camino. Si no lo es, muéstrame uno mejor”.

¿Cuál es ese sueño que llevas hoy en tu corazón?

No tengas miedo de hablarle a Dios de él. Cuéntale lo que deseas, lo que te preocupa, lo que esperas y también aquello que te causa temor.

Después de orar, levántate y continúa caminando.

Porque orar no es quedarse inmóvil esperando un milagro; es caminar confiando en que Dios camina contigo.

Tal vez Él acelere aquello que parecía imposible. Tal vez te pida esperar un poco más. Tal vez cambie el rumbo.

Pero si permaneces cerca de Él, incluso cuando tus planes cambien, descubrirás que nunca caminaste solo.

ORACIÓN

Señor, pongo en tus manos mis sueños y proyectos.

Abre las puertas que sean para mi bien, dame paciencia cuando deba esperar y sabiduría para aceptar tus caminos.

Que nunca me falten la fe para orar ni la voluntad para trabajar por aquello que anhelo.

Señor, toma mis sueños en tus manos y llévame por el camino que Tú sabes que es mejor para mí Amén.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

miércoles, 23 de septiembre de 2026

 SAN JOSÉ DORMIDO: CUANDO LA ORACIÓN SE CONVIERTE EN MISERICORDIA

En la Fundación CENDINI – Centinelas del Divino Niño ubicados en Tarija-Bolivia, dos a tres veces al año preparamos las Canastas de San José Dormido, con artículos de primera necesidad y de limpieza para repartir a familias numerosas y con muchas escaseces. También llegamos al asilo de ancianos de la misma forma. Nos reunimos los Centinelas y cada uno aporta lo que puede: dinero, alimentos o simplemente su tiempo y disposición para ayudar.

No importa cuánto damos. Lo importante es que, sumando pequeñas generosidades, podemos llegar hasta hogares donde la necesidad es grande.

Hace pocos días fuimos a entregar una canasta a una familia de muy escasos recursos. Nos habían dicho que allí vivían dos hijos de cinco, con discapacidad y que necesitaban pañales. Pero una cosa es escuchar una necesidad y otra muy distinta es entrar en una casa y encontrarse frente al sufrimiento humano.

Encontramos a un joven de 26 años postrado en cama, sin poder movilizarse y dependiente completamente del cuidado de su madre. Mientras conversábamos apareció una joven caminando con mucha dificultad, nos parecía de diez años.

¿Cuántos años tiene? preguntamos.

Tiene 25 años respondió su madre.

Ella también necesita pañales nos dijo.

Nos quedamos profundamente conmovidas hasta derramar lágrimas.

El amor de una madre que no descansa

Aquella madre sale desde muy de madrugada buscando cómo conseguir el alimento para sus hijos. Limpia patios y casas, lava ropa, cultiva plantas, vende abono y luego sale a vender sus plantines.

Mientras trabaja, sus dos hijos con discapacidad permanecen muchas veces solos, esperando que mamá regrese. Los otros hijos deben asistir a la escuela.

Y ella sigue adelante.

La familia vive muy lejos de la ciudad; solamente llegar hasta allí puede significar pagar entre Bs 40 y Bs 50 de taxi. Necesitan colchones, ropa de cama y, especialmente, muchos pañales talla M.

Al salir de aquella casa, quienes realizamos la visita comentábamos algo que nos había impresionado: esa madre no estaba reclamándole a Dios por la vida que le había tocado.

Simplemente seguía luchando por sus hijos y hasta percibimos paz en su corazón a pesar de la adversidad.

Cuánto puede enseñarnos el amor de una madre. Hay madres que se olvidan incluso de sí mismas, de su descanso y hasta de su propia salud porque primero están sus hijos.

Pero surge inevitablemente una pregunta:

¿Qué pasaría con estos jóvenes si un día mamá faltara?

 No podemos responder esa pregunta solamente con palabras. Quizás Dios nos permita responderla con nuestra solidaridad.

SAN JOSÉ DORMIDO

San José también conoció la preocupación por su familia. Mientras dormía, Dios le habló en sueños y le mostró el camino que debía seguir para proteger a María y al Niño Jesús.

Por eso ponemos nuestras preocupaciones debajo de la imagen de San José Dormido, confiando en su intercesión.

Pero nuestra devoción no puede quedarse solamente en escribir una cartita con una petición y esperar el milagro.

Mientras San José duerme, nosotros debemos despertar.

Despertar ante el hambre.

Despertar ante la enfermedad.

Despertar ante una madre agotada.

Despertar ante quien necesita alimento, un colchón, ropa de cama o simplemente un paquete de pañales.

Porque algunas veces aquello que pedimos a Dios en oración, encuentra respuesta a través de nuestras propias manos.

 “El Rey responderá. En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños, que son mis hermanos, lo hicieron conmigo”. Mateo 25,40

REFLEXIÓN

Quizás no podamos solucionar todos los problemas de una familia, pero podemos aliviar una parte de su carga.

Un paquete de pañales puede parecernos poco, pero para una madre que debe elegir entre comprar alimento o pañales significa muchísimo.

Un colchón que ya no utilizamos puede convertirse en el descanso de quien permanece todo el día postrado.

Una sábana, una frazada, alimentos o una pequeña colaboración económica pueden transformarse en una verdadera obra de misericordia.

No siempre necesitamos tener mucho dinero para ayudar. Necesitamos, sobre todo, un corazón capaz de ver la necesidad del otro y no pasar de largo.

Una invitación a la solidaridad

Desde la Fundación CENDINI – Centinelas del Divino Niño, invitamos a quienes deseen unirse a esta obra de amor.

Actualmente necesitamos especialmente pañales talla M, colchones, ropa de cama y alimentos para esta familia.

Puedes colaborar con lo que esté dentro de tus posibilidades. No importa si parece poco. Cuando muchas manos se unen, una pequeña ayuda puede convertirse en una gran obra de misericordia.

San José, custodio de la Sagrada Familia, enséñanos no solamente a confiar nuestras preocupaciones a Dios, sino también a levantarnos y servir cuando alguien nos necesita.

ORACIÓN

San José Dormido,

hoy ponemos bajo tu cuidado a esta madre y a sus hijos.

Intercede para que nunca les falte el alimento,

el abrigo, los pañales y unas manos generosas que los acompañen.

Y despierta también nuestro corazón,

para que sepamos reconocer a Jesús

en cada hermano que necesita nuestra ayuda.

San José, protector de las familias, ruega por ellos y por nosotros. Amén.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

martes, 22 de septiembre de 2026

 NUNCA ES TARDE PARA SERVIR A DIOS

A veces pensamos que para servir a Dios hay que ser joven, tener muchas fuerzas, grandes conocimientos o disponer de mucho tiempo. Pero Dios no mira nuestra edad: mira nuestro corazón y nuestra disponibilidad.

Mientras tengamos vida, siempre tendremos algo que ofrecer.

Podemos servir a Dios acompañando a una persona que está sola, escuchando al que necesita desahogarse, visitando a un enfermo, enseñando al que no sabe, compartiendo nuestra experiencia, ayudando al necesitado, rezando por alguien o simplemente ofreciendo una palabra de esperanza.

Con los años quizá disminuyan nuestras fuerzas físicas, pero aumenta algo muy valioso: la experiencia de vida. Hemos conocido alegrías y sufrimientos, triunfos y fracasos; hemos aprendido a levantarnos después de caer. Todo eso puede convertirse en un instrumento para ayudar a otros.

No digas: “Ya estoy viejo, vieja, para comenzar”, “ya cumplí mi misión” o “¿qué puedo hacer yo a estas alturas de mi vida?”.

Pregúntale más bien al Señor:

¿Para qué me necesitas hoy?

Tal vez Dios no te pida grandes obras. Quizá solamente te está pidiendo que estés presente donde alguien necesita amor, consuelo, orientación o compañía.

Cita bíblica: " Aún en la vejez tendrán sus frutos, pues aún están verdes  y dan brotes.” Salmo 92,15

Reflexión

Cada nuevo día que Dios nos concede puede tener una misión. Mientras podamos amar, escuchar, perdonar, enseñar, compartir y orar, podemos seguir sirviendo.

La edad no nos jubila del amor ni de la caridad.

Tal vez aquello que aprendiste durante toda una vida sea precisamente lo que hoy otra persona necesita escuchar. Tus experiencias, tus heridas superadas, tu fe y hasta tus errores pueden convertirse en una enseñanza para alguien que recién comienza su camino.

Por eso, no importa si tienes 30, 50, 70 u 80 años. Nunca es tarde para decirle a Dios: “Aquí estoy, Señor. Todavía puedes contar conmigo”.

Oración

Señor Jesús,

gracias por el don de la vida

y por cada año que me has permitido recorrer.

No permitas que piense que por mi edad

ya no tengo nada que ofrecer.

Muéstrame dónde puedo servirte,

a quién puedo acompañar,

qué palabra puedo compartir

y qué necesidad puedo aliviar.

Que mis manos, mi experiencia,

mi tiempo y mi oración

sean instrumentos de tu amor.

Señor, mientras me regales un nuevo día,

que mis manos sigan dispuestas a ayudar,

mi corazón abierto para amar

y mis pasos atentos a quien me necesite.

Que la vida que aún me concedes

sea una oportunidad para servirte en los demás. Amén.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

 

 

lunes, 21 de septiembre de 2026

 BIENVENIDOS A TOQUE ESPIRITUAL

Un espacio para hacer una pausa, reflexionar y acercarnos un poquito más a Dios.

Siempre me gustó escribir. Desde niña, afianzando más, en los años 80, 90 y 2000 donde preparaba artículos, temas para charlas, seminarios y talleres. Primero lo hacía a máquina de escribir, con papel y copia; muchas veces tenía que repetir, después llegó la computadora y aprendí a utilizarla de manera autodidacta.

Pero fue en el año 2020, en plena pandemia, cuando nació Toque Espiritual.

Vivíamos días difíciles. El aislamiento, el temor a la enfermedad, la pérdida de seres queridos y la incertidumbre habían cambiado nuestra manera de vivir. Muchas puertas estaban cerradas, los templos, pero la tecnología nos abrió otras formas de encontrarnos.

Fue entonces cuando sentí la necesidad de compartir mensajes que pudieran llevar fe, esperanza, consuelo y compañía a quienes los necesitaran.

Así nació Toque Espiritual.

La pandemia nos separó físicamente, pero también nos enseñó que una oración, una reflexión o una palabra de esperanza podían atravesar una pantalla y llegar hasta el corazón de otra persona.

Han pasado los años y sigo escribiendo. La experiencia de vida me ha dado mucho para compartir y la tecnología me ofrece cada día nuevas herramientas para hacerlo de una manera más dinámica y cercana.

Aquí hablamos de Dios y de la vida: de la familia, los hijos, el matrimonio, la enfermedad, el duelo, el perdón, la oración, la esperanza, la solidaridad y el servicio al prójimo.

No escribo para acumular seguidores. Escribo porque me gusta escribir, porque me gusta compartir y porque creo que Dios puede servirse también de estos medios para llegar a quien necesita una palabra en el momento preciso.

Hoy Toque Espiritual se presenta con una imagen renovada, aprovechando las posibilidades que nos brinda la tecnología, pero conservando aquello que le dio origen en 2020: llevar un pequeño mensaje de fe para la vida cotidiana.

Mientras Dios me conceda vida, más experiencia, inquietud por aprender sin importar la edad, y deseos de compartir, seguiré escribiendo porque:

La tecnología nos brinda el medio.

La experiencia nos da palabras.

La fe nos señala el camino.

Y Dios toca el corazón.

Cita bíblica: Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo; “Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales todo lo que el Señor ha hecho contigo y cómo ha tenido compasión de ti.” Marcos 5,19

ORACIÓN

Señor, gracias por permitirme compartir tu Palabra.

Pon en mis manos lo que debo escribir

y en mi corazón lo que debo transmitir.

Que cada mensaje de Toque Espiritual

llegue a quien más lo necesite

y sea siempre para tu gloria.

Señor, si me sigues dando vida

Todavía puedes contar conmigo. Amén.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

  ¿POR DÓNDE COMIENZO A LEER LA BIBLIA? Si nunca has leído la Biblia con frecuencia, no necesitas comenzar por Génesis y tratar de seguir ...