lunes, 2 de noviembre de 2026

50 AÑOS DE AMOR: UNA BODA SIN LUJOS, PERO CON LA BENDICIÓN DE DIOS

 2 de noviembre de 1976 – 2 de noviembre de 2026

Nuestra historia de amor comenzó con una boda sencilla, sin vestido blanco, sin anillos, sin invitados ni familiares, pero con algo mucho más importante: el deseo de recibir la bendición de Dios.

Hoy, después de 50 años, mi esposo Dalmiro (chapaquito) y yo, recordamos con ternura aquel 2 de noviembre, Día de los Fieles Difuntos, cuando finalmente recibimos el sacramento del matrimonio.

Ya llevábamos un año casados por lo civil y teníamos nuestro primer hijo varoncito. Los constantes cambios de destino de mi esposo, por su carrera militar, nos ocasionaban muchas dificultades económicas. En aquella oportunidad vivíamos en La Paz.

Nuestro deseo era casarnos ante Dios, pero no fue fácil. Recorrimos varias parroquias e incluso viajamos cuatro veces a Copacabana, sin conseguirlo porque no éramos del lugar ni teníamos referencias.

Finalmente, un sacerdote días antes nos dijo que solamente podía casarnos el 2 de noviembre, Día de los Difuntos. ¡Pensamos que se estaba burlando de nosotros! Pero hablaba en serio y aceptamos.

La iglesia estaba adornada con flores, no para nuestra boda, sino para las misas de los difuntos. No tuvimos música ni cortejo nupcial.  El sacerdote nos pidió los anillos  y no teníamos. Nuestro testigo fue un joven de mi pueblo, estudiante de Medicina, de apenas 19 años.

Aquel sacerdote nos dijo que, por casarnos ese día, estaríamos protegidos por los difuntos que son las almas del purgatorio. Sus palabras no sé si fueron temor o alegría, pero con los años las recordamos con cariño, como una invitación a orar por nuestros difuntos y confiar en Dios.

¡Por fin estábamos casados ante Dios y ante los hombres!

Y aquí viene una anécdota inolvidable: no dimos ninguna ofrenda por la ceremonia. Solamente dijimos: “Muchas gracias, padre”. Puede parecer incrédulo, pero no teníamos dinero, no le dijimos al padre ese detalle, pero nos llevamos una deuda de gratitud para toda la vida.

Mi padre solía decir: “Es preferible deber dinero, porque te cobran y lo devuelves; pero un favor jamás se termina de pagar”.

Por eso, mi esposo y yo nos comprometimos a ayudar en lo posible al prójimo, por poco que fuera, dondequiera que nos encontráramos, pensando en las dificultades económicas que habíamos pasado y otros también pasarían lo mismo. No para pagar un sacramento ya recibido, porque la gracia de Dios no tiene precio, sino por gratitud a aquel sacerdote cuyo nombre nunca supimos, porque  no volvimos a recoger  la partida matrimonial hasta el día de hoy.

Hoy, después de medio siglo, recordamos las alegrías por el nacimiento de nuestros tres hijos, las dificultades, enfermedades, sacrificios y tantas pruebas superadas juntos.

No hemos tenido un matrimonio sin dificultades, pero sí un matrimonio feliz, sostenido por el amor, el perdón, la comprensión y la bendición de Dios.

El matrimonio civil nos dio seguridad jurídica; el religioso consagró nuestro amor ante Dios y fortaleció nuestro compromiso de caminar juntos.

Y pensar que aquel Día de los Difuntos, mientras muchas familias recordaban a sus seres queridos fallecidos, nosotros comenzábamos una nueva etapa de nuestra vida.

Hoy seguimos orando por nuestros difuntos y especialmente por aquel sacerdote que nos abrió las puertas de la Iglesia cuando tantas otras se nos habían cerrado.

Gracias, padre. Quizás usted olvidó a aquellos dos jóvenes que casó un 2 de noviembre, pero nosotros jamás lo olvidamos. Que Dios le conceda el descanso eterno y que algún día podamos volver a encontrarnos para repetirle aquel sencillo “gracias padre” que llevamos guardado en el corazón durante 50 años.

Nuestra boda no tuvo lujos, pero Dios nos regaló su bendición para toda la vida.

Nuestra reflexión después de 50 años

No tuvimos una boda de ensueño, pero Dios nos regaló toda una vida para construir nuestro sueño. No hubo anillos ni invitados, pero sí amor, fe y la bendición de Dios.

“De manera que ya no son dos, sino uno solo. Pues bien, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.” (Mateo 19,6).

Chapaquito  y yo, con nuestras virtudes y defectos, hemos procurado vivir durante estos 50 años las palabras de Jesús: “Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre” (Mateo 19,6), aprendiendo que el verdadero amor no se mide por el lujo de una boda, sino por la fidelidad, el perdón y la decisión de permanecer unidos toda una vida.

Hoy tampoco tendremos una gran fiesta, porque la salud nos impone algunas limitaciones, especialmente mi esposo. Pero celebraremos con una Santa Misa dando gracias a Dios por nuestras bodas de oro y orando por nuestros queridos difuntos. Así, como aquel 2 de noviembre de hace 50 años, volverán a encontrarse en un mismo día el recuerdo de quienes partieron y la gratitud por nuestro amor, que Dios nos ha permitido conservar hasta hoy.

Si alguien me preguntara qué fue lo más hermoso de nuestra boda, respondería sin dudar:

No fue lo que tuvimos, sino lo que Dios nos regaló.

No tuvimos una boda de ensueño, pero hemos tenido una vida entera para construir nuestro sueño.

No tuvimos anillos aquel día, pero llevamos grabado en el corazón el compromiso de permanecer unidos.

No tuvimos invitados que celebraran nuestra unión, pero Dios estuvo presente.

Y hoy, después de 50 años, con nuestras manos arrugadas, nuestros pasos más lentos y los achaques a cuestas, recordamos con ternura a aquellos dos jóvenes que sólo deseaban casarse ante Dios. Y con la bendición del Señor todavía podemos mirarnos y dar gracias a Dios por nuestra unión. 

UNA ORACIÓN DE GRATITUD

Señor, gracias por estos 50 años de matrimonio. Gracias por aquel sacerdote que bendijo nuestra unión, por nuestros hijos, por las alegrías compartidas y por las pruebas que nos enseñaron a permanecer juntos.

Gracias por sostenernos cuando nuestras fuerzas flaquearon y por permitirnos llegar hasta este aniversario.

Te pedimos por las almas de nuestros familiares difuntos y por todos aquellos que partieron a tu encuentro. Concédeles el descanso eterno.

Y a nosotros, Señor, regálanos la gracia de seguir caminando juntos, tomados de tu mano, hasta cuando Tú dispongas. Amén.

 “No tuvimos una boda de ensueño, pero Dios nos regaló 50 años para vivir nuestro sueño”.

Con amor y gratitud a Dios

Mirtha Villarroel Hurtado y Dalmiro Rocha Aguilera

BODAS DE ORO 2 DE NOVIEMBRE DE 2026

 

domingo, 1 de noviembre de 2026

1 DE NOVIEMBRE: DÍA DE TODOS LOS SANTOS

¡La santidad no es privilegio de unos pocos, es un llamado para todos!

Hoy la Iglesia católica celebra a todos los santos: aquellos que fueron reconocidos oficialmente y también a millones de hombres y mujeres anónimos que vivieron amando a Dios y al prójimo y hoy gozan de su presencia en el cielo.

Entre ellos pueden encontrarse madres que entregaron su vida por sus hijos, padres trabajadores y honestos, abuelos que enseñaron a rezar, personas que perdonaron grandes ofensas y seres humildes que hicieron el bien sin esperar reconocimiento.

La santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en hacer las cosas ordinarias con un amor extraordinario.

REFLEXIÓN

Muchas veces pensamos que ser santo es imposible, porque somos humanos, cometemos errores y tenemos debilidades. Sin embargo, los santos también enfrentaron dificultades, tentaciones, sufrimientos y caídas, pero nunca dejaron de buscar a Dios.

No todos estamos llamados a realizar grandes obras, pero sí a vivir con amor, humildad, misericordia y generosidad.

Quizás el santo que Dios espera de ti sea simplemente una persona que perdona, ayuda al necesitado, consuela al que sufre y hace el bien en silencio.

“Ustedes serán  santos, porque Yo lo soy ”. (1 Pedro 1,16).

ORACIÓN

Señor Jesús, gracias por el ejemplo de tantos santos que iluminaron el mundo con su fe y sus buenas obras. Ayúdanos a seguir sus huellas, viviendo con humildad, perdonando de corazón y sirviendo a quienes nos necesitan. Que algún día podamos compartir con ellos la alegría de tu presencia eterna. Amén.

Mensaje para el corazón: No necesitas ser famoso para ser santo. Basta con dejar que Dios transforme tu vida y que tus obras de misericordia hablen de tu amor.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

sábado, 31 de octubre de 2026

HALLOWEEN Y HOLYWINS: ¿QUÉ ENSEÑAMOS A NUESTROS NIÑOS?

Dos maneras diferentes de celebrar el 31 de octubre y dos mensajes que merecen nuestra reflexión como padres, abuelos y educadores.

Cada 31 de octubre, muchos niños se preparan para celebrar Halloween, mientras que en algunas comunidades católicas se promueve una alternativa llamada Holywins, cuyo significado es “La santidad vence”.

Más allá de los disfraces, los dulces y las fiestas, debemos preguntarnos: ¿Qué valores estamos sembrando en el corazón de nuestros niños?

1.HALLOWEEN: entre el entretenimiento y el miedo

Halloween se caracteriza por disfraces de brujas, fantasmas, esqueletos, monstruos y otros personajes, aunque también hay niños que se visten de superhéroes, animales o personajes infantiles.

¿Qué pueden aprender los niños?

Pueden desarrollar su imaginación, compartir con sus amigos y disfrutar de una celebración recreativa. Sin embargo, cuando predominan imágenes violentas o aterradoras, también pueden acostumbrarse a presentar el miedo, la muerte o la violencia como entretenimiento.

No significa que un niño que se disfrace en Halloween esté practicando el mal. Lo importante es que los adultos acompañen, expliquen y seleccionen contenidos apropiados para su edad.

2. HOLYWINS: LA SANTIDAD VENCE

Holywins es una iniciativa católica que invita a los niños a vestirse de santos, ángeles y personajes que dieron testimonio de su fe.

En lugar de destacar el terror, busca celebrar la vida, la esperanza y la santidad, en preparación para la solemnidad de Todos los Santos, el 1 de noviembre.

¿Qué aprenden los niños?

Conocen la vida de San Francisco de Asís, Santa Teresita del Niño Jesús, San Martín de Porres, San Agustín, Madre Teresa de Calcuta, Carlo Acutis, San Juan Pablo II, la Virgen María y muchos otros ejemplos de amor a Dios y al prójimo.

Aprenden que la verdadera grandeza no está en asustar ni en aparentar poder, sino en amar, perdonar, compartir, ayudar a los necesitados y vivir con bondad.

REFLEXIÓN PARA PADRES Y ABUELOS

La vestimenta por sí sola no determina los valores de un niño, pero puede convertirse en una oportunidad para educarlo.

Como familias cristianas, podemos enseñarles que no necesitan vestirse de personajes aterradores para divertirse. También pueden celebrar con alegría, colores, música y disfraces que recuerden a personas que dedicaron su vida a hacer el bien.

La Iglesia promueve Holywins precisamente como una oportunidad de transmitir la fe de manera alegre y cercana a los pequeños.

 “Sean santos, porque yo soy santo”. (1 Pedro 1,16).

Padres y abuelos: nuestros niños aprenden mucho de lo que celebramos, admiramos y les enseñamos. Que nuestras tradiciones les ayuden a descubrir que la bondad, la solidaridad y el amor a Dios también son motivos de fiesta.

ORACIÓN

Señor Jesús, ilumina a los padres y educadores para que sepan guiar a los niños por caminos de amor, bondad y verdad. Que nuestros pequeños crezcan admirando el ejemplo de los santos, aprendan a distinguir el bien del mal y descubran que la verdadera alegría nace de un corazón lleno de tu amor. Amén.

Mensaje final: Halloween puede ser una fiesta de disfraces; Holywins es una oportunidad para enseñar que todos estamos llamados a la santidad.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

¡

viernes, 30 de octubre de 2026

¡HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE! NO LOS ABANDONES EN SU VEJEZ

 El Cuarto Mandamiento de la Ley de Dios encierra una promesa, pero también una responsabilidad que muchos hijos parecen haber olvidado.

“Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar”. (Éxodo 20,12).

Este es el primer mandamiento acompañado de una promesa. Dios nos invita a honrar, respetar, amar y cuidar a nuestros padres, especialmente cuando los años debilitan sus fuerzas y más necesitan de nuestra presencia.

¡Qué doloroso es tener hijos y sentirse abandonado!

Hace seis años que rezamos diariamente el Santo Rosario por Zoom. Entre quienes perseveran en esta hermosa oración hay varios varones, algo que merece destacarse por su fidelidad y testimonio de fe.

Hace poco, uno de ellos, al ofrecer un misterio, pronunció unas palabras que me conmovieron profundamente:

“Quiero ofrecer este misterio por mi suegra y, especialmente, por sus tres hijos varones”.

Su preocupación tenía una razón dolorosa. Aquellos tres hijos viven apenas a siete cuadras de su madre, tienen sus propios hogares y quizá comodidades, pero desde el 27 de mayo no la visitan.

¡Siete cuadras de distancia, pero cuánta lejanía en el corazón!

 La madre, ya adulta mayor, vive sola en su vivienda. Su única hija procura atenderla y la acoge temporalmente en su hogar, aunque ella prefiere permanecer en su propia casa, donde están sus recuerdos, su historia y tantos años de vida.

Y mientras una hija asume la responsabilidad de cuidarla, sus hermanos no solamente están ausentes, sino que tampoco contribuyen económicamente a compartir esa obligación.

Esta historia no es única. Se repite en miles de hogares donde padres y madres envejecen esperando una visita, una llamada, un abrazo o simplemente escuchar: “Mamá, ¿cómo estás? ¿Necesitas algo?”.

Dios no se olvida de los padres ancianos

La Sagrada Escritura nos recuerda:

“Hijo mío, cuida de tu padre cuando llegue a viejo; mientras viva, no le causes tristeza”. (Eclesiástico 3,12).

Honrar a nuestros padres no consiste solamente en respetarlos durante nuestra niñez. Es acompañarlos cuando envejecen, procurar que no les falte lo necesario y, sobre todo, no dejarlos morir de soledad.

El dinero puede ayudar a cubrir sus necesidades materiales, pero jamás reemplazará el cariño, la compañía y el tiempo compartido.

¿De qué sirve vivir a pocas cuadras de una madre si pasan los meses sin cruzar su puerta? ¿De qué sirve tener comodidades mientras ella espera una visita que nunca llega?

Y a quienes tienen hermanos que cargan solos con el cuidado de sus padres, recordemos: la responsabilidad es de todos los hijos, no solamente de aquel que tiene mayor sensibilidad o disposición para ayudar.

REFLEXIÓN: un día esa silla estará vacía

Queridos hijos, mientras tengan a su madre o a su padre con vida, todavía están a tiempo.

No esperes a que tus padres enfermen o fallezcan para demostrarles tu amor. ¿De qué sirven las lágrimas, las flores o pedir perdón cuando ya no pueden escucharte?

Quizás no necesiten regalos ni dinero, sino una visita, un abrazo y unos minutos de tu tiempo.

Recuerda que esas manos envejecidas un día te sostuvieron con amor.

Si existen diferencias o resentimientos, busca la reconciliación mientras sea posible.

El cuarto mandamiento no dice que honres a tus padres cuando tengas tiempo o te convenga. Dice simplemente: ¡Honra a tu padre y a tu madre!

¡Ámalos y cuídalos en vida, porque después puede ser demasiado tarde!

ORACIÓN POR LOS PADRES ABANDONADOS Y SUS HIJOS

Señor Jesús, consuela a los padres ancianos que viven en soledad y esperan el cariño de sus hijos. Toca el corazón de quienes los han olvidado y despierta en ellos el amor, la gratitud y la responsabilidad. Bendice a los hijos que, con sacrificio, cuidan de sus padres sin recibir ayuda de sus hermanos. Que ningún padre tenga que mendigar cariño ni ninguna madre llorar por la indiferencia de sus hijos. Enséñanos a honrarlos en vida, porque después ninguna lágrima devolverá el tiempo perdido. Amén.

Un mensaje para el corazón:

Si tienes a tus padres con vida, visítalos hoy. Quizás no necesiten nada material, solamente tu presencia, un abrazo y un poco de tu tiempo. ¡No esperes a perderlos para comprender cuánto necesitaban de tu amor!

¡No permitas que tus padres envejezcan esperando el amor que tú puedes darles hoy!

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

 

 

jueves, 29 de octubre de 2026

¡EL ENEMIGO ACECHA! ¡REVÍSTETE CON LAS ARMAS DE DIOS!

 El enemigo no descansa, pero muchas veces nos encuentra desprevenidos, porque no estamos preparados para el combate espiritual. Descuidamos la oración, debilitamos nuestra fe y dejamos desprotegidos espiritualmente nuestros hogares y nuestras familias.

El enemigo busca sembrar la discordia, el odio, la envidia, las tentaciones y la división. Por eso, no podemos permanecer indiferentes. ¡Es tiempo de despertar, fortalecer nuestra fe y revestirnos con las armas de Dios!

¿Cuáles son nuestras armas espirituales?

La oración constante, la fe, la Palabra de Dios, el amor, el perdón y la confianza en el Señor. El Santo Rosario es también una hermosa oración que nos acerca a Jesús de la mano de María.

“Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir las maniobras del diablo”. Efesios 6,11

¡Prepárate para el combate espiritual!

Para combatir al enemigo, no basta con recordar a Dios solamente cuando llegan las dificultades. Debemos buscar diariamente su Palabra, alimentarnos de sus enseñanzas y fortalecer nuestra fe mediante la oración.

Revistámonos con las armas de Dios: la verdad, la justicia, la fe, la salvación y la Palabra divina. Practiquemos el bien, rechacemos las tentaciones, perdonemos las ofensas y no permitamos que el odio, la envidia y el resentimiento se apoderen de nuestro corazón.

No esperemos que lleguen las desgracias, las enfermedades o las divisiones familiares para buscar a Dios. Oremos hoy por nuestros hijos, nuestro matrimonio, nuestro hogar y por quienes se han alejado del camino del Señor.

Un hogar donde se ora no está libre de dificultades, pero tiene la fortaleza de Dios para enfrentarlas.

REFLEXIÓN

El enemigo encuentra terreno fértil donde falta la oración, se abandona la Palabra de Dios y se pierde el amor. Por eso, no basta con tener una Biblia en casa; hay que abrirla, leerla y, sobre todo, vivir sus enseñanzas.

¡Que no pase un solo día sin buscar a Dios! Porque quien fortalece su espíritu con la oración y practica la justicia estará mejor preparado para enfrentar las batallas de la vida.

¡No permitas que el enemigo encuentre tu corazón desarmado! Que tu escudo sea la fe, tu espada la Palabra de Dios y tu fortaleza la oración.

ORACIÓN

Señor Jesús, reviste mi vida y mi familia con tu armadura divina. Protege nuestro hogar de todo mal, aleja las tentaciones, las discordias y cuanto pretenda destruir nuestra paz. Fortalece nuestra fe, enséñanos a perseverar en la oración y no permitas que nos apartemos de Ti. Que tu presencia reine siempre en nuestra casa. Amén.

¡No salgas a enfrentar las batallas de la vida sin antes ponerte de rodillas ante Dios!

Incorpora la armadura completa de Dios

“Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas vendrán por añadidura”. (Mateo 6,33).

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

 

miércoles, 28 de octubre de 2026

LA SANTA QUE NUNCA DEJÓ DE ORAR POR SU HIJO: SANTA MÓNICA:

 Una oración puede mantener viva la esperanza de una madre.

Santa Mónica, es patrona de las madres, esposas y viudas, ejemplo de esperanza para quienes atraviesan dificultades matrimoniales o sufren por sus hijos rebeldes o alejados de la fe.

Fue una mujer de profunda fe, una esposa paciente y una madre amorosa que, en medio de las lágrimas, las pruebas y el sufrimiento, nos dejó una hermosa lección: nunca perder la esperanza en Dios ni dejar de confiar en el poder de la oración.

Como esposa, enfrentó dificultades con fortaleza, paciencia y oración. Como madre, sufrió durante muchos años al ver a su hijo Agustín alejado de Dios. Sin embargo, jamás dejó de amarlo ni de pedir por su conversión.

Durante muchos años sufrió al ver a su hijo Agustín alejado de la fe y llevando una vida contraria a los valores que ella le había enseñado. Sin embargo, nunca perdió la esperanza. Sus lágrimas, sufrimientos y constantes oraciones no fueron inútiles porque dieron frutos, cuando Agustín abrió su corazón a Dios. Después de muchos años, Agustín se convirtió al cristianismo convirtiéndose con el tiempo en San Agustín, uno de los grandes santos y doctores de la Iglesia.

Pero Mónica nunca se rindió. En lugar de condenarlo, lo acompañó con amor, lloró por él y oró incansablemente por su conversión.

Las lágrimas de una madre y la perseverancia en la oración pueden abrir caminos donde parece que ya no existe esperanza.

REFLEXIÓN:

Para las madres que sufren por sus hijos

¡Cuántas madres sufren hoy en silencio! Madres que lloran por un hijo atrapado en las adicciones, alejado de la familia, perdido en malas amistades o que ha tomado caminos equivocados.

Algunas sienten que sus consejos ya no sirven, que sus sacrificios fueron olvidados y que sus oraciones no son escuchadas.

Santa Mónica nos enseña que una madre puede cansarse de esperar, pero no debe perder la esperanza.

La oración perseverante no garantiza que todo suceda como deseamos, pero nos sostiene, transforma los corazones y deja abierta la puerta a la gracia de Dios.

Madre, no te rindas. Sigue orando, sigue amando, sigue confiando. Acompaña a tus hijos con paciencia, sin dejar de buscar la ayuda que necesiten.

Quizás hoy no veas los frutos de tus lágrimas, pero Dios escucha cada oración que nace de un corazón de madre.

“Alégrense en la esperanza, sean pacientes en la tribulación y perseverantes en la oración”. Romanos 12,12.

ORACIÓN A SANTA MÓNICA

Santa Mónica, madre de fe inquebrantable, intercede por todas las madres que sufren por sus hijos.

Consuela a las que lloran en silencio, fortalece a las que están cansadas de esperar y devuelve la esperanza a quienes sienten que han perdido a sus hijos por los caminos de la vida.

Enséñanos a perseverar en la oración, a corregir con amor y a confiar en la misericordia de Dios.

Señor, toca el corazón de nuestros hijos, ilumina sus decisiones, apártalos del mal y guíalos siempre por el camino del bien. Amén.

Una madre no puede entrar a la vida de sus hijos, pero sí puede acompañarlos con amor, paciencia y oración .

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

 

 

 

 

 

 

 

martes, 27 de octubre de 2026

EL MATRIMONIO RELIGIOSO: UN AMOR QUE SOLO LA MUERTE PUEDE SEPARAR

 ¿Por qué existe el divorcio civil si ante Dios el matrimonio es indisoluble?

Cuando un hombre y una mujer se unen en el sacramento del matrimonio, no solamente hacen una promesa de amor ante los hombres, sino que establecen una alianza sagrada ante Dios, comprometiéndose a amarse, respetarse y permanecer unidos en la alegría y en el sufrimiento, en la salud y en la enfermedad, todos los días de su vida.

Jesús nos recuerda:

“ Pues bien, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”. (Marcos 10,9)

¿Por qué se permitió el divorcio?

En tiempos de Moisés se permitió el repudio debido a la dureza del corazón humano. Sin embargo, Jesús explicó que ese no era el proyecto original de Dios.

“Jesús contestó  porque ustedes son duros de corazón, Moisés les permitió despedir a  sus esposas, pero no es esa la ley del corazón ”. Mateo 19,8

El divorcio civil surgió y se desarrolló como una institución jurídica para poner fin al vínculo reconocido por el Estado y regular sus consecuencias legales. Pero la disolución civil no rompe por sí misma el vínculo sacramental de un matrimonio válido y consumado entre bautizados, que, según la enseñanza católica, permanece hasta la muerte de uno de los esposos.

La Iglesia también reconoce que existen situaciones graves, como la violencia, el maltrato o el abandono, que pueden justificar la separación física e incluso el divorcio civil cuando sea necesario para proteger derechos y personas. La indisolubilidad nunca debe utilizarse para obligar a alguien a permanecer en peligro.

REFLEXIÓN

El matrimonio cristiano no está libre de dificultades, incomprensiones ni heridas. Algunos esposos logran superarlas mediante el perdón, el diálogo y la fe; otros llegan dolorosamente a la separación. El verdadero amor se construye con fidelidad, paciencia, respeto y sacrificio, especialmente en los momentos difíciles. Quienes envejecen juntos saben que amar es una decisión que se renueva cada día. Y quienes sufren una separación no están abandonados por Dios, porque su misericordia siempre los acompaña. El matrimonio sacramental es una alianza para toda la vida que no se disuelve por una sentencia de divorcio civil.

ORACIÓN POR LOS MATRIMONIOS

Señor Jesús, Tú que bendijiste el matrimonio, fortalece el amor y la fidelidad de los esposos. Sana las heridas, devuelve el diálogo a quienes se han distanciado y bendice a quienes envejecen juntos. Acompaña con misericordia a quienes sufren una separación. Enséñanos a amar con respeto, paciencia y entrega, hasta el último día de nuestra vida. Amén.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

lunes, 26 de octubre de 2026

LA VERDADERA FE NO ES APARIENCIA, ES AMOR

En los días previos a su pasión y muerte, Jesús tuvo fuertes enfrentamientos con los fariseos y otros dirigentes religiosos, quienes daban gran importancia al cumplimiento de numerosas normas.

La tradición judía reconocía 613 preceptos: 365 prohibiciones y 248 mandamientos positivos. Difícil de cumplirlos por no decir imposible. Sin embargo, Jesús recordó que toda la Ley se resume en dos grandes mandamientos: AMAR A DIOS Y AMAR AL PRÓJIMO.

“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.  Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. (Mateo 22,37-39)

Los tres sectores de la sociedad que Jesús recomienda, especialmente vulnerables y que Dios manda proteger en el Código de la Alianza:

1.El extranjero: quien vive lejos de su tierra y puede sufrir rechazo, discriminación o desamparo.

“No maltratarás ni oprimirás al extranjero, porque ustedes también fueron extranjeros entierra de Egipto”. Éxodo 22,21

Reflexión:

Dios nos llama a acoger y respetar al extranjero, sin discriminación, porque todos somos hijos de un mismo Padre.

2. La viuda: Mujer que ha perdido a su esposo y puede encontrarse en situación de soledad, pobreza o desamparo. Dios nos llama a protegerla y acompañarla con amor.

“La religión verdadera y perfecta ante Dios Padre consiste en visitar a los huérfanos y a las viudas que necesitan ayuda  y guardarse  de la corrupción de este mundo”. Santiago 1,27:

 Reflexión:

Dios protege a las viudas y nos llama a acompañarlas, respetarlas y defenderlas de toda injusticia.

Amar a Dios también significa acompañar a quienes han quedado solos y necesitan nuestro cariño y protección.

3. El huérfano: el niño que ha perdido a sus padres y necesita amor, protección y cuidado.

“Padre de los huérfanos y defensor de las viudas es Dios en su santa morada”. Salmo 68,6

Reflexión

Dios es Padre de los huérfanos y nos llama a protegerlos con amor y defenderlos de toda injusticia.

Su amor nos invita a no abandonar a ningún niño que necesite cariño, cuidado y protección.

Jesús reafirma esta enseñanza al identificarse con los más pequeños y necesitados (Mateo 25,35-40).

 Donde falta el abrazo de un padre o de una madre, que nunca falte una mano generosa que brinde amor y esperanza.

¿Soy una voz que defiende al indefenso o mi silencio permite que continúe la injusticia?

No quiero ser indiferente ante la injusticia. Aunque mi ayuda sea pequeña, quiero ser la voz de quienes no pueden defenderse, porque Dios nos llama a amar y proteger a los más vulnerables.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

50 AÑOS DE AMOR: UNA BODA SIN LUJOS, PERO CON LA BENDICIÓN DE DIOS

  2 de noviembre de 1976 – 2 de noviembre de 2026 Nuestra historia de amor comenzó con una boda sencilla, sin vestido blanco, sin anillos,...