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viernes, 9 de octubre de 2026

 LEPANTO: UNA HISTORIA QUE NO DEBEMOS OLVIDAR

Lepanto, hoy llamada Nafpaktos, es una ciudad de Grecia. El 7 de octubre de 1571, frente a sus costas, se libró la famosa batalla de Lepanto. Mientras la flota cristiana combatía, el papa San Pío V pidió a los fieles rezar el Santo Rosario por la victoria. Desde entonces, esta fecha quedó profundamente vinculada a Nuestra Señora del Rosario.

Para entender por qué el Rosario quedó tan profundamente unido a la idea de victoria espiritual, tenemos que viajar hasta el año 1571.

Europa estaba viviendo un momento de gran preocupación ante el avance del Imperio otomano.

Se preparó una flota cristiana conocida como la Liga Santa.

Y mientras los hombres se preparaban para enfrentarse en el mar, el papa San Pío V pidió a los cristianos que rezaran y recurrieran especialmente al Santo Rosario.

Y ocurrió algo impresionante.

Mientras los soldados estaban en el campo de batalla, muchísimas personas que no podían combatir se pusieron a rezar.

No tenían barcos. No tenían cañones. No tenían espadas.

Pero tenían algo que sí podían ofrecer: su oración.

El 7 de octubre de 1571, tuvo lugar la batalla de Lepanto.

La Liga Santa obtuvo la victoria.

Y San Pío V interpretó aquella victoria como una gracia obtenida por la intercesión de la Virgen María, invocada mediante el Rosario.

Por eso aquella fecha quedó profundamente vinculada a la devoción de Nuestra Señora del Rosario.

Pero aquí está el mensaje para nosotros

Quizás nosotros no estamos en una batalla naval.

Pero todos tenemos alguna batalla.

Quizás alguien está luchando hoy por salvar su matrimonio.

Quizás una madre está preocupada por un hijo.

Quizás un padre está luchando por mantener a su familia.

Quizás alguien está atravesando una enfermedad.

Quizás alguien está luchando contra una adicción, una tentación o una situación que nadie conoce.

Quizás alguien está perdiendo la esperanza.

Y aquí viene el mensaje:

No abandones el Rosario.

Cuando no sepas qué hacer: reza.

Cuando tengas miedo: reza.

Cuando estés preocupado por tus hijos: reza.

Cuando tu familia esté pasando por dificultades: reza.

Cuando sientas que ya no puedes más: toma el Rosario y reza.

No porque el Rosario sea mágico.

Sino porque el Rosario te ayuda a volver tu corazón hacia Dios.

¿Y si no tengo tiempo?

Esta es una de las frases que más escuchamos:

“Yo quisiera rezarlo, pero no tengo tiempo.”

Pero pensemos:

¿Cuánto tiempo pasamos mirando el teléfono?

¿Cuánto tiempo pasamos viendo noticias, videos o redes sociales?

¿Cuánto tiempo dedicamos a tantas cosas que, al final del día, ni siquiera recordamos?

Y quizás no encontramos unos minutos para hablar con Dios.

No se trata de vivir todo el día rezando.

Se trata de encontrar un momento y ser fieles.

Cinco minutos. Diez minutos. Un misterio. Una decena.

Y poco a poco volver a crear el hábito.

Porque una oración que se abandona se enfría.

Pero una oración perseverante puede transformar nuestra vida espiritual.

“Oren constantemente.” 1 Tesalonicenses 5,17

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

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