ALEGRÍA SIN DESENFRENO: LA VERDADERA LIBERTAD "NACE EN DIOS”

Existe un dicho popular que afirma que “en carnaval el diablo anda suelto”. Más allá de la expresión, lo que realmente refleja es una advertencia sobre el desenfreno humano cuando se vive sin límites, sin valores y sin conciencia de Dios. No es que el mal tenga fechas en el calendario, sino que el corazón del hombre, cuando se deja llevar sólo por el impulso, el exceso y la superficialidad, puede perder el rumbo.

El problema no es la alegría ni la fiesta en sí, sino cuando la libertad se confunde con libertinaje, cuando se apaga la prudencia, se olvidan los principios y se actúa como si no existiera ni Dios ni ley moral. Allí es donde el vacío interior se disfraza de diversión, y lo que debía ser celebración termina siendo herida.

Para quienes creemos, toda época del año es una oportunidad para vivir con conciencia, equilibrio y responsabilidad. La verdadera libertad no consiste en hacer todo lo que se quiere, sino en saber elegir el bien. Cuando Dios está presente en la vida, incluso la alegría se vive con dignidad, respeto y sentido.

“Ustedes, hermanos, han sido llamados para gozar de la libertad; no hablo de esa libertad que encubre los deseos de la carne; más bien háganse esclavos unos de otros” Carta a los Gálatas 5,13

Esta cita nos recuerda que la libertad no es desorden ni desenfreno, sino una oportunidad para amar y hacer el bien.

El carnaval, en su origen, era un tiempo previo a la Cuaresma, una etapa de preparación antes del recogimiento espiritual. Sin embargo, con el paso del tiempo, para muchos se ha convertido en lo que popularmente llaman “tres días locos”: una especie de permiso social para vivir como si no hubiera consecuencias, como si fuera la última oportunidad para disfrutar desenfrenadamente.

Esa idea de “vivir al máximo” en pocos días puede esconder una visión superficial de la libertad. Cuando la diversión se convierte en exceso, cuando se pierde el respeto por uno mismo y por los demás, cuando se apaga la conciencia moral, la fiesta deja de ser celebración y se transforma en desorden. Es como si por unas horas se quisiera olvidar toda norma, toda responsabilidad, incluso apartarse de Dios.

Pero la verdadera alegría no necesita desenfreno. La auténtica libertad no es hacer todo sin límites, sino saber disfrutar con dignidad y equilibrio. El problema no son los días, sino la actitud del corazón. Si el ser humano vive como si cada placer fuera el último, termina vacío; en cambio, cuando vive con sentido, incluso la fiesta puede ser sana, compartida y luminosa.

Tres días no definen una vida. Lo que realmente importa es cómo elegimos vivir cada día: con conciencia, con valores y con Dios presente en el corazón

 “Como en pleno día, así pues, nada de banquetes y borracheras, nada de prostitución o de vicios, o de pleitos, o de envidias.” Romanos 13,13

Este llamado nos invita a vivir con transparencia y rectitud, como si cada acción estuviera iluminada por la luz del día. Nos exhorta a apartarnos de todo aquello que oscurece el corazón y daña nuestras relaciones, y a elegir un camino de sobriedad, respeto y paz. Es una invitación a reflejar en nuestra conducta los valores que edifican, honran a Dios y fortalecen la convivencia con los demás.

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

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