¡TE PROPONGO UN RETO! Hacer
una obra de misericordia
Hoy, antes de que termine el día, haz una obra de misericordia por pequeña que sea. No busques aplausos ni
reconocimientos; hazla por amor a Dios y al prójimo.
Porque
mientras tú decides ayudar, alguien está esperando un gesto de amor.
¿Tienes comida? Comparte un plato con
quien tiene hambre.
¿Conoces a un niño con cáncer?
Ayuda a su familia con medicamentos, alimentos o una pequeña colaboración. También puedes ofrecer una oración y palabras de esperanza.
¿Una madre que vende caramelos o heladitos para mantener a sus hijos? Cómprale algo, aunque no lo
necesites Si
puedes, dale un poquito más.
¿Un anciano que vive solo? Visítalo,
escúchelo con paciencia o llámalo. Quizás
tu compañía sea el mejor regalo.
¿Una familia sin alimentos?
Comparte algo de tu despensa. Haz
una canasta y no esperes
a tener abundancia.
Visita un enfermo. Dedícale
unos minutos, acompáñalo, reza una oración corta y hazle sentir que no está
solo y hasta ayúdalo a comprar su medicamento.
¿Alguien que te ofendió? Atrévete a perdonar y
libera tu corazón del resentimiento. También es una obra de misericordia.
¿Sabes de una madre que
sufre violencia? Acompáñala y ayúdala a buscar protección y
apoyo. Recuérdale que Dios no quiere su sufrimiento, que merece vivir sin miedo
y que sus hijos también necesitan crecer en un ambiente de paz y amor.
¿Tienes unas monedas? Compártelas con los niños que limpian parabrisas en los semáforos.
Para ti es poco, para ellos puede significar mucho.
¿No tienes dinero para ayudar?
Ofrece tu tiempo, una palabra de consuelo o una oración.
¿Tienes ropa que no usas?
Entrégala a quien la necesita.
¿ACEPTAS
EL RETO?
No
necesitamos hacer cosas extraordinarias para agradar a Dios. Basta hacer las
cosas pequeñas con un amor extraordinario.
¡No
esperes tener mucho para compartir! No esperes que te sobre, alguien está
esperando que le tiendas la mano.
REFLEXIÓN:
¿Qué estoy esperando?
Quizás
tenemos tiempo para mirar el celular y nos dejamos absorver, conversar, descansar o entretenernos,
pero decimos que no tenemos unos minutos para ayudar.
¿Será
que nos hemos acostumbrado demasiado a nuestra comodidad?
¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!
Tu
amiga
Mirtha
Villarroel de Rocha
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