jueves, 15 de octubre de 2026

 ¿SOY REALMENTE EL CRISTIANO QUE DIGO SER?

Una mirada sincera a nuestra propia fe.

Hoy quiero compartir una reflexión que nace de una pregunta que también me hago a mí misma: ¿Estoy viviendo verdaderamente mi fe o solamente estoy cumpliendo con mis prácticas religiosas?

Durante nuestra vida aprendemos a rezar, asistir a Misa, conocer las enseñanzas de Jesús y hablar del amor de Dios. Pero con los años también descubrimos que una cosa es conocer su Palabra y otra, mucho más difícil, es ponerla en práctica.

Podemos rezar todos los días y, sin embargo, perder la paciencia con quienes viven a nuestro lado. Podemos hablar del perdón y guardar algún resentimiento. Podemos pedir misericordia a Dios y ser demasiado severos al juzgar los errores ajenos.

Y aquí me detengo a pensar: ¿cuántas veces habré caído yo también en estas contradicciones?

Jesús nos invita a mirarnos por dentro

Jesús nos pregunta por qué vemos la paja en el ojo de nuestro hermano y no advertimos la viga que tenemos en el nuestro (Mateo 7, 3-5).

¡Qué difícil resulta reconocer nuestras propias faltas!

A veces nos parece más sencillo señalar lo que otros hacen mal que admitir nuestras equivocaciones.

 Y no escribo esto para juzgar a nadie. Lo escribo porque yo también estoy en ese camino de aprender, corregirme, pedir perdón y comenzar nuevamente.

Todos somos pecadores y todos necesitamos la misericordia de Dios.

Nuestra fe debe dar frutos

Jesús nos dice:

“Por sus frutos los reconocerán “(Mateo 7,16).

Nuestra fe debe producir frutos concretos: caridad, humildad, paciencia, misericordia, justicia, generosidad y capacidad para perdonar.

No basta con decir: ¡Señor, yo te amo!.

Ese amor debe sentirse en nuestro hogar, en la manera de tratar a nuestros hijos, a nuestro esposo o esposa, a nuestros familiares, a nuestros vecinos y también a quienes no piensan como nosotros.

Porque, pensándolo bien, ¿de qué sirve hablar tanto del amor de Dios si nuestras palabras o actitudes terminan lastimando a quienes tenemos más cerca?

Hoy quiero hacer mi propio examen de conciencia

No necesito responder delante de nadie. Solamente delante de Dios y de mi propia conciencia.

¿He sabido escuchar antes de juzgar?

¿He tenido paciencia cuando alguien me necesitaba?

¿He pedido perdón cuando me equivoqué?

¿He sido generosa con quien esperaba mi ayuda?

¿Hay alguien a quien todavía no he podido perdonar?

¿Mi familia encuentra en mí comprensión, cariño y misericordia?

Son preguntas sencillas, pero responderlas con sinceridad puede ayudarnos a descubrir cuánto nos falta por mejorar.

¿Quién es un cristiano auténtico?

Con el paso de los años voy comprendiendo algo importante:

Un cristiano auténtico no es aquel que nunca cae, sino aquel que reconoce sus caídas, busca reconciliarse, se levanta y vuelve a caminar de la mano de Cristo.

No somos perfectos. Nos equivocamos, perdemos la paciencia, decimos palabras que después lamentamos y muchas veces dejamos de hacer el bien que podríamos haber hecho.

Pero Dios conoce nuestras debilidades y no deja de llamarnos a la conversión.

Lo importante es no acostumbrarnos a nuestros errores ni justificar siempre nuestras actitudes, sino tener la humildad de reconocerlas y el deseo sincero de cambiar.

REFLEXIÓN

Hoy no quiero preguntarme si los demás son buenos cristianos. Quiero comenzar por mí misma.

¿Mi vida refleja lo que creo? ¿Mis acciones acompañan mis oraciones? ¿Estoy dejando que Jesús transforme verdaderamente mi corazón?

Quizás todavía tenga mucho que aprender, mucho que corregir y mucho que perdonar.

Pero mientras Dios me conceda un nuevo día, también me estará ofreciendo una nueva oportunidad para ser mejor.

Porque al final de nuestra vida, lo importante no será solamente cuánto hablamos de Dios, sino cuánto amor fuimos capaces de entregar.

No quiero aparentar una fe perfecta. Quiero vivir una fe sincera, humilde y comprometida, aunque todavía tenga que levantarme muchas veces.

ORACIÓN

Señor, ayúdame a vivir lo que creo

Señor Jesús, hoy me presento ante Ti tal como soy, con mi fe, mis debilidades y mis contradicciones.

Perdóname cuando hablo de amor y no sé amar, cuando pido comprensión y no comprendo, cuando espero tu misericordia y me cuesta perdonar.

Ayúdame a reconocer mis errores, corregir mis actitudes y comenzar nuevamente cada vez que caiga.

Que mi familia y quienes me rodean puedan encontrar en mis acciones un reflejo de tu amor.

Señor, no permitas que mi fe se quede solamente en palabras. Enséñame a vivirla cada día. Amén.

TOQUE ESPIRITUAL

La fe auténtica no consiste en aparentar que somos santos, sino en permitir que Dios transforme nuestro corazón, un día a la vez.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

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