NUESTRA VIDA SE MARCHITA COMO LA HIERBA DEL CAMPO. VIVE HOY PARA LA ETERNIDAD.
La
vida es frágil. Hoy estamos llenos de planes, sueños y ocupaciones; mañana,
como la hierba del campo, podemos marchitarnos. Así lo recuerda la Escritura, nuestra
existencia es pasajera, breve como el soplo del viento. Sin embargo, vivimos
como si lo material fuera eterno y como si Dios pudiera esperar.
Este
es un llamado urgente, amoroso y firme. Despierta. No pongas tu corazón en lo
que se queda, sino en Aquel que permanece para siempre.
La vida es breve… ¿en qué la estamos
invirtiendo?
Trabajamos,
acumulamos, construimos, compramos… pero nada de eso cruzará con nosotros el
umbral de la eternidad.
Las
casas, los títulos, el dinero y los reconocimientos se quedan aquí.
Lo
único que llevaremos ante la presencia de Dios será:
El
amor que dimos.
El
perdón que ofrecimos.
La
misericordia que practicamos.
Las
obras hechas por Él y para Él.
La
pregunta no es cuánto tenemos, sino cuánto hemos amado.
Poner primero a
Dios: el verdadero orden de la vida
Cuando
Dios ocupa el primer lugar, todo lo demás encuentra su sitio.
Buscar
a Dios no es una actividad más en la agenda; es el centro que sostiene todo.
Poner
a Dios primero significa:
Orar
antes de decidir.
Perdonar
antes de juzgar.
Servir
antes de exigir.
Amar
antes de criticar.
Cuando
Dios es prioridad, el corazón deja de vivir para lo pasajero y comienza a vivir
para lo eterno.
Las
obras de misericordia: el tesoro que SÍ llevaremos
Las
obras de misericordia no son opcionales; son el camino seguro hacia una vida
plena y preparada para la eternidad.
Dar de
comer al hambriento. Visitar al enfermo. Acompañar al que sufre.
Perdonar
al que nos ofende. Corregir con amor. Consolar al triste. Cada acto de
misericordia es una semilla eterna.
El día
final no nos preguntarán cuánto acumulamos, sino cuánto compartimos. No cuánto
brillamos, sino cuánto iluminamos la vida de otros.
Que la
partida final no nos encuentre con las manos vacías
La
muerte no avisa. Llega cuando menos lo esperamos.
¿Estamos preparados?
Imagínate
presentarte ante Dios con las manos llenas de amor, servicio y fidelidad…
O con
las manos vacías, llenas sólo de cosas que nunca importaron realmente.
Hoy es
el día para decidir.
Hoy es
el día para reconciliarte.
Hoy es
el día para servir.
Hoy es
el día para amar más.
Porque
cuando la hierba se marchita y el soplo termina, solo permanecerá lo que
hicimos por amor dimos y cuántas obras de misericordia hicimos con nuestro prójimo.
“La vida del hombre dura lo
que la hierba, florece como la flor silvestre. Que sopla el viento sobre ella y
ya no existe, se ha ido para siempre.” Salmo 102,15-16
¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!
Tu
amiga
Mirtha Villarroel de Rocha
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