el señor es mi pastos

nada me faltara

miércoles, 21 de enero de 2026

 “CUANDO EL DOLOR NO SE VE: APRENDER A ESCUCHAR EL GRITO SILENCIOSO DEL ALMA”

“El Señor está cerca de los que tienen el corazón herido; Él salva a los de espíritu abatido.” Salmo 34, 19

Toco este tema con una gran pena en mi corazón por la decisión tomada de una amiga muy querida y otras almas conocidas.

Hablar del suicidio siempre conmueve y duele. No es una noticia cualquiera: sacude el alma porque nos enfrenta al misterio del dolor humano, a preguntas profundas sobre la vida, la fe y el sentido de existir.

No es valentía, pero tampoco es justo llamarlo cobardía. La mayoría de las veces es el resultado de un sufrimiento extremo, silencioso, acumulado, que la persona ya no sabe cómo expresar ni cargar. Detrás suele haber depresión, angustia profunda, soledad, culpa, miedo, enfermedades, pérdidas, violencia emocional… y muchas veces una sensación terrible: sentirse una carga o sentirse invisible.

 Lo más duro es pensar que quizá nadie vio las señales, o que alguien las vio, pero no supo cómo ayudar. Por eso duele tanto: porque nos deja la pregunta abierta de si pudimos haber estado más cerca.

Que esto alerte al entorno (padres, hermanos, amistades)

El suicidio casi nunca “llega de golpe”. Suele haber angustia prolongada que no siempre se ve como tristeza evidente. Estemos atentos a señales, especialmente cuando aparecen juntas: Aislamiento repentino o despedidas “raras”. Cambios bruscos de ánimo (de mucha tristeza a calma repentina). Frases como: “Soy una carga”, “no valgo”, “estarían mejor sin mí” Pérdida de interés por lo que amaba. Insomnio persistente, llanto oculto, irritabilidad constante. Regalar pertenencias importantes o cerrar asuntos sin razón clara. O hasta escuchar  decir, me voy a matar, ya no aguanto más. Esas son señale para tomar en cuenta.

 Cómo percibir la angustia que puede llevar a alguien a ese límite

No siempre grita. A veces susurra: es un cansancio del alma, no solo tristeza.

Una sensación de no tener salida, de túnel sin luz. Vergüenza de pedir ayuda, miedo a preocupar a los demás. Sentirse incomprendido, aunque esté rodeado de gente. Qué hacer como entorno. Escuchar sin corregir ni minimizar. No dejar sola a la persona en momentos críticos.

Desde la fe, es muy profundo. La vida no nos pertenece plenamente; es don de Dios. Y, aun así, la Iglesia Católica contempla sobre el destino de esas almas.  Porque sólo Dios conoce el corazón de la persona. Sólo Dios sabe cuánto dolor, confusión o desesperación había. Por eso, la Iglesia confía esas almas a la infinita misericordia de Dios.

Se puede y se debe rezar por ellas. Dios no es un juez frío; es Padre.

Un Padre que comprende donde nosotros no alcanzamos. Una mirada cristiana madura, nos invita hoy a algo muy importante: no juzgar el corazón de quien se quitó la vida.

Solo Dios conoce el grado de conciencia, de libertad y de dolor que había en ese instante final.

Siempre nos preguntamos ¿Dónde van esas almas? Van a la misericordia de Dios. Un Dios que no es verdugo, sino Padre. Un Dios que conoce las heridas que nadie más vio. Un Dios que no abandona a sus hijos en el momento más oscuro. La misericordia de Dios es más grande que nuestro entendimiento. Nadie está fuera del alcance del amor de Dios.

Y para los que quedamos aquí, esta realidad nos deja una misión muy clara: escuchar más. Juzgar menos. Acompañar mejor. Tomar en serio el sufrimiento emocional y espiritual. Y recordar que pedir ayuda no es debilidad.

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

 Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

 

 “CUANDO EL DOLOR NO SE VE: APRENDER A ESCUCHAR EL GRITO SILENCIOSO DEL ALMA”

“El Señor está cerca de los que tienen el corazón herido; Él salva a los de espíritu abatido.” Salmo 34, 19

Toco este tema con una gran pena en mi corazón por la decisión tomada de una amiga muy querida y otras almas conocidas.

Hablar del suicidio siempre conmueve y duele. No es una noticia cualquiera: sacude el alma porque nos enfrenta al misterio del dolor humano, a preguntas profundas sobre la vida, la fe y el sentido de existir.

No es valentía, pero tampoco es justo llamarlo cobardía. La mayoría de las veces es el resultado de un sufrimiento extremo, silencioso, acumulado, que la persona ya no sabe cómo expresar ni cargar. Detrás suele haber depresión, angustia profunda, soledad, culpa, miedo, enfermedades, pérdidas, violencia emocional… y muchas veces una sensación terrible: sentirse una carga o sentirse invisible.

 Lo más duro es pensar que quizá nadie vio las señales, o que alguien las vio, pero no supo cómo ayudar. Por eso duele tanto: porque nos deja la pregunta abierta de si pudimos haber estado más cerca.

Que esto alerte al entorno (padres, hermanos, amistades)

El suicidio casi nunca “llega de golpe”. Suele haber angustia prolongada que no siempre se ve como tristeza evidente. Estemos atentos a señales, especialmente cuando aparecen juntas: Aislamiento repentino o despedidas “raras”. Cambios bruscos de ánimo (de mucha tristeza a calma repentina). Frases como: “Soy una carga”, “no valgo”, “estarían mejor sin mí” Pérdida de interés por lo que amaba. Insomnio persistente, llanto oculto, irritabilidad constante. Regalar pertenencias importantes o cerrar asuntos sin razón clara. O hasta escuchar  decir, me voy a matar, ya no aguanto más. Esas son señale para tomar en cuenta.

 Cómo percibir la angustia que puede llevar a alguien a ese límite

No siempre grita. A veces susurra: es un cansancio del alma, no solo tristeza.

Una sensación de no tener salida, de túnel sin luz. Vergüenza de pedir ayuda, miedo a preocupar a los demás. Sentirse incomprendido, aunque esté rodeado de gente. Qué hacer como entorno. Escuchar sin corregir ni minimizar. No dejar sola a la persona en momentos críticos.

Desde la fe, es muy profundo. La vida no nos pertenece plenamente; es don de Dios. Y, aun así, la Iglesia Católica contempla sobre el destino de esas almas.  Porque sólo Dios conoce el corazón de la persona. Sólo Dios sabe cuánto dolor, confusión o desesperación había. Por eso, la Iglesia confía esas almas a la infinita misericordia de Dios.

Se puede y se debe rezar por ellas. Dios no es un juez frío; es Padre.

Un Padre que comprende donde nosotros no alcanzamos. Una mirada cristiana madura, nos invita hoy a algo muy importante: no juzgar el corazón de quien se quitó la vida.

Solo Dios conoce el grado de conciencia, de libertad y de dolor que había en ese instante final.

Siempre nos preguntamos ¿Dónde van esas almas? Van a la misericordia de Dios. Un Dios que no es verdugo, sino Padre. Un Dios que conoce las heridas que nadie más vio. Un Dios que no abandona a sus hijos en el momento más oscuro. La misericordia de Dios es más grande que nuestro entendimiento. Nadie está fuera del alcance del amor de Dios.

Y para los que quedamos aquí, esta realidad nos deja una misión muy clara: escuchar más. Juzgar menos. Acompañar mejor. Tomar en serio el sufrimiento emocional y espiritual. Y recordar que pedir ayuda no es debilidad.

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

 Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

lunes, 19 de enero de 2026

 “CUANDO EL DOLOR NO SE VE: APRENDER A ESCUCHAR EL GRITO SILENCIOSO DEL ALMA”

“El Señor está cerca de los que tienen el corazón herido; Él salva a los de espíritu abatido.” Salmo 34, 19

Toco este tema con una gran pena en mi corazón por la decisión tomada de una amiga muy querida y otras almas conocidas.

Hablar del suicidio siempre conmueve y duele. No es una noticia cualquiera: sacude el alma porque nos enfrenta al misterio del dolor humano, a preguntas profundas sobre la vida, la fe y el sentido de existir.

No es valentía, pero tampoco es justo llamarlo cobardía. La mayoría de las veces es el resultado de un sufrimiento extremo, silencioso, acumulado, que la persona ya no sabe cómo expresar ni cargar. Detrás suele haber depresión, angustia profunda, soledad, culpa, miedo, enfermedades, pérdidas, violencia emocional… y muchas veces una sensación terrible: sentirse una carga o sentirse invisible.

 Lo más duro es pensar que quizá nadie vio las señales, o que alguien las vio, pero no supo cómo ayudar. Por eso duele tanto: porque nos deja la pregunta abierta de si pudimos haber estado más cerca.

Que esto alerte al entorno (padres, hermanos, amistades)

El suicidio casi nunca “llega de golpe”. Suele haber angustia prolongada que no siempre se ve como tristeza evidente. Estemos atentos a señales, especialmente cuando aparecen juntas: Aislamiento repentino o despedidas “raras”. Cambios bruscos de ánimo (de mucha tristeza a calma repentina). Frases como: “Soy una carga”, “no valgo”, “estarían mejor sin mí” Pérdida de interés por lo que amaba. Insomnio persistente, llanto oculto, irritabilidad constante. Regalar pertenencias importantes o cerrar asuntos sin razón clara. O hasta escuchar  decir, me voy a matar, ya no aguanto más. Esas son señale para tomar en cuenta.

 Cómo percibir la angustia que puede llevar a alguien a ese límite

No siempre grita. A veces susurra: es un cansancio del alma, no solo tristeza.

Una sensación de no tener salida, de túnel sin luz. Vergüenza de pedir ayuda, miedo a preocupar a los demás. Sentirse incomprendido, aunque esté rodeado de gente. Qué hacer como entorno. Escuchar sin corregir ni minimizar. No dejar sola a la persona en momentos críticos.

Desde la fe, es muy profundo. La vida no nos pertenece plenamente; es don de Dios. Y, aun así, la Iglesia Católica contempla sobre el destino de esas almas.  Porque sólo Dios conoce el corazón de la persona. Sólo Dios sabe cuánto dolor, confusión o desesperación había. Por eso, la Iglesia confía esas almas a la infinita misericordia de Dios.

Se puede y se debe rezar por ellas. Dios no es un juez frío; es Padre.

Un Padre que comprende donde nosotros no alcanzamos. Una mirada cristiana madura, nos invita hoy a algo muy importante: no juzgar el corazón de quien se quitó la vida.

Solo Dios conoce el grado de conciencia, de libertad y de dolor que había en ese instante final.

Siempre nos preguntamos ¿Dónde van esas almas? Van a la misericordia de Dios. Un Dios que no es verdugo, sino Padre. Un Dios que conoce las heridas que nadie más vio. Un Dios que no abandona a sus hijos en el momento más oscuro. La misericordia de Dios es más grande que nuestro entendimiento. Nadie está fuera del alcance del amor de Dios.

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

 Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

 

domingo, 18 de enero de 2026

 INVITACIÓN A FORMAR PARTE DEL VOLUNTARIADO VIRGEN “ROSA MÍSTICA”

Con el corazón abierto y la fe puesta en Dios, te invitamos a formar parte del Voluntariado Virgen “Rosa Mística”, una misión de amor que forma parte de los Centinelas del “Divino Niño”, inspirada en su lema “Oración y Acción”, y cuyas obras están iluminadas por el Divino Niño Jesús y su Madre Santísima.

Esta iniciativa nació el 13 de julio de 2019 y, desde entonces, hace seis años viene trabajando de manera silenciosa pero constante. Su origen brota de una experiencia profundamente humana y dolorosa: una segunda operación por cáncer de mama, momento en el que la vida me mostró de cerca una realidad que no podemos ignorar y ante la cual debemos estar siempre alertas, mujeres amadas de Dios.

Esta misión nace del deseo profundo de acompañar, ayudar y sostener a mujeres que atraviesan el cáncer de mama, porque esta enfermedad no tiene privilegios, no distingue edades ni condiciones, y como mujeres y como comunidad de fe no podemos ser indiferentes al dolor ajeno.

El Voluntariado “Rosa Mística” tiene como misión recaudar fondos solidarios para apoyar a hermanas que luchan contra esta enfermedad, brindando ayuda concreta, cercanía humana y esperanza espiritual, confiando cada vida, cada tratamiento y cada lágrima al Divino Niño Jesús, fuente de consuelo, y al manto maternal de la Virgen María.

Nos guía y protege la Virgen María bajo la advocación de “Rosa Mística”, protectora de los enfermos, especialmente de quienes padecen cáncer. Bajo su amor maternal ponemos cada nombre, cada dolor y cada esperanza, seguros de que nada queda fuera de la mirada de Dios.

“Hay más alegría en dar que en recibir” (Hechos 20, 35)

 ¿Cómo puedes unirte?

Con un aporte solidario de Bs. 20 mensuales o Bs. 240 anuales.

Si estás en Tarija o en cualquier lugar del país, o fuera del mismo, puedes unirte como voluntaria o benefactora a través de un QR y formarás parte de la FUNDACIÓN “CENDINI” CENTINELAS DEL “DIVINO NIÑO”. Aun desde lejos, tu aporte se convierte en amor hecho acción.

Si sientes en tu corazón este llamado, ÚNETE.

Tu pequeño aporte puede significar alivio, compañía y esperanza para otra mujer. Porque la verdad es que no sabemos cuándo esta enfermedad puede llegar, como un invasor silencioso, muchas veces sin dolor, pero profundamente devastador.

 Dato para recordar

El día de la Virgen “Rosa Mística” se celebra el 13 de julio, fecha especial para la oración por los enfermos y por esta misión solidaria.

Si deseas unirte, puedes contactarte al N.º de celular: 72945607, para enviarte el QR correspondiente. Nos encontramos en Tarija.

 ¡VIRGEN ROSA MÍSTICA, RUEGA POR NOSOTRAS!

“Que el Señor nos bendiga y el Divino Niño, junto a su Madre Santísima, iluminen y protejan esta misión.”

Con cariño

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

jueves, 15 de enero de 2026

  “GRACIAS, SEÑOR, POR LA VIDA: EL CENTRO DE TODO”

Te doy gracias, Señor, por la vida, porque en ella está el don primero, el punto de partida y el centro de todo lo que soy. Mientras tengo vida, tengo oportunidad de amar más, de perdonar sin medida, de reconciliarme, de servir con humildad, de consolar al que sufre y de volver a empezar cuantas veces sea necesario.

Cada día es un regalo que me invita a no desperdiciar el bien que puedo hacer hoy para tender la mano al que sufre, de escuchar con paciencia, de servir con alegría y de comenzar de nuevo cada día.

Te doy gracias, Señor, por la vida. Porque me permites sembrar esperanza aun en medio del cansancio, acompañar al que está solo y pide ayuda, cuidar a mi familia, llamar a los amigos para decirles por lo menos ¡hola!, trabajar con honestidad y dejar huellas de amor en quienes encuentro en el camino. Nada es pequeño cuando se hace por amor; ningún gesto se pierde cuando nace del corazón.

Cada amanecer es una invitación a elegir lo correcto, a no postergar el bien, a hacer el bien hoy, ahora, mientras hay aliento en mí. Después de la muerte es un imposible.

Pero antes que todo, PRIMERO DIOS. Porque cuando te pongo en el centro, Señor, el resto llega por añadidura: la paz en el corazón, la fuerza para seguir, la luz para decidir y la esperanza para no rendirme. Sin Ti, todo se vuelve pesado; contigo, incluso las cargas se transforman en camino de crecimiento.

Gracias, Señor, por la vida que me das. Enséñame a vivirla con sentido, con gratitud y con fe, poniendo siempre tu voluntad en primer lugar, sabiendo que lo demás vendrá a su tiempo, según tu amor y tu promesa.

Y, sin embargo, PRIMERO DIOS. Porque cuando Tú ocupas el primer lugar, todo lo demás encuentra su orden. Tú sabes lo que necesito, Tú conoces mis luchas y Tú ves mis lágrimas. Tu Palabra no falla y tus promesas se cumplen, aunque a veces no en mis tiempos ni como yo espero. Aprendo a confiar en que todo lo que permites tiene un sentido, incluso aquello que no comprendo.

Aun cuando enfrento dificultades, pruebas, enfermedades, la muerte inesperada de un familiar o momentos de debilidad, creo y confieso que todo lo que haces es perfecto, porque nace de tu amor.

Tú no prometiste ausencia de dolor, pero sí tu presencia constante; no prometiste caminos fáciles, pero sí fuerza para caminar; no prometiste evitar la cruz, pero sí la esperanza de la resurrección.

Gracias, Señor, porque en medio de la fragilidad humana, Tú sigues siendo fiel. Dame un corazón confiado para esperar, un espíritu perseverante para no rendirme y una fe firme para creer que, mientras pongo mi vida en tus manos, lo demás vendrá por añadidura, según tu voluntad, en el tiempo justo y con la paz que solo Tú sabes dar.

“Aunque pase por un valle oscuro, no temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo” (Salmo 23, 4)

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

 

 

 

 

 

 

 


miércoles, 14 de enero de 2026

 MI PROPÓSITO PARA ESTE AÑO 2026 “PRIMERO DIOS”

En la actualidad nos quejamos diciendo que rezar el Santo Rosario es largo y tedioso. 

Que ir a Misa no me gusta o no estoy acostumbrado/a. 

Pero yo te pregunto: si no lo intentas, ¿cómo sabes lo que afirmas? Si rezar el Rosario diariamente es abrirle a Dios un espacio donde Él sana, guía y bendice. Además, el rezo del Rosario no quita tiempo: “ lo transforma en gracia.”

Nos quejamos también diciendo:

-  No voy a misa porque está lloviendo

-  Porque me da sueño.

-  Porque es larga.

-  Porque no escucho al sacerdote, pero si te sientas muy atrás, seguro hay distracciones.

 -  Porque no me gusta el padre, porque en su homilía parecía que hablaba de mi.

Pero es que la Palabra de Dios es así:

Es contundente. Es una llamada de atención, un pequeño tirón de orejas, suave, pero lleno de misericordia.

 “Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia.” Proverbios 3, 5

En mi casa paterna éramos nueve hermanos.

Mamita nos hacía dejar la ropa lista desde el sábado: bien planchada, colgadita, muy limpia, y los zapatos relumbrantes… porque yo los lustraba para seis hermanos varones y tres mujeres. Soy experta por si acaso.

El domingo, todos desfilábamos a la primera misa, a las seis de la mañana.

El oficio religioso comenzaba a las seis y media.

Íbamos medio dormidos, sentados en la placita del pueblo, luchando contra el sueño, pero sin rezonguear.

Esa enseñanza especialmente de mamita y de mi abuelita, se refleja hasta hoy, a mis 74 años y transmitida a mis hijos, si ellos se desviaran del camino, retornarán porque ya lo conocen... Dios nos ha sostenido hasta este momento en que me permite escribir.

“Todo lo que han aprendido, recibido y oído de mí, todo lo que me han visto hacer, háganlo."

(Filipenses 4, 9)

Y hoy te pregunto a ti:

 ¿Te pasó lo mismo?

 ¿Has podido transmitir a tus hijos esa maravillosa enseñanza recibida de tus padres?

Hoy te digo con cariño y firmeza:

¿Te das tiempo para rezar el Rosario, con tanta tecnología abundante y al alcance de la mano? 

¡PUES PRIMERO DIOS!

¿Te das tiempo para ir a misa con tus hijitos? ¿Haces y enseñas tus hijos a dar  ofrenda?.

¡PRIMERO DIOS!

Y ¡Ojo¡: bien confesados, para recibir la Santa Eucaristía.

Después verás las Gracias que se reciben cuando Dios ocupa el primer lugar en tu corazón, porque todo lo demás viene por añadidura…

 Comienza el primer mes del año 2026 y que hoy mismo comience también tu propósito:

vivir y cumplir los Mandamientos de la Ley de Dios

y los Mandamientos de la Santa Iglesia Católica.

Hagamos un repasito de los Mandamientos de la Ley de Dios. Son DIEZ.

Amarás a Dios sobre todas las cosas.

No tomarás el nombre de Dios en vano.

Santificarás las fiestas.

Honrarás a tu padre y a tu madre.

No matarás.

No cometerás actos impuros.

No robarás.

No dirás falso testimonio ni mentirás.

No consentirás pensamientos ni deseos impuros.

No codiciarás los bienes ajenos.

Mandamientos de la Santa Iglesia Católica. SON CINCO

Oír misa entera los domingos y fiestas de guardar.

Confesarse al menos una vez al año y cuando haya pecado grave.

Comulgar por lo menos en Pascua de Resurrección.

Ayunar y abstenerse cuando lo manda la Iglesia.

Ayudar a la Iglesia en sus necesidades.

“El que conoce mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama.” Juan 14,21

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

 

 

 

 

 

 

 

jueves, 1 de enero de 2026

 “COMENZAR EL AÑO 2026 EN EL TEMOR DE DIOS Y EL AMOR AL PRÓJIMO”

 “Encomienda al Señor tus obras, y tus proyectos se cumplirán.” Proverbios 16, 3

Encomiendo al Señor cada obra de mi vida, cada paso y cada proyecto. Confío en que, al poner todo en sus manos, Él ordena mis caminos y da sentido a mis esfuerzos. Que no se cumpla sólo lo que yo deseo, sino lo que Dios sabe que es mejor, porque cuando Él guía, todo encuentra su verdadero propósito.

 “Que este nuevo año sea escrito por Dios”

Llego a este tiempo nuevo con el corazón en paz, una paz que no nace de las circunstancias, sino de la confianza plena en el Señor que guía mi vida.

Que sea Dios quien escriba cada día de mi historia, quien ordene mi agenda, mis pasos y mis silencios. Que su voluntad marque el ritmo de mis decisiones y que su voz sea la flecha que me conduzca por caminos de bien, verdad y esperanza.

Que este año me permita amar más al prójimo, con un amor sincero, paciente y solidario. Que aprenda a ver en el otro un reflejo de Dios, a tender la mano sin juzgar, a acompañar sin condiciones y a compartir desde la generosidad del corazón.

Deseo que esta paz que habita en mí se convierta en luz para otros, que mi vida invite a confiar, a creer y a seguir el camino del amor de Dios. Que quienes me rodean puedan sentir, a través de mis palabras y acciones, el llamado a vivir una fe auténtica, llena de respeto, obediencia y santo Temor de Dios, no como miedo, sino como amor profundo y reverente que transforma la vida.

Señor, hazme mejor cada día. Enséñame a vivir según Tu Corazón, a servir con humildad y a caminar siempre bajo Tu Amparo. Que este nuevo año sea una oportunidad para crecer en fe, sembrar paz y multiplicar amor.

“Ya se te ha indicado, hombre, lo que es bueno: practicar la justicia, amar la misericordia y caminar humildemente con tu Dios.” Miqueas 6, 8

El Señor ya nos ha mostrado el camino del bien: vivir practicando la justicia, amar la misericordia y caminar cada día con humildad delante de Dios. Que mi vida refleje estas palabras, que mis acciones hablen más que mis palabras y que mi corazón permanezca sencillo, dispuesto a servir y a amar. Caminar con Dios es elegir cada día el bien, la paz y el amor verdadero.

¡Que el Señor bendiga un nuevo año para todos y la Virgen nos proteja durante todo el año!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

 

 

  LA MISIÓN DEL SACERDOTE Cura animarum: el cuidado de las almas ¿por qué llamamos “cura” al sacerdote? Su misión Tradicionalmente l...