“EN EL DESIERTO DE NUESTRA VIDA, DIOS NOS FORTALECE”

¿Qué nos enseña este domingo el Evangelio según San Mateo 4,1-11

Jesús fue tentado, pero no pecó.

Nos muestra que la tentación no es pecado; el pecado es ceder.

Este domingo nos invita a: Fortalecer la oración. Practicar el ayuno. Vivir la caridad. Permanecer firmes ante el mal.

Jesús, antes de comenzar su misión pública, entra en el desierto. Allí enfrenta tres tentaciones que representan nuestras propias luchas:

EL PAN la tentación del materialismo.

“No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mt 4,4)

EL PODER Y LA GLORIA la tentación de la ambición y el dominio.

“Adorarás al Señor tu Dios, a Él solo servirás.” (Mt 4,10)

PONER A PRUEBA A DIOS la tentación de la soberbia espiritual.

“No tentarás al Señor tu Dios.” (Mt 4,7)

Todos vivimos desiertos.

Desiertos de enfermedad, de problemas económicos, de traiciones, de infidelidades, de incertidumbre, de cansancio interior.

Hay momentos en que sentimos soledad, dudas o tentaciones de rendirnos, de responder con enojo, de actuar sin pensar, de alejarnos de Dios.

Pero el Evangelio del Domingo de Tentación nos recuerda algo profundo:

Jesús también pasó por el desierto.

Y allí no perdió la fe, no perdió la confianza, no perdió la identidad de Hijo de Dios.

En nuestra vida real, las tentaciones no siempre son espectaculares; muchas veces son silenciosas, elegir el camino fácil en vez del correcto, callar cuando debemos defender la verdad, responder con orgullo en vez de humildad, vivir distraídos sin espacio para Dios.

 EL DESIERTO HOY

El desierto no es sólo un lugar físico. Es el silencio interior. Es la prueba.

Es la lucha contra nuestras debilidades.

La Cuaresma nos invita a detenernos y preguntarnos:

 ¿Qué estoy haciendo cuando llega mi desierto?

 ¿Me acerco más a Dios o me alejo?

Recordemos: que el desierto no es castigo, es preparación.

La prueba no es abandono, es fortalecimiento.

Si permanecemos firmes, el desierto se convierte en escuela, y la tentación en oportunidad de crecimiento.

La Cuaresma comienza recordándonos que la tentación existe, pero también que con la Palabra de Dios se vence.

Que esta Cuaresma nos encuentre más conscientes, más fuertes y más unidos a Dios en medio de nuestra realidad diaria.

Porque al final, no vence quien nunca es tentado…

vence quien, confiando en Dios, decide permanecer fiel.

“Dichoso el hombre que soporta la tentación, porque una vez probado recibirá la corona de la vida.” Carta de Santiago 1,12

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

Comentarios

Entradas populares de este blog