el señor es mi pastos

nada me faltara

domingo, 27 de abril de 2025

HAGO UNA INVITACIÓN A VIVIR CON PROPÓSITO, SIN RESIGNARSE, RECONOCIENDO EL VALOR DE CADA ETAPA DE LA VIDA.

Hoy celebro, con profunda gratitud, el regalo de cumplir 73 años. Es una bendición enorme que sólo puedo atribuir al amor fiel y constante de Dios, que me ha sostenido en cada paso. 

He visto su misericordia en acción. La he sentido en una mirada, en una oración, en una mano amiga. Porque, como también nos recuerda el Papa Francisco, "La esperanza no defrauda, y con Dios, ningún esfuerzo de amor se pierde."

No solo celebro mi vida, sino también la de todos y todas quienes, por gracia divina, podemos disfrutar un año más rodeada de una amorosa familia formada por un esposo excepcional y tres hijos pendientes de la madre, familiares, amistades sinceras y el amor de un entorno que me rodea incondicionalmente.

Compartir un año más es una gracia del Señor, un gesto de la ternura de Dios que se manifiesta en lo cotidiano

 Mi camino no ha sido fácil. He enfrentado enfermedades difíciles, cirugías complejas y momentos de dolor. Pero también he sentido la ternura de Dios a través de cada recuperación, de cada abrazo, de cada oración y cada Eucaristía compartida. Y por eso digo con convicción: ¡GRACIAS, ¡SEÑOR, POR NO SOLTARME LA MANO!

Pero no quiero quedarme sólo en la gratitud. Hoy siento el deseo profundo de hablarle especialmente a quienes, como yo, ya tienen muchos años recorridos. A quienes escuchan palabras como “vejez” o “tercera edad” como si significaran un final, una retirada, una vida sin sentido. ¡Nada más lejos de la verdad!

Nuestro Papa Francisco a quien despedimos con dolor y agradecimiento por dejarnos su legado, nos recuerda algo hermoso:

 “Es necesario unir el ímpetu de los jóvenes con la sabiduría de los ancianos”. No nos sintamos viejos de corazón: la juventud se lleva en el alma. Vivámosla con gratitud y pongámosla al servicio de los demás.”

 Y eso es justamente lo que quiero hacer con cada día que Dios me regala porque no me siento vieja: quiero seguir poniendo mi vida, mis años que me quedan, mis experiencias y hasta mis heridas, al servicio de los demás. Porque aún tengo mucho para dar, mucho para decir, mucho para sembrar si así Dios me lo permite.

A quienes hoy están atravesando momentos duros, les digo con el corazón en la mano: no bajen los brazos. No estamos solos. Dios camina con nosotros, incluso cuando no lo vemos. Y cada uno de nosotros sí, también vos, tienes algo valioso que ofrecer.

La vida no termina cuando peinamos canas. Al contrario: es cuando la experiencia florece y puede guiar a las nuevas generaciones. No es tiempo de cruzarse de brazos, sino de abrirlos para abrazar, acompañar y transmitir lo vivido.

 ¡GRACIAS, SEÑOR, POR LA VIDA! ¡GRACIAS POR LOS AÑOS VIVIDOS! ¡GRACIAS POR EL AMOR QUE ME REGALAS DÍA A DÍA!

 ¡A VOS PADRE AMADO SEA TODA LA GLORIA!

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

 Tu amiga

 Mirtha Villarroel de Rocha 

viernes, 11 de abril de 2025

 "HASTA QUE EL CUERPO DIJO BASTA"

Quiero abrirles el corazón y compartir algo que marcó hace más de un mes mi camino de una forma que no esperaba. Durante mucho tiempo viví con una energía que parecía inagotable: haciendo, resolviendo, corriendo de un lado a otro, a la escuela, la oficina jurídica, los hijos, los grupos solidarios. Sin darme cuenta, convertí la actividad constante en mi forma de vida, y confundí productividad con propósito. Pero un día, mi cuerpo y mi alma dijeron basta.

Tuve que retirarme, hacer una pausa forzada. Al principio fue frustrante… ¿cómo parar cuando estás acostumbrada a moverte todo el tiempo? Pero en ese silencio, en esa quietud que al principio me asustaba, Dios comenzó a hablar de una forma nueva. Me sostuvo, me acompañó, y me mostró que hay un tipo de fortaleza que sólo se encuentra en la debilidad reconocida, en el descanso sincero, en la oración silenciosa, en lo oculto.

Aprendí que el mundo sigue girando, incluso cuando yo paro. Y que, a veces, lo más espiritual no es hacer más, sino estar más. Estar más presente, más disponible para Dios, para los demás, para uno mismo.

Hoy quiero compartir esto no como una historia, sino como un testimonio de restauración. Si estás corriendo sin detenerte, si hace tiempo no escuchás tu alma, si sentís que no hay espacio para el silencio… quizás este mensaje sea una invitación. No esperes a que la vida te obligue a frenar. A veces el verdadero milagro ocurre cuando simplemente te detienes, cierras los ojos, y dejas que Dios te hable bajito.

Vivía a mil. Trabajando sin descanso tomando en cuenta desde mi niñez, haciendo del trabajo un hábito. Me acostumbré a correr, a llenar cada minuto, hacer lo que me gusta como es escribir, pero postergando el descanso. La vida era una lista de tareas cumplidas y metas alcanzadas. Hasta que el cuerpo, sabio y silencioso, decidió hablar. No con palabras, sino con señales que no quise escuchar. Y entonces gritó. Y me obligó a parar.

Este texto no es sólo mi historia; es una alerta para quienes, como yo, creen que siempre pueden más, que descansar es perder el tiempo. Ojalá no tengas que llegar al mismo límite para entender que el equilibrio también es parte del éxito.

No esperes a que la vida te frene

Vivimos corriendo, como si el tiempo fuera un enemigo al que hay que vencer. En medio del ruido, olvidamos lo esencial: respirar, sentir, estar presentes. Yo también pensaba que podía con todo, que parar era un lujo. Hasta que la vida, con su forma implacable, me enseñó lo contrario.

Este relato es una invitación a detenerte por voluntad, antes de que sea por obligación como me ocurrió a mí. A mirar alrededor, a reconectar contigo. Porque a veces, el freno más duro no viene del cuerpo, sino del alma agotada de no ser escuchada.

El día que entendí que correr no es vivir

Durante años, confundí movimiento con vida. Pensaba que estar ocupada era sinónimo de ser útil, de estar viva. No sabía que en esa carrera me estaba perdiendo a mí misma. Tuvo que llegar un día, uno de esos que cambia todo, para darme cuenta de que vivir no es correr: es sentir, es detenerse, es respirar profundo.

Este mensaje va para ti, que quizás hoy vas en piloto automático. Que pospones el descanso, que vives para después. Ojalá mis palabras te sirvan como una pequeña pausa en tu rutina. Como un espejo donde puedas preguntarte: ¿estoy viviendo… o sólo avanzando?

Cada vida es una historia, es un testimonio de entrega, de amor y de fe. Cuántas veces hemos sido un instrumento de consuelo y esperanza para tantos, y aunque nuestro cuerpo pidió una pausa, no hicimos caso, desconociendo que esa pausa también es sagrada.

A veces, un alma cuidadora y cansada necesita ser cuidada, y eso no es egoísmo, sino sabiduría. Pero no entendemos o no queremos entender.

Tomar la decisión de alejarse de actividades, compromisos con grupos, de las amistades y hasta prescindir de un móvil tan cotidiano en su uso, resultó atormentado y para quienes me rodean, fue un acto de obediencia, tanto médica como espiritual. Cuando actuamos con esa entrega de alma, vida y corazón, y cuando se entrega tanto, es natural que también se agote el recipiente que lo contiene.

"Gracias Señor por la pausa"

Hoy quiero levantar mi voz no para contar una historia triste, sino para dar Gracias a Dios.

Por permitirme detenerme. Por mostrarme, a través del cansancio y el silencio, que la vida no se trata sólo de hacer, sino de ser. Gracias por recordarme, aún en medio de lo difícil, que tengo vida. Que cada día que abro los ojos y respiro, es un regalo… un privilegio que otros ya no tienen.

Gracias Señor por poner en mi camino a un ser que necesitaba amor, compasión, y simplemente presencia. Porque en medio de mi pausa, entendí que también puedo ser refugio, que incluso desde la fragilidad puedo acompañar.

Esta pausa no fue planificada. Fue obligada. El cuerpo habló. Gritó. Y por fin lo escuché. Pero lejos de vivirla como una pérdida, la recibí como una bendición. Porque en el silencio encontré a Dios más cerca, hablándome suave, guiándome con ternura.

Hoy sólo puedo decir: ¡Gracias, Señor! Por el descanso. Por la vida. Por cada suspiro. Por enseñarme que incluso cuando todo se detiene, tu amor sigue en movimiento.

Hoy quiero abrir un pequeño espacio para compartir algo muy personal. No fue fácil hacer un retiro largo, sobre todo cuando estás tan acostumbrada a moverte, a estar disponible, a decir sí a todo y a todos. Pero hubo un momento en que mi cuerpo ya no pudo más… y tuve que parar. No por elección, sino por necesidad.

Al principio, ese silencio me inquietó. Me sentía inútil, invisible, vacía. Pero ahí, en lo oculto, en la quietud donde nadie me veía, ocurrió algo hermoso: Dios me salió al encuentro, lo sentía mucho más cerca.

Fue en esa incomunicación forzada donde descubrí el valor de lo que muchas veces ignoramos: el descanso, el silencio, la oración en lo escondido. Allí donde no hay halagos, ni miradas, ni actividad… sólo la presencia de un Dios que no necesita que hagamos más, sino que estemos con Él.

Hoy doy gracias por esa pausa, porque en ella Dios me sostuvo, me habló con ternura y me recordó que mi valor no está en lo que hago, sino en lo que soy: su hija, profundamente amada.

Y también doy gracias porque, en medio de mi fragilidad, Él me usó para acompañar a otros. Porque aun cuando yo necesitaba ser cuidada, Él me permitió cuidar. Así es el amor de Dios: se multiplica incluso en nuestras lentitudes.

Mi deseo al compartir esto es que no esperés a que la vida te obligue a frenar. Que te regalés tiempos de silencio, de descanso, de oración sincera. Que sepas que Dios habita también en lo pequeño, en lo oculto, en lo quieto.

Gracias por caminar conmigo Señor, gracias por darme más tiempo para orar, y gracias por estar aquí escribiendo. Hoy entiendo que el silencio no es ausencia, sino presencia plena. Que detenerse no es rendirse, sino confiar. Y que cuando todo se apaga afuera, es porque Dios quiere encender algo adentro.

Mi oración es que también vos te animés a hacer espacio para ese encuentro íntimo con Él, donde no se necesita hacer, sólo ser. Porque en ese lugar oculto, silencioso y sagrado… Dios restaura, sana y vuelve a empezar.

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

 

miércoles, 9 de abril de 2025

 EL AMOR QUE SALVA VIDAS. LA CONTRA PARTE. 

Soy sobreviviente de cáncer de ambas mamas. Sé lo que es recibir un diagnóstico que te cambia la vida en un instante, sentir el miedo recorriendo el cuerpo, preguntarte si hay un mañana. Pero también sé lo que es no estar sola, sino al amparo de un Dios Omnipotente y unos brazos que acarician tu fragilidad.

A diferencia de otras mujeres que no tuvieron la misma oportunidad, yo tuve a mi lado un esposo excepcional. Un hombre que, desde el primer síntoma, no dudó, no minimizó, no postergó. Su reacción no fue de miedo, ni de evasión, ni de excusas. Su única prioridad fue salvarme, luchar conmigo, estar presente en cada paso del camino, acompañándome a la par de un enemigo silencioso.

Desde la primera sospecha, acudimos al oncólogo. El diagnóstico llegó, y no hubo tiempo para dudas ni para distracciones. La cirugía era urgente y mi esposo no escatimó esfuerzos, no pensó en el precio, no buscó justificaciones. Solo sabía que su esposa era valiosa y que su amor debía manifestarse en hechos, no sólo en palabras.

Pasé por la cirugía dos veces. Llegaron las quimioterapias, las radioterapias, el desgaste físico, el dolor, la incertidumbre. Pero nunca estuve sola.

Cuando mi cuerpo se debilitaba, Dios y él fueron mi fortaleza. Cuando las fuerzas flaqueaban, Dios y él me sostuvieron. Cuando el miedo me abrazaba, su amor me recordaba que no estaba vencida.

Hoy, puedo contar mi historia. Porque el cáncer fue feroz, pero el amor lo fue aún más.

EL AMOR QUE LLEGA A TIEMPO

Muchas mujeres no tienen esa suerte, yo más bien, llamaría bendición. Muchas luchan solas porque sus esposos no supieron o no quisieron estar a la altura del momento. Porque ignoraron los síntomas, porque menguaron el problema, porque dejaron que el tiempo pasara hasta que ya no hubo nada que hacer.

Pero yo soy prueba de que cuando el amor se manifiesta con acciones, cuando hay un esposo presente, atento, valiente, amoroso, las posibilidades de vencer aumentan.

El cáncer es una batalla dura, pero no debe ser una batalla solitaria. Si tienes a alguien a tu lado, que ese alguien sea tu refugio, tu apoyo, tu motor, pero antes de todo aquello, Dios primero, porque Él no te abandona.

Yo soy testimonio de que el amor, cuando llega a tiempo, puede salvar vidas.

CUANDO EL AMOR ES VERDADERO, TODO SE PUEDE VENCER

Han pasado los años y la vida me ha puesto pruebas difíciles, pero aquí estoy, en pie, fuerte, agradecida al Todopoderoso, al Ser Supremo que tiene el control de nuestras vidas. No ha sido un camino fácil, pero ha sido un camino recompensado por el  amor, y eso lo ha cambiado todo.

Después de 35 años, el cáncer regresó, esta vez en mi mama derecha. Otra batalla, otro desafío, otro miedo que enfrentar. Pero como la primera vez, no estuve sola. Mi esposo estuvo ahí, como siempre, con la misma entrega, con la misma fuerza, con el mismo amor inquebrantable.

Con la bendición de Dios, esta vez el tratamiento fue distinto. No hubo quimioterapia ni radioterapia, pero sí una lucha constante con la hormonoterapia, con los chequeos, con la incertidumbre. Pero cada examen, cada consulta, cada decisión, la tomé con la certeza de que tenía a mi lado a un hombre que nunca me soltaría la mano, porque el Señor le sigue prestando la vida.

Hoy, sigo vigilante de mi salud, cuidándome, agradeciendo cada día, celebrando la vida más espiritualmente. Y en cada revisión médica, en cada consulta, mi esposo sigue ahí, con la misma solicitud, con el mismo amor que ha sido mi refugio en los momentos más oscuros.

ANTE UNA NUEVA BATALLA

Hace tres años atrás, además del cáncer, enfrenté otra dura prueba: una cirugía a corazón abierto. Una experiencia que, para muchos, puede ser el fin de todo, pero para mí fue otra batalla más que libré afianzando mi fe, con confianza y esperanza que Dios estaba ahí y más cerca de lo que pensaba y algo más, con el apoyo incondicional de mi esposo.

Porque no sólo estuvo presente en lo económico, como siempre lo hizo sin escatimar esfuerzos, asegurándose sólo de que tuviera lo mejor. Estuvo presente emocionalmente, sosteniéndome, dándome fuerzas, mostrándome con cada gesto que el amor es la mayor medicina para el alma.

CUANDO EL AMOR SE VUELVE REFUGIO

Doy gracias a Dios por la vida, por la oportunidad de seguir aquí, por mis tres hijos que han sido mi alegría y el agradecimiento como padres de verlos realizados, pero sobre todo doy gracias a nuestro Padre Celestial, por el regalo maravilloso de ese hombre que ha caminado a mi lado sin titubeos.

Yo he vencido al cáncer dos veces. He superado una cirugía a corazón abierto. Y si sigo aquí es porque Dios me ha sostenido, pero también porque el amor ha sido mi mejor medicina.

En una época donde tantos matrimonios se desmoronan ante la primera dificultad, quiero decirles a las mujeres que no acepten menos de lo que merecen. Y a los hombres, que aprendan que el amor no se demuestra con regalos caros ni con palabras vacías, sino con acciones, con compromiso, con entrega.

Porque cuando el amor es real, no hay enfermedad que lo destruya, no hay miedo que lo apague, no hay batalla que lo venza.

50 AÑOS DE AMOR, 50 AÑOS DE ENTREGA

El amor verdadero no es sólo palabras bonitas, es presencia, es entrega, es estar ahí en las buenas, pero sobre todo en las malas.

El próximo año Dios así lo permita, cumpliremos 50 años de matrimonio. Medio siglo juntos, superando cada prueba, cada obstáculo, cada miedo. Y si algo he aprendido es que cuando hay amor, todo se puede vencer.

Un vínculo matrimonial donde aún el amor está presente y si alguien me pregunta el por qué, mi respuesta: “es como si me hubiera casado ayer” …

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

martes, 8 de abril de 2025

 CUANDO EL AMOR Y LA VIDA SON IGNORADOS

A UN MES DE SU PARTIDA...

He sido testigo del dolor más crudo. He visto cómo la enfermedad consumió lentamente a una mujer deportista, a quien sólo necesitaba amor, atención y una oportunidad para luchar a tiempo. Últimamente he sentido la impotencia de verla sufrir y verla partir muy joven con cáncer cérvico uterino, de apenas 38 años y un hijo de 16, alguien que pudo haberse salvado, si tan sólo hubiera habido más conciencia, más responsabilidad, más amor por parte de ella misma y su entorno. Hablar sobre la muerte es un tema profundo y emocionalmente complejo. Ver morir a una persona, cerrar sus ojos, sentir su cuerpo frío... son momentos que marcan a quien los vive de una manera irreparable, ya que la muerte es algo que nos conecta con la fragilidad de la vida, el final de todo lo que conocemos, el paso de lo tangible a lo intangible.

El instante en que esta muchacha muere, sentí un silencio profundo que lo llenó todo. Estar cerca en ese momento, fue posible percibir una especie de quietud que, de alguna manera, se sintió casi pesada. El cuerpo de ella, que antes tenía aún vida, a minutos parecía simplemente una carcasa vacía, una presencia sin la chispa que meses antes la animaba con el atletismo. Y en el momento de cerrarle los ojos fue simbólicamente el cierre de una historia, la despedida final.

El contacto con su cuerpo frío fue impactante, porque el calor que nos da la vida ya no estaba presente. Es un contraste tan fuerte con la calidez humana que solía existir, y eso resalta la fragilidad de nuestra existencia. El frío puede hacer que se pierda el sentido de que esa persona alguna vez estuvo viva, y que, al tocar su piel, todo lo que fue se reduce a una presencia de lo que ya no es.

 El proceso de despedirse de un ser que apenas meses antes  pude conocerla  es profundamente humano, o si se tratara de un ser querido, cada uno lo vive de forma única. Algunas personas experimentan una sensación de alivio al ver que el sufrimiento de la persona ha terminado, otras sienten un dolor profundo, incluso desconcierto, como si estuvieran enfrentando lo incomprensible. Pero a pesar de la tristeza o el miedo, la muerte es una constante en la vida humana, y vivirla de cerca, de alguna forma, nos enseña sobre el valor de cada momento.

Lo más triste no es sólo la enfermedad de padecer cáncer, sino la soledad con la que muchas mujeres la enfrentan. Porque en los momentos de gloria, de victorias, de reconocimientos, de aplausos, siempre hay compañía. Pero cuando la vida cambia el rumbo, cuando el dolor se instala y la batalla se vuelve cuesta arriba, ¿quién está realmente ahí?

Si tu cuerpo te está enviando señales, escúchalas. Si el dolor está ahí, no lo ignores. Si un diagnóstico ha tocado tu puerta, no te hagas la valiente postergando lo inevitable. El cáncer no espera. No entiende de compromisos, de competencias, de sueños pendientes. Solo avanza, sin detenerse sin piedad.

¿Qué sentido tienen las medallas si no hay vida para disfrutarlas? ¿De qué sirven los trofeos si la enfermedad te arrebata la oportunidad de seguir adelante? No hay reconocimiento en el mundo que valga más que tu salud, que tu existencia, que tu futuro.

Mujer, tu vida vale más que tus sueños, más que una aptitud, más que un trofeo. Porque de nada sirven las victorias si al final, el precio que pagas es tu propia existencia. No se trata de ser fuerte hasta de ignorar el dolor, de callar los síntomas por miedo o por negligencia. Ser fuerte también es saber detenerse a tiempo, es escuchar a tus amistades, a ese entorno deportivo, es reconocer que tu vida es primero.

¿De qué sirve demostrarle al mundo que eres fuerte si al final no quedará tiempo para seguir viviendo? No se trata de abandonar lo que amas, sino de entender que la única batalla que realmente importa es la de tu vida.

El ego, la terquedad, la negación… han costado demasiadas vidas. Y no es falta de coraje admitir que necesitas parar. Al contrario, la verdadera valentía no está en seguir adelante a cualquier costo, sino en saber cuándo es momento de detenerse y luchar la batalla correcta.

Porque cuando la enfermedad avanza, los trofeos no te acompañan en la cama del hospital. Cuando el cáncer te consume, los aplausos se silencian. Cuando llega el final, el mundo sigue… pero tú ya no estás.

No esperes a que sea tarde. No creas ser auto suficiente porque se convertirá en tu verdugo. La mayor victoria que puedes alcanzar no es un premio, sino la oportunidad de seguir viviendo.

Porque tu vida vale más que cualquier logro. Y si no la cuidas, un día te darás cuenta de que lo perdiste todo… pero será demasiado tarde.

Y a los hombres, a los compañeros de vida, ¿dónde están ustedes cuando más se los necesita? No basta con estar en los momentos de éxito, en la gloria de una victoria. El verdadero amor se demuestra en la enfermedad, en la vulnerabilidad, en el dolor. Pero cuando ese amor falla, cuando la indiferencia pesa más que el compromiso, cuando la comodidad es más importante que la vida de quien tienes al lado… entonces lo único que queda es la culpa, el arrepentimiento, la soledad.

No hay excusas. No importa qué tan ocupados estén, qué tan complicada sea la vida. Cuando tu esposa, tu pareja, la madre de tus hijos, tu compañera de camino sufre, tu deber es estar ahí. No mañana, no después, no cuando ya no haya nada por hacer. AHORA mismo.

El cáncer no espera. El amor tampoco debería hacerlo.

Duele ver a mujeres jóvenes con treinta o cuarenta años que, sabiendo lo que ocurre en su cuerpo, prefieren seguir adelante como si nada, sin pensar en los hijos que pueden quedarse sin madre, en las familias que quedarán rotas, en el vacío irreparable que dejarán.

La vida no es sólo nuestra. Somos responsables de quienes nos aman. Somos parte de algo más grande que un sueño personal. Y no hay meta más grande que vivir para quienes nos necesitan.

Por eso, a todas las mujeres: No se dejen vencer por la negación, por el miedo, por la inmodestia. Y a los hombres: No sean espectadores pasivos del sufrimiento de quienes aman. Porque al final, el dolor del que parte es solo un suspiro… pero el de los que quedan, pesa para siempre.

No eres invencible. No eres de acero. Y eso no te hace menos fuerte, te hace humana.

¡Que el Señor  con su gran misericordia te acoja en su Santo Reino!. 

¡Descansa en paz amiga querida!

Mirtha Villarroel de Rocha


lunes, 7 de abril de 2025

 CUANDO EL AMOR LLEGA TARDE…

Busco transmitir el peso de la pérdida cuando no se prioriza el amor y el cuidado en el matrimonio.

El matrimonio es más que un contrato, más que una convivencia o una rutina compartida. Es amor, es entrega, es compromiso, es velar por el otro en cada paso del camino. Pero, ¿qué pasa cuando el amor no llega a tiempo? ¿Cuándo el deber de cuidar y proteger se olvida entre las distracciones de la vida?

Ella estaba allí, luchando en silencio, esperando que su compañero, aquel que prometió amarla en salud y enfermedad, abriera los ojos y viera lo que ocurría. Esperando que él la pusiera por encima de todo, como ella siempre lo hizo con él. Pero no lo hizo. Minimizaron su dolor, ignoraron sus síntomas, y cuando quisieron reaccionar, ya era demasiado tarde.

El cáncer no perdona la indiferencia. No espera a que un esposo deje de mirar hacia otro lado. No se detiene porque alguien no quiso darle la importancia que merecía. El cáncer avanza, y cuando el amor no lo enfrenta con valentía, con urgencia, con dedicación, entonces se lleva lo más preciado: la vida.

Hoy, ella ya no está. No por falta de recursos, no porque el destino lo quiso, sino porque el amor que debió salvarla nunca se manifestó como debía. No hubo un abrazo que le dijera "aquí estoy", no hubo un "vamos al médico ahora mismo", no hubo un "tu vida es mi prioridad". Y ahora, quien debió cuidarla, se ha quedado con el peso de su ausencia, con el eco de su nombre en una casa vacía, con un "si tan solo hubiera hecho algo a tiempo" que resonará por siempre en su conciencia.

El amor no es solo palabras bonitas en los días felices. Es acción, es entrega, es estar presente cuando más se necesita. Porque cuando el amor llega tarde, ya no hay nada que hacer… sólo llorar frente a un ser sin vida y acogida en una tumba, deseando haber amado de verdad.

El amor en el matrimonio no es sólo compartir la vida, es estar presente en cada batalla, especialmente cuando la salud está en juego. El cáncer no avisa con gritos, sino con susurro. No espera a que decidan hacerle caso, avanza sin piedad. Y la pregunta es: ¿estarás ahí cuando tu esposa te necesite o estarás ocupado en tu propia vida, en tus distracciones, en lo que crees que es más importante?

Porque cuando amas a tu esposa, cuando realmente comprendes lo que significa ser su compañero, no hay excusas que valgan. No importa si no hay dinero, si la situación es difícil, si la vida aprieta. La salud pública existe, hay hospitales, hay médicos, hay solidaridad. Pero lo que más importa es la voluntad de estar ahí, de hacer lo que sea necesario para salvarla.

¿Qué es más importante que la vida de la mujer que te acompañó, que te amó, que te dio una familia? ¿Qué es más valioso que ella? Un hombre que no es capaz de priorizar a su esposa, de hacer todo lo que esté en sus manos para protegerla, no entiende lo que significa ser cabeza de familia.

Amar es cuidar. Amar es poner al otro primero. Si sabes que la mujer que amas está mal, si ves que algo no está bien, si escuchas su dolor, haz algo. Levántate. Acompáñala. Búscale ayuda, insiste, exígele que se cuide, porque el amor real no es pasivo, no es tibio, el amor verdadero actúa y de inmediato. No hay justificación para el abandono, para la indiferencia, para el silencio.

Porque cuando ella ya no esté, cuando la cama esté vacía, cuando la casa se sienta fría, cuando los hijos pregunten por su madre… será demasiado tarde.

El amor es presencia, es apoyo, es cuidado. El amor no ignora, no posterga, no deja sola a quien se prometió proteger.

CUÍDALA ANTES DE QUE SEA TARDE

A los hombres que hoy tienen a su esposa a su lado, a los que cada mañana ven a la mujer que les dio su amor, su tiempo, su juventud y, en muchos casos, sus hijos: atiéndanla, valórenla, escúchenla, cuídenla. Porque cuando ya no esté, no habrá vuelta atrás, y el arrepentimiento no servirá de nada.

Muchos hombres se excusan diciendo: "No teníamos dinero", "No sabía que era grave", "No quería preocuparla", "No tenía tiempo". Pero la verdad es otra: no hicieron lo que debían hacer.

No esperes a verla en una cama sin fuerzas. No esperes a escuchar que "ya no hay nada que hacer". No esperes a que el tiempo te obligue a mirar atrás con dolor y a preguntarte por qué no actuaste antes.

Porque cuando el amor llega tarde, ya no sirve. Porque cuando la indiferencia toma el lugar del cuidado, lo único que queda es el vacío de su ausencia.

Hombres, despierten. No esperen a perderla para darse cuenta de lo que tenían. La vida es frágil, la salud se quiebra en un instante. Y cuando llegue ese momento, lo único que importará será sí estuvieron ahí para sostenerla, para buscar ayuda, para ser su refugio.

PORQUE AMAR ES CUIDAR. Y QUIEN NO CUIDA, NO AMA.

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

viernes, 4 de abril de 2025

 QUERIDOS Y AMADOS CENTINELAS DEL DIVINO NIÑO

Quiero compartir con ustedes que, paralelamente a los CENTINELAS DEL DIVINO NIÑO y bajo el mismo lema de oración y acción, hemos sido bendecidas por el Señor y nuestra Madre Santísima para conformar el grupo VOLUNTARIADO VIRGEN “ROSA MÍSTICA”, creado con el propósito de ayudar a enfermas con cáncer de mama.

Este grupo conformado por veinte señoras muy comprometidas con este principio, se encuentra trabajando desde hace seis años, también silenciosamente, fruto de la Pandemia, motivadas y conmovidas con enfermas que padecen cáncer, pues nadie está libre de esta silenciosa enfermedad, y es así que nace la visión y misión de brindar apoyo a aquellas mujeres que lo necesitan, en la medida de nuestras posibilidades.

La colecta que realizamos se lleva a cabo mediante la donación de 1 Bs. en latitas selladas y abiertas cada cuatro meses. Los fondos recaudados se depositan en una cuenta de Banco FIE. Quienes deseen llevar una latita para recaudar fondos en oficinas, farmacias o lugares donde puedan donar un boliviano o realizar un APORTE VOLUNTARIO MENSUAL son bienvenidos. Recuerden que el aporte es voluntario, pero deberá ser efectivo y de compromiso formal, lo que ayudará para conseguir objetivos propuestos.

EL VOLUNTARIADO VIRGEN “ROSA MÍSTICA” se mantiene unido fuertemente en la oración, en la ayuda solidaria y actualmente en la entrega de artículos para la venta de garaje. Nuestra labor es tanto espiritual como material, y contamos con el apoyo de todos para seguir ayudando a quienes más lo necesitan.

Gracias por su colaboración constante y por ser parte de este esfuerzo tan noble y desprendido de cada una de las voluntarias.

Con cariño y gratitud,

Mirtha Villarroel de Rocha

 

 

 UNIDOS EN LA ORACIÓN Y EN LA ACCIÓN

Quiero recordarles, además, que nuestras actividades se deberán realizar de manera conjunta y que la transparencia a través de informes es fundamental, especialmente en lo que respecta a los informes económicos. Todos debemos estar al tanto y ser partícipes de cómo se administran los recursos que aportamos para el bien común de nuestro grupo.

Nuestro sostén espiritual es el rezo del Santo Rosario, que se reza a diario por Zoom, y está a cargo de nuestra querida Judith Bustamante Peña. Esta unión no es casualidad; fue la providencia divina la que nos permitió encontrar en la tecnología una herramienta para seguir conectados, especialmente durante la pandemia del COVID-19.

Este 22 de marzo pasado, cumplimos seis años de oración constante, y aunque el grupo que nació con mucho entusiasmo hoy está mermado a pocas personas, la fe sigue siendo nuestra fuerza y Dios es nuestro refugio.

La oración es fundamental para el mantenimiento de este grupo religioso, bajo la protección del Divino Niño, la Virgen María y San José. Les pido, por favor, que no dejen de rezar, queridos hermanas/os. Es a través de la oración constante que mantenemos viva nuestra misión y nuestra unidad en Cristo.

Gracias por su dedicación y compromiso.

El grupo responsable de los integrantes mencionados presentará próximamente la lista de los devotos que, con mucho honor, pertenecen a esta agrupación. Muy pronto, con la gracia de Dios, esta hermandad se convertirá en una fundación, lo que nos permitirá ampliar nuestros proyectos y seguir ayudando a las personas que más necesitan de nuestro apoyo.

Ya hay propuestas de donaciones desde el exterior, sólo si somos fundación.

Les pido que sigan fielmente este lineamiento bajo la dirección de las personas encargadas. Se llevará a cabo el registro individual (cardex) para los aportes y su control personal. Si alguna persona pertenece al grupo y, por error involuntario, se ha omitido su nombre, por favor comuníquese y envíe sus comprobantes de pago de sus cuotas mensuales al grupo, a través del código QR.

Además, la venta de garaje se realizará lo más pronto posible. Por favor, sigan aportando sus artículos, no se desanimen. La vida nos exige, en nuestro nivel religioso y solidario, mantener esa unión fraterna y sincera que caracteriza a nuestro grupo. Sigamos adelante con mucha fe, mucha devoción y dedicación.

Gracias por su compromiso y apoyo continuo.

Mirtha Villarroel de Rocha

 

 QUERIDOS Y AMADOS CENTINELAS DEL “DIVINO NIÑO”

Les quiero informar que mi salud está mejorando y estoy en proceso de recuperación, esperando Dios mediante, estar totalmente bien en poco tiempo. Sin embargo, aún no puedo retomar la dirección del grupo. Por el momento, el Dr. Pacheco, como nuestro asesor jurídico, se encuentra a cargo de la coordinación y la tramitación de la personería jurídica.

Asimismo, Carolina Tapia Soria y Melissa Rocha Villarroel son las encargadas de este movimiento y son las responsables de dirigir este maravilloso grupo en mi ausencia.

Agradezco profundamente su apoyo y comprensión en este tiempo. Confío plenamente en cada uno de ustedes y sé que, bajo la guía de Carolina, Melissa y el Dr. Pacheco, el grupo continuará creciendo con fuerza y unidad. Y les pido que toda actividad sea coordinada con ellos.

Les recuerdo que pertenecer a un grupo religioso es un honor y requiere mucho compromiso. Asumir responsabilidades, tanto espirituales como materiales, es una parte esencial de nuestra misión. Nuestro grupo está dedicado completamente a la oración y a la acción. No podemos quedarnos estáticos, parcos ni ser negligentes. Debemos tomar decisiones concretas y actuar juntos, como siempre lo hemos hecho.

Uno de nuestros pilares fundamentales paralelo a lo espiritual, son los aportes mensuales, una modalidad que no es nueva para nosotros, ya que lleva 25 años vigente. Este año celebramos ese tiempo de bendiciones y gracias del Divino Niño. Los aportes mensuales son, sin excepción alguna, necesarios para el sostenimiento de nuestras actividades, especialmente para la organización del evento del 25° aniversario y de fin de año. No importa la cantidad; si debes aportar 10 Bs. mensuales, hazlo responsablemente. Ese es nuestro soporte económico, y todos debemos ser parte de él, ya que todo lo que se realiza es fruto de nuestra solidaridad y compromiso.

Nadie debe quedarse sin aportar, ya que juntos mantenemos vivo este hermoso grupo unidos bajo la bendición de nuestro amado Divino Niño.

Agradezco de antemano su comprensión y colaboración.

Con mucho cariño para todos

Mirtha Villarroel de Rocha

jueves, 3 de abril de 2025

 CUANDO EL AMOR LLEGA TARDE…

El matrimonio es más que un contrato, más que una convivencia o una rutina compartida. Es amor, es entrega, es compromiso, es velar por el otro en cada paso del camino. Pero, ¿qué pasa cuando el amor no llega a tiempo? ¿Cuándo el deber de cuidar y proteger se olvida entre las distracciones de la vida?

Ella estaba allí, luchando en silencio, esperando que su compañero, aquel que prometió amarla en salud y enfermedad, abriera los ojos y viera lo que ocurría. Esperando que él la pusiera por encima de todo, como ella siempre lo hizo con él. Pero no lo hizo. Minimizaron su dolor, ignoraron sus síntomas, y cuando quisieron reaccionar, ya era demasiado tarde.

El cáncer no perdona la indiferencia. No espera a que un esposo deje de mirar hacia otro lado. No se detiene porque alguien no quiso darle la importancia que merecía. El cáncer avanza, y cuando el amor no lo enfrenta con valentía, con urgencia, con dedicación, entonces se lleva lo más preciado: la vida.

Hoy, ella ya no está. No por falta de recursos, no porque el destino lo quiso, sino porque el amor que debió salvarla nunca se manifestó como debía. No hubo un abrazo que le dijera "aquí estoy", no hubo un "vamos al médico ahora mismo", no hubo un "tu vida es mi prioridad". Y ahora, quien debió cuidarla, se ha quedado con el peso de su ausencia, con el eco de su nombre en una casa vacía, con un "si tan solo hubiera hecho algo a tiempo" que resonará por siempre en su conciencia.

El amor no es solo palabras bonitas en los días felices. Es acción, es entrega, es estar presente cuando más se necesita. Porque cuando el amor llega tarde, ya no hay nada que hacer… sólo llorar frente a un ser sin vida y acogida en una tumba, deseando haber amado de verdad.

Busco transmitir el peso de la pérdida cuando no se prioriza el amor y el cuidado en el matrimonio.

El amor en el matrimonio no es sólo compartir la vida, es estar presente en cada batalla, especialmente cuando la salud está en juego. El cáncer no avisa con gritos, sino con susurros. No espera a que decidan hacerle caso, avanza sin piedad. Y la pregunta es: ¿estarás ahí cuando tu esposa te necesite o estarás ocupado en tu propia vida, en tus distracciones, en lo que crees que es más importante?

Porque cuando amas a tu esposa, cuando realmente comprendes lo que significa ser su compañero, no hay excusas que valgan. No importa si no hay dinero, si la situación es difícil, si la vida aprieta. La salud pública existe, hay hospitales, hay médicos, hay solidaridad. Pero lo que más importa es la voluntad de estar ahí, de hacer lo que sea necesario para salvarla.

¿Qué es más importante que la vida de la mujer que te acompañó, que te amó, que te dio una familia? ¿Qué es más valioso que ella? Un hombre que no es capaz de priorizar a su esposa, de hacer todo lo que esté en sus manos para protegerla, no entiende lo que significa ser cabeza de familia.

CUÍDALA ANTES DE QUE SEA TARDE

A los hombres que hoy tienen a su esposa a su lado, a los que cada mañana ven a la mujer que les dio su amor, su tiempo, su juventud y, en muchos casos, sus hijos: atiéndanla, valórenla, escúchenla, cuídenla. Porque cuando ya no esté, no habrá vuelta atrás, y el arrepentimiento no servirá de nada.

Muchos hombres se excusan diciendo: "No teníamos dinero", "No sabía que era grave", "No quería preocuparla", "No tenía tiempo". Pero la verdad es otra: no hicieron lo que debían hacer.

No esperes a verla en una cama sin fuerzas. No esperes a escuchar que "ya no hay nada que hacer". No esperes a que el tiempo te obligue a mirar atrás con dolor y a preguntarte por qué no actuaste antes.

Porque cuando el amor llega tarde, ya no sirve. Porque cuando la indiferencia toma el lugar del cuidado, lo único que queda es el vacío de su ausencia.

Hombres, despierten. No esperen a perderla para darse cuenta de lo que tenían. La vida es frágil, la salud se quiebra en un instante. Y cuando llegue ese momento, lo único que importará será sí estuvieron ahí para sostenerla, para buscar ayuda, para ser su refugio.

PORQUE AMAR ES CUIDAR. Y QUIEN NO CUIDA, NO AMA.

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

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