EL ROSARIO EN EL COMBATE ESPIRITUAL
Cuando empiezas a rezar el Rosario, muchas veces
aparece algo que intenta detenerte: sientes sueño sin estar físicamente cansado,
surgen pensamientos intrusos, suena el teléfono, llaman a la puerta o recuerdas
de repente todo lo que tienes pendiente.
No toda interrupción proviene del maligno; algunas son
situaciones normales de la vida. Sin embargo, cuando las distracciones buscan
apartarte constantemente de la oración, pueden convertirse en un verdadero
combate espiritual.
No abandones el Rosario. Tal vez ese Rosario que más
te cuesta rezar sea precisamente el que más necesitas. Apaga el celular, busca
un lugar tranquilo y, cada vez que te distraigas, vuelve con serenidad al
misterio que estás contemplando. Dios no exige una oración perfecta, sino un
corazón perseverante.
Si aprendes a reconocer las distracciones, también
aprenderás a vencerlas. No luches con desesperación: combate con fe, paciencia
y constancia, tomado de la mano de María.
“Sométanse,
pues, a Dios; resistan al diablo y huirá de ustedes”. Santiago 4,7
No dejes el Rosario: perseverar en la oración ya es
comenzar a vencer.
REFLEXIÓN
Las distracciones durante el Rosario no significan que
nuestra oración no tenga valor. Cada vez que nuestra mente se aleja y volvemos
con amor, estamos diciéndole nuevamente “sí” a Dios. Lo importante no es rezar
sin ninguna dificultad, sino perseverar a pesar de ella.
El Rosario que rezamos con esfuerzo, sueño o
preocupaciones puede convertirse en una hermosa ofrenda. María conoce nuestra
fragilidad y nos acompaña para acercarnos a Jesús. No abandonemos la oración:
en el combate espiritual, la perseverancia es una victoria.
ORACIÓN
Señor Jesús, cuando quiera rezar y las distracciones
intenten apartarme de Ti, concédeme serenidad, fortaleza y perseverancia.
Aleja de mi mente los pensamientos que me inquietan y
ayúdame a contemplar con fe los misterios de tu vida.
Virgen María, tómame de la mano, enséñame a rezar con
amor y protégeme en todo combate espiritual. Que, aun en medio del cansancio y
las interrupciones, nunca abandone el Santo Rosario. Amén.
¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE
ACOMPAÑE!
Tu amiga,
Mirtha Villarroel de Rocha
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