“AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS”
El poder de los hombres es
pasajero, pero el poder de Dios es eterno. Del Evangelio según San Mateo
22,15-21
¿Qué nos enseña Jesús con
estas palabras?
Los fariseos quisieron poner a prueba a Jesús preguntándole si debían
pagar impuestos al César. Jesús, mostrando una moneda, les dio una enseñanza
que permanece hasta hoy: debemos cumplir nuestras obligaciones con la sociedad
y respetar las autoridades, pero ningún poder humano puede ocupar el lugar que
solamente le corresponde a Dios.
¿Quiénes son los césares de
nuestro tiempo?
Hoy no tenemos emperadores
romanos, pero existen personas que, por tener autoridad, dinero o poder, creen
que pueden imponer su voluntad sobre los demás.
La autoridad debe ejercerse
con justicia, humildad y espíritu de servicio, nunca con soberbia ni abusos.
Debemos respetar las leyes y
autoridades, sin aceptar injusticias ni renunciar a nuestros principios,
recordando que ningún poder humano está por encima de Dios.
Ante Dios no importará cuánto
mandamos, sino cuánto amamos; no cuánto acumulamos, sino cuánto compartimos; ni
cuántos nos obedecieron, sino a cuántos servimos.
“Hay que obedecer a Dios antes
que a los hombres». (Hechos 5,29).
¿Qué le estamos dando a Dios?
Al
César le damos el cumplimiento de nuestras obligaciones terrenales, pero a Dios debemos darle nuestra fe, nuestra conciencia, nuestro amor y
nuestra fidelidad.
Le
damos a Dios lo que es suyo cuando defendemos la verdad, practicamos la
justicia, ayudamos al necesitado, perdonamos y respetamos la dignidad de las
personas.
No
podemos decir que amamos a Dios mientras actuamos con egoísmo, indiferencia o
injusticia.
Dios
no quiere solamente nuestras oraciones; quiere que nuestra vida sea testimonio
de aquello que creemos.
Una enseñanza para nuestra
realidad
Este Evangelio también se aplica a nuestras familias, trabajos y
comunidades, donde muchas veces confundimos autoridad con imposición y riqueza
con superioridad.
Olvidamos que los cargos, el dinero y el poder son pasajeros, pero la
dignidad humana permanece.
El verdadero valor de una persona no está en cuánto poder tiene, sino
en cuánto bien hace con lo que Dios le ha confiado.
REFLEXIÓN:
¿A quién le estoy dando el
primer lugar?
Jesús nos invita a examinar nuestra conciencia: ¿Pongo a Dios por encima de mis intereses? ¿Utilizo mi
autoridad para servir o para imponerme?
No permitamos que el poder, el dinero o las ambiciones gobiernen
nuestra vida.
Ante Dios no importará cuánto mandamos, sino cuánto amamos; no cuánto
acumulamos, sino cuánto compartimos; ni cuántos nos obedecieron, sino a cuántos
servimos.
“Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” Mateo 22,21.
ORACIÓN:
SEÑOR, QUE NADA OCUPE TU
LUGAR
Señor Jesús, enséñame a respetar a las autoridades, vivir con justicia y defender la verdad. Que el poder,
el dinero y los intereses humanos nunca ocupen tu lugar en mi corazón. Dame
humildad para reconocer mis errores y amor para servir a los demás.
Que nunca
olvide que los hombres gobiernan por un tiempo, pero Tú reinas por toda la
eternidad. Amén.
¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE
TE ACOMPAÑE!
Tu amiga
Mirtha Villarroel de Rocha
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