el señor es mi pastos

nada me faltara

viernes, 31 de julio de 2026

 "CONOCER EL TEMPLO ES APRENDER A ENCONTRARNOS CON DIOS Y VIVIR COMO IGLESIA."

¡Qué terrible es este lugar! Es nada menos que la Casa de Dios y la Puerta del Cielo." (Génesis 28, 17) En este pasaje la palabra “terrible” expresa el asombro y la reverencia que provoca la presencia de Dios en un lugar santo.

NUEVA ETAPA: CONOCIENDO LOS ESPACIOS DEL TEMPLO

Cuando entramos a un templo católico, no ingresamos a un edificio cualquiera, sino a un lugar sagrado, dedicado a la alabanza y adoración de Dios, donde Él reúne a su pueblo para escuchar su Palabra y alimentarlo con el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Conocer las partes del templo nos ayuda a participar con mayor respeto y comprender mejor lo que sucede en cada celebración litúrgica.

Hasta ahora hemos comprendido la diferencia entre la Iglesia, que somos todos los bautizados reunidos en Cristo, y el templo, que es la Casa de Dios donde la comunidad se congrega para celebrar su fe.

A partir de hoy iniciamos una nueva etapa de nuestra catequesis: Conociendo el templo y sus espacios. Cada lugar tiene un nombre, una función y un profundo significado que nos ayuda a vivir la Santa Misa con mayor fe y comprensión.

Conocer el templo es descubrir que en la Casa de Dios nada está puesto al azar; todo nos conduce a Cristo.

Seguiremos esta secuencia lógica y pedagógica: Así cada persona irá descubriendo el interior del templo:

Atrio (entrada al templo).

Nave (lugar donde se reúne la asamblea).

Presbiterio (espacio reservado para la celebración).

Ambón (mesa de la Palabra de Dios)

Los libros litúrgicos (instrumentos para proclamar la Palabra y celebrar la liturgia).

-         El Leccionario.

-         El Evangeliario.

-         El Misal Romano.

La Sede (lugar desde donde preside el sacerdote)

El Altar (centro de la celebración eucarística).

El Sagrario (donde permanece Cristo sacramentado).

El altar, donde se celebra el sacrificio eucarístico.

El sagrario, donde Cristo permanece sacramentado después de la celebración.

Esta progresión ayudará a comprender un aspecto muy hermoso de la liturgia: primero Dios nos alimenta con su Palabra y luego con la Eucaristía. Por eso, los libros litúrgicos preparan naturalmente el paso hacia el altar y, finalmente, al sagrario, donde Jesús permanece presente para ser adorado y visitado por los fieles.

1. EL ATRIO

Es el espacio ubicado antes de ingresar al templo.

En los primeros siglos del cristianismo era el lugar donde permanecían los catecúmenos y penitentes que aún no podían participar plenamente de la eucaristía.

Hoy representa el paso del mundo exterior hacia la casa de Dios. Al cruzarlo dejamos atrás nuestras preocupaciones para disponernos al encuentro con el señor.

REFLEXIÓN

Cada vez que atravesemos la puerta del templo recordemos que entramos en la presencia de Dios.

Cita bíblica "Entren por sus puertas dando gracias, entren en sus atrios cantando alabanzas." (Salmo 100 (99), 4)

2. LA NAVE

Es la parte principal del templo donde se reúne la asamblea de los fieles.

La palabra "Nave" recuerda una embarcación. La Iglesia ha comparado desde antiguo este espacio con la Barca de Pedro, en la que Cristo conduce a su pueblo hacia la salvación.

Aquí los fieles escuchan la palabra de Dios, oran y participan activamente de la Santa Misa.

No somos espectadores, sino miembros vivos del pueblo de Dios.

REFLEXIÓN:

Cada bautizado ocupa un lugar en esta gran familia que es la iglesia.

Cita bíblica: "Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos." (Mateo 18, 20)

¡CONOCIENDO EL TEMPLO… CRECIENDO EN LA FE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

Toque Espiritual 

 

jueves, 30 de julio de 2026

 "CONOCER EL TEMPLO ES APRENDER A ENCONTRARNOS CON DIOS Y VIVIR COMO IGLESIA."

¿POR QUÉ DECIMOS IGLESIA CATÓLICA?

"VAYAN, PUES, Y HAGAN DISCÍPULOS A TODAS LAS NACIONES; BAUTÍCENLOS EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO, Y DEL ESPÍRITU SANTO." (Mateo 28, 19)

Cuando profesamos nuestra fe en el Credo decimos: "Creo en el Espíritu Santo, la Santa   Iglesia Católica"... pero, ¿qué significa que la iglesia sea católica?

La palabra católica proviene del griego katholikós, que significa "universal", es decir, destinada a todos, sin importar la raza, el idioma, la cultura o la condición social.

Actualmente, la Iglesia Católica reúne a más de 1.422 millones de fieles bautizados en los cinco continentes, siendo la comunidad cristiana más numerosa del mundo. (Fuente) Según el Anuario Pontificio 2026 y el Annuarium Statisticum Ecclesiae 2024, publicados por la Oficina Central de Estadística de la Iglesia y difundidos por Vatican News, la presencia de católicos bautizados se mantiene estable, representando aproximadamente el 17,8 % de la población mundial.

Jesucristo no fundó una iglesia para un sólo pueblo o una sola nación. Él quiso una iglesia abierta a toda la humanidad, para que todos puedan conocer la verdad, recibir los sacramentos y alcanzar la salvación.

Por eso, la iglesia católica está presente en casi todos los países del mundo y anuncia el mismo evangelio, celebra los mismos sacramentos y mantiene la misma fe transmitida por los apóstoles.

Ser católico significa pertenecer a una gran familia espiritual que supera las fronteras, unida por un mismo señor, una misma fe y un mismo bautismo.

¿Qué caracteriza a la iglesia católica?

Es universal: recibe a todas las personas que desean seguir a cristo.

Conserva íntegramente la fe transmitida por los apóstoles.

Celebra los siete sacramentos, especialmente la eucaristía.

Está unida al Papa, sucesor de San pedro, y a los obispos en comunión con él.

Tiene la misión de evangelizar, llevando el mensaje de Jesús hasta los confines de la tierra.

¿Desde cuándo se llama "católica"?

Ya en los primeros siglos del cristianismo, los fieles utilizaban este nombre para distinguir a la verdadera Iglesia fundada por Cristo. Hacia el año 107 d. C., San Ignacio de Antioquía escribió la Carta a los Esmirniotas, 8,2, una de las referencias más antiguas al nombre “Iglesia Católica”.

"Donde está Jesucristo, allí está la Iglesia Católica."

Con esta expresión quiso enseñar que la iglesia de Cristo es universal y permanece unida alrededor de la fe auténtica.

¿Qué significa para nosotros ser católicos?

Ser católico no consiste sólo en haber recibido el bautismo o asistir a la misa. Es vivir cada día como discípulos de Jesús:

amar a Dios sobre todas las cosas.

amar y servir al prójimo.

participar en la vida sacramental.

conocer y vivir el evangelio.

dar testimonio de la fe con nuestras palabras y obras.

Reflexión

Ser católico es un regalo y también una responsabilidad. Cristo nos llama a formar parte de una Iglesia que abraza a todos los pueblos y anuncia el mismo Evangelio desde hace dos mil veintiseis años. Cada uno de nosotros está llamado a fortalecer esa Iglesia con una vida de fe, esperanza y caridad.

Cita bíblica "Ya no hay judío ni griego, esclavo ni hombre libre, hombre ni mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús." (Gálatas 3, 28)

Mensaje: La Iglesia es católica porque el amor de Dios es universal. Sus puertas están abiertas para todos los que desean encontrarse con Jesucristo. Como miembros de esta gran familia, estamos llamados a vivir nuestra fe con alegría y a llevar el Evangelio a quienes aún no conocen el amor de Dios.

¡CONOCIENDO EL TEMPLO… CRECIENDO EN LA FE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

Toque Espiritual

 

miércoles, 29 de julio de 2026

 COMENZAMOS UNA NUEVA SERIE DE CATEQUESIS…

"CONOCER EL TEMPLO ES APRENDER A ENCONTRARNOS CON DIOS Y VIVIR COMO IGLESIA."

Descubriendo la Casa de Dios

Cada espacio del templo tiene un significado; cada creyente tiene una misión. Conozcamos ambos para vivir nuestra fe con mayor amor y compromiso.

Con gran alegría iniciamos un nuevo camino de formación: "Conociendo el templo, fortalecemos nuestra fe y nuestra identidad católica", para descubrir la riqueza de la Casa de Dios, comprender el significado de cada uno de sus espacios y crecer en nuestra fe, en nuestra identidad y en nuestro amor por la Iglesia.

En esta nueva serie conoceremos cada espacio del templo y descubriremos su profundo significado espiritual y litúrgico. Recorreremos el atrio, la nave, el presbiterio, el altar, el ambón, la sede del sacerdote, el sagrario y muchos otros lugares que forman parte de la Casa de Dios.

Será un camino para comprender el significado del templo, la misión de la Iglesia y el profundo sentido de ser católicos. Al conocer la riqueza de cada espacio sagrado, aprenderemos a vivir con mayor amor, respeto y participación cada celebración litúrgica.

Nos disponemos a conocer este lugar sagrado, en el que nos reunimos como familia de Dios para escuchar su Palabra, celebrar los sacramentos y encontrarnos con Jesucristo, especialmente presente en la Santísima Eucaristía.

Conocer el templo nos ayudará a vivir cada celebración con mayor amor, respeto y participación, tomando conciencia de que, al entrar en la Casa de Dios, nos reunimos como Iglesia para alabar, agradecer y glorificar al Señor.

Los invito a acompañarme cada día en Toque Espiritual es un nuevo recorrido para amar más a nuestra iglesia, conocer mejor nuestra fe y vivirla con mayor compromiso.

¿Por qué comenzamos con este tema?

Antes de conocer los espacios del templo, es importante comprender dos conceptos fundamentales: templo e Iglesia. Aunque solemos usar estas palabras como si significaran lo mismo, la Iglesia nos enseña que tienen un significado diferente.

Entender esta diferencia será la base de nuestra serie y nos ayudará a valorar mejor la Casa de Dios y a reconocer que, al entrar en el templo, nos reunimos como Iglesia, el pueblo de Dios convocado por Jesucristo.

¿Templo e Iglesia son lo mismo?

Con frecuencia utilizamos las palabras templo e iglesia como si significaran lo mismo, pero la Iglesia nos enseña que no son exactamente iguales.

El templo es el edificio sagrado, la casa dedicada al culto, donde el pueblo de Dios se reúne para celebrar los sacramentos, escuchar la Palabra y adorar al Señor, especialmente presente en la Santísima Eucaristía.

La Iglesia, en cambio, somos todos los bautizados, el pueblo de Dios convocado por Jesucristo para vivir el Evangelio y anunciarlo al mundo. El edificio es importante porque acoge a la comunidad, pero la verdadera Iglesia está formada por las personas unidas a Cristo.

Por eso decimos con alegría:

Entramos al templo para reunirnos como Iglesia.

Cuando conocemos nuestra casa, la amamos más. Y cuando comprendemos el significado de cada lugar del templo, participamos en la Santa Misa con mayor fe, respeto y devoción.

Mensaje: Que el Espíritu Santo ilumine nuestro entendimiento y abra nuestro corazón para valorar cada vez más la Casa de Dios y crecer como verdaderos discípulos de Cristo.

 ¡Bienvenidos a esta nueva etapa de formación! Que cada enseñanza nos acerque más a Cristo y nos haga amar cada día más a su Iglesia.

¡CONOCIENDO EL TEMPLO… CRECIENDO EN LA FE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

Toque Espiritual

 

lunes, 27 de julio de 2026

 

LA BELLEZA DE LA SANTA MISA. PASO A PASO…Concluye la Santa Misa

PASO 47. La veneración del altar y la procesión de salida

Concluida la celebración, el sacerdote y el diácono veneran nuevamente el altar con un beso, como signo de amor y respeto a cristo, representado por el altar. luego se retiran en procesión, mientras la asamblea permanece en su lugar hasta que los ministros salen del presbiterio.

Es recomendable no abandonar el templo antes de que concluya la procesión de salida. Permanecer hasta el final expresa respeto por la celebración y gratitud por el don recibido en la Eucaristía.

Reflexión: La Santa Misa ha terminado, pero Cristo permanece con nosotros. Llevemos a Jesús en el corazón y hagamos de nuestra vida una continua acción de gracias.

Cita bíblica: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.” (Mateo 28, 20)

MENSAJE DE DESPEDIDA

Hoy llegamos al final de esta hermosa catequesis: "La Belleza de la Santa Misa. Paso a paso…"

Durante este recorrido hemos descubierto que cada palabra, cada gesto, cada silencio y cada signo de la Santa Misa tienen un profundo significado. Nada está puesto al azar; todo nos conduce al encuentro con Jesucristo, que se entrega por amor y permanece realmente presente en la Eucaristía.

Nuestro deseo ha sido que, a partir de ahora, nunca más participemos en la Santa Misa por costumbre o rutina, sino con un corazón lleno de fe, comprendiendo el inmenso tesoro que Dios nos regala en cada celebración.

Que esta catequesis nos ayude a vivir cada Misa con mayor recogimiento, respeto, amor y devoción; a preparar nuestro corazón para recibir dignamente a Jesús y a salir del templo dispuestos a ser testigos de su Evangelio en nuestra familia, en nuestro trabajo y en toda la sociedad.

Gracias por acompañarnos día tras día en Toque Espiritual. Gracias por compartir estas ilustraciones, por comentarlas y por permitir que este mensaje llegue a muchas personas.

Que Jesucristo Eucaristía sea siempre el centro de nuestra vida, que la Santísima Virgen María nos conduzca de la mano hasta su Hijo y que nunca perdamos la alegría de participar en el mayor regalo que Dios dejó a su Iglesia: la Santa Misa.

¡Nos volveremos a encontrar muy pronto en una nueva enseñanza para seguir creciendo juntos en la fe! Que Dios los bendiga abundantemente.

Gracias por acompañarnos en esta serie: "La Belleza de la Santa Misa. Paso a paso…".

Y si una sola persona comienza a amar más la Santa Misa gracias a esta serie, todo el esfuerzo habrá valido la pena.

¡QUE JESÚS EUCARISTÍA NOS BENDIGA!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

domingo, 26 de julio de 2026

 LA BELLEZA DE LA SANTA MISA. PASO A PASO…LITURGIA EUCARÍSTICA

 PASO 40. La Sagrada Comunión

La Sagrada Comunión es el momento culminante de la Liturgia Eucarística. Después de habernos preparado con la oración y de responder con humildad: “Señor, no soy digno…”, nos acercamos al altar para recibir a Jesucristo, verdaderamente presente en la Eucaristía.

La Iglesia nos enseña que, al comulgar, no recibimos un símbolo, sino al mismo Jesús: su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Es el Señor resucitado que viene a nuestro encuentro para alimentarnos con su vida, fortalecer nuestra fe y permanecer en nosotros.

Por ello, nos acercamos a comulgar con profundo recogimiento, respeto y devoción, evitando distracciones o conversaciones. Antes de recibir la Sagrada Comunión, es una hermosa tradición hacer una genuflexión o una inclinación profunda de la cabeza, según las normas de la Iglesia y la costumbre legítima del lugar, como signo de adoración a Cristo realmente presente.

Cuando el ministro presenta la Sagrada Hostia y dice: “El Cuerpo de Cristo”, respondemos con voz clara y convencida: “Amén”. Con esta palabra expresamos nuestra fe y afirmamos que creemos verdaderamente en la presencia real de Jesús en la Eucaristía.

La Iglesia latina conserva como forma tradicional recibir la Sagrada Comunión directamente en la lengua. Sin embargo, donde la Conferencia Episcopal lo ha autorizado y el Obispo diocesano lo permite, también puede recibirse en la mano, siempre con la máxima reverencia y cuidado para que no se pierda ninguna partícula de la Hostia consagrada.

Después de comulgar, regresamos a nuestro lugar en silencio y oración. Es un momento privilegiado para hablar con Jesús, agradecer su presencia, ofrecerle nuestra vida, pedir su gracia y permanecer unos instantes en íntima unión con Él.

En muchas parroquias, una vez que todos han comulgado, el sacerdote o el diácono lleva al sagrario las Hostias consagradas que han quedado. En algunos lugares, como signo de respeto y adoración a la presencia real de Jesús en la Eucaristía, los fieles se ponen de pie mientras el Santísimo Sacramento es reservado en el sagrario.

Esta es una hermosa costumbre que expresa nuestra fe y reverencia hacia Cristo presente en la Eucaristía. Terminado este momento, la asamblea vuelve a sentarse o permanece según lo indique la celebración, dando paso al silencio o al canto de acción de gracias.

Reflexión: Cada vez que recibimos la Sagrada Comunión, Cristo entra sacramentalmente en nuestro corazón para fortalecernos, transformarnos y enviarnos a vivir el Evangelio. Que nunca perdamos el asombro y la gratitud por este inmenso regalo de amor.

Cita bíblica: “El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. “(Juan 6, 56)

PASO 41. El silencio o canto de acción de gracias

Después de recibir a Jesús en la Sagrada Comunión, la Iglesia nos invita a guardar un momento de silencio, de oración personal o a participar en un canto de acción de gracias. Es un tiempo privilegiado para hablar con el Señor que acabamos de recibir sacramentalmente.

No es momento de conversar, distraerse o salir apresuradamente del templo. Es el instante para agradecer a Jesús su presencia, presentarle nuestras intenciones y pedirle la gracia de vivir conforme a su voluntad.

Cada uno puede hacer una sencilla oración desde el corazón, dando gracias por el inmenso don de la Eucaristía y renovando el compromiso de seguir a Cristo en la vida diaria.

Reflexión: Después de recibir a Jesús, permanezcamos unos momentos en silencio. Él está realmente presente en nuestro corazón y desea hablar con nosotros.

Cita bíblica: “Den gracias en toda ocasión; ésta es la voluntad de Dios para ustedes en Cristo Jesús.” (1 Tesalonicenses 5, 18)

PASO 42. La oración después de la Comunión

Concluido el tiempo de silencio o el canto de acción de gracias, el sacerdote invita a toda la asamblea diciendo: “Oremos”. Entonces todos se ponen de pie para participar en la oración después de la Comunión.

En esta oración, el sacerdote da gracias a Dios por el don recibido y pide que la Eucaristía produzca frutos abundantes en la vida de los fieles. Es la oración que concluye oficialmente la Liturgia Eucarística.

Respondemos con un fervoroso” Amén”, haciendo nuestra esa súplica y disponiéndonos a pasar a los Ritos de Conclusión, desde donde la Iglesia nos enviará a vivir y anunciar el Evangelio.

Reflexión: La Comunión no termina cuando dejamos de comulgar. Jesús permanece con nosotros para fortalecernos y enviarnos a ser testigos de su amor en el mundo.

Cita bíblica: “Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes.” (Juan 15, 4)

Mañana, si Dios lo permite, continuaremos con Toque Espiritual.

¡QUE JESÚS EUCARISTÍA NOS BENDIGA!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

sábado, 25 de julio de 2026

 LA BELLEZA DE LA SANTA MISA. PASO A PASO…LITURGIA EUCARÍSTICA

 PASO 37. La mezcla del Cuerpo y la Sangre de Cristo (Conmixtión)

Después del Cordero de Dios, el sacerdote toma un pequeño fragmento de la Hostia consagrada y lo deja caer dentro del cáliz que contiene la Preciosísima Sangre de Cristo. Este gesto litúrgico se llama conmixtión.

La conmixtión simboliza la unión del Cuerpo y la Sangre de Cristo y nos recuerda que Jesús ha resucitado y vive glorioso. No recibimos a un Cristo muerto, sino al Señor vivo, vencedor del pecado y de la muerte, realmente presente en la Eucaristía.

Este rito también expresa la unidad del sacrificio de Cristo y la comunión de toda la Iglesia reunida en torno al mismo Pan y al mismo Cáliz. Al participar de la Eucaristía, todos formamos un solo Cuerpo en Cristo.

Este es un gesto que realiza únicamente el sacerdote y que los fieles contemplan en silencio y oración.

¿Cómo debemos vivir este momento?

Permanecer en silencio y recogimiento.

Contemplar con fe este signo litúrgico.

Prepararnos para recibir a Cristo resucitado.

Reflexión: Jesús murió por nosotros, pero también resucitó. En cada Eucaristía recibimos a Cristo vivo, vencedor del pecado y de la muerte.

Cita bíblica: «Yo soy el que vive; estuve muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos.» (Apocalipsis 1, 18)

 PASO 38. La invitación a la Comunión: “Éste es el Cordero de Dios...”, sigue:

Después de  la conmixtión y de las oraciones preparatorias del sacerdote, llega a uno de los momentos más conmovedores de la Santa Misa. El sacerdote toma la Hostia consagrada, la eleva ligeramente y la muestra a toda la asamblea diciendo:

“Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.”

Con estas palabras nos presenta a Jesucristo, verdaderamente presente en la Eucaristía. Él es el Cordero de Dios que se ofreció en sacrificio por nuestra salvación y que ahora nos invita a participar del banquete eucarístico.

La expresión "Cordero de Dios" recuerda el sacrificio del cordero pascual del Antiguo Testamento y el anuncio de san Juan Bautista al señalar a Jesús como el Salvador del mundo.

Este es un momento para contemplar al Señor con fe, adorarlo y prepararnos para recibirlo con un corazón limpio y agradecido.

Reflexión: Antes de acercarnos a comulgar, fijemos nuestra mirada en Jesús. Él nos llama a su mesa no porque seamos perfectos, sino porque nos ama y quiere fortalecernos con su presencia.

Cita bíblica: “Al día siguiente Juan vio a Jesús que venía hacia él y dijo: "Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo."» (Juan 1, 29)

PASO 39. La respuesta de los fieles: “Señor, no soy digno...”

Después de escuchar la invitación del sacerdote, toda la asamblea responde con profunda humildad:

“Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.”

Estas palabras están inspiradas en la respuesta del centurión romano, quien reconoció con fe que Jesús podía sanar con solo una palabra.

Al pronunciarlas, reconocemos que ninguno de nosotros merece recibir al Señor por sus propios méritos. Sin embargo, confiamos plenamente en su misericordia y en el poder de su amor, que sana nuestras heridas y fortalece nuestra vida espiritual.

Esta respuesta nos invita a acercarnos a la Comunión con humildad, arrepentimiento y una fe viva en la presencia real de Cristo.

Reflexión: La Eucaristía no es un premio para los perfectos, sino el alimento que Cristo ofrece a quienes desean seguirlo con un corazón sincero y dispuesto a convertirse cada día.

Cita bíblica: “Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano.» (Mateo 8, 8)

Mañana, si Dios lo permite, continuaremos con Toque Espiritual.

¡QUE JESÚS EUCARISTÍA NOS BENDIGA!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

viernes, 24 de julio de 2026

 LA BELLEZA DE LA SANTA MISA. PASO A PASO…LITURGIA EUCARÍSTICA

PASO 34. El rito de la paz

Después del Padrenuestro, del embolismo y de la respuesta de la asamblea: “Tuyo es el Reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor”, el sacerdote pide a Cristo el don de la paz diciendo:

“Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: La paz les dejo, mi paz les doy…”

Luego invita a los fieles:

“La paz del Señor esté siempre con ustedes.”

Y el pueblo responde:

“Y con tu espíritu.”

Si se considera oportuno, el sacerdote añade:

“Dense fraternalmente la paz.”

El rito de la paz no es un simple saludo social ni un momento para conversar o recorrer el templo. Es un gesto litúrgico mediante el cual expresamos la paz, la reconciliación y la comunión fraterna antes de recibir a Jesucristo en la Eucaristía.

El intercambio de la paz debe hacerse con sobriedad, respeto y con las personas más cercanas, sin romper el clima de oración.

¿Cómo debemos vivir este momento?

Ofrecer la paz con sencillez y respeto.

Evitar desplazarse por el templo.

Permanecer en actitud de recogimiento.

Preparar el corazón para recibir a Jesús.

Reflexión: No podemos acercarnos al altar con un corazón lleno de resentimiento. Cristo nos invita a vivir reconciliados con Dios y con nuestros hermanos.

Cita bíblica: “La paz les dejo, mi paz les doy; no se la doy como la da el mundo.” (Juan 14, 27)

PASO 35. La fracción del Pan

Mientras la asamblea canta o recita el Cordero de Dios, el sacerdote parte la Hostia consagrada. Este gesto recibe el nombre de fracción del Pan.

Es uno de los gestos más antiguos de la Iglesia y recuerda la manera en que Jesús partió el pan en la Última Cena antes de entregarlo a sus discípulos.

La fracción del Pan no significa que Cristo se divida. Jesús está totalmente presente en cada parte de la Hostia consagrada. Este gesto expresa que, siendo muchos, participamos de un solo Pan y formamos un solo Cuerpo en Cristo.

Después, el sacerdote deja caer una pequeña partícula de la Hostia en el cáliz. Este gesto simboliza la unión del Cuerpo y la Sangre de Cristo y recuerda que Jesús vive glorioso y resucitado.

¿Cómo debemos vivir este momento?

Permanecer en silencio y recogimiento.

Contemplar con fe este gesto sagrado.

Prepararnos interiormente para la Comunión.

Reflexión: Así como un solo pan alimenta a muchos, Cristo nos une en una sola familia, la Iglesia.

Cita bíblica: “El pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? Porque hay un solo pan, todos formamos un solo cuerpo.» (1 Corintios 10, 16-17)

PASO 36. El Cordero de Dios (Agnus Dei)

Mientras el sacerdote realiza la fracción del Pan, toda la asamblea canta o recita:

“Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.” (Se repite dos veces.)

“Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.”

Con esta oración reconocemos a Jesucristo como el verdadero Cordero de Dios, que ofreció su vida para quitar el pecado del mundo y reconciliarnos con el Padre.

Al invocarlo, le pedimos misericordia, perdón y el don de la paz antes de acercarnos a recibirlo en la Sagrada Comunión.

¿Cómo debemos vivir este momento?

Recitar o cantar con fe y devoción.

Mirar con amor a Jesús presente en el altar.

Pedirle perdón y abrir el corazón a su misericordia.

Prepararnos para recibirlo dignamente.

Reflexión: Cada vez que proclamamos “Cordero de Dios”, recordamos que Jesús entregó su vida por amor a nosotros y que solo Él puede concedernos el perdón y la verdadera paz.

Cita bíblica: Al día siguiente Juan vio a Jesús que venía hacia él y dijo: "Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo." (Juan 1, 29)

Mañana, si Dios lo permite, continuaremos con Toque Espiritual.

¡QUE JESÚS EUCARISTÍA NOS BENDIGA!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

jueves, 23 de julio de 2026

 LA BELLEZA DE LA SANTA MISA. PASO A PASO…LITURGIA EUCARÍSTICA

PASO 33. La Doxología Final y el Gran Amén

Al concluir la Plegaria Eucarística, el sacerdote eleva el Cuerpo y la Sangre de Cristo y proclama:

"Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos."

Esta oración, llamada Doxología Final que significa “palabras de gloria o de alabanza a Dios”, resume toda la Plegaria Eucarística y ofrece al Padre el sacrificio perfecto de Jesucristo.

La asamblea responde con un "Amén" solemne y convencido. Este es conocido como el Gran Amén, porque con él confirmamos toda la oración que la Iglesia ha elevado a Dios.

No es un "amén" cualquiera. Es el Amén más importante de toda la Santa Misa, pues expresa nuestra adhesión al sacrificio de Cristo y nuestra participación en el misterio de la Eucaristía.

Significado espiritual

La Doxología nos recuerda que:

Todo viene de Dios.

Todo se ofrece a Dios.

Todo se realiza por Cristo, con Cristo y en Cristo.

Toda gloria pertenece al Padre, por la acción del Espíritu Santo.

Es la cumbre de la Plegaria Eucarística y el momento en que toda la Iglesia glorifica a la Santísima Trinidad.

Reflexión: Cuando respondamos "Amén", hagámoslo con fe y convicción. Con esa palabra decimos: "Sí, Señor, creo y me uno a esta ofrenda de amor y salvación."

Cita bíblica: "Porque todas las promesas de Dios han encontrado su “sí” en Cristo; por eso también por medio de Él decimos “Amén” para gloria de Dios."(2 Corintios 1, 20)

PASO 33. El Padre Nuestro. Ritos de la Comunión.

Después de la Doxología Final y del Gran Amén, comienza la segunda parte de la Liturgia Eucarística: los Ritos de la Comunión.

El primer momento es el Padre Nuestro, la oración que Jesús enseñó a sus discípulos cuando le pidieron: “Señor, enséñanos a orar”.

El sacerdote invita a toda la asamblea diciendo:

“Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir…"

Entonces todos rezamos juntos:

“Padre nuestro, que estás en el cielo…”

Cada vez que rezamos el Padrenuestro en la Santa Misa, recordemos que somos hijos de un mismo Padre y hermanos en Cristo. Sólo un corazón reconciliado, humilde y lleno de amor puede acercarse a recibir al Señor en la Eucaristía.

Durante el rezo del Padre Nuestro, juntamos las manos en actitud de oración. Este gesto expresa humildad, recogimiento y confianza filial en Dios, a quien nos dirigimos como nuestro Padre.

Más que un gesto exterior, es una invitación a orar con el corazón, meditando cada palabra que Jesús nos enseñó. Con las manos unidas y el espíritu dispuesto, nos preparamos para recibir a Cristo en la Sagrada Comunión.

¿Por qué no decimos "Amén" al terminar el Padre Nuestro?

En la Santa Misa no se dice “Amén” al finalizar el Padrenuestro, porque esta oración no ha concluido. Después de que la asamblea dice: “…y líbranos del mal “el sacerdote la continua con una súplica llamada embolismo, palabra que significa ”inserción” o “añadido”. Esta oración desarrolla la última petición del Padrenuestro, pidiendo a Dios que nos libre de todo mal, nos conceda la paz y nos prepare para recibir dignamente a Jesucristo en la Sagrada Comunión.

Al concluir el embolismo, toda la asamblea responde con la doxología:

“Tuyo es el Reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.”

Este detalle litúrgico nos recuerda que el Padrenuestro, el embolismo y la doxología forman una sola unidad de oración dentro de los Ritos   de la Comunión. Solo entonces concluye este momento de preparación para la Sagrada Comunión y la Santa Misa continúa con el rito de la paz.

El Padrenuestro no es una oración cualquiera. Es la oración más perfecta, porque salió de los labios del mismo Jesucristo. En ella reconocemos a Dios como nuestro Padre, alabamos su santo nombre, pedimos que venga su Reino y nos comprometemos a cumplir su voluntad.

También le pedimos el pan de cada día, que representa no sólo el alimento material, sino también el Pan de Vida, Jesucristo presente en la Eucaristía.

Antes de acercarnos a recibir la Sagrada Comunión, pedimos perdón por nuestras faltas y expresamos nuestra disposición a perdonar a quienes nos han ofendido. De este modo, nos preparamos para recibir dignamente al Señor.

 ¿Cómo colocamos las manos durante el Padrenuestro?

La Iglesia no establece una postura obligatoria para los fieles. Sin embargo, juntar las manos en actitud de oración es una práctica tradicional que favorece el recogimiento y expresa humildad y respeto ante Dios. Lo más importante es rezar con fe, atención y devoción, evitando gestos que distraigan o que no sean costumbre en la propia comunidad.

¿Cómo debemos vivir este momento?

Rezar con atención y recogimiento.

Meditar cada palabra que pronunciamos.

Pedir a Dios un corazón dispuesto a perdonar.

Prepararnos con fe para recibir a Jesús en la Sagrada Comunión.

Mañana, si Dios lo permite, continuaremos con Toque Espiritual.

¡QUE JESÚS EUCARISTÍA NOS BENDIGA!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

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