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lunes, 5 de octubre de 2026

 89 AÑOS CULTIVANDO LA VIÑA QUE DIOS LE CONFIÓ

El 3 de octubre mi esposo cumplió 89 años. Nunca quiso festejar su cumpleaños porque, desde niño, aprendió que primero estaban el esfuerzo y la lucha por el sustento diario. Aquellos años seguramente forjaron en él la disciplina, la responsabilidad y el sacrificio que han marcado toda su vida.

Este año quisimos cambiar la historia y celebrar con pocos amigos que aún le quedan, tampoco fue la excepción y como todos los años, celebramos en familia su cumpleaños. Al verlo llegar a sus 89 años, conservando su lucidez, sus principios y su fe, comprendí cuánto Dios ha sido misericordioso con él.

Y al mirar el camino recorrido, pensé que su vida podía compararse con aquella viña de la que nos habla Jesús en Mateo 21,33-46: una vida recibida de Dios, cultivada a través de los años y llamada a producir buenos frutos.

La viña también es nuestra vida

Dios entrega a cada persona una viña para cultivar. La viña es nuestra propia vida. La viña es el matrimonio. La viña son los hijos. La viña es la familia. La viña es el trabajo. La viña es nuestra fe. La viña son los años y oportunidades que Dios pone en nuestras manos.

Y cuando contemplo la vida de mi esposo, puedo reconocer los frutos de esa viña.

Como esposo, ha permanecido fiel al compromiso que asumimos ante Dios y que ya lleva 50 años de matrimonio.

Como padre, ha procurado conducir a su familia desde el ejemplo, la responsabilidad y sus convicciones.

Como hijo, siempre fue agradecido y profundamente reconocido con su madre, sin olvidar sus sacrificios ni sus enseñanzas.

Como militar, hizo de la disciplina, el cumplimiento del deber y el respeto una forma de vida que conservó incluso después de su jubilación.

Como hombre de fe, ha mantenido sus principios religiosos y el compromiso asumido con Dios y con su familia.

Su vida no necesitó grandes discursos, no necesitó ser una eminencia ni hablar muy fuerte, lo caracterizó su honestidad y sencillez. Sus frutos fueron apareciendo en la manera de vivir.

Porque la verdadera fe debe transformarse en frutos concretos: amor, paciencia, perdón, generosidad, justicia, misericordia, servicio, reconciliación, solidaridad y fidelidad a Dios.

Los años también son frutos

Cumplir 89 años no significa solamente haber acumulado muchos calendarios.

Significa mirar hacia atrás y descubrir qué hicimos con el tiempo que Dios nos regaló.

¿Qué familia construimos? ¿Qué principios dejamos? ¿A quién servimos? ¿Qué ejemplo dimos? ¿Qué hicimos con nuestra fe?

Después de tantos años compartidos puedo decir que Dios le confió una viña y él procuró cultivarla desde el lugar que le correspondió: como hijo, esposo, padre, militar, trabajador, creyente y hombre cabeza de familia.

Seguramente hubo dificultades, errores, preocupaciones y momentos duros, porque ninguna vida humana es perfecta. “Después de 89 años, lo importante no son solamente las dificultades superadas, sino los frutos de amor, fe, fidelidad y ejemplo que ha dejado a lo largo de su vida.”

Hoy esos frutos están delante de nosotros: su familia, sus tres hijos, seis nietos, nuestros 50 años de matrimonio, sus principios, su disciplina, su respeto y una fe que ha permanecido a través del tiempo.

Por eso, aquel cumpleaños que durante tantos años no quiso celebrar adquirió para mí un significado diferente.

No celebramos solamente que cumplió 89 años.

Celebramos que Dios estuvo presente en cada etapa de esos 89 años.

Celebramos al niño que conoció las privaciones, al joven que aprendió a luchar solo por ser algo en la vida, al militar que hizo de la disciplina parte de su existencia, al hijo agradecido, al esposo fiel, al padre responsable y al hombre que hoy puede mirar hacia atrás contemplando la viña que Dios puso en sus manos.

Y mientras Dios continúe regalándole días, todavía queda viña por cultivar.

PARA REFLEXIONAR

Algún día todos tendremos que mirar nuestra propia viña y preguntarnos:

Señor, ¿qué hice con la vida que me confiaste?

Porque lo verdaderamente importante no será solamente cuántos años vivimos, sino cuánto amamos, cuánto servimos y qué frutos dejamos en quienes caminaron a nuestro lado.

ORACIÓN

Señor, gracias por los 89 años de vida de mi esposo, por aquel niño que no conocí y por haberlo acompañado en unión conyugal hasta hoy como esposo, padre y abuelo.

Gracias por nuestra familia, por nuestros 50 años de matrimonio, por las pruebas superadas, su fe y los principios que han guiado su vida.

Bendice los años que quieras regalarle todavía. Concédele salud, serenidad y la alegría de contemplar los frutos de la viña que durante tantos años ha cultivado.

TOQUE ESPIRITUAL

La vida es la viña que Dios puso en nuestras manos. Nuestros frutos dirán cómo la cultivamos.

Dejo esta frase que resume muy bien todo el homenaje para mi esposo:

“Una viña no se juzga solamente por las tormentas que soportó, sino también por los frutos que finalmente produjo.”

“Por sus frutos los conocerán.” Mateo 7, 16

En la vida de mi esposo, esos frutos están ahí: 50 años de matrimonio, una familia, hijos, nietos, fidelidad, disciplina, servicio, respeto y fe. Y quizá este cumpleaños que él nunca acostumbró festejar tenía que llegar precisamente ahora para que nosotros pudiéramos decirle en vida:

 “Gracias esposo mío por la viña que cultivaste para nosotros con la bendición de Dios.”

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu esposa

Mirtha Villarroel de Rocha

 

 

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