TERMINA EL CARNAVAL… COMIENZA LA CUARESMA CON EL MIÉRCOLES DE CENIZA
Cuando
termina el carnaval, el ruido se apaga, la música cesa y los disfraces se
guardan.
Entonces
la Iglesia nos invita a entrar en un tiempo distinto: comienza la Cuaresma con el
Miércoles de Ceniza.
Pasamos
de la fiesta exterior al silencio interior.
Del
bullicio a la reflexión.
De lo
pasajero a lo eterno.
El Miércoles de Ceniza marca el inicio de cuarenta días de conversión y penitencia con el ayuno, la oración y la limosna. Ese día recibimos la ceniza en la frente y escuchamos palabras del sacerdote que nos despiertan el alma:
“Acuérdate
de que eres polvo y al polvo volverás.” (Génesis 3,19)
Esta fórmula subraya la fragilidad humana y la conciencia de que la vida es
pasajera. o “Conviértete y cree en el evangelio.” (Marcos 1,15)
Esta frase pone el acento en la conversión y en el llamado urgente a cambiar de
vida.
El
celebrante puede elegir cualquiera de las dos, y normalmente usa la misma
fórmula para todos los fieles en esa celebración.
Ambas
expresan el espíritu de la Cuaresma: humildad ante nuestra condición y llamado
a la conversión.
La
ceniza no es un símbolo de tristeza sin esperanza, sino de humildad y conciencia.
Nos recuerda que la vida es breve, que no somos eternos en este mundo y que
necesitamos volver a Dios con sinceridad.
Si el
carnaval puede representar la alegría pasajera y las distracciones, la Cuaresma
representa la alegría profunda que nace de un corazón reconciliado. No es un
tiempo gris, es un tiempo de gracia. Es la oportunidad de limpiar el corazón,
ordenar nuestras prioridades y preparar nuestra alma para la Pascua.
Despójate del Bullicio, de la
algarabía mundana que aturde el alma y distrae el corazón. Silencia las voces
que te empujan hacia lo superficial y detente un momento. Mira hacia dentro y Ábrete a Dios.
Escucha la voz suave de Dios que te llama.
No
todo lo que brilla llena. No todo lo que entusiasma edifica. No todo lo que el
mundo celebra conduce a la paz.
Este
es el momento de dar un paso atrás y abrirte a una etapa espiritual más
profunda. Una etapa de sinceridad contigo mismo y con Dios. Una etapa donde el
corazón, humilde y arrepentido, reconozca sus faltas y desee cambiar.
La
verdadera renovación comienza cuando dejamos de justificarnos y empezamos a
convertirnos. Cuando soltamos el orgullo y abrazamos la humildad. Cuando
decidimos que Dios no será un añadido en nuestra vida, sino el centro.
Un
corazón arrepentido no es un corazón derrotado; es un corazón que vuelve a
casa. Es un corazón que reconoce su fragilidad y confía en la misericordia
infinita del Señor.
Como
dice la Palabra:
“Un
corazón contrito y humillado, Oh Dios, no lo desprecias.” (Salmo 51,19)
Que
este sea el tiempo de despojarte de lo superficial y vestirte de gracia.
Dejar
atrás el ruido para escuchar la verdad.
Cerrar
la puerta al pecado y abrirla a la misericordia.
Hoy puedes comenzar de nuevo. Y el tiempo comienza con
Miércoles de Ceniza
Hoy
puedes volver a Dios con un corazón arrepentido.
Que el
Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja
Tu
amiga
Mirtha
Villarroel de Rocha
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