QUÉ SIGNIFICA SER CATÓLICA, CATÓLICO, LA FE Y LA CREENCIA NO DEBEMOS GUARDARLAS EN EL BOLSILLO.
SOY CATÓLICA y mi fe no es un
secreto que se esconde, sino una luz que guía mi vida; creo con el corazón y trato
de proclamar con mis palabras y mis obras, como dice la Carta a los Romanos 10,10 que “Al
que cree de corazón, Dios lo recibe; y el que proclama con los labios, se salva.”;
esa es mi esperanza y no porque me crea mejor que nadie, sino porque he
encontrado en Dios el sentido y la fuerza para caminar cada día.
Mi fe
es un regalo que recibí y que intento cuidar con humildad. Por eso no guardo mi
creencia en el bolsillo, procuro vivirla sencillamente, dejando que se refleje la
fe que profeso cada día, con amor, compromiso y esperanza.
Y más
que buscar reconocimiento en otros campos o espacios de la sociedad, anhelo que
mi nombre esté primero escrito en el Libro de la Vida, porque Dios está antes
que todo y sobre todas las cosas; Él es el Centro, el Principio y el Fin de mi
caminar.
Por
eso tiene sentido vivir mi fe con firmeza y convicción, no sólo como herencia,
sino como certeza que guía mi vida. En medio de duras pruebas de salud, dos
veces cáncer de mama y una operación a corazón abierto, experimenté cómo Dios
me sostuvo, fortaleciendo mi esperanza y confianza. Esa fortaleza se convirtió
en mi mayor testimonio de fe.
La fe
me da claridad moral para vivir según el Evangelio, verdad, honestidad, respeto
y amor al prójimo ofreciendo orientación segura en un mundo confuso. También me
regala paz interior, en la oración encuentro serenidad aun en medio de la
incertidumbre.
Reconozco
que la fe da sentido y propósito; nos recuerda que nuestra vida tiene misión y
dignidad ante Dios. La mejor herencia es espiritual: se transmite con amor,
coherencia, oración y participación en la Iglesia.
Por
eso certifico que ser católica no es callar, sino vivir con coherencia, amar, perdonar, servir y proclamar la fe con
obras y palabras.
Es
poner a Dios primero, elegir el bien, aunque
cueste, defender la verdad con respeto y perseverar cada día, confiando en que
su gracia nos sostiene y nunca nos abandona.
Además,
la fe regala paz interior. Cuando se vive en oración, confiando en la voluntad
de Dios, el corazón permanece sereno incluso en medio del ruido del mundo. Esa
paz atrae, despierta preguntas y abre caminos para hablar de Dios de manera
natural.
La fe
exige perseverancia, mantenerse firmes en la oración, en los mandamientos y en
el amor, incluso cuando hay pruebas y hasta cansancio. Porque
la vida cristiana es camino, es lucha interior, es crecimiento. Y en ese
proceso, Dios no abandona: acompaña, fortalece y sostiene a quien decide
seguirlo cada día.
“Y si Dios empezó tan buen trabajo en ustedes,
estoy seguro de que lo continuará hasta concluirlo, en el día de Cristo Jesús” Carta
a los Filipenses 1,6
¡Que
el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!
Tu amiga
Mirtha Villarroel de Rocha
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