ORA: DIOS ACELERA TUS SUEÑOS
Todos tenemos sueños: recuperar la salud, conseguir un
trabajo, fortalecer nuestra familia, reconciliarnos, superar una dificultad o
alcanzar un proyecto esperado durante años.
Cuando el tiempo pasa y nada sucede, podemos
preguntarnos: ¿Dios me escucha? Sí, Dios escucha, pero sus tiempos no siempre
coinciden con los nuestros.
Orar puede acelerar tus sueños, no porque obliguemos a
Dios a cumplir nuestros deseos, sino porque al ponerlos en sus manos, Él puede
abrir caminos, acercar personas y cambiar circunstancias que nosotros no
podemos ver.
Y a veces, la respuesta de Dios es distinta de la que
esperábamos. Algunas puertas permanecen cerradas porque no nos convienen, y
algunas esperas nos preparan para algo mejor.
Por eso, ora, confía y persevera. Mientras esperas que
tu sueño se haga realidad, Dios también está trabajando en ti.
“Pon tu porvenir en manos del Señor, confía en
Él y déjalo actuar.” Salmo 37,5
Ora, pero también actúa
No podemos pedirle a Dios un trabajo y quedarnos
esperando sin buscarlo. No podemos pedir la reconciliación y continuar
alimentando el orgullo. No podemos pedir que un proyecto prospere sin
esforzarnos por realizarlo.
La oración y la acción deben caminar juntas.
Ora por tus sueños, pero trabaja por ellos.
Ora por una puerta, pero atrévete a tocarla.
Ora por una oportunidad, pero prepárate para
recibirla.
Ora por un cambio, pero comienza también cambiando tú.
Dios puede bendecir nuestros esfuerzos, iluminar
nuestras decisiones y colocarnos frente a oportunidades inesperadas.
No abandones porque tarda
Quizá llevas mucho tiempo pidiendo algo y estás a
punto de decir: “Ya no puedo más”.
No abandones solamente porque todavía no ves
resultados.
Una semilla permanece durante un tiempo debajo de la
tierra. Desde afuera parece que nada sucede, pero silenciosamente está
germinando.
Así ocurre muchas veces con nuestros sueños.
Lo que hoy parece detenido puede estar madurando. Lo
que hoy interpretamos como un retraso puede estar evitando una equivocación. Y
aquello que no llegó cuando nosotros queríamos quizá llegue cuando estemos
verdaderamente preparados.
Pero recuerda algo importante: confiar en Dios también
significa aceptar que su respuesta puede ser distinta de la que imaginamos.
La fe no consiste en decir: “Dios hará exactamente lo
que yo quiero”.
REFLEXIÓN
Quizá llevas mucho tiempo pidiendo algo y estás a punto
de decir: “Ya no puedo más”. No abandones porque todavía no ves resultados.
Como una semilla bajo la tierra, muchas veces nuestros
sueños están germinando en silencio. Lo que parece un retraso puede ser
preparación o incluso protección.
Confía en Dios, pero recuerda que su respuesta puede
ser diferente de lo que esperas. Dile: “Señor, este es mi sueño; si es para mi
bien, abre el camino. Si no lo es, muéstrame uno mejor”.
¿Cuál es ese sueño que llevas hoy en tu corazón?
No tengas miedo de hablarle a Dios de él. Cuéntale lo
que deseas, lo que te preocupa, lo que esperas y también aquello que te causa
temor.
Después de orar, levántate y continúa caminando.
Porque orar no es quedarse inmóvil esperando un
milagro; es caminar confiando en que Dios camina contigo.
Tal vez Él acelere aquello que parecía imposible. Tal
vez te pida esperar un poco más. Tal vez cambie el rumbo.
Pero si permaneces cerca de Él, incluso cuando tus
planes cambien, descubrirás que nunca caminaste solo.
ORACIÓN
Señor, pongo en tus manos mis sueños y proyectos.
Abre las puertas que sean para mi bien, dame paciencia
cuando deba esperar y sabiduría para aceptar tus caminos.
Que nunca me falten la fe para orar ni la voluntad
para trabajar por aquello que anhelo.
Señor, toma mis sueños en tus manos y llévame por el
camino que Tú sabes que es mejor para mí Amén.
¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE
ACOMPAÑE!
Tu amiga
Mirtha Villarroel de Rocha