domingo, 28 de junio de 2026
DIOS NECESITA MANOS
DISPUESTAS, NO PERSONAS PERFECTAS
Hay una pregunta que muchas veces me hago:
¿Qué estamos haciendo con el
tiempo y los dones que Dios nos ha regalado?
Vivimos preocupados por tantas cosas que, sin darnos
cuenta, pasan los días, los meses y los años. Muchas personas dicen: "Que otros lo hagan", "Para
eso están las monjitas y los padrecitos", "Cuando mis hijos crezcan
tendré tiempo para ayudar", "Cuando me jubile tendré más tiempo para
servir", e incluso escuché decir a una prima: "Si algún día enviudo,
recién me dedicaré a la Iglesia." Y si llegás a los 90 y aún no sucede, sólo
has perdido el tiempo…, creo yo.
Y así, la vida transcurre sin dejar huellas de amor.
A lo largo de mi vida personal y profesional, el
Señor me permitió comprobar una verdad que nunca olvidaré: cuando damos un paso
para servir al prójimo, Dios abre caminos que jamás habíamos imaginado.
No basta con mirar la realidad de quienes hoy
necesitan ayuda y lamentarse por lo que viven. Es necesario actuar.
Con la colaboración de muchas personas de buena
voluntad fue posible impulsar diversos proyectos de servicio: desde un proyecto
carcelario basado en la terapia ocupacional, iniciativas educativas, apoyo a
niñas y niños en situación de extrema pobreza, hasta la labor desarrollada
durante veinticinco años por los Centinelas del Divino Niño, que, por la gracia
de Dios, este año 2026 se consolidó como la Fundación CENDINI.
Cada una de estas experiencias me confirmó que el trabajo
digno, unido a la fe, puede devolver esperanza, fortalecer la autoestima y
abrir un nuevo horizonte para quienes desean reconstruir su vida.
Por eso creemos firmemente que:
"No queremos dar un pan para un día; queremos ayudar a sembrar la
semilla que produzca el pan de toda una vida."
El grupo de los Centinelas del Divino Niño, hoy
Fundación, no nació para ser asistencialista, sino para unir la fe, la
formación, el trabajo y la solidaridad, ayudando a cada persona a descubrir y
desarrollar los dones que Dios le ha concedido. Este modelo promueve la
dignidad humana, la responsabilidad y el desarrollo integral, en plena armonía
con la Doctrina Social de la Iglesia.
Durante más de treinta años de servicio como abogada
conciliadora, tuve la oportunidad de acompañar a muchas personas y familias en
la búsqueda de soluciones pacíficas a sus conflictos. Esa experiencia me enseñó
que las obras más valiosas nunca son fruto del esfuerzo de una sola persona,
sino de hombres y mujeres que ponen generosamente sus talentos, conocimientos y
tiempo al servicio del prójimo.
Por eso comprendí que Dios no necesita personas
extraordinarias; necesita corazones disponibles.
Hoy me pregunto cuántos talentos permanecen
escondidos por miedo, comodidad o porque pensamos que "alguien más lo
hará". Muchos dicen no tener tiempo para Dios, pero sí para otras
ocupaciones; otros afirman amarlo, pero rara vez ponen su fe al servicio del
prójimo mediante la oración, las obras de misericordia o el acompañamiento a
quienes más lo necesitan.
La fe no puede quedarse
únicamente en palabras.
Cada uno de nosotros tiene algo valioso que ofrecer:
tiempo, conocimientos, una profesión, una sonrisa, una visita, una oración, una
escucha atenta o unas manos dispuestas para trabajar.
No todos estamos llamados a realizar las mismas
obras, pero todos estamos llamados a hacer el bien.
Preguntémonos hoy:
¿Qué estoy haciendo con los dones que Dios me regaló?
Porque llegará un día en que el Señor no nos
preguntará cuántos proyectos soñamos, cuántos fueron realizados, sino cuánto
amor sembramos con lo que puso en nuestras manos.
Que el Espíritu Santo nos conceda un corazón
generoso para descubrir que cada día es una oportunidad para servir y que
ninguna obra hecha por amor es pequeña a los ojos de Dios.
Cita bíblica
"Así también la fe: si no
produce obras, está realmente muerta." Santiago 2, 17.
“QUE EL SEÑOR NOS
BENDIGA Y LA VIRGEN NOS PROTEJA”
Tu amiga
Mirtha Villarroel de Rocha
DIOS NECESITA MANOS DISPUESTAS, NO PERSONAS PERFECTAS
Hay una pregunta que muchas veces me hago:
¿Qué estamos haciendo con el
tiempo y los dones que Dios nos ha regalado?
Vivimos preocupados por tantas cosas que, sin darnos
cuenta, pasan los días, los meses y los años. Muchas personas dicen: "Que otros lo hagan", "Para
eso están las monjitas y los padrecitos", "Cuando tenga tiempo
ayudaré", "Cuando me jubile tendré más tiempo para servir", e
incluso escuché decir a una prima: "Si algún día enviudo, recién me
dedicaré a la Iglesia." Y si llegás a los 90 y aún no sucede, has perdido
el tiempo…, creo yo.
Y así, la vida transcurre sin dejar huellas de amor.
A lo largo de mi vida personal y profesional, el
Señor me permitió comprobar una verdad que nunca olvidaré: cuando damos un paso
para servir al prójimo, Dios abre caminos que jamás habíamos imaginado.
No basta con mirar la realidad de quienes hoy
necesitan ayuda y lamentarse por lo que viven. Es necesario actuar.
Con la colaboración de muchas personas de buena
voluntad fue posible impulsar diversos proyectos de servicio: desde un proyecto
carcelario basado en la terapia ocupacional, iniciativas educativas, apoyo a
niñas y niños en situación de extrema pobreza, hasta la labor desarrollada
durante veinticinco años por los Centinelas del Divino Niño, que, por la gracia
de Dios, este año 2026 se consolidó como la Fundación CENDINI.
Cada una de estas experiencias me confirmó que el
trabajo digno, unido a la fe, puede devolver esperanza, fortalecer la
autoestima y abrir un nuevo horizonte para quienes desean reconstruir su vida.
Por eso creemos firmemente que:
"No queremos dar un pan para un día; queremos ayudar a sembrar la
semilla que produzca el pan de toda una vida."
El grupo de los Centinelas del Divino Niño como
actual la Fundación, no nació para ser asistencialista. Nació para unir la fe,
la formación, el trabajo y la solidaridad, de manera que cada persona descubra
los dones que Dios le ha concedido, los desarrolle y llegue a ser protagonista
de su propia transformación. Este enfoque, además de ser profundamente humano,
está en plena sintonía con la doctrina social de la Iglesia, que promueve la
dignidad del trabajo, la participación responsable y el desarrollo integral de
la persona.
En otra etapa de mi vida, Dios me concedió la
oportunidad de servir durante más de treinta años como abogada conciliadora.
Tuve la gracia de acompañar a muchas personas y familias para evitar que sus
conflictos terminaran destruyendo sus hogares o prolongándose en los
tribunales. En numerosas ocasiones bastó una conversación sincera para devolver
la paz a una familia. Incluso, aunque parezca increíble, varios matrimonios
lograron superar sus crisis gracias a una carta escrita con respeto, prudencia y
espíritu de reconciliación.
Estas experiencias me enseñaron que las obras
verdaderamente importantes nunca son el resultado del esfuerzo de una sola
persona. Siempre hubo hombres y mujeres que decidieron ofrecer un poco de su
tiempo, de sus conocimientos, de su profesión y de sus talentos al servicio de
los demás.
Por eso comprendí que Dios no necesita personas
extraordinarias; necesita corazones disponibles.
Hoy me pregunto cuántos talentos permanecen
escondidos por comodidad, por miedo o por pensar que "alguien más lo
hará". Hay quienes pasan horas frente a una pantalla, pero dicen que no
tienen tiempo para rezar. Otros afirman que aman a Dios, pero nunca participan
en una obra de misericordia, no visitan a un enfermo, no acompañan a una persona
sola, ni siquiera se integran a un grupo de oración.
La fe no puede quedarse únicamente en palabras.
Cada uno de nosotros tiene algo valioso que ofrecer:
tiempo, conocimientos, una profesión, una sonrisa, una visita, una oración, una
escucha atenta o unas manos dispuestas para trabajar.
No todos estamos llamados a realizar las mismas
obras, pero todos estamos llamados a hacer el bien.
Preguntémonos hoy:
¿Qué estoy haciendo con los dones que Dios me regaló?
Porque llegará un día en que el Señor no nos
preguntará cuántos proyectos soñamos, cuántos fueron realizados, sino cuánto
amor sembramos con lo que puso en nuestras manos.
Que el Espíritu Santo nos conceda un corazón
generoso para descubrir que cada día es una oportunidad para servir y que
ninguna obra hecha por amor es pequeña a los ojos de Dios.
Cita bíblica
"Así también la fe: si no
produce obras, está realmente muerta." Santiago 2, 17.
“QUE EL SEÑOR NOS BENDIGA
Y LA VIRGEN NOS PROTEJA”
Tu amiga
Mirtha Villarroel de Rocha
sábado, 27 de junio de 2026
CUANDO FALTA EL TEMOR DE DIOS
Quedé profundamente conmovida cuando un matrimonio
llegó a mi casa buscando orientación jurídica. Más que un problema legal, vi el
dolor reflejado en sus rostros. En medio de una grave necesidad económica
firmaron documentos sin leer ni conocer su contenido y, según me relataron,
terminaron perdiendo dos bienes inmuebles mediante procesos judiciales. Lo más
triste fue saber que la esposa enfrentaba, además, un tratamiento de
quimioterapia y radioterapia por cáncer de mama.
Por mi edad y mi estado de salud ya no puedo asumir
la defensa de casos como antes, pero sí puedo ofrecer una palabra de esperanza.
Les hablé de la misericordia de Dios y les recordé que, aunque la justicia
humana pueda tardar, Dios conoce toda la verdad y nunca abandona a quienes
confían en Él.
Este encuentro me llevó a reflexionar sobre una
realidad que se repite con demasiada frecuencia. Hay personas que,
aprovechándose de la enfermedad, la pobreza o la desesperación ajena, hacen
firmar documentos o recibos redactados únicamente por ellas mismas y luego los
utilizan para apropiarse de bienes que jamás debieron perderse. Quien obra de
esa manera puede creer que ha ganado una fortuna, pero delante de Dios pierde
algo mucho más valioso: la paz de su conciencia.
No se puede construir la prosperidad sobre las
lágrimas de una familia, ni enriquecerse aprovechándose de quien está enfermo,
anciano, endeudado o desesperado. El dinero obtenido mediante el abuso nunca
trae verdadera bendición.
El cristiano está llamado a actuar con justicia, transparencia
y misericordia. Ninguna necesidad del prójimo puede convertirse en una
oportunidad para el abuso. La verdadera riqueza no está en acumular bienes,
sino en conservar un corazón limpio delante de Dios.
Cita bíblica
"No explotarás al pobre porque
es pobre, ni atropellarás al necesitado... porque el Señor defenderá su causa y
despojará de la vida a quienes los despojen." Proverbios 22, 22-23
Reflexión
El temor de Dios es vivir con una conciencia recta,
sabiendo que cada persona merece respeto y dignidad. Cuando ese temor
desaparece, el corazón puede endurecerse hasta justificar la injusticia. Que
nunca olvidemos que la justicia de Dios siempre prevalece y que la misericordia
comienza cuando somos capaces de tratar al prójimo como quisiéramos ser
tratados.
Frase del día
"La verdadera
riqueza no consiste en lo que se acumula, sino en el bien que se hace y en la
paz de una conciencia limpia delante de Dios."
¡QUE EL SEÑOR NOS BENDIGA Y LA VIRGEN NOS PROTEJA!
Tu amiga
Mirtha
Villarroel de Rocha
jueves, 25 de junio de 2026
NO PERMITAS QUE TUS OCUPACIONES APAGUEN TU ORACIÓN
Muchas veces creemos que por estar ocupados trabajando, ayudando a los demás o cumpliendo nuestras responsabilidades, estamos haciendo suficiente. Sin embargo, incluso las obras más buenas pueden dejarnos vacíos si descuidamos nuestra relación con Dios. Lo comparto por experiencia propia.
Que el trabajo no te haga abandonar la oración
Hace apenas unos días viví una experiencia que me hizo reflexionar profundamente. Por distintas ocupaciones y porque me quedé dormida un poco más de lo habitual, dejé de hacer varias de mis oraciones, porque ya tengo una rutina diaria. No fue una ausencia prolongada, apenas un par de días con menos tiempo dedicado al Señor. Sin embargo, para mí fue suficiente para sentir algo que no me gustó: una sensación de vacío, de desconexión interior.
Quienes tenemos una querencia de oración sabemos que no se trata de cumplir una obligación, sino de mantener viva una relación. Así como una amistad se debilita cuando dejamos de conversar, nuestra relación con Dios también necesita ese encuentro diario, ese momento de intimidad donde presentamos nuestras alegrías, preocupaciones, proyectos y dificultades.
El trabajo es importante. Las responsabilidades son necesarias. Las obras de caridad son valiosas. Pero ninguna de ellas puede sustituir la oración. Incluso Jesús, siendo el Hijo de Dios, buscaba momentos de silencio para retirarse a orar. Después de predicar, sanar y servir a las multitudes, se apartaba para estar a solas con su Padre.
A veces el enemigo no necesita alejarnos de Dios mediante grandes pecados. Le basta con mantenernos tan ocupados que terminemos diciendo: "Hoy no tengo tiempo para rezar". Y un día sin oración se convierte en dos, luego en una semana, y poco a poco el alma comienza a enfriarse.
La oración no nos quita tiempo; nos da fuerza para aprovechar mejor el tiempo. Nos ayuda a tomar decisiones acertadas, a conservar la paz en medio de las dificultades y a recordar que no caminamos solos.
Por eso, aunque el trabajo sea mucho, aunque existan preocupaciones o compromisos urgentes, nunca abandonemos la oración. Quizás algunos días podamos rezar menos que otros como me pasó, pero no dejemos de buscar al Señor. Una breve conversación con Dios hecha con amor vale más que muchas actividades realizadas olvidándonos de Él.
Hoy quiero invitarte a revisar tu propia vida. ¿Qué lugar ocupa la oración en tu día? ¿Es lo primero que sacrificas cuando estás ocupado? Recordemos que las obras y el trabajo son importantes, pero la fuente que alimenta todo lo demás es nuestra unión con Dios.
Primero la oración que fortalece el alma, y luego la acción que transforma el mundo.
"Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura." (Mateo 6, 33)
Porque no se trata solamente de rezar mucho, sino de vivir siempre unidos al Señor.
"Estén siempre alegres, oren sin cesar." (1 Tesalonicenses 5, 17)
¡QUE EL SEÑOR NOS BENDIGA Y LA VIRGEN NOS PROTEJA!
Tu amiga
Mirtha Villarroel de Rocha
miércoles, 24 de junio de 2026
SAN JUAN BAUTISTA: EL PROFETA QUE PREPARÓ EL CAMINO DEL SEÑOR
Hoy la Iglesia celebra la solemnidad de San Juan
Bautista, uno de los santos más importantes del cristianismo. Su nacimiento fue
anunciado por el ángel Gabriel a sus padres, Zacarías e Isabel, cuando ya eran
ancianos y no podían tener hijos. Por eso su llegada fue considerada un
verdadero milagro de Dios.
San Juan fue elegido para una misión única: preparar
el camino para la llegada de Jesús. Vivió con sencillez, predicó la conversión,
llamó a las personas al arrepentimiento y bautizaba en las aguas del río
Jordán. Fue él quien reconoció a Jesús como el Mesías y tuvo el privilegio de
bautizarlo.
Su mensaje sigue vigente hasta hoy:
"Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos" (Lucas
3,4).
Juan nunca buscó protagonismo. Al contrario, dijo
una de las frases más hermosas de humildad:
"Es necesario que Él
crezca y que yo disminuya" (Juan 3,30).
Los San Juanes de mi
infancia
La fiesta de San Juan también despierta en mí
recuerdos entrañables de mi niñez.
Éramos nueve hermanos, aunque en aquellos años
apenas éramos cinco o seis. Para la víspera de San Juan, nuestra mamita nos
mandaba a hacer pequeños corralitos en el gran canchón de la casa, rodeado de
árboles frutales y con la tierra como piso.
Al amanecer corríamos emocionados a ver nuestros
corralitos. Allí aparecían unas pequeñas huellas o dibujos que parecían
piecitos. Entonces mamita nos decía con toda naturalidad:
"Eso significa que va a
llegar otro hermanito."
A nuestra corta edad, ninguno comprendía realmente
cómo ocurrían esas cosas, pero lo creíamos con toda la inocencia del mundo. Y
lo más curioso es que, al poco tiempo, efectivamente llegaba un nuevo
integrante a la familia.
Otra costumbre inolvidable era levantarnos a las
tres de la madrugada para ir al río que sólo era cruzar el canchón, tan cerca
lo teníamos. Imagínense: justamente cuando se dice que es la noche más fría del
año. Sin embargo, para nosotros era una aventura maravillosa. El frío no
importaba; lo vivíamos como un juego y mamita nos bañaba. Ayyy, qué recuerdos de verdad. Escribo y hasta siento nostalgia de
mi niñez, pensando en mi mamita, era tal dulce la Irmita…
También teníamos una tradición muy especial: ir a
recoger leña para la fogata. No era precisamente al monte, sino a un lugar
lleno de grandes piedras que conocíamos como “lajas”. Para nosotros era toda
una aventura. Decíamos con entusiasmo: “Vamos a las lajitas”, y emprendíamos
nuestro pequeño viaje para recoger chafras, ramas secas y trozos de leña que
luego servirían para encender la fogata de San Juan. Aquella sencilla tarea se
convertía en un momento de alegría, compañerismo y emoción, porque sabíamos que
formaba parte de una noche muy esperada por toda la familia. Después venía el
momento esperado: encender el fuego, saltar las llamas entre risas y compartir
algunos sencillos sándwiches preparados según las posibilidades económicas de
la familia. No había grandes banquetes ni excesos, pero sí algo mucho más
valioso: unión, alegría y amor familiar.
Hoy muchas de esas tradiciones han cambiado. Ya no
es recomendable encender fogatas como antes, porque pueden provocar incendios,
contaminar el aire y causar un grave daño al medio ambiente. Hemos aprendido
que cuidar la creación también es una forma de agradecer a Dios por los dones
que nos ha regalado. Sin embargo, aunque las costumbres evolucionen, permanecen
vivos los recuerdos de aquellos momentos compartidos en familia.
Lo importante no era el fuego en sí, sino la alegría
de estar juntos, las enseñanzas recibidas y los valores que quedaron grabados
en nuestro corazón. Hoy estamos llamados a conservar el espíritu de esas
tradiciones, pero con mayor conciencia y responsabilidad hacia la naturaleza y
las futuras generaciones.
Son tesoros que llevamos en el corazón y que nos
recuerdan una época donde la felicidad estaba en las cosas simples: la familia reunida, una
fogata, una oración y la ilusión de los niños.
Reflexión
Así como San Juan Bautista preparó el camino para
Jesús, nuestros padres y abuelos prepararon el camino de nuestra fe a través de
pequeñas enseñanzas, costumbres y tradiciones que marcaron nuestra vida.
Quizás hoy ya no hagamos corralitos ni nos bañemos
en el río antes del amanecer, ni recoger leña, pero podemos conservar lo más
importante: la
fe sencilla, la alegría familiar y la capacidad de reconocer la presencia de
Dios en los recuerdos más humildes de nuestra infancia.
"Las tradiciones pasan
de generación en generación, pero la fe que las inspira permanece para
siempre."
¡QUE EL SEÑOR NOS BENDIGA Y LA VIRGEN NOS PROTEJA!
Tu amiga
Mirtha
Villarroel de Rocha
martes, 23 de junio de 2026
¿POR QUÉ TEMEMOS AL MAÑANA? SEGUNDA PARTE
Una de las preguntas más frecuentes del ser humano
es: ¿Qué pasará mañana?
Nos preocupa la salud, la economía, el trabajo, la
familia, la situación del país y tantas otras cosas que no podemos controlar.
El futuro es una página que aún no hemos leído, y precisamente por eso muchas
veces nos produce temor.
El miedo nace cuando queremos tener certeza de todo
y descubrimos que no la tenemos. Quisiéramos saber si nuestros proyectos se
cumplirán, si la enfermedad pasará, si encontraremos una solución a nuestros
problemas o si nuestros seres queridos estarán bien. Sin embargo, Dios no nos
creó para vivir preocupados por el mañana, sino para confiar en Él cada día.
Por
eso Jesús repite en el Evangelio de este domingo: "No tengan miedo"
(Mt 10, 31). No es una invitación a ignorar los problemas, sino a recordar que
Dios está por encima de ellos.
Cuando el miedo al futuro se instala en el corazón muchas
veces la incertidumbre sobre el futuro lleva a algunas personas a buscar
respuestas donde no deben. Acuden a adivinos, lectores de cartas, horóscopos,
rituales, amuletos o prácticas que prometen revelar lo que vendrá. Detrás de
estas búsquedas suele esconderse una necesidad humana muy comprensible: el
deseo de tener seguridad y controlar aquello que desconocemos.
Sin embargo, para el cristiano la verdadera
seguridad no está en conocer el futuro, sino en confiar en Dios. Ningún adivino
puede cambiar lo que sucederá mañana, ni ninguna carta puede ofrecer la paz que
sólo Dios puede dar. Más aún, estas prácticas pueden alejarnos de la confianza filial
que debemos tener en el Señor
La fe no consiste en adivinar el futuro, sino en
caminar de la mano de Dios, aun cuando no podamos ver el camino completo. Por
eso Jesús nos repite en el Evangelio: "No tengan miedo". Es como si
nos dijera: "No busquen respuestas en los adivinos; búsquenme a Mí. No
pongan su confianza en las cartas; pongan su confianza en mi amor."
Dios no quiere que vivamos pendientes de lo que
ocurrirá mañana; quiere que vivamos unidos a Él hoy.
El cristiano no necesita adivinar lo que vendrá
mañana, porque sabe quién sostiene su mañana.
La fe no elimina todas las preguntas, pero nos ayuda
a caminar, aunque no tengamos todas las respuestas. Dios nunca nos ha prometido
una vida sin dificultades, pero sí nos ha prometido su compañía.
Quizás hoy no sepas qué ocurrirá mañana, pero sí
puedes estar seguro de algo: Dios ya está preparando el camino.
Por eso, cuando la incertidumbre toque tu puerta,
responde con oración. Cuando el miedo quiera dominar tu corazón, responde con
confianza. Y cuando no entiendas lo que sucede, recuerda que el Señor ve el
cuadro completo mientras nosotros apenas vemos una pequeña parte.
No temas al mañana. Ponlo en las manos de Dios y
vive plenamente el día que Él te regala hoy.
Porque el futuro no pertenece al miedo.
El futuro pertenece a Dios. Frase del día
"No sabemos lo que traerá
el mañana, pero sí sabemos quién sostiene nuestro mañana."
¡QUE EL SEÑOR NOS BENDIGA Y LA VIRGEN NOS PROTEJA!
Tu amiga
Mirtha
Villarroel de Rocha
lunes, 22 de junio de 2026
NO TENGAS MIEDO. PRIMERA PARTE.
Muchas personas viven hoy con una gran incógnita en
el corazón: ¿qué será de mi futuro?
Nos preocupa la salud, la economía, el trabajo, la profesión
de nuestros hijos, la incertidumbre del país, los problemas matrimoniales o
aquello que todavía no ha sucedido, pero que imaginamos una y otra vez. Y casi
sin darnos cuenta, terminamos sufriendo por adelantado.
Como seres humanos es normal sentir temor. El miedo
forma parte de nuestra naturaleza. Lo que no debemos permitir es que el miedo
se convierta en el dueño de nuestra vida y nos robe la paz.
Sin embargo, el Evangelio de este domingo 21 nos
trae una invitación clara de Jesús: "No tengan miedo" (Mt 10, 26-33).
Es importante comprender que Jesús no nos promete
una vida sin dificultades. Tampoco les prometió eso a sus apóstoles. Al
contrario, les advirtió que encontrarían obstáculos, incomprensiones y momentos
difíciles. Pero junto a esa advertencia les hizo una promesa aún más grande:
Dios nunca los abandonará.
Muchas veces queremos conocer el mañana, pero Dios
nos pide algo diferente: confiar en Él.
Nadie conoce el futuro, excepto Dios.
Por eso Jesús nos recuerda que, si el Padre cuida de
los pájaros del cielo y conoce hasta el número de nuestros cabellos, cuánto más
cuidará de cada uno de sus hijos.
Quizás hoy no tengas respuesta para todas tus
preguntas. Tal vez estés atravesando una enfermedad, una dificultad económica,
un problema familiar o una situación que parece no tener salida. Pero recuerda:
el mismo Dios que te ayudó ayer seguirá acompañándote mañana.
La fe no consiste en saber lo que ocurrirá mañana,
sino en confiar en Aquel que ya está esperando en el futuro.
Cuando el miedo toque tu puerta, responde con
oración. Cuando la incertidumbre quiera inquietarte, responde con confianza. Y
cuando no entiendas los planes de Dios, recuerda que Él ve el camino completo,
mientras nosotros apenas vemos el siguiente paso.
Para reflexionar
¿Qué preocupación sobre el futuro necesito hoy poner en las manos de
Dios?
Oración
Señor Jesús, muchas veces me preocupa el mañana y me
inquieta aquello que no puedo controlar. Ayúdame a confiar más en Ti. Dame
serenidad para vivir el presente, fortaleza para enfrentar las pruebas y fe
para creer que Tú estás guiando mi vida. Que nunca permita que el miedo sea más
grande que mi confianza en tu amor. Amén.
Frase del día
"El futuro es incierto para nosotros, pero está completamente en
las manos de Dios."
¿Dónde pongo mi confianza cuando tengo miedo del
futuro: en Dios o en aquello que me promete falsas seguridades?
¡QUE EL SEÑOR NOS BENDIGA Y LA VIRGEN NOS PROTEJA!
Tu amiga
Mirtha
Villarroel de Rocha
domingo, 21 de junio de 2026
NO MIRAMOS EL DELITO, MIRAMOS LA DIGNIDAD HUMANA. SEGUNDA PARTE.
Por el año 1997 tuve el privilegio de hacer un
proyecto carcelario y poder conformar un equipo interdisciplinario al que
llamamos “Confraternidad Carcelaria con Terapia Ocupacional”, orientado a la
atención integral de personas privadas de libertad.
Todos participamos en una experiencia que marcó
profundamente cada vida, la mía y mi vocación de servicio: Al ingresar al
recinto penitenciario encontramos una realidad dolorosa. Existían 43 privados
de libertad; apenas tres contaban con sentencia ejecutoriada y cuarenta
permanecían encarcelados bajo detención preventiva, algunos desde hacía más de cuatro
o cinco años, sin que su situación jurídica hubiera sido resuelta. Muchos
habían perdido la esperanza. Sus expedientes dormían en oficinas y archivos,
mientras ellos veían pasar los días, los meses y los años detrás de los muros.
Ningún abogado parecía dispuesto a asumir la defensa
de aquellos casos. Sin embargo, Dios fue allanando el camino. Por aquella época
comenzaba a utilizarse con mayor frecuencia la Acción de Libertad (antes
conocida como Hábeas Corpus), y como abogada decidimos revisar cuidadosamente
cada expediente. Poco a poco, la verdad comenzó a abrirse paso. Recuerdo haber
impulsado al menos tres acciones que lograron resultados favorables.
Posteriormente, el propio sistema judicial fue reconociendo la situación
irregular de muchos internos y facilitó su liberación debido al excesivo tiempo
de permanencia en prisión sin sentencia ejecutoriada.
Pero nuestro trabajo no se limitó solamente al
aspecto jurídico.
Comprendimos que una persona no necesita únicamente
recuperar su libertad física; también necesita recuperar su dignidad, su
autoestima y la esperanza de volver a empezar. Por ello la conformación de un
equipo interdisciplinario integrado por profesionales comprometidos con el
servicio al prójimo. Trabajamos en áreas de salud, alimentación, salubridad,
educación, terapia ocupacional y orientación social.
A través de talleres y actividades productivas,
muchos descubrieron habilidades que desconocían poseer. La terapia ocupacional
se convirtió en una herramienta invaluable para fortalecer la disciplina, el
sentido de utilidad y la confianza en sí mismos. Cada trabajo realizado
representaba mucho más que una actividad manual: era una oportunidad para
reconstruir vidas.
Tampoco dejamos de lado la dimensión espiritual.
Compartimos momentos de oración, reflexión y formación en valores cristianos.
Muchos se prepararon para recibir los sacramentos y reencontrarse con Dios
después de años de sufrimiento, abandono o resentimiento. Aprendimos que la fe
puede iluminar incluso los lugares más oscuros y que ninguna persona está fuera
del alcance de la misericordia divina.
Con el tiempo, cuarenta de aquellos privados de
libertad recuperaron su libertad. Sin embargo, el desafío apenas comenzaba.
Había que ayudarlos a re insertarse en la sociedad, reencontrarse con sus
familias y enfrentar el peso de los prejuicios. El estigma social suele
convertirse en una segunda condena para quien intenta reconstruir su vida.
Por eso procuramos acompañarlos también en esa
etapa. Nunca nos correspondió juzgar sus historias ni sus errores. Para eso
están los tribunales. Nosotros decidimos mirar algo más profundo: la dignidad
humana que permanece intacta en toda persona, incluso después de haber caído.
Aquella experiencia me enseñó que detrás de cada
reja hay un ser humano que sigue siendo hijo de Dios. Aprendí que la justicia
debe ir de la mano de la misericordia, que la libertad verdadera comienza en el
corazón y que una oportunidad puede cambiar el destino de una vida.
Hoy, cuando recuerdo aquellos años, donde parecía no cansarme por lo relativamente joven, no pienso en
expedientes ni en estadísticas. Pienso en rostros, en lágrimas de alegría al
recuperar la libertad, porque fuimos claros, que saldrían por la misma puerta
por donde entraron para reencontrarse en familia, que volvieran a abrazarse y
en personas que descubrieran que todavía era posible comenzar de nuevo.
Porque detrás de los muros también nacen sueños,
florecen talentos y se producen milagros cuando alguien decide mirar más allá
del delito para reconocer la grandeza de la persona humana.
Cita bíblica
"Acuérdense de los presos, como si ustedes
estuvieran presos con ellos; lo mismo
con los que sufren; pues ustedes también viven en un cuerpo. (hebreos 13, 3)
¡QUE EL SEÑOR NOS BENDIGA Y LA VIRGEN NOS PROTEJA!
Tu amiga
Mirtha
Villarroel de Rocha
sábado, 20 de junio de 2026
DETRÁS DE LOS MUROS TAMBIÉN HAY TALENTO, GRATITUD Y ESPERANZA (PRIMERA PARTE)
Hace unos días recibí un regalo que me emocionó
profundamente.
Se trata de una hermosa alcancía de madera,
cuidadosamente elaborada, por un joven privado de libertad. Tiene tallado mi
nombre y una inscripción de gratitud. Está finamente trabajada, barnizada, forrada
en felpa por dentro,
con dedicación y hecha con ese esmero que sólo ponen quienes saben que cada
detalle refleja el valor de sus manos.
Al recibirla me sentí halagada, pero sobre todo
agradecida. No por el objeto material en sí, sino por lo que representa.
Representa el reconocimiento sincero de una persona
que supo valorar lo poco que pude hacer por ella en una etapa de su vida.
Representa la gratitud que nace cuando alguien descubre que todavía existen
personas que creen en él, aun cuando el resto del mundo parece haberlo
olvidado.
Mientras observaba aquella alcancía, pensé en algo
que he aprendido a lo largo de los años: cuando sembramos una semilla de amor,
de servicio o de esperanza, nunca sabemos cuántos frutos dará ni cuánto tiempo
tardará en florecer.
Cita bíblica de los diez
leprosos según San Lucas 17, 11-19
El pasaje concluye con la enseñanza
sobre la gratitud, cuando sólo uno de los diez regresa a dar gracias a Jesús:
"¿No quedaron limpios los diez?
Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido nadie, fuera de este extranjero,
que volviera para dar gloria a Dios?"
Y le dijo:
"Levántate y vete; tu fe te ha salvado." (Lucas 17, 17-19)
Y justamente de esa experiencia nace algo
maravilloso.
Muy pronto la Fundación CENDINI Centinelas
del Divino Niño en Tarija, abrirá las puertas "Rincón
de Fe",
un espacio pensado para evangelizar, sembrar esperanza y generar recursos que
permitan sostener nuestras obras de misericordia.
Rincón de Fe no será simplemente un
lugar donde encontrar artículos religiosos. Será un espacio donde cada objeto
tenga una historia, un propósito y una misión.
Nuestro sueño es que, a través de distintos emprendimientos
solidarios, muchas personas puedan desarrollar sus capacidades, descubrir sus
talentos y encontrar una oportunidad para salir adelante con dignidad.
Entre los diversos artículos religiosos que
ofreceremos se encuentran las imágenes de San
José Dormido,
una devoción que tantas bendiciones ha llevado a numerosas familias.
Y fue entonces cuando surgió una idea.
Pensé que cada imagen debía ir acompañada de una
pequeña cajita donde las personas pudieran depositar las cartas, peticiones,
preocupaciones, agradecimientos y necesidades para presentarlas a San José
Dormido y en familia.
Recordé inmediatamente a este joven privado de
libertad y pensé:
"Él hará las cajitas." Pasaron dos semanas, hoy llegaron grandes, medianas y pequeñitas y supe que intervinieron tres jóvenes hasta verla terminada las cajitas .
Y no puedo describir la emoción que sentí al
abrirlas.
Están hermosamente elaboradas, con dedicación,
cariño y profesionalismo. Cada una lleva grabado un mensaje que resume toda la
espiritualidad de esta devoción:
"San José Dormido, tú sabes hacer posible lo que parece
imposible."
Al verlas terminadas, sólo pude agradecer a Dios.
Agradecerle por permitirme comprobar una vez más que
detrás de una persona privada de libertad hay talentos que merecen ser
descubiertos, capacidades que merecen desarrollarse y sueños que merecen una
nueva oportunidad.
Gracias, jóvenes privados de libertad, por la
maravilla de sus manos.
Gracias por enseñarnos que el trabajo dignifica.
Gracias por recordarnos que nadie debe ser reducido
a sus errores.
Y gracias a Dios por permitirnos generar
oportunidades que, aunque pequeñas, pueden devolver esperanza a muchas vidas.
Porque cuando ayudamos a alguien a trabajar con
dignidad, no sólo estamos colaborando con su sustento. También estamos ayudando
a reconstruir su autoestima, su confianza y su futuro.
Quizás esa sea una de las formas más hermosas de
practicar la caridad cristiana: tender la mano para que otro pueda levantarse
por sí mismo.
Que San José Dormido bendiga estas manos
trabajadoras, proteja a sus familias y haga posible aquello que hoy parece
imposible en sus vidas.
Porque para Dios nadie está perdido cuando existe fe, trabajo y esperanza.
Al contemplar este gesto de gratitud de un joven privado de libertad, recordé que los MISTERIOS GOZOSOS de hoy viernes, nos enseñan precisamente eso: Dios actúa donde muchos no esperan encontrarlo.
Por eso, al contemplar estas hermosas cajitas
elaboradas por manos de jóvenes privados de libertad, no veo solamente un
trabajo artesanal. Veo talento, esfuerzo, dignidad y una oportunidad que Dios
pone en nuestro camino para hacer el bien.
Quizás el mayor milagro no sea la madera
transformada en una hermosa obra, sino un corazón que descubre que todavía
puede servir, crear, agradecer y volver a empezar.
¡QUE EL SEÑOR NOS BENDIGA Y LA VIRGEN NOS PROTEJA!
Tu amiga
Mirtha
Villarroel de Rocha
viernes, 19 de junio de 2026
NADIE ESTÁ TAN CAÍDO QUE DIOS NO PUEDA LEVANTARLO
Hay momentos en la vida en que las tormentas parecen
demasiado fuertes. Una enfermedad, una injusticia, la pérdida del trabajo, una
traición, un proceso judicial, una condena, una deuda o una situación familiar
difícil pueden hacernos pensar que todo está perdido.
Sin embargo, Dios nunca abandona a sus hijos. Quizás
no siempre interviene cuando nosotros queremos, ni de la manera que esperamos,
pero permanece junto a nosotros, sosteniéndonos en silencio.
Esto es especialmente importante para quienes se
encuentran privados de libertad. Algunos serán inocentes, otros habrán cometido
errores; pero todos siguen siendo hijos de Dios y conservan su dignidad humana.
Mientras hay vida, hay esperanza. Mientras hay arrepentimiento, hay posibilidad
de cambio. Mientras hay fe, hay un camino hacia la luz.
La sociedad muchas veces condena para siempre, pero
Dios no deja de llamar al corazón de cada persona. Recordemos al buen ladrón
crucificado junto a Jesús. En el último momento de su vida reconoció sus faltas
y puso su confianza en el Señor.
"Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino."
Y Jesús le respondió:
"En verdad te
digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso." (Lucas 23, 42-43)
Por eso, como cristianos, no podemos limitarnos a
sentir compasión. Debemos practicar las obras de misericordia. Entre ellas,
visitar a los presos, consolar a los afligidos, dar esperanza al desesperado,
acompañar al enfermo y rezar por quienes sufren.
La oración y las obras siempre caminan juntas. Una
oración sincera nos mueve a actuar; y una obra de caridad sin Dios corre el
riesgo de quedarse sólo en un gesto humano. El cristiano está llamado a ambas
cosas.
Hoy viernes LOS
MISTERIOS DOLOROSOS
nos enseñan precisamente esto. Jesús sufrió la agonía, la injusticia, los
golpes, las burlas y la cruz. Conoce el dolor humano porque lo vivió en carne
propia. Por eso nadie puede decir que su sufrimiento es desconocido para Dios.
Cuando contemplamos los Misterios
Dolorosos
descubrimos que el sufrimiento no es el final de la historia. Después de la cruz
vino la Resurrección. Después de la noche llegó el amanecer. Después del dolor
apareció la esperanza.
Reflexión
Quizás hoy no estemos detrás de los barrotes de una
cárcel, pero muchos vivimos prisioneros del miedo, del resentimiento, de la
desesperanza o de las preocupaciones. Jesús quiere liberarnos de esas cadenas
interiores.
No abandonemos la oración. No abandonemos las obras
de misericordia. No abandonemos la esperanza.
Porque cuando todo parece perdido, Dios sigue
escribiendo la última palabra.
Cita Bíblica
"Vengan a mí todos los que
están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré." (Mateo 11, 28)
Oración Final
Señor Jesús, acompaña a quienes atraviesan tormentas
en su vida. Fortalece a los enfermos, a los que sufren injusticias, a los
privados de libertad, a quienes han perdido la esperanza y a quienes se sienten
solos. Enséñanos a unir siempre la oración con las obras de misericordia, para
ser instrumentos de tu amor. Que nunca olvidemos que después de la cruz llega
la resurrección y que tu misericordia es más grande que nuestras caídas. Amén.
Al rezar los Misterios Dolorosos, contemplamos a
Jesús en su Pasión y pidiendo la gracia de permanecer firmes en la fe, aun en
medio de las pruebas más difíciles.
¡QUE EL SEÑOR NOS BENDIGA Y LA VIRGEN NOS PROTEJA!
Tu amiga
Mirtha
Villarroel de Rocha
miércoles, 17 de junio de 2026
CUANDO LA OSCURIDAD PARECE AVANZAR, CRISTO SIGUE SIENDO NUESTRA LUZ
Vivimos
tiempos difíciles para Bolivia. La crisis económica golpea a las familias, los
bloqueos afectan el trabajo, el abastecimiento y la salud; la violencia deja
heridas profundas, la incertidumbre genera miedo y la confrontación amenaza la
convivencia democrática, deja familias guardando un duelo. Muchas personas se
sienten cansadas, desanimadas y sin esperanza.
Ante esta
realidad, podríamos preguntarnos: ¿Dónde está Dios en
medio de tanto sufrimiento?
Quizás la
pregunta correcta sea otra: ¿Cuánto espacio le
estamos dejando a Dios en nuestros corazones?
Cuando el
egoísmo, la ambición, la corrupción, la mentira, el odio y la indiferencia
ocupan el lugar de Dios, la sociedad comienza a enfermarse. Las crisis
económicas y políticas tienen muchas causas humanas, pero también revelan una
crisis espiritual: la ausencia de valores, de respeto por la vida, de búsqueda
del bien común y de amor al prójimo.
Sin
embargo, los cristianos no estamos llamados a vivir en la desesperanza.
Precisamente por eso hoy jueves rezamos los MISTERIOS LUMINOSOS, porque cuando todo parece oscurecerse, Cristo nos
recuerda que Él es la Luz del mundo.
En cada Misterio
Luminoso encontramos una respuesta para nuestro tiempo:
1. El Bautismo de Jesús en el Jordán
Nos
recuerda que somos hijos de Dios y que debemos vivir con dignidad, honestidad y
responsabilidad. Bolivia necesita ciudadanos que actúen como verdaderos hijos
de Dios.
2. Las Bodas de Caná
María
intercede cuando parece faltar el vino de la alegría y de la esperanza. También
hoy le decimos: "Madre, mira las necesidades de nuestro pueblo". Y
escuchamos su consejo: "Hagan lo que Él les diga" (Juan 2,5).
3. El Anuncio del Reino de Dios
Jesús
llama a la conversión. Antes de pedir cambios en los demás, debemos
preguntarnos qué debemos cambiar nosotros para construir una Bolivia más justa
y fraterna.
4. La Transfiguración del Señor
En medio
de la oscuridad, Jesús muestra su gloria. Nos enseña que Dios sigue actuando
aun cuando no comprendemos sus caminos. Después de la noche siempre llega la
aurora.
5. La Institución de la Eucaristía
Cristo
permanece con nosotros. No nos abandona. En cada Misa encontramos la fuerza
espiritual para seguir adelante, amar, perdonar y trabajar por la paz.
Reflexión
No
permitamos que las malas noticias apaguen nuestra fe. La oscuridad no se vence
con más oscuridad; la violencia no se vence con violencia; el odio no se vence
con odio. La única luz capaz de transformar los corazones es Cristo.
Hoy,
mientras rezamos los Misterios Luminosos, pidamos por Bolivia, por sus
autoridades, por quienes protestan, por quienes trabajan, por los enfermos que
esperan atención médica, por las familias que sufren la crisis económica y por
todos aquellos que han perdido un ser querido y con ellos la esperanza.
Que el
Señor ilumine nuestra patria y que cada uno de nosotros sea una pequeña luz
allí donde vive.
Cita bíblica
"Yo soy la luz del mundo. El
que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida."
(Juan 8,12)
Oración
Señor
Jesús, Luz del mundo, ilumina a Bolivia en estos momentos de incertidumbre y
dolor. Aleja de nuestros corazones el odio, la división y la desesperanza.
Danos gobernantes sabios, ciudadanos responsables y familias unidas en la fe.
Que la luz de tu Evangelio guíe nuestras decisiones y nos ayude a construir una
patria de paz, justicia y fraternidad. Amén.
¡QUE EL SEÑOR NOS BENDIGA Y LA VIRGEN NOS PROTEJA!
Tu amiga
Mirtha
Villarroel de Rocha
martes, 16 de junio de 2026
¿POR QUÉ EXISTE EL ENGAÑO Y DÓNDE ENCONTRAR FUERZA CUANDO NOS SENTIMOS INJUSTAMENTE TRATADOS?
Anoche recibí la visita de un matrimonio profundamente afligido. Sentían que les
habían arrebatado lo que con sacrificio construyeron durante toda una vida.
Entre lágrimas, expresaban una pregunta que muchas personas se hacen cuando
atraviesan situaciones semejantes:
¿Por qué hay
personas que engañan, mienten, abusan de la confianza o se aprovechan de la
necesidad ajena? Manifestaron…
La
respuesta no es sencilla. Desde el inicio de la humanidad, el pecado ha estado
presente en el corazón del hombre. El egoísmo, la ambición, el deseo de obtener
beneficios sin importar el daño causado a otros, pueden llevar a algunas
personas a actuar injustamente.
Sin
embargo, el dolor más grande no siempre es la pérdida material. Muchas veces lo
que más hiere es sentir que nadie escucha, que la verdad no encuentra camino,
que la justicia tarda demasiado o que las puertas parecen cerrarse una tras
otra.
En esos
momentos, el creyente está llamado a recordar algo muy importante: la última palabra no la tienen los hombres, sino Dios.
La Biblia
nos enseña que el Señor ve lo que los demás no ven. Él conoce las intenciones
del corazón, las lágrimas derramadas en silencio y las injusticias que muchas
veces permanecen ocultas a los ojos humanos.
Cuando
atravesamos pruebas difíciles les dije, no debemos abandonar la oración. Al
contrario, es precisamente cuando más necesitamos acercarnos a Dios. No para
quedarnos inmóviles esperando milagros, sino para recibir la fortaleza, la
sabiduría y la serenidad necesarias para seguir luchando por la verdad.
Buscar al
Señor no significa renunciar a la justicia. Significa caminar con fe mientras
hacemos todo lo humanamente posible para defender nuestros derechos por los
medios legales y correctos.
Hay
momentos en que las respuestas no llegan de inmediato. Pero Dios sigue obrando.
A veces abre caminos que no imaginábamos, pone personas correctas en nuestro
camino, ilumina a quienes deben tomar decisiones o permite que la verdad salga
a la luz en el momento oportuno.
Por eso,
si hoy te sientes engañado, traicionado o despojado de algo que consideras
justo, no permitas que la amargura se apodere de tu corazón. Presenta tu causa
ante Dios. Reza. Persevera. Confía. Busca soluciones con serenidad y
honestidad.
Recuerda
que el Señor nunca abandona a quienes ponen en Él su confianza.
Cita Bíblica
Pon tu porvenir en las manos del
Señor, confía en él, y déjalo actuar. Sacará a la luz tus méritos y tus
derechos se impondrán como el medio día (Salmo 37, 5-6)
Reflexión Final
La fe no
elimina las pruebas, pero nos ayuda a atravesarlas. Cuando todo parece oscuro,
Dios sigue siendo luz. Cuando la justicia humana tarda, Dios continúa siendo
justo. Y cuando sentimos que hemos perdido todo, el Señor nos recuerda que
jamás perderemos aquello que ponemos en sus manos.
Este tema
puede enlazarse muy bien con el rezo de los MISTERIOS GLORIOSOS, te insto a unirte en oración, porque justamente nos recuerdan que después del
sufrimiento y de la aparente derrota, Dios puede hacer resplandecer la verdad y
la esperanza. Y les recomendé rezar e inclusive comenzar con la Novena a San José Dormido, que hagan su cartita pidiendo por su necesidad. Yo tengo mucha fe, que su problema se solucionará.
¡QUE EL SEÑOR NOS BENDIGA Y LA VIRGEN NOS PROTEJA!
Tu amiga
Mirtha
Villarroel de Rocha
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