lunes, 19 de octubre de 2026

 “AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS”

El poder de los hombres es pasajero, pero el poder de Dios es eterno. Del Evangelio según San Mateo 22,15-21

¿Qué nos enseña Jesús con estas palabras?

Los fariseos quisieron poner a prueba a Jesús preguntándole si debían pagar impuestos al César. Jesús, mostrando una moneda, les dio una enseñanza que permanece hasta hoy: debemos cumplir nuestras obligaciones con la sociedad y respetar las autoridades, pero ningún poder humano puede ocupar el lugar que solamente le corresponde a Dios.

¿Quiénes son los césares de nuestro tiempo?

Hoy no tenemos emperadores romanos, pero existen personas que, por tener autoridad, dinero o poder, creen que pueden imponer su voluntad sobre los demás.

La autoridad debe ejercerse con justicia, humildad y espíritu de servicio, nunca con soberbia ni abusos.

Debemos respetar las leyes y autoridades, sin aceptar injusticias ni renunciar a nuestros principios, recordando que ningún poder humano está por encima de Dios.

Ante Dios no importará cuánto mandamos, sino cuánto amamos; no cuánto acumulamos, sino cuánto compartimos; ni cuántos nos obedecieron, sino a cuántos servimos.

 “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres». (Hechos 5,29).

¿Qué le estamos dando a Dios?

Al César le damos el cumplimiento de nuestras obligaciones terrenales, pero a Dios debemos darle nuestra fe, nuestra conciencia, nuestro amor y nuestra fidelidad.

Le damos a Dios lo que es suyo cuando defendemos la verdad, practicamos la justicia, ayudamos al necesitado, perdonamos y respetamos la dignidad de las personas.

No podemos decir que amamos a Dios mientras actuamos con egoísmo, indiferencia o injusticia.

Dios no quiere solamente nuestras oraciones; quiere que nuestra vida sea testimonio de aquello que creemos.

Una enseñanza para nuestra realidad

Este Evangelio también se aplica a nuestras familias, trabajos y comunidades, donde muchas veces confundimos autoridad con imposición y riqueza con superioridad.

Olvidamos que los cargos, el dinero y el poder son pasajeros, pero la dignidad humana permanece.

El verdadero valor de una persona no está en cuánto poder tiene, sino en cuánto bien hace con lo que Dios le ha confiado.

REFLEXIÓN:

¿A quién le estoy dando el primer lugar?

Jesús nos invita a examinar nuestra conciencia: ¿Pongo a Dios por encima de mis intereses? ¿Utilizo mi autoridad para servir o para imponerme?

No permitamos que el poder, el dinero o las ambiciones gobiernen nuestra vida.

Ante Dios no importará cuánto mandamos, sino cuánto amamos; no cuánto acumulamos, sino cuánto compartimos; ni cuántos nos obedecieron, sino a cuántos servimos.

“Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” Mateo 22,21.

ORACIÓN:

SEÑOR, QUE NADA OCUPE TU LUGAR

Señor Jesús, enséñame a respetar a las autoridades, vivir con justicia y defender la verdad. Que el poder, el dinero y los intereses humanos nunca ocupen tu lugar en mi corazón. Dame humildad para reconocer mis errores y amor para servir a los demás.

Que nunca olvide que los hombres gobiernan por un tiempo, pero Tú reinas por toda la eternidad. Amén.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

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