PARA ESTAR
BIEN CON DIOS, EL PRIMER PASO ES DEJAR DE HACER EL MAL Y DECIDIRSE POR UNA VIDA
NUEVA MARCADA POR EL AMOR.
No se puede caminar con el Señor
mientras se hace daño al hermano, mientras se miente o se oprime al débil. El
verdadero camino comienza cuando el corazón decide obrar con amor, practicar la
justicia y vivir con humildad delante de Dios.
Si el pueblo viviera según la
voluntad de Dios, su oración no sería vacía, sino un clamor sincero que llega
al cielo. El Señor escucharía, perdonaría los pecados y sanaría la tierra. Entonces
la vida se llenaría de luz, de santidad y de justicia, y la gloria de Dios se
manifestaría en cada hogar, en cada comunidad y en todo corazón dispuesto a
cambiar. Las familias serían restauradas, las comunidades sanadas y los pueblos
transformados. La luz de Dios alumbraría los caminos oscuros, la santidad
guiaría las decisiones y la justicia correría como un río que da vida.
La gloria del Señor se manifestaría
en vidas obedientes, en corazones humildes y en manos dispuestas a servir. Dios
no busca apariencias, sino corazones abiertos al amor, al perdón y a la verdad.
Cuando un pueblo vuelve al Señor y camina por sus sendas, la vida se llena de
esperanza, sentido y bendición.
Porque dice el Señor:
“Si mi pueblo, sobre el cual se
invoca mi Nombre, se humilla, ora, me busca y se convierte de su mala conducta,
yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y sanaré su tierra.” (2 Crónicas 7,14.
Esta cita bíblica engloba
el abandono del mal, la conversión del corazón, la oración auténtica, la
respuesta misericordiosa de Dios, y la sanación personal y comunitaria.t
No basta invocar el nombre del Señor ni orar con las manos
levantadas. Para estar en comunión con Dios es necesario dejar el mal y optar
por una vida nueva marcada por el amor. No se puede anunciar a Dios con los
labios mientras el corazón permanece cerrado a la justicia y a la misericordia.
Dios mira el corazón y las obras. La conversión verdadera se demuestra con un cambio de vida.
Cuando el ser humano elige amar,
respetar y ser misericordioso, comienza a reflejar el rostro de Dios. Amar al
prójimo no es una opción, es un mandato. Donde hay amor verdadero, nace la
justicia; donde hay justicia, brota la paz; y donde hay paz, Dios habita. Un
pueblo que camina en rectitud se convierte en testigo vivo de la presencia del
Señor en medio del mundo.
El verdadero encuentro con el Señor comienza cuando reconocemos nuestros errores, abandonamos los caminos que dañan al prójimo y elegimos obrar rectamente. Allí nace una fe auténtica, capaz de transformar personas, fallomilias y pueblos enteros.
El apóstol Pablo, aun siendo sabio y
formado, no confió en la sabiduría del mundo, sino que anunció a Jesucristo
crucificado, sabiendo que en la cruz se revela el amor más grande de Dios.
Y así San Pablo nos enseña que sólo
la experiencia del poder de Dios en nuestra vida nos sostiene en pie y nos da
la fuerza para anunciarlo con fidelidad.
Un pueblo que abandona el mal y hace
el bien, y una Iglesia que vive y anuncia el Evangelio con coherencia, se
convierten en signo de esperanza. Allí donde hay conversión verdadera y anuncio
fiel, la tierra es sanada y la vida vuelve a florecer.
¡Que el Señor nos bendiga
y la Virgen nos proteja!
Tu amiga
Mirtha Villarroel de Rocha
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