LA ORACIÓN: EL OXÍGENO DEL ALMA EN EL TIEMPO DE CUARESMA
“La única oración que se pierde es la que no
se hace”.
En el
tiempo de Cuaresma, esta frase cobra un sentido aún más profundo. La Cuaresma
es un camino de preparación, conversión y encuentro con Dios. Es el tiempo en
que la Iglesia nos invita a volver al desierto, al silencio y a la oración
sincera.
Si el
cuerpo necesita oxígeno para vivir, el alma necesita la oración para no
apagarse. Y la Cuaresma es precisamente el tiempo para volver a respirar espiritualmente.
La
Cuaresma: un llamado a volver a orar
Durante
cuarenta días somos invitados a revisar nuestra vida. Muchas veces pedimos a
Dios, pero somos inconstantes. Oramos cuando hay necesidad urgente, pero
olvidamos perseverar.
La
Cuaresma nos recuerda que:
No
basta pedir, hay que permanecer.
No
basta comenzar, hay que perseverar.
No
basta hablar con Dios de vez en cuando, hay que vivir en comunión constante.
Es un
tiempo para recuperar la disciplina de la oración diaria.
Jesús en el
desierto: modelo de oración
La
Cuaresma nos lleva al desierto con Jesús. Antes de iniciar su misión, Él se
retiró a orar y ayunar. Allí venció la tentación no con fuerza humana, sino con
comunión profunda con el Padre.
La
oración fue su fortaleza.
También
debe ser la nuestra.
El
hombre es grande cuando está orando, porque reconoce que su verdadera fuerza
viene de Dios.
Oración
constante y confianza
Muchos
piden, pero se cansan cuando la respuesta tarda. Sin embargo, la Palabra nos
anima a perseverar:
“Pidan
y se les dará; busquen y hallarán; llamen a la puerta y les abrirán.” (Mateo
7,7)
Este
texto nos enseña tres actitudes cuaresmales:
Pedir
con fe.
Buscar
con perseverancia.
Llamar
sin rendirse.
La
oración que nace del corazón humilde nunca se pierde.
La
verdadera conversión comienza de rodillas
La
Cuaresma no es sólo dejar algo externo; es transformar el corazón.
Y esa
transformación comienza en la oración.
Cuando
oramos:
Reconocemos
nuestros pecados.
Aceptamos
nuestra fragilidad.
Abrimos
espacio para la gracia.
Permitimos
que Dios renueve nuestra vida.
Sin
oración no hay verdadera conversión.
La
única oración que se pierde es la que no se hace.
La
Cuaresma es el tiempo de volver a orar con más profundidad, más constancia y
más amor.
Que en
estos cuarenta días aprendamos a respirar espiritualmente.
Que el
desierto no nos asuste, sino que nos fortalezca.
Que
descubramos que el hombre es verdaderamente grande cuando está orando.
Porque la oración es el oxígeno del alma…
y la Cuaresma es el tiempo para volver a respirar.
En Cuaresma somos llamados a entrar en nuestro “cuarto
interior”, cerrar la puerta del ruido y abrir el corazón a Dios.
“Que
el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja”
Tu amiga
Mirtha Villarroel de Rocha
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