En los días previos a su pasión y muerte, Jesús tuvo fuertes enfrentamientos con los fariseos y otros dirigentes religiosos, quienes daban gran importancia al cumplimiento de numerosas normas.
La tradición judía reconocía 613 preceptos: 365 prohibiciones y 248
mandamientos positivos. Difícil de cumplirlos por
no decir imposible. Sin
embargo, Jesús recordó que toda la Ley se resume en dos grandes mandamientos: AMAR A DIOS Y AMAR AL
PRÓJIMO.
“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. (Mateo 22,37-39)
Los tres sectores de la
sociedad que Jesús recomienda, especialmente vulnerables y que Dios manda
proteger en el Código de la Alianza:
1.El extranjero: quien vive lejos de su tierra y puede sufrir rechazo, discriminación o
desamparo.
“No maltratarás ni oprimirás al
extranjero, porque ustedes también fueron extranjeros entierra de Egipto”. Éxodo 22,21
Reflexión:
Dios nos llama a acoger y respetar al extranjero, sin discriminación,
porque todos somos hijos de un mismo Padre.
2. La viuda: Mujer que
ha perdido a su esposo y puede encontrarse en situación de soledad, pobreza o
desamparo. Dios nos llama a protegerla y acompañarla con amor.
“La religión verdadera y perfecta ante
Dios Padre consiste en visitar a los huérfanos y a las viudas que necesitan ayuda y
guardarse de la corrupción de este mundo”. Santiago 1,27:
Dios protege a las viudas y nos llama a acompañarlas, respetarlas y
defenderlas de toda injusticia.
Amar a Dios también significa acompañar a quienes han quedado solos y
necesitan nuestro cariño y protección.
3. El huérfano: el niño que ha perdido a sus padres y necesita amor, protección y
cuidado.
“Padre de los huérfanos y defensor de
las viudas es Dios en su santa morada”. Salmo 68,6
Reflexión
Dios es Padre de
los huérfanos y nos llama a protegerlos con amor y defenderlos de toda
injusticia.
Su amor nos invita a no
abandonar a ningún niño que necesite cariño, cuidado y protección.
Jesús reafirma esta enseñanza al identificarse con los más pequeños y
necesitados (Mateo 25,35-40).
Donde falta el abrazo de un
padre o de una madre, que nunca falte una mano generosa que brinde amor y
esperanza.
¿Soy una voz que defiende al indefenso o mi silencio permite que continúe la injusticia?
No quiero ser indiferente ante la injusticia. Aunque mi ayuda sea
pequeña, quiero ser la voz de quienes no pueden defenderse, porque Dios nos
llama a amar y proteger a los más vulnerables.
¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!
Tu
amiga
Mirtha
Villarroel de Rocha
No hay comentarios:
Publicar un comentario