lunes, 2 de noviembre de 2026

50 AÑOS DE AMOR: UNA BODA SIN LUJOS, PERO CON LA BENDICIÓN DE DIOS

 2 de noviembre de 1976 – 2 de noviembre de 2026

Nuestra historia de amor comenzó con una boda sencilla, sin vestido blanco, sin anillos, sin invitados ni familiares, pero con algo mucho más importante: el deseo de recibir la bendición de Dios.

Hoy, después de 50 años, mi esposo Dalmiro (chapaquito) y yo, recordamos con ternura aquel 2 de noviembre, Día de los Fieles Difuntos, cuando finalmente recibimos el sacramento del matrimonio.

Ya llevábamos un año casados por lo civil y teníamos nuestro primer hijo varoncito. Los constantes cambios de destino de mi esposo, por su carrera militar, nos ocasionaban muchas dificultades económicas. En aquella oportunidad vivíamos en La Paz.

Nuestro deseo era casarnos ante Dios, pero no fue fácil. Recorrimos varias parroquias e incluso viajamos cuatro veces a Copacabana, sin conseguirlo porque no éramos del lugar ni teníamos referencias.

Finalmente, un sacerdote días antes nos dijo que solamente podía casarnos el 2 de noviembre, Día de los Difuntos. ¡Pensamos que se estaba burlando de nosotros! Pero hablaba en serio y aceptamos.

La iglesia estaba adornada con flores, no para nuestra boda, sino para las misas de los difuntos. No tuvimos música ni cortejo nupcial.  El sacerdote nos pidió los anillos  y no teníamos. Nuestro testigo fue un joven de mi pueblo, estudiante de Medicina, de apenas 19 años.

Aquel sacerdote nos dijo que, por casarnos ese día, estaríamos protegidos por los difuntos que son las almas del purgatorio. Sus palabras no sé si fueron temor o alegría, pero con los años las recordamos con cariño, como una invitación a orar por nuestros difuntos y confiar en Dios.

¡Por fin estábamos casados ante Dios y ante los hombres!

Y aquí viene una anécdota inolvidable: no dimos ninguna ofrenda por la ceremonia. Solamente dijimos: “Muchas gracias, padre”. Puede parecer incrédulo, pero no teníamos dinero, no le dijimos al padre ese detalle, pero nos llevamos una deuda de gratitud para toda la vida.

Mi padre solía decir: “Es preferible deber dinero, porque te cobran y lo devuelves; pero un favor jamás se termina de pagar”.

Por eso, mi esposo y yo nos comprometimos a ayudar en lo posible al prójimo, por poco que fuera, dondequiera que nos encontráramos, pensando en las dificultades económicas que habíamos pasado y otros también pasarían lo mismo. No para pagar un sacramento ya recibido, porque la gracia de Dios no tiene precio, sino por gratitud a aquel sacerdote cuyo nombre nunca supimos, porque  no volvimos a recoger  la partida matrimonial hasta el día de hoy.

Hoy, después de medio siglo, recordamos las alegrías por el nacimiento de nuestros tres hijos, las dificultades, enfermedades, sacrificios y tantas pruebas superadas juntos.

No hemos tenido un matrimonio sin dificultades, pero sí un matrimonio feliz, sostenido por el amor, el perdón, la comprensión y la bendición de Dios.

El matrimonio civil nos dio seguridad jurídica; el religioso consagró nuestro amor ante Dios y fortaleció nuestro compromiso de caminar juntos.

Y pensar que aquel Día de los Difuntos, mientras muchas familias recordaban a sus seres queridos fallecidos, nosotros comenzábamos una nueva etapa de nuestra vida.

Hoy seguimos orando por nuestros difuntos y especialmente por aquel sacerdote que nos abrió las puertas de la Iglesia cuando tantas otras se nos habían cerrado.

Gracias, padre. Quizás usted olvidó a aquellos dos jóvenes que casó un 2 de noviembre, pero nosotros jamás lo olvidamos. Que Dios le conceda el descanso eterno y que algún día podamos volver a encontrarnos para repetirle aquel sencillo “gracias padre” que llevamos guardado en el corazón durante 50 años.

Nuestra boda no tuvo lujos, pero Dios nos regaló su bendición para toda la vida.

Nuestra reflexión después de 50 años

No tuvimos una boda de ensueño, pero Dios nos regaló toda una vida para construir nuestro sueño. No hubo anillos ni invitados, pero sí amor, fe y la bendición de Dios.

“De manera que ya no son dos, sino uno solo. Pues bien, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.” (Mateo 19,6).

Chapaquito  y yo, con nuestras virtudes y defectos, hemos procurado vivir durante estos 50 años las palabras de Jesús: “Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre” (Mateo 19,6), aprendiendo que el verdadero amor no se mide por el lujo de una boda, sino por la fidelidad, el perdón y la decisión de permanecer unidos toda una vida.

Hoy tampoco tendremos una gran fiesta, porque la salud nos impone algunas limitaciones, especialmente mi esposo. Pero celebraremos con una Santa Misa dando gracias a Dios por nuestras bodas de oro y orando por nuestros queridos difuntos. Así, como aquel 2 de noviembre de hace 50 años, volverán a encontrarse en un mismo día el recuerdo de quienes partieron y la gratitud por nuestro amor, que Dios nos ha permitido conservar hasta hoy.

Si alguien me preguntara qué fue lo más hermoso de nuestra boda, respondería sin dudar:

No fue lo que tuvimos, sino lo que Dios nos regaló.

No tuvimos una boda de ensueño, pero hemos tenido una vida entera para construir nuestro sueño.

No tuvimos anillos aquel día, pero llevamos grabado en el corazón el compromiso de permanecer unidos.

No tuvimos invitados que celebraran nuestra unión, pero Dios estuvo presente.

Y hoy, después de 50 años, con nuestras manos arrugadas, nuestros pasos más lentos y los achaques a cuestas, recordamos con ternura a aquellos dos jóvenes que sólo deseaban casarse ante Dios. Y con la bendición del Señor todavía podemos mirarnos y dar gracias a Dios por nuestra unión. 

UNA ORACIÓN DE GRATITUD

Señor, gracias por estos 50 años de matrimonio. Gracias por aquel sacerdote que bendijo nuestra unión, por nuestros hijos, por las alegrías compartidas y por las pruebas que nos enseñaron a permanecer juntos.

Gracias por sostenernos cuando nuestras fuerzas flaquearon y por permitirnos llegar hasta este aniversario.

Te pedimos por las almas de nuestros familiares difuntos y por todos aquellos que partieron a tu encuentro. Concédeles el descanso eterno.

Y a nosotros, Señor, regálanos la gracia de seguir caminando juntos, tomados de tu mano, hasta cuando Tú dispongas. Amén.

 “No tuvimos una boda de ensueño, pero Dios nos regaló 50 años para vivir nuestro sueño”.

Con amor y gratitud a Dios

Mirtha Villarroel Hurtado y Dalmiro Rocha Aguilera

BODAS DE ORO 2 DE NOVIEMBRE DE 2026

 

domingo, 1 de noviembre de 2026

1 DE NOVIEMBRE: DÍA DE TODOS LOS SANTOS

¡La santidad no es privilegio de unos pocos, es un llamado para todos!

Hoy la Iglesia católica celebra a todos los santos: aquellos que fueron reconocidos oficialmente y también a millones de hombres y mujeres anónimos que vivieron amando a Dios y al prójimo y hoy gozan de su presencia en el cielo.

Entre ellos pueden encontrarse madres que entregaron su vida por sus hijos, padres trabajadores y honestos, abuelos que enseñaron a rezar, personas que perdonaron grandes ofensas y seres humildes que hicieron el bien sin esperar reconocimiento.

La santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en hacer las cosas ordinarias con un amor extraordinario.

REFLEXIÓN

Muchas veces pensamos que ser santo es imposible, porque somos humanos, cometemos errores y tenemos debilidades. Sin embargo, los santos también enfrentaron dificultades, tentaciones, sufrimientos y caídas, pero nunca dejaron de buscar a Dios.

No todos estamos llamados a realizar grandes obras, pero sí a vivir con amor, humildad, misericordia y generosidad.

Quizás el santo que Dios espera de ti sea simplemente una persona que perdona, ayuda al necesitado, consuela al que sufre y hace el bien en silencio.

“Ustedes serán  santos, porque Yo lo soy ”. (1 Pedro 1,16).

ORACIÓN

Señor Jesús, gracias por el ejemplo de tantos santos que iluminaron el mundo con su fe y sus buenas obras. Ayúdanos a seguir sus huellas, viviendo con humildad, perdonando de corazón y sirviendo a quienes nos necesitan. Que algún día podamos compartir con ellos la alegría de tu presencia eterna. Amén.

Mensaje para el corazón: No necesitas ser famoso para ser santo. Basta con dejar que Dios transforme tu vida y que tus obras de misericordia hablen de tu amor.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

50 AÑOS DE AMOR: UNA BODA SIN LUJOS, PERO CON LA BENDICIÓN DE DIOS

  2 de noviembre de 1976 – 2 de noviembre de 2026 Nuestra historia de amor comenzó con una boda sencilla, sin vestido blanco, sin anillos,...