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  CUANDO ESTEMOS ANTE EL SEÑOR Hay una pregunta que tarde o temprano toca el corazón: ¿qué nos pedirá el Señor cuando estemos en su presencia? No será un momento de ruido ni de apariencias. No habrá títulos, cargos ni reconocimientos humanos que puedan sostenernos. Estaremos solos ante la Verdad, pero también ante el Amor más grande que existe. Y allí, en esa luz que todo lo revela, no se nos preguntará cuánto acumulamos, sino cuánto amamos. Jesús ya nos adelantó el criterio del encuentro final cuando dijo: “Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber…” (Mateo 25, 35) En ese instante comprenderemos que cada gesto pequeño tuvo un peso eterno. Que cada vez que consolamos, que escuchamos, que perdonamos, que ayudamos en silencio, fue a Él mismo a quien servimos. El Señor no nos pedirá una vida perfecta, pero sí un corazón sincero. No nos exigirá no haber caído nunca, sino haber sabido levantarnos. Nos preguntará qué hicimos con los tale...
  DONDE LA MISERICORDIA SE HACE VIDA Cuando pensemos en el día en que estaremos ante el Señor, no imaginemos un tribunal severo, sino un encuentro con el Amor que nos creó. Y en esa luz comprenderemos algo muy sencillo y muy profundo: el amor a Dios siempre pasó por el amor al prójimo. Jesús no dejó el amor en teorías. Lo hizo gesto, cercanía, compasión. Tocó al leproso, defendió al pecador, dio de comer a la multitud, lloró con los que lloraban. Y luego nos dijo que hiciéramos lo mismo. Las obras de misericordia no son una lista antigua; son el camino diario del cristiano. Son el amor traducido en acciones concretas. Dar de comer al hambriento no es solo ofrecer pan, es compartir lo que somos. Visitar al enfermo no es cumplir un deber, es llevar esperanza donde hay dolor. Perdonar al que nos hiere no es debilidad, es parecerse a Cristo. Enseñar al que no sabe, corregir con paciencia, consolar al triste, orar por los vivos y los difuntos… todo eso construye eternidad....
  PORQUE TUVE HAMBRE Y ME DIERON DE COMER; TUVE SED Y ME DIERON DE BEBER; FUI FORASTERO Y ME RECIBIERON; ESTUVE DESNUDO Y ME VISTIERON; ENFERMO Y ME VISITARON; EN LA CÁRCEL Y FUERON A VERME.” (MATEO 25, 35–36) RECORDAREMOS LAS OBRAS DE MISERICORDIA. SON CATORCE Y A PONERLAS EN PRÁCTICA. QUE “LA FE, SI NO TIENE OBRAS, ESTÁ MUERTA” (Santiago 2,17) OBRAS DE MISERICORDIA CORPORALES ( Siete) Atienden las necesidades del cuerpo y la dignidad humana. -          Dar de comer al hambriento Compartir alimentos o ayudar a quien pasa necesidad. Es reconocer que nadie debería carecer de lo básico para vivir. -          Dar de beber al sediento Satisfacer una necesidad vital y cuidar el acceso a lo esencial. También implica defender condiciones de vida justas. -          Vestir al desnudo Ayudar a quien no tiene ropa adecuada. Es proteger la dignidad y el r...
  LAS OBRAS DE MISERICORDIA, CAMINO PARA SER LUZ, ¿ESTÁS OBLIGADO A CUMPLIRLAS? “La fe, si no tiene obras, está muerta.” Las obras de misericordia son un camino para ser luz, porque a través de ellas el amor se vuelve visible en el mundo. No son sólo normas: son gestos concretos que iluminan la vida de los demás y también la nuestra. (Santiago 2,17) Las obras de misericordia nos enseñan algo muy concreto y poderoso: que la fe y los valores humanos se viven con acciones, no sólo con palabras. ¿Qué nos enseñan? Y qué nos recuerdan. Que todas las personas tienen dignidad, especialmente quienes sufren. Amar al prójimo significa hacerse cargo de sus necesidades reales. La misericordia es compasión en movimiento: ver, sentir y actuar. Ayudar al otro también nos transforma a nosotros (nos hace más humanos). En el fondo, nos enseñan a vivir el amor, la solidaridad, la justicia y el perdón en lo  cotidiano. ¿Las ponemos en práctica? Sí, y si no lo haces se pued...
PARA ESTAR BIEN CON DIOS, EL PRIMER PASO ES DEJAR DE HACER EL MAL Y DECIDIRSE POR UNA VIDA NUEVA MARCADA POR EL AMOR. No se puede caminar con el Señor mientras se hace daño al hermano, mientras se miente o se oprime al débil. El verdadero camino comienza cuando el corazón decide obrar con amor, practicar la justicia y vivir con humildad delante de Dios. Si el pueblo viviera según la voluntad de Dios, su oración no sería vacía, sino un clamor sincero que llega al cielo. El Señor escucharía, perdonaría los pecados y sanaría la tierra. Entonces la vida se llenaría de luz, de santidad y de justicia, y la gloria de Dios se manifestaría en cada hogar, en cada comunidad y en todo corazón dispuesto a cambiar. Las familias serían restauradas, las comunidades sanadas y los pueblos transformados. La luz de Dios alumbraría los caminos oscuros, la santidad guiaría las decisiones y la justicia correría como un río que da vida. La gloria del Señor se manifestaría en vidas obedientes, en corazones hum...
SER SAL DE LA TIERRA Y LUZ DEL MUNDO EN LA ACTUALIDAD… Hoy, Jesús sigue diciéndonos a nosotros:  "Ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo" . No habla a personas perfectas, sino a hombres y mujeres que viven en medio de dificultades, injusticias, cansancio y desafíos diarios. En un mundo marcado por la indiferencia, la violencia y el egoísmo, ser sal y luz es más necesario que nunca.  Somos sal de la tierra cuando damos sabor a la vida con gestos sencillos de bondad con el necesitado y cumplir con el primer Mandamiento de la Ley de Dios, cuando compartimos,  cuando no dejamos que el amor se enfríe,  cuando defendemos la dignidad del otro y cuando no permitimos que el egoísmo y la corrupción pervierta nuestro corazón.  Ser sal hoy significa no perder el sabor del Evangelio (Mateo 5,13-16) en medio de la rutina, del miedo o de la comodidad.   Pero Jesús nos advierte que la sal puede perder su sabor. Esto ocurre cuando la fe se vive solo de aparienci...
  SER SAL DE LA TIERRA Y LUZ DEL MUNDO EN LA ACTUALIDAD… Hoy, Jesús sigue diciéndonos a nosotros: "Ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo" . No habla a personas perfectas, sino a hombres y mujeres que viven en medio de dificultades, injusticias, cansancio y desafíos diarios. En un mundo marcado por la indiferencia, la violencia y el egoísmo, ser sal y luz es más necesario que nunca.  Somos sal de la tierra cuando damos sabor a la vida con gestos sencillos de bondad con el necesitado y cumplir con el primer Mandamiento de la Ley de Dios, cuando compartimos,  cuando no dejamos que el amor se enfríe,  cuando defendemos la dignidad del otro y cuando no permitimos que el egoísmo y la corrupción pervierta nuestro corazón.  Ser sal hoy significa no perder el sabor del Evangelio (Mateo 5,13-16) en medio de la rutina, del miedo o de la comodidad.   Pero Jesús nos advierte que la sal puede perder su sabor. Esto ocurre cuando la fe se vive solo de aparie...