CONFIANZA QUE VENCE EN EL SILENCIO DE DIOS

Dios escucha nuestras oraciones, pero también mira nuestras manos. Manos que se levantan para orar, pero que también se extienden para servir. No basta pedir bendiciones si no estamos dispuestos a ser bendición para otros.

Porque quien ora con fe y actúa con caridad jamás será vencido, ya que Dios mismo sostiene su caminar. La oración nos eleva, nos fortalece y nos llena de esperanza, pero es la caridad la que hace visible esa fe en nuestra vida diaria.

Cuando oramos y, al mismo tiempo, practicamos obras de misericordia, ayudar al necesitado, consolar al triste, perdonar de corazón, compartir el pan con quien tiene hambre nuestra fe deja de ser sólo palabra y se convierte en acción concreta.

La fe verdadera no se encierra en el templo; se manifiesta en la calle, en el hogar, en el trabajo, en cada gesto de amor.

En este camino espiritual, comprendemos que no existe derrota cuando vivimos unidos a Dios y comprometidos con el prójimo. La oración nos conecta con el cielo; la caridad transforma la tierra. Y cuando ambas caminan juntas, nuestra fe madura, se purifica y se transforma en esperanza viva. Porque quien confía en el Señor descubre que toda prueba es oportunidad de crecer y que, sostenidos por Dios, siempre avanzamos hacia la luz, el corazón se llena de paz y la vida adquiere un sentido más profundo.

No dejemos pasar esta oportunidad de compartir con el necesitado de meterse en su zapato, a lo que llamamos empatía y comprender que a pesar de los desiertos vividos, no hay derrota para quienes ponen su confianza en el Señor, porque aun en medio de la prueba, Dios obra en silencio preparando la victoria del espíritu.

La dificultad no es el final, sino el camino donde la fe se fortalece y el corazón aprende a depender más de Él.

Así, nuestra fe deja de ser promesa y se convierte en testimonio vivo del amor de Dios. En esta Cuaresma somos llamados a volver el corazón a Dios con humildad. No basta sólo orar con los labios; debemos orar con la vida.

 La verdadera confianza en el Señor se manifiesta en los tres pilares de la Cuaresma: ORACIÓN, AYUNO Y CARIDAD.

 “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? Amparo de mi vida es el Señor, ¿De quién puedo temblar? Salmo 27,1

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

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