EL SANTO ROSARIO: UNA ORACIÓN QUE
NO DEBEMOS ABANDONAR
Hoy quiero hablarles de algo sencillo que muchos
tenemos en nuestras manos, pero que quizá hemos dejado de usar.
Un Rosario.
Tal vez algunos lo llevan en la cartera, en el
bolsillo, en el cuello, en el automóvil o lo tienen en algún lugar de la casa
guardado.
Pero la pregunta es:
¿Cuándo fue la última vez que lo rezamos con verdadera
fe?
Porque el Rosario no es solamente una cadena de
cuentas.
Es una oración que durante siglos ha acompañado al
pueblo cristiano en momentos de dificultad, de peligro y de lucha.
Una oración que nos lleva a Jesús
Cuando rezamos el Rosario, no estamos simplemente
repitiendo palabras.
Con cada misterio contemplamos la vida de Jesucristo.
María nos toma de la mano y nos lleva hacia su Hijo.
Por eso, cuando decimos:
“Dios te salve, María…”
no estamos adorando a María.
Le estamos pidiendo que interceda por nosotros y que
nos acompañe hacia Jesús.
El Rosario nos enseña a mirar a Cristo cuando el mundo
nos hace mirar hacia todas partes.
Pero, ¿por qué se habla del Rosario como un arma?
Porque la vida también tiene batallas.
Hay batallas que nadie ve.
La batalla contra la tentación.
La batalla contra el miedo.
La batalla contra el odio.
La batalla contra la desesperanza.
La batalla por mantener unida a nuestra familia.
La batalla por no perder la fe.
Y muchas veces queremos enfrentar todas esas batallas
solamente con nuestras propias fuerzas.
Pero el Rosario nos recuerda:
“No estás solo. Ora. Confía en Dios. Persevera.”
El Rosario no es magia.
Las cuentas no tienen poderes mágicos.
Su fuerza está en la oración y, sobre todo, en Dios, a
quien acudimos confiando en la intercesión de la Virgen María.
“Alégrate, llena
de gracia, el Señor está contigo.” Lucas 1,28
¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE
ACOMPAÑE!
Tu amiga
Mirtha Villarroel de Rocha
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