EN EL DÍA DE TU CONSAGRACIÓN A LA VIRGEN MARÍA
Mi hijita querida y muy amada ALEJANDRITA
Hoy mi corazón está lleno de lágrimas… pero de alegría.
Verte consagrarte a la Virgen María es uno de los regalos más grandes que Dios me concede y hoy te concede.
Eso me llena de paz y me hace derramar lágrimas mientras escribo este mensaje para vos y, cuántos años pasaron.
Desde que estabas en mis brazos por primera vez, yo le pedí a la Virgen María que te cuidara porque no fue un parto fácil y te confié a la Madre del Cielo y a tu papá, con la certeza que te cuidarían.
Y hoy, eres tú quien, libremente, decides ponerte bajo su manto.
Consagrarte a María es decirle:
“Madre, guíame. Madre, fórmame. Madre, llévame a Jesús.”
Y no hay lugar más seguro para tu corazón que el corazón de Ella.
Habrá días luminosos y días muy difíciles.
Habrá momentos de certeza y momentos de duda.
Pero recuerda siempre esto:
La Virgen nunca abandona a quien se le entrega.
Que ella te cubra con su ternura.
Que te siga enseñando a ser mujer de fe, de valentía y de pureza.
Que moldee mucho más tu corazón según el de su Hijo.
Hoy te veo dar este paso y entiendo que ya no eres solo mi pequeña…
eres también la hija predilecta de María.
Camina confiada.
Ama sin miedo.
Confía sin reservas.
Y cuando la vida te ponga pruebas, recuerda:
tienes una Madre en el cielo… y siempre tendrás mi oración aquí en la tierra.
Te amo con un amor que sólo Dios puede comprender.
ALEJANDRITA HOY TE MANDO HASTA LA CATEDRAL DONDE SERÁ TU CONSAGRACIÓN, UNA PEQUEÑA BENDICIÓN PARA TI
Con todo el corazón
Que la Virgen María te cubra con su manto hoy y siempre.
Que su ternura te proteja,
que su pureza inspire tus decisiones,
y que su fe fortalezca tu corazón.
Que Jesús sea el centro de tu vida
y que nunca te apartes de su amor.
Que el Señor te bendiga, te guarde y te conceda paz.
Y como madre, te bendigo
en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Tu mamá
Mirtha Villarroel de Rocha
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