el señor es mi pastos

nada me faltara

domingo, 4 de octubre de 2026

 LA VIÑA DEL SEÑOR Y LOS FRUTOS DE NUESTRA VIDA

En el Evangelio de Mateo 21,33-46, Jesús cuenta la parábola de un propietario que plantó una viña, la cercó, preparó todo lo necesario, la confió a unos viñadores y se marchó. Cuando llegó el tiempo de recoger los frutos, envió a sus servidores, pero aquellos hombres los rechazaron, maltrataron y hasta mataron. Finalmente envió a su propio hijo, pensando que lo respetarían, pero también lo mataron.

Esta parábola nos invita a mirar nuestra propia vida.

La viña también es nuestra vida

La viña también es nuestra vida

Dios nos ha confiado una viña: nuestra vida, familia, hijos, trabajo, comunidad y los dones que hemos recibido.

Nos ha dado tiempo para amar, oportunidades para servir y una fe que debemos hacer crecer.

Por eso debemos preguntarnos:

¿Qué frutos estoy dando con todo lo que Dios puso en mis manos?

Dios busca frutos

El dueño de la viña no regresó buscando solamente hojas bonitas. Buscó frutos.

También nuestra vida cristiana necesita dar frutos.

No basta decir: “Yo creo en Dios”.

No basta rezar si después somos incapaces de perdonar.

No basta asistir a Misa si ignoramos al hermano que necesita ayuda.

No basta conocer el Evangelio si no intentamos vivirlo.

La fe verdadera debe transformarse en frutos concretos:

amor, perdón, paciencia, generosidad, justicia, misericordia, servicio, reconciliación, solidaridad y fidelidad a Dios.

Hay personas que quizá nunca leerán la Biblia, pero podrán conocer algo del amor de Dios por la manera en que nosotros vivimos.

¿Qué estamos haciendo con la viña?

Dios nos ha confiado la vida, el tiempo, los bienes y nuestras capacidades. No somos dueños absolutos, sino administradores de los dones recibidos.

Por eso debemos preguntarnos:

¿Qué hice con mis años? ¿A quién ayudé, consolé o perdoné? ¿Qué hice por mi familia, por mi Iglesia y por quien me necesitó?

No hacen falta grandes obras para dar frutos: una llamada a quien está solo, visitar a un enfermo, compartir con quien necesita, ofrecer una palabra de esperanza, una oración o una reconciliación pendiente.

Esos pequeños actos de amor también son frutos de la viña del Señor.

REFLEXIÓN

Algún día el Señor vendrá a buscar los frutos de nuestra viña.

No nos preguntará solamente cuánto tuvimos, cuánto acumulamos o cuántos reconocimientos recibimos.

La pregunta fundamental será:

¿Qué hiciste con lo que puse en tus manos?

Por eso, mientras podamos caminar, hablar, rezar, enseñar, acompañar o simplemente ofrecer nuestro sufrimiento, todavía podemos dar frutos.

Que al terminar nuestra jornada podamos presentar nuestras manos ante Dios y decir:

“Señor, la viña era tuya. Tú me la confiaste. No fui perfecto, cometí errores y muchas veces pude hacer más, pero aquí están los frutos que pude darte.”

ORACIÓN

Gracias por la viña de mi vida,

por mi familia y por todo lo que has puesto en mis manos.

Perdóname por las veces que no supe dar buenos frutos.

Ayúdame a sembrar amor, perdón, solidaridad y servicio.

Que mientras tenga vida pueda seguir trabajando para Ti

y dando frutos que te agraden.

 Aquí estoy, Señor.

Todavía puedes contar conmigo.

Amén.

“El Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos.” Mateo 21,43

Para recordar: Dios nos confía la viña de nuestra vida y espera que demos frutos de amor, fe, perdón, servicio y solidaridad.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TOQUE ESPIRITUAL

sábado, 3 de octubre de 2026

 NUESTRO ÁNGEL CUSTODIO

Dios ha puesto un ángel a tu lado

Desde el comienzo de nuestra vida, Dios no nos abandona. En su amor providente nos confía al cuidado de un Ángel Custodio, también llamado Ángel de la Guarda.

No podemos verlo con nuestros ojos, pero la fe nos enseña que los ángeles son criaturas espirituales al servicio de Dios. Nuestro Ángel Custodio tiene una misión muy especial: acompañarnos, protegernos, orientarnos hacia el bien y ayudarnos en nuestro camino hacia Dios.

¿Cómo nos protege nuestro ángel custodio?

Su protección puede manifestarse de muchas maneras. No debemos imaginar necesariamente intervenciones extraordinarias. Muchas veces Dios actúa discretamente y nosotros ni siquiera llegamos a saber de cuántos peligros pudimos haber sido preservados.

Nos protege en los peligros de la vida cotidiana

Cuando salimos de casa, viajamos, conducimos un vehículo, caminamos por lugares peligrosos, realizamos un trabajo difícil o atravesamos alguna situación de riesgo, podemos pedir la protección de nuestro Ángel Custodio.

Por eso es hermoso acostumbrarnos a decir antes de salir:

“Ángel de mi guarda, acompáñame en este camino y llévame con bien.”

“Sus ángeles en el cielo contemplan sin cesar el rostro de mi Padre del cielo.” Mateo 18,10

Esta oración mi abuelita me la enseñó cuando tenía cinco años, la enseñé a mis tres hijos y a mis nietos.

ORACIÓN A MI ÁNGEL CUSTODIO

Ángel de mi guarda,

Dulce compañía

No me desampares ni de noche ni de día.

Hasta que descanse en los brazos

De Jesús José y María. AMÉN

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

 

 

 

viernes, 2 de octubre de 2026

 SAN JOSÉ DORMIDO: UNA HERMOSA DEVOCIÓN

PON TU PREOCUPACIÓN EN SUS MANOS

¿Hay algo que te preocupa y no sabes cómo resolver? ¿Una necesidad familiar, una enfermedad, un problema económico, un hijo que necesita ayuda, una dificultad en tu matrimonio o una situación que parece no tener salida?

Escríbele una carta a San José Dormido.

Consiste en escribir nuestras preocupaciones y colocarlas junto a una imagen de San José Dormido, pidiendo su intercesión.

Puedes escribir aquello que hoy pesa en tu corazón:

Tu familia. Tus hijos. Tu matrimonio. Tu enfermedad. Tus problemas económicos. Tu falta de trabajo. Una decisión que debo tomar. Aquello que no me deja dormir.

Cuéntale con sencillez aquello que llevas en el corazón. No necesitas palabras bonitas: escribe como si estuvieras hablando con un padre bueno y silencioso.

Puedes comenzar así:

“Querido San José: hoy vengo a dejar en tus manos esta necesidad que tanto me preocupa…”

Después escribe concretamente tu petición y termina diciendo:

“San José, tú que supiste escuchar a Dios incluso mientras dormías, presenta mi necesidad ante Jesús. Ayúdame a confiar, a esperar y a aceptar la voluntad de Dios. Tú sabes hacer posible lo que a nuestros ojos parece imposible. Amén.”

Dobla tu carta y colócala en la cajita de San José o debajo de la imagen de San José Dormido. Después, no te quedes solamente en pedir: acompaña tu petición con oración y una vida más cerca de Dios.

Si puedes, ofrece una Santa Misa por tu intención y acércate más que todo a hacer una buena confesión. También puedes rezar el Santo Rosario de San José, una novena a San José, la Treintena de San José u otra devoción aprobada que te ayude a perseverar en la oración.

Y cuando Dios te permita hacerlo, transforma también tu petición en caridad: prepara una ayuda, alimentos o una pequeña canasta para una o dos familias necesitadas. inclusive piensa en los recolectores de basura que madrugan para dejar limpia nuestra ciudad. Haz una canasta para ellos. Te cuento que yo tomo la mañanita para hacerles entrega de una y no te imaginas la felicidad con la que reciben. Hazlo tú también.  Que aquello que pediste de rodillas se convierta también en amor hacia el prójimo.

REFLEXIÓN DE TOQUE ESPIRITUAL

Tal vez esta noche tengas un problema que no puedes solucionar.

Has pensado demasiado. Has buscado respuestas. Has preguntado muchas veces:

“Señor, ¿qué hago?”

Mira a San José Dormido.

Haz lo que esté en tus manos y aquello que ya no puedas resolver, entrégaselo a Dios.

Descansa.

Pero mañana, cuando despiertes, no olvides preguntarte:

“¿Qué puedo hacer hoy para comenzar a solucionar aquello por lo que anoche recé?”

Porque la verdadera confianza en Dios no nos vuelve indiferentes.

Oramos como San José.

Confiamos como San José.

Descansamos como San José.

Pero también nos levantamos y actuamos como San José.

ORACIÓN A SAN JOSÉ DORMIDO

San José, hombre del silencio y la confianza,

esta noche pongo bajo tu cuidado

todo lo que preocupa mi corazón.

Intercede por mi familia, por mis hijos

y por aquello que no puedo resolver.

Enséñame a confiar en Dios,

a escuchar su voz y cumplir su voluntad.

 Mientras descanso,

presenta mis preocupaciones ante Jesús

y dame fuerzas para comenzar un nuevo día.

San José, custodio de Jesús y de María,

ruega por nosotros. Amén.

¡SAN JOSÉ, TÚ SABES HACER POSIBLE LO QUE PARECE IMPOSIBLE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

jueves, 1 de octubre de 2026

 LOS CUATRO SUEÑOS DE SAN JOSÉ DORMIDO

Cuando Dios habla en el silencio

Hay noches en las que el cuerpo quiere descansar, pero la mente no puede detenerse. Pensamos en los hijos que no consiguen trabajo, la familia, un matrimonio separado, una enfermedad, una deuda, una decisión difícil o un problema que parece no tener solución.

¿Qué hacer cuando no sabemos qué camino tomar?

San José también conoció la preocupación, la incertidumbre y el miedo. Tuvo que tomar decisiones que podían cambiar completamente su vida y la vida de su familia. Sin embargo, hay algo maravilloso en su historia: en los momentos más difíciles, José supo guardar silencio, escuchar a Dios y confiar.

El Evangelio de San Mateo nos presenta cuatro sueños de San José. En cada uno, Dios le muestra un camino; pero José no se queda simplemente contemplando lo que ha escuchado. Despierta, se levanta y actúa.

Por eso, desde TOQUE ESPIRITUAL, hoy queremos acercarnos a San José Dormido no solamente para pedirle que interceda por nuestras preocupaciones, sino también para aprender de él.

Porque San José nos enseña algo profundamente necesario para nuestra vida:

Hay momentos para orar.

Hay momentos para guardar silencio.

Hay momentos para descansar en Dios.

Y hay momentos para levantarnos y actuar.

PRIMER SUEÑO: NO TENGAS MIEDO

 

José descubre que María espera un hijo y no comprende lo que está sucediendo. Su corazón debió llenarse de preguntas. Entonces, mientras duerme, el ángel del Señor le dice:

“José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa”.Mateo 1,20-24

Dios le revela que el niño viene del Espíritu Santo y que deberá ponerle por nombre Jesús.

José despierta y hace lo que Dios le ha pedido.

¿Qué nos enseña?

También nosotros atravesamos situaciones que no comprendemos. Queremos respuestas inmediatas, pero Dios nos invita primero a confiar.

Cuando no entiendas el camino, no tengas miedo. Dios puede estar obrando donde tú todavía no puedes verlo.

SEGUNDO SUEÑO: LEVÁNTATE Y PROTEGE

 Después de la visita de los Magos, el ángel del Señor aparece nuevamente en sueños y le dice:

“Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto”.Mateo 2,13-15

 Herodes quería matar al Niño Jesús.

José no demora. Se levanta, toma a María y al Niño y parte hacia Egipto.

¿Qué nos enseña?

La fe no consiste solamente en rezar. También exige actuar cuando alguien necesita nuestra protección.

José nos enseña que amar significa cuidar, acompañar, proteger y, cuando sea necesario, renunciar a nuestra comodidad por aquellos que Dios ha puesto a nuestro lado.

TERCER SUEÑO: ES HORA DE REGRESAR

 Mateo 2,19-21

Después de la muerte de Herodes, el ángel vuelve a aparecer a José en Egipto:

“Levántate, toma al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel”.Mateo 2,19-21

Había llegado el momento de dejar el refugio y comenzar nuevamente.

¿Qué nos enseña?

Hay momentos para salir y momentos para regresar. Hay puertas que Dios permite que se cierren y otras que se abren cuando llega el momento oportuno.

 Cuando Dios te muestre un nuevo camino, no tengas miedo de levantarte y comenzar nuevamente.

CUARTO SUEÑO: CAMBIA DE CAMINO

 

Cuando José regresa, se entera de que Arquelao reina en Judea. Advertido nuevamente en sueños, se dirige hacia Galilea y establece a su familia en Nazaret.

José tenía un camino pensado, pero tuvo que cambiarlo.Mateo 2,22-23

¿Qué nos enseña?

No siempre nuestros planes salen como imaginábamos.

A veces una puerta cerrada, una dificultad inesperada o un cambio de circunstancias nos obliga a tomar otra dirección.

Cambiar de camino no siempre significa haber fracasado. A veces significa haber sabido escuchar.

LOS CUATRO SUEÑOS Y NUESTRA VIDA

En los cuatro sueños encontramos una misma secuencia:

Dios habla.

José escucha.

José confía.

José se levanta.

José actúa.

 Dios nunca le mostró todo lo que sucedería después. Le indicó lo necesario para dar el siguiente paso.

Quizá nosotros también queremos que Dios nos explique toda nuestra vida cuando solamente necesitamos preguntarle:

“Señor, ¿qué quieres que haga hoy?”

¡SAN JOSÉ, TÚ SABES HACER POSIBLE LO QUE PARECE IMPOSIBLE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 Seguiremos conociendo a San José Dormido


miércoles, 30 de septiembre de 2026

 APRENDE A BUSCAR UNA CITA BÍBLICA

Buscar una cita en la Biblia es más sencillo de lo que parece. Solo necesitamos aprender tres elementos: el nombre del libro, el capítulo y el versículo.

talvez alguien te diga:

“Busca Juan 3,16”.

 Juan indica el libro.

3 indica el capítulo.

16 indica el versículo.

Por tanto, Juan 3,16 significa: Evangelio según San Juan, capítulo 3, versículo 16.

Primero busca el libro en el índice de tu Biblia. Luego localiza el capítulo, que aparece señalado con números grandes, y finalmente busca el versículo, indicado con números pequeños dentro del texto.

El índice de la Biblia normalmente se encuentra en las primeras páginas, antes de comenzar los libros bíblicos. Allí aparecen los nombres de todos los libros del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento, junto con la página donde comienza cada uno.

Ejemplo: si quieres buscar el Evangelio de Juan, primero vas al índice, buscas Juan, miras el número de página y vas directamente a esa página.

Importante: en algunas Biblias también puede haber un índice al final, y la ubicación puede variar según la edición.

Con un poco de práctica podrás encontrar rápidamente cualquier cita. Y recuerda: no se trata solamente de encontrar un versículo, sino de leerlo, comprenderlo, meditarlo y descubrir qué quiere decirte Dios a través de su Palabra.

Otro ejemplo:

Mateo 5,1-12

Quiere decir: Evangelio según San Mateo, capítulo 5, desde el versículo 1 hasta el versículo 12.

PRACTIQUEMOS. Busca en tu Biblia:

 Salmo 23,1

 Filipenses 4,13

 Mateo 5,1-12

Una vez que comprendes este sistema, buscar citas resulta mucho más sencillo.

 ¡Ya encontraste tu cita bíblica!

Un pequeño consejo: no leas solamente el versículo. Lee también unas líneas antes y después para comprender mejor lo que la Palabra de Dios quiere enseñarnos.

Cuando puedas encontrarlas sin dificultad, ya habrás aprendido algo muy importante: moverte por las páginas de la Biblia y comenzar a familiarizarte con la Palabra de Dios.

No tengas miedo de abrir la Biblia. Cuanto más la uses, más fácil será encontrar sus libros, capítulos y versículos.

 UN SOLO JESÚS, CUATRO EVANGELIOS

Los cuatro Evangelios no nos hablan de cuatro Jesús diferentes. Mateo, Marcos, Lucas y Juan nos anuncian al mismo Jesucristo, pero cada evangelista nos ayuda a conocerlo desde una perspectiva particular.

Los cuatro anuncian a Jesucristo, pero cada evangelista presenta determinados acontecimientos y enseñanzas desde su propia perspectiva y pensando en comunidades concretas.

Podemos imaginarlos como cuatro ventanas que nos permiten contemplar a una misma persona.

Por medio de ellos conocemos las palabras de Jesús, sus parábolas, milagros y encuentros, así como su Pasión, muerte y Resurrección.

Por eso, cuando leas un Evangelio, no te quedes solamente con la pregunta: ¿Qué sucedió?

Detente un momento, guarda silencio y pregúntate:

¿Qué me está diciendo Jesús hoy?

¿Qué quiere enseñarme con esta Palabra?

¿Qué puedo cambiar o poner en práctica en mi vida?

Porque el Evangelio no es solamente una historia que ocurrió hace más de dos mil años. Es Palabra viva que también hoy puede iluminar nuestra vida.

ORACIÓN

Señor Jesús, despierta en mí el deseo de conocer tu Palabra. Dame perseverancia para leerla cada día, sabiduría para comprenderla y un corazón dispuesto a ponerla en práctica. Que cada página me acerque más a Ti. Amén.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

martes, 29 de septiembre de 2026

 DÍA DE LOS SANTOS ARCÁNGELES

San Miguel, San Gabriel y San Rafael: mensajeros de Dios y servidores de su voluntad.

Cada 29 de septiembre, la Iglesia católica celebra la fiesta de los tres arcángeles cuyos nombres aparecen en la Sagrada Escritura: San Miguel, San Gabriel y San Rafael.

Dios, en su infinito amor, no nos deja solos en nuestro camino. La Biblia nos enseña que los ángeles son seres espirituales creados por Dios, enviados como mensajeros y servidores de sus designios.

Cada uno de estos tres arcángeles tiene una misión especial que nos invita a reflexionar sobre nuestra propia vida: San Miguel nos recuerda la lucha contra el mal; San Gabriel, la importancia de escuchar y responder al llamado de Dios; y San Rafael, el acompañamiento y la protección divina durante nuestro caminar.

Conozcamos un poco más sobre ellos y descubramos qué podemos aprender de sus misiones.

SAN MIGUEL ARCÁNGEL: ¿QUIÉN COMO DIOS? ¡NADIE COMO DIOS!

Es un verdadero grito de fidelidad y humildad que nos recuerda que nadie está por encima de Dios. El nombre Miguel significa precisamente ¿Quién como Dios?, una pregunta cuya respuesta proclama nuestra fe: ¡Nadie como Dios! Frente al orgullo, la tentación, el miedo y las dificultades, este lema nos invita a reconocer que solo Dios es Señor, que en Él está nuestra fortaleza y que ningún poder puede compararse con su grandeza. Repetir ¿Quién como Dios? ¡Nadie como Dios! es renovar nuestra confianza y afirmar con valentía que queremos permanecer del lado de Dios.

San Miguel es presentado en la Sagrada Escritura como defensor del pueblo de Dios y jefe de los ángeles en la lucha contra el mal.

En el libro del Apocalipsis (12,7-9), San Miguel y sus ángeles combaten contra el dragón, símbolo de Satanás y de las fuerzas del mal.

Su misión nos recuerda que también nosotros enfrentamos diariamente una lucha espiritual: las tentaciones, el egoísmo, el orgullo, la envidia y todo aquello que pretende alejarnos de Dios.

¿Qué nos enseña San Miguel?

A mantenernos firmes en la fe, defender la verdad, rechazar el mal y confiar en el poder de Dios, especialmente en los momentos de dificultad.

Pidamos su intercesión por nuestras familias, nuestros hijos, nuestros sacerdotes y yo pido especialmente por mi nietecito Christian Bress Rocha, que hoy cumple 9 años y por todos aquellos que atraviesan situaciones difíciles.

SAN GABRIEL ARCÁNGEL: EL MENSAJERO DE LAS BUENAS NOTICIAS

San Gabriel es el mensajero de Dios que anuncia acontecimientos decisivos en la historia de la salvación.

En el Evangelio de san Lucas, anuncia a Zacarías el nacimiento de Juan el Bautista y, posteriormente, visita a la Virgen María para comunicarle que ha sido elegida para ser la Madre de Jesús.

“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lucas 1,28).

¡Qué hermosa misión la de San Gabriel! Ser portador de la noticia que cambiaría para siempre la historia de la humanidad.

María escucha, pregunta y finalmente responde con humildad y confianza: “Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí tal como has dicho” (Lucas 1,38).

¿Qué nos enseña San Gabriel?

A escuchar la voz de Dios, aceptar su voluntad y convertirnos también nosotros en mensajeros de esperanza.

Cuántas veces una palabra oportuna, una buena noticia, una llamada telefónica o una visita pueden devolver la alegría a una persona que está sufriendo.

Seamos mensajeros de paz en nuestros hogares y comunidades. Que de nuestros labios salgan palabras que consuelen, reconcilien y acerquen a los demás a Dios.

SAN RAFAEL ARCÁNGEL: DIOS SANA

San Rafael aparece en el libro de Tobías, uno de los libros de la Biblia católica. Su nombre significa “Dios sana”.

Bajo la apariencia de un compañero de viaje, acompaña al joven Tobías, lo protege durante el camino, lo ayuda a encontrar esposa y le indica cómo preparar el remedio que devolverá la vista a su padre.

Al revelar su identidad, Rafael manifiesta que es uno de los siete ángeles que están ante la gloria del Señor (Tobías 12,15).

Su historia nos recuerda que Dios nos acompaña incluso cuando no reconocemos su presencia.

¿Qué nos enseña San Rafael?

A confiar en la providencia divina durante las dificultades, especialmente cuando atravesamos enfermedades, viajes, problemas familiares o momentos de incertidumbre.

Pidamos su intercesión por los enfermos, los médicos, los cuidadores y por todas aquellas personas que necesitan recuperar la salud del cuerpo y encontrar paz en el alma.

San Rafael también nos recuerda que acompañar a quien sufre es una hermosa manera de servir a Dios.

REFLEXIÓN: TRES ARCÁNGELES, TRES ENSEÑANZAS PARA NUESTRA VIDA

La fiesta de los santos arcángeles nos invita a reconocer que Dios cuida de nosotros y nos llama a colaborar con su obra.

San Miguel nos enseña a defender nuestra fe y permanecer firmes frente al mal. San Gabriel nos anima a escuchar la voz de Dios y anunciar su Palabra. San Rafael nos recuerda la importancia de acompañar, cuidar y ayudar a quienes atraviesan momentos difíciles.

El papa Francisco también destacó estas tres misiones: Miguel defiende, Gabriel anuncia la Buena Nueva y Rafael nos acompaña en el camino.

Hoy podemos preguntarnos: ¿Defendemos nuestra fe con valentía? ¿Somos portadores de buenas noticias o sembramos discordia? ¿Acompañamos a nuestros enfermos, ancianos y personas que viven en soledad?

Honrar a los arcángeles no consiste solamente en pedir su intercesión. También podemos aprender de su obediencia y disponibilidad para cumplir la voluntad de Dios.

ORACIÓN A LOS TRES ARCÁNGELES

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha contra el mal, protege a nuestras familias y fortalece nuestra fe.

San Gabriel Arcángel, ayúdanos a escuchar la voz de Dios, aceptar su voluntad y anunciar con alegría el Evangelio.

San Rafael Arcángel, acompaña nuestros pasos, intercede por nuestros enfermos, protege a quienes viajan y consuela a quienes sufren.

Santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, intercedan por nosotros para que permanezcamos unidos a Cristo y aprendamos a cumplir cada día la voluntad del Padre. Amén.

PARA RECORDAR

San Miguel, defiéndenos. San Gabriel, ayúdanos a escuchar a Dios. San Rafael, acompáñanos en nuestro caminar. Y que en todo momento sea Dios quien guíe nuestra vida.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

lunes, 28 de septiembre de 2026

 LA BIBLIA: UN ENCUENTRO DIARIO CON DIOS

No basta con tener una Biblia en casa; lo importante es abrirla, leerla y dejar que Dios nos hable a través de ella. Cuando nos acercamos a su Palabra con fe, descubrimos que no es un libro más, sino una luz que ilumina nuestra vida y nos acerca a Dios.

NO TENGAS MIEDO DE EMPEZAR POCO A POCO.

No necesitas leer toda la Biblia para comenzar a conocer a Dios. Lo importante no es cuánto lees, sino cuánto permites que su Palabra llegue a tu corazón.

Un Evangelio.

Un capítulo.

Un versículo.

Diez minutos al día.

Puede ser suficiente para iniciar un hermoso camino de encuentro con Dios.

Comienza, por ejemplo, con el Evangelio de San Juan. Lee despacio, sin prisas, tratando de comprender lo que Jesús quiere enseñarte. Si algún pasaje te llama la atención, detente, vuelve a leerlo y medita sobre lo que significa para tu vida.

No te preocupes si al principio encuentras palabras o acontecimientos difíciles de comprender. La Biblia no es un libro que debamos terminar rápidamente, sino una Palabra que debemos aprender a escuchar, meditar y vivir.

Haz de su lectura un encuentro diario con Dios. Busca un lugar tranquilo, guarda unos minutos de silencio y, antes de comenzar, pídele al Espíritu Santo que ilumine tu entendimiento.

Recuerda que diez minutos diarios, dedicados con amor y perseverancia, pueden convertirse en una hermosa costumbre que fortalezca tu fe y transforme tu manera de vivir.

Cita bíblica

“Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero». (Salmo 119,105).

No tengas prisa

No necesitas leer muchos capítulos cada día.

Puedes comenzar con un capítulo diario, incluso menos si deseas detenerte en una frase que haya tocado tu corazón.

Antes de leer, haz una pequeña oración:

“Señor, voy a abrir tu Palabra. Abre también mi corazón para escuchar lo que hoy quieres decirme.”

Porque leer la Biblia no consiste solamente en preguntarnos:

¿Cuánto leí hoy?

La pregunta más importante es:

¿Qué Palabra se quedó hoy en mi corazón?

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

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