SER SAL DE LA TIERRA Y LUZ DEL MUNDO EN LA ACTUALIDAD…

Hoy, Jesús sigue diciéndonos a nosotros: "Ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo". No habla a personas perfectas, sino a hombres y mujeres que viven en medio de dificultades, injusticias, cansancio y desafíos diarios. En un mundo marcado por la indiferencia, la violencia y el egoísmo, ser sal y luz es más necesario que nunca. 

Somos sal de la tierra cuando damos sabor a la vida con gestos sencillos de bondad con el necesitado y cumplir con el primer Mandamiento de la Ley de Dios, cuando compartimos, cuando no dejamos que el amor se enfríe, cuando defendemos la dignidad del otro y cuando no permitimos que el egoísmo y la corrupción pervierta nuestro corazón. 

Ser sal hoy significa no perder el sabor del Evangelio (Mateo 5,13-16) en medio de la rutina, del miedo o de la comodidad. 

Pero Jesús nos advierte que la sal puede perder su sabor. Esto ocurre cuando la fe se vive solo de apariencia, cuando nos acostumbramos al Evangelio sin dejar que nos cuestione, o cuando callamos por comodidad ante la injusticia. Por eso, nuestra fe necesita ser cuidada, alimentada y vivida con coherencia cada día. Se cuida con la oración sincera, con la escucha de la Palabra y con los sacramentos; se alimenta con la conversión constante y se fortalece con obras de amor concreto.

Una fe que no se traduce en vida termina volviéndose tibia, cómoda e inútil, incapaz de dar sabor al mundo. El cristiano pierde su fuerza cuando deja de amar, cuando se encierra en sí mismo o cuando se conforma con no hacer el mal, pero tampoco hacer el bien. Jesús nos llama a una fe viva, valiente y comprometida, que conserve el sabor del Evangelio y transforme la realidad desde dentro.

Somos luz cuando no nos acomodamos a la oscuridad, cuando elegimos la verdad, la justicia y la misericordia aun cuando no sea lo más fácil o incomode.

Ser luz hoy, implica dejarnos iluminar primero por Cristo, para luego reflejar su luz en nuestra familia, en el trabajo, en la comunidad y en la sociedad. No se trata de brillar para ser vistos, sino de iluminar para que otros encuentren camino, esperanza y sentido. Si vivimos así, incluso en medio de las sombras de nuestro tiempo, nuestra luz brillará y muchos podrán descubrir, a través de nosotros, la presencia viva de Dios.

 Pero nadie puede dar luz si antes no la ha recibido. Primero debemos dejarnos iluminar por Cristo, escuchar su Palabra y permitir que su amor transforme nuestra vida. Solo así podremos reflejar su luz en nuestra familia, en el trabajo, en la comunidad y en la sociedad.

No se trata de brillar para ser reconocidos, sino de iluminar para que otros encuentren esperanza, camino y sentido. Cuando vivimos como verdaderos discípulos, incluso en medio de las sombras de nuestro tiempo, nuestra luz brilla y lleva a otros a glorificar a Dios.

 EN ESTE TIEMPO QUE NOS TOCA VIVIR, SER SAL Y SER LUZ DEL MUNDO ¡NO ES UN ADORNO ESPIRITUAL!,  ¡SINO UNA MISIÓN URGENTE!

 “Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la salará?

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en lo alto de un monte.

Brille así su luz delante de los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.” Mateo 5, 13-16

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

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