el señor es mi pastos

nada me faltara

domingo, 4 de octubre de 2026

 LA VIÑA DEL SEÑOR Y LOS FRUTOS DE NUESTRA VIDA

En el Evangelio de Mateo 21,33-46, Jesús cuenta la parábola de un propietario que plantó una viña, la cercó, preparó todo lo necesario, la confió a unos viñadores y se marchó. Cuando llegó el tiempo de recoger los frutos, envió a sus servidores, pero aquellos hombres los rechazaron, maltrataron y hasta mataron. Finalmente envió a su propio hijo, pensando que lo respetarían, pero también lo mataron.

Esta parábola nos invita a mirar nuestra propia vida.

La viña también es nuestra vida

La viña también es nuestra vida

Dios nos ha confiado una viña: nuestra vida, familia, hijos, trabajo, comunidad y los dones que hemos recibido.

Nos ha dado tiempo para amar, oportunidades para servir y una fe que debemos hacer crecer.

Por eso debemos preguntarnos:

¿Qué frutos estoy dando con todo lo que Dios puso en mis manos?

Dios busca frutos

El dueño de la viña no regresó buscando solamente hojas bonitas. Buscó frutos.

También nuestra vida cristiana necesita dar frutos.

No basta decir: “Yo creo en Dios”.

No basta rezar si después somos incapaces de perdonar.

No basta asistir a Misa si ignoramos al hermano que necesita ayuda.

No basta conocer el Evangelio si no intentamos vivirlo.

La fe verdadera debe transformarse en frutos concretos:

amor, perdón, paciencia, generosidad, justicia, misericordia, servicio, reconciliación, solidaridad y fidelidad a Dios.

Hay personas que quizá nunca leerán la Biblia, pero podrán conocer algo del amor de Dios por la manera en que nosotros vivimos.

¿Qué estamos haciendo con la viña?

Dios nos ha confiado la vida, el tiempo, los bienes y nuestras capacidades. No somos dueños absolutos, sino administradores de los dones recibidos.

Por eso debemos preguntarnos:

¿Qué hice con mis años? ¿A quién ayudé, consolé o perdoné? ¿Qué hice por mi familia, por mi Iglesia y por quien me necesitó?

No hacen falta grandes obras para dar frutos: una llamada a quien está solo, visitar a un enfermo, compartir con quien necesita, ofrecer una palabra de esperanza, una oración o una reconciliación pendiente.

Esos pequeños actos de amor también son frutos de la viña del Señor.

REFLEXIÓN

Algún día el Señor vendrá a buscar los frutos de nuestra viña.

No nos preguntará solamente cuánto tuvimos, cuánto acumulamos o cuántos reconocimientos recibimos.

La pregunta fundamental será:

¿Qué hiciste con lo que puse en tus manos?

Por eso, mientras podamos caminar, hablar, rezar, enseñar, acompañar o simplemente ofrecer nuestro sufrimiento, todavía podemos dar frutos.

Que al terminar nuestra jornada podamos presentar nuestras manos ante Dios y decir:

“Señor, la viña era tuya. Tú me la confiaste. No fui perfecto, cometí errores y muchas veces pude hacer más, pero aquí están los frutos que pude darte.”

ORACIÓN

Gracias por la viña de mi vida,

por mi familia y por todo lo que has puesto en mis manos.

Perdóname por las veces que no supe dar buenos frutos.

Ayúdame a sembrar amor, perdón, solidaridad y servicio.

Que mientras tenga vida pueda seguir trabajando para Ti

y dando frutos que te agraden.

 Aquí estoy, Señor.

Todavía puedes contar conmigo.

Amén.

“El Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos.” Mateo 21,43

Para recordar: Dios nos confía la viña de nuestra vida y espera que demos frutos de amor, fe, perdón, servicio y solidaridad.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TOQUE ESPIRITUAL

No hay comentarios:

Publicar un comentario

  LA VIÑA DEL SEÑOR Y LOS FRUTOS DE NUESTRA VIDA En el Evangelio de Mateo 21,33-46, Jesús cuenta la parábola de un propietario que plantó ...