UN LLAMADO A LA CONCIENCIA Y A LA ESPERANZA

“Sepan esto, hermanos queridos: que cada uno sea pronto para escuchar, lento para hablar y lento para enojarse.” Carta de Santiago 1,19

Recordar el tema de ayer, que es difícil gobernar rectamente una nación sin Dios y sin la Biblia, porque cuando Dios es apartado del centro, la conciencia se debilita y la justicia se vuelve frágil. La Palabra de Dios no es un adorno espiritual: es luz para el discernimiento, guía para la autoridad y refugio para el pueblo. Allí donde se escucha la Palabra, nace la certidumbre; donde se la ignora, crece la confusión.

“Feliz la nación cuyo Dios es el Señor.” Salmos 33,12 

Hoy elevamos una súplica serena y respetuosa por quienes conducen nuestra nación, por el Presidente y el Vicepresidente, para que recuerden que toda autoridad es servicio y toda palabra tiene peso. Cuando se pierde la unidad, cuando la palabra hiere en lugar de sanar y cuando el protagonismo desplaza al trabajo responsable, no solo se daña la política: se lastima la esperanza del pueblo. Gobernar también es saber escuchar, callar a tiempo y hablar sólo para edificar.

La Palabra nos llama a la prudencia, al dominio propio y a la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Dios no pide perfección, pero sí corazones humildes, dispuestos a corregir el rumbo y a anteponer el bien común por encima de los intereses personales. Una nación necesita líderes que trabajen más de lo que se exponen, que unan más de lo que dividen y que teman más a Dios que a la opinión pasajera.

Porque cuando quienes gobiernan se reconcilian con Dios, también se abre camino la reconciliación con el pueblo. Y entonces la pregunta que queda resonando en el corazón de todos, autoridades y ciudadanos, no es de reproche, sino de responsabilidad: ¿desde dónde estamos guiando hoy el futuro que se nos ha confiado?

 “La justicia engrandece a la nación.” Proverbios 14,34

Quiero cerrar este texto con una ORACIÓN por las autoridades:

 Señor Dios de la vida y de la historia,

ponemos en tus manos a quienes hoy ejercen autoridad sobre nuestra nación.

Ilumina su mente con tu sabiduría y su corazón con tu paz.

Concede a nuestros gobernantes espíritu de servicio, dominio propio en la palabra

y humildad para escuchar antes de hablar.

 Aparta de ellos toda división, orgullo y afán de protagonismo.

Enséñales a trabajar en silencio, a decidir con justicia

y a buscar siempre el bien del pueblo que Tú les has confiado.

Que sus palabras edifiquen y no hieran,

que sus acciones unan y no confundan,

y que nunca olviden que toda autoridad viene de Ti

y a Ti deberá rendir cuentas.

 Haz, Señor, que nuestra nación vuelva su mirada a Ti,

para que la justicia florezca, la verdad sea defendida

y la esperanza renazca en el corazón de tu pueblo. Amén.

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

Comentarios

Entradas populares de este blog