el señor es mi pastos

nada me faltara

martes, 22 de septiembre de 2026

 NUNCA ES TARDE PARA SERVIR A DIOS

A veces pensamos que para servir a Dios hay que ser joven, tener muchas fuerzas, grandes conocimientos o disponer de mucho tiempo. Pero Dios no mira nuestra edad: mira nuestro corazón y nuestra disponibilidad.

Mientras tengamos vida, siempre tendremos algo que ofrecer.

Podemos servir a Dios acompañando a una persona que está sola, escuchando al que necesita desahogarse, visitando a un enfermo, enseñando al que no sabe, compartiendo nuestra experiencia, ayudando al necesitado, rezando por alguien o simplemente ofreciendo una palabra de esperanza.

Con los años quizá disminuyan nuestras fuerzas físicas, pero aumenta algo muy valioso: la experiencia de vida. Hemos conocido alegrías y sufrimientos, triunfos y fracasos; hemos aprendido a levantarnos después de caer. Todo eso puede convertirse en un instrumento para ayudar a otros.

No digas: “Ya estoy viejo, vieja, para comenzar”, “ya cumplí mi misión” o “¿qué puedo hacer yo a estas alturas de mi vida?”.

Pregúntale más bien al Señor:

¿Para qué me necesitas hoy?

Tal vez Dios no te pida grandes obras. Quizá solamente te está pidiendo que estés presente donde alguien necesita amor, consuelo, orientación o compañía.

Cita bíblica: " Aún en la vejez tendrán sus frutos, pues aún están verdes  y dan brotes.” Salmo 92,15

Reflexión

Cada nuevo día que Dios nos concede puede tener una misión. Mientras podamos amar, escuchar, perdonar, enseñar, compartir y orar, podemos seguir sirviendo.

La edad no nos jubila del amor ni de la caridad.

Tal vez aquello que aprendiste durante toda una vida sea precisamente lo que hoy otra persona necesita escuchar. Tus experiencias, tus heridas superadas, tu fe y hasta tus errores pueden convertirse en una enseñanza para alguien que recién comienza su camino.

Por eso, no importa si tienes 30, 50, 70 u 80 años. Nunca es tarde para decirle a Dios: “Aquí estoy, Señor. Todavía puedes contar conmigo”.

Oración

Señor Jesús,

gracias por el don de la vida

y por cada año que me has permitido recorrer.

No permitas que piense que por mi edad

ya no tengo nada que ofrecer.

Muéstrame dónde puedo servirte,

a quién puedo acompañar,

qué palabra puedo compartir

y qué necesidad puedo aliviar.

Que mis manos, mi experiencia,

mi tiempo y mi oración

sean instrumentos de tu amor.

Señor, mientras me regales un nuevo día,

que mis manos sigan dispuestas a ayudar,

mi corazón abierto para amar

y mis pasos atentos a quien me necesite.

Que la vida que aún me concedes

sea una oportunidad para servirte en los demás. Amén.

¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

 

 

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