¿SOY REALMENTE EL CRISTIANO QUE DIGO SER?
Una mirada sincera
a nuestra propia fe.
Hoy quiero compartir una
reflexión que nace de una pregunta que también me hago a mí misma: ¿Estoy
viviendo verdaderamente mi fe o solamente estoy cumpliendo con mis prácticas
religiosas?
Durante nuestra vida
aprendemos a rezar, asistir a Misa, conocer las enseñanzas de Jesús y hablar
del amor de Dios. Pero con los años también descubrimos que una cosa es conocer
su Palabra y otra, mucho más difícil, es ponerla en práctica.
Podemos rezar todos los
días y, sin embargo, perder la paciencia con quienes viven a nuestro lado.
Podemos hablar del perdón y guardar algún resentimiento. Podemos pedir
misericordia a Dios y ser demasiado severos al juzgar los errores ajenos.
Y aquí me detengo a pensar:
¿cuántas veces habré caído yo también en estas contradicciones?
Jesús nos invita a
mirarnos por dentro
Jesús nos pregunta por qué vemos la
paja en el ojo de nuestro hermano y no advertimos la viga que tenemos en el
nuestro (Mateo 7, 3-5).
¡Qué difícil resulta
reconocer nuestras propias faltas!
A veces nos parece más
sencillo señalar lo que otros hacen mal que admitir nuestras equivocaciones.
Todos somos pecadores y
todos necesitamos la misericordia de Dios.
Nuestra fe debe dar
frutos
Jesús nos dice:
“Por sus frutos los
reconocerán “(Mateo 7,16).
Nuestra fe debe producir
frutos concretos: caridad, humildad, paciencia, misericordia, justicia,
generosidad y capacidad para perdonar.
No basta con decir: ¡Señor, yo te amo!.
Ese amor debe sentirse en
nuestro hogar, en la manera de tratar a nuestros hijos, a nuestro esposo o
esposa, a nuestros familiares, a nuestros vecinos y también a quienes no
piensan como nosotros.
Porque, pensándolo bien,
¿de qué sirve hablar tanto del amor de Dios si nuestras palabras o actitudes
terminan lastimando a quienes tenemos más cerca?
Hoy quiero hacer mi
propio examen de conciencia
No necesito responder
delante de nadie. Solamente delante de Dios y de mi propia conciencia.
¿He sabido escuchar antes
de juzgar?
¿He tenido paciencia cuando
alguien me necesitaba?
¿He pedido perdón cuando me
equivoqué?
¿He sido generosa con quien
esperaba mi ayuda?
¿Hay alguien a quien
todavía no he podido perdonar?
¿Mi familia encuentra en mí
comprensión, cariño y misericordia?
Son preguntas sencillas,
pero responderlas con sinceridad puede ayudarnos a descubrir cuánto nos falta
por mejorar.
¿Quién es un
cristiano auténtico?
Con el paso de los años voy
comprendiendo algo importante:
Un cristiano auténtico no
es aquel que nunca cae, sino aquel que reconoce sus caídas, busca
reconciliarse, se levanta y vuelve a caminar de la mano de Cristo.
No somos perfectos. Nos
equivocamos, perdemos la paciencia, decimos palabras que después lamentamos y
muchas veces dejamos de hacer el bien que podríamos haber hecho.
Pero Dios conoce nuestras
debilidades y no deja de llamarnos a la conversión.
Lo importante es no
acostumbrarnos a nuestros errores ni justificar siempre nuestras actitudes,
sino tener la humildad de reconocerlas y el deseo sincero de cambiar.
REFLEXIÓN
Hoy no quiero preguntarme
si los demás son buenos cristianos. Quiero comenzar por mí misma.
¿Mi vida refleja lo que
creo? ¿Mis acciones acompañan mis oraciones? ¿Estoy dejando que Jesús
transforme verdaderamente mi corazón?
Quizás todavía tenga mucho
que aprender, mucho que corregir y mucho que perdonar.
Pero mientras Dios me
conceda un nuevo día, también me estará ofreciendo una nueva oportunidad para
ser mejor.
Porque al final de nuestra
vida, lo importante no será solamente cuánto hablamos de Dios, sino cuánto amor
fuimos capaces de entregar.
No quiero aparentar una fe
perfecta. Quiero vivir una fe sincera, humilde y comprometida, aunque todavía
tenga que levantarme muchas veces.
ORACIÓN
Señor, ayúdame a vivir lo
que creo
Señor Jesús, hoy me
presento ante Ti tal como soy, con mi fe, mis debilidades y mis contradicciones.
Perdóname cuando hablo de
amor y no sé amar, cuando pido comprensión y no comprendo, cuando espero tu
misericordia y me cuesta perdonar.
Ayúdame a reconocer mis
errores, corregir mis actitudes y comenzar nuevamente cada vez que caiga.
Que mi familia y quienes me
rodean puedan encontrar en mis acciones un reflejo de tu amor.
Señor, no permitas que mi
fe se quede solamente en palabras. Enséñame a vivirla cada día. Amén.
TOQUE ESPIRITUAL
La fe auténtica no
consiste en aparentar que somos santos, sino en permitir que Dios transforme
nuestro corazón, un día a la vez.
¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE
TE ACOMPAÑE!
Tu amiga
Mirtha Villarroel de Rocha