PORQUE TUVE HAMBRE Y ME DIERON DE COMER; TUVE SED Y ME DIERON DE BEBER; FUI FORASTERO Y ME RECIBIERON; ESTUVE DESNUDO Y ME VISTIERON; ENFERMO Y ME VISITARON; EN LA CÁRCEL Y FUERON A VERME.” (MATEO 25, 35–36)
RECORDAREMOS
LAS OBRAS DE MISERICORDIA. SON CATORCE Y A PONERLAS EN PRÁCTICA.
QUE “LA FE, SI NO TIENE OBRAS, ESTÁ MUERTA”
(Santiago 2,17)
OBRAS DE
MISERICORDIA CORPORALES ( Siete)
Atienden las
necesidades del cuerpo y la dignidad humana.
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Dar de comer al hambriento
Compartir alimentos o ayudar a quien
pasa necesidad. Es reconocer que nadie debería carecer de lo básico para vivir.
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Dar de beber al sediento
Satisfacer una necesidad vital y
cuidar el acceso a lo esencial. También implica defender condiciones de vida
justas.
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Vestir al desnudo
Ayudar a quien no tiene ropa
adecuada. Es proteger la dignidad y el respeto de la persona.
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Dar posada al peregrino
Acoger al extranjero, al migrante o a
quien no tiene hogar. Es abrir espacio al que se siente excluido.
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Visitar a los enfermos
Acompañar al que sufre en el cuerpo o
en el ánimo. La presencia y el consuelo sanan tanto como la medicina.
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Visitar a los presos
No abandonar a quien está privado de
libertad. Es creer en la posibilidad de cambio y redención.
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Enterrar a los muertos
Respetar la dignidad humana hasta el
final y acompañar a las familias en el dolor y la esperanza.
OBRAS DE
MISERICORDIA ESPIRITUALES
Atienden las necesidades del alma y
del corazón.
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Enseñar al que no sabe
Compartir conocimiento con humildad.
Educar es dar herramientas para crecer y ser libres.
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Dar buen consejo al que lo necesita
Orientar con respeto y sabiduría, sin
imponer. Acompañar decisiones difíciles.
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Corregir al que se equivoca
Ayudar a mejorar con amor, no con
juicio. La corrección verdadera busca el bien del otro.
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Perdonar las ofensas
Romper la cadena del rencor. El
perdón libera y devuelve la paz.
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Consolar al triste
Estar cerca de quien sufre. Escuchar
y acompañar es una forma profunda de amor.
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Sufrir con paciencia los defectos del prójimo
Aceptar las limitaciones de los demás
como queremos que acepten las nuestras.
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Orar por vivos y difuntos
Confiar a los demás a Dios. La
oración une, sostiene y mantiene viva la esperanza.
LA ORACIÓN Y LA ACCIÓN CAMINAN
JUNTAS.
“Porque tuve hambre y me dieron de
comer” tuve sed y me dieron de beber; (Mt 25,35)
La oración
nos enciende el corazón y las obras de misericordia lo convierten en amor
visible.
Comenzamos
nuestras obras de misericordia preparando una canastita con alimentos para dar a
una familia que realmente lo precise y reza un PADRE NUESTRO, UN AVE MARÍA Y
GLORIA.
¡Que el Señor nos bendiga
y la Virgen nos proteja!
Tu amiga
Mirtha Villarroel de Rocha
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