Por el bautismo hemos recibido una herencia maravillosa: la fe y la promesa de la vida eterna. Somos hijos de Dios, llamados a vivir para alabanza de su gloria.
“En Cristo hemos sido constituidos herederos, destinados a ser alabanza
de su gloria”. (Cf. Efesios 1,11-12).
Cada
día, especialmente en la Santa Misa, Dios nos habla a través de su Palabra. El
Evangelio no es una simple lectura: es fuerza que alimenta nuestra alma,
fortalece nuestra fe y transforma nuestra vida.
Hemos
sido marcados con el sello del Espíritu Santo, garantía de nuestra herencia
celestial (Efesios 1,13-14).
Cuanto más escuchamos la Palabra y la ponemos en práctica, más crecemos
espiritualmente y aprendemos a vivir como verdaderos hijos de Dios.
Hemos recibido una herencia que no se compra con dinero
Cuando
hablamos de una herencia, generalmente pensamos en bienes materiales,
propiedades o riquezas que nuestros padres nos dejan. Pero existe una herencia
mucho más grande: la herencia de la fe y de
la vida eterna que Dios nos promete en Jesucristo.
Por
el bautismo hemos sido incorporados a la familia de Dios. No somos extraños ni
visitantes en su casa. ¡Somos sus hijos y herederos!
La importancia de escuchar diariamente la palabra de dios
Escuchar diariamente la Palabra de Dios alimenta nuestra alma,
fortalece nuestra fe y nos enseña a vivir como verdaderos cristianos. Pero no
basta con escucharla: debemos practicarla y transmitirla con amor a nuestros
hijos, nietos y a quienes nos rodean. La fe es una herencia que recibimos y
tenemos la responsabilidad de compartir.
Porque no basta con escuchar la Palabra de Dios; debemos llevarla al corazón y convertirla en obras en nuestra vida diaria.
Cada día Dios tiene algo que decirnos, pero ¿estamos dispuestos a
escucharlo?
Cuanto
más escuchamos la Palabra con fe y la ponemos en práctica, más crecemos en
nuestra relación con Dios y aprendemos a vivir como verdaderos herederos de su
Reino.
REFLEXIÓN
¿Escuchamos
la Palabra de Dios solamente en la iglesia o permitimos que transforme nuestra vida
diaria?
La
fe es una herencia que debemos cuidar, practicar y transmitir a nuestros hijos
y nietos.
ORACIÓN
Señor, gracias por hacerme heredera de tu Reino. Ayúdame a escuchar, vivir y compartir tu Palabra. Que el
Espíritu Santo guíe mi vida para gloria tuya. Amén.
La fe es una herencia que crece y da frutos cuando la compartimos.
¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE
ACOMPAÑE!
Tu amiga
Mirtha Villarroel de Rocha
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