89 AÑOS CULTIVANDO LA VIÑA QUE DIOS LE CONFIÓ
El 3 de octubre mi esposo cumplió 89 años. Nunca quiso
festejar su cumpleaños porque, desde niño, aprendió que primero estaban el
esfuerzo y la lucha por el sustento diario. Aquellos años seguramente forjaron
en él la disciplina, la responsabilidad y el sacrificio que han marcado toda su
vida.
Este año quisimos cambiar la historia y celebrar con pocos amigos que aún le quedan, tampoco fue la excepción y como todos los años, celebramos en familia su cumpleaños. Al verlo llegar a
sus 89 años, conservando su lucidez, sus principios y su fe, comprendí cuánto
Dios ha sido misericordioso con él.
Y al mirar el camino recorrido, pensé que su vida
podía compararse con aquella viña de la que nos habla Jesús en Mateo 21,33-46:
una vida recibida de Dios, cultivada a través de los años y llamada a producir
buenos frutos.
La viña también es nuestra vida
Dios entrega a cada persona una viña para cultivar. La
viña es nuestra propia vida. La viña es el matrimonio. La viña son los hijos.
La viña es la familia. La viña es el trabajo. La viña es nuestra fe. La viña
son los años y oportunidades que Dios pone en nuestras manos.
Y cuando contemplo la vida de mi
esposo, puedo reconocer los frutos de esa viña.
Como esposo, ha permanecido fiel al compromiso que
asumimos ante Dios y que ya lleva 50 años de matrimonio.
Como padre, ha procurado conducir a su familia desde
el ejemplo, la responsabilidad y sus convicciones.
Como hijo, siempre fue agradecido y profundamente
reconocido con su madre, sin olvidar sus sacrificios ni sus enseñanzas.
Como militar, hizo de la disciplina, el cumplimiento
del deber y el respeto una forma de vida que conservó incluso después de su
jubilación.
Como hombre de fe, ha mantenido sus principios
religiosos y el compromiso asumido con Dios y con su familia.
Su vida no necesitó grandes discursos, no necesitó ser una eminencia ni hablar muy fuerte, lo caracterizó su honestidad y sencillez. Sus frutos
fueron apareciendo en la manera de vivir.
Porque la verdadera fe debe transformarse en frutos
concretos: amor, paciencia, perdón,
generosidad, justicia, misericordia, servicio, reconciliación, solidaridad y
fidelidad a Dios.
Los años también son frutos
Cumplir 89 años no significa solamente haber acumulado
muchos calendarios.
Significa mirar hacia atrás y descubrir qué hicimos
con el tiempo que Dios nos regaló.
¿Qué familia construimos? ¿Qué
principios dejamos? ¿A quién servimos? ¿Qué ejemplo dimos? ¿Qué hicimos con
nuestra fe?
Después de tantos años compartidos puedo decir que
Dios le confió una viña y él procuró cultivarla desde el lugar que le
correspondió: como hijo, esposo, padre, militar, trabajador, creyente y hombre cabeza
de familia.
Seguramente hubo dificultades, errores, preocupaciones
y momentos duros, porque ninguna vida humana es perfecta. “Después de 89 años,
lo importante no son solamente las dificultades superadas, sino los frutos de
amor, fe, fidelidad y ejemplo que ha dejado a lo largo de su vida.”
Hoy esos frutos están delante de nosotros: su familia,
sus tres hijos, seis nietos, nuestros 50 años de matrimonio, sus principios, su disciplina, su
respeto y una fe que ha permanecido a través del tiempo.
Por eso, aquel cumpleaños que durante tantos años no
quiso celebrar adquirió para mí un significado diferente.
No celebramos solamente que cumplió 89 años.
Celebramos que Dios estuvo presente en cada etapa de
esos 89 años.
Celebramos al niño que conoció las privaciones, al
joven que aprendió a luchar solo por ser algo en la vida, al militar que hizo
de la disciplina parte de su existencia, al hijo agradecido, al esposo fiel, al
padre responsable y al hombre que hoy puede mirar hacia atrás contemplando la
viña que Dios puso en sus manos.
Y mientras Dios continúe regalándole días, todavía
queda viña por cultivar.
PARA REFLEXIONAR
Algún día todos tendremos que mirar nuestra propia
viña y preguntarnos:
Señor, ¿qué hice con la vida que me confiaste?
Porque lo
verdaderamente importante no será solamente cuántos años vivimos, sino cuánto
amamos, cuánto servimos y qué frutos dejamos en quienes caminaron a nuestro
lado.
ORACIÓN
Señor, gracias por los 89 años de vida de mi esposo,
por aquel niño que no conocí y por haberlo acompañado en unión conyugal hasta hoy como esposo,
padre y abuelo.
Gracias por nuestra familia, por nuestros 50 años de
matrimonio, por las pruebas superadas, su fe y los principios que han guiado su
vida.
Bendice los años que quieras regalarle todavía.
Concédele salud, serenidad y la alegría de contemplar los frutos de la viña que
durante tantos años ha cultivado.
TOQUE ESPIRITUAL
La vida es la viña que Dios puso en nuestras manos.
Nuestros frutos dirán cómo la cultivamos.
Dejo esta frase que resume muy bien todo el homenaje
para mi esposo:
“Una viña no se juzga solamente por las tormentas que soportó, sino también por los frutos que finalmente produjo.”
“Por sus frutos
los conocerán.” Mateo 7, 16
En la vida de mi esposo, esos frutos están ahí: 50
años de matrimonio, una familia, hijos, nietos, fidelidad, disciplina,
servicio, respeto y fe. Y quizá este cumpleaños que él nunca acostumbró
festejar tenía que llegar precisamente ahora para que nosotros pudiéramos decirle
en vida:
“Gracias
esposo mío por la viña que cultivaste para nosotros con la bendición de Dios.”
¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE
ACOMPAÑE!
Tu esposa
Mirtha Villarroel de Rocha
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