LEVANTEMOS LAS DOS ALAS DE LA
ORACIÓN
La oración necesita dos alas para elevarnos hacia
Dios: el perdón y la generosidad. No basta con pronunciar hermosas
palabras si nuestro corazón continúa cerrado al hermano.
La primera ala es perdonar a quien nos ha ofendido. Perdonar no significa justificar el daño ni olvidar
inmediatamente lo sucedido. Significa entregar a Dios la herida, renunciar a la
venganza y permitir que el Espíritu Santo vaya sanando nuestro corazón. Algunas
ofensas son profundas y no se superan de un día para otro; por eso necesitamos
pedir fortaleza para comenzar el camino del perdón.
La segunda ala es dar y compartir con quien necesita. Podemos ofrecer nuestro tiempo, compañía, escucha,
alimento, ropa, ayuda económica o una palabra de esperanza. A veces, compartir
significa incluso sacar de nuestra boca un bocado para que otro también pueda
alimentarse. Lo que entregamos con amor nunca se pierde, porque llega a las
manos de Dios.
Dios se sirve de los seres humanos como instrumentos
de su providencia. Cuando damos, permitimos que el milagro de Dios llegue a la
vida de alguien. Tal vez una familia esté pidiendo alimento y el Señor quiera
responderle por medio de nuestra generosidad. Quizá una persona esté rogando
por consuelo y Dios quiera abrazarla mediante nuestras palabras y nuestra
presencia.
No impidamos la acción del Espíritu Santo. Dejemos que
Él nos enseñe a perdonar, a compartir y a reconocer a Jesús en el rostro del
necesitado. Levantemos con fortaleza las dos alas de la oración: perdonemos con
misericordia y demos con amor. Así nuestra oración no quedará solamente
en los labios, sino que se convertirá en una vida capaz de volar hacia Dios.
Cita bíblica
“No condenen y
no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den y se les dará; recibirán
una medida bien llena, apretada y rebosante; porque con la medida que ustedes
midan, serán medidos”. Lucas 6,37-38
Reflexión
La oración necesita dos alas para elevarse hacia Dios:
el perdón y la generosidad. Una de ellas nos invita a perdonar a quien nos
ofendió, aunque la herida todavía duela; la otra nos impulsa a abrir las manos
y compartir con quien necesita.
Dios muchas veces se sirve de nosotros como
instrumentos de su amor. Cuando visitamos a un enfermo, consolamos al que sufre
o somos capaces de sacar de nuestra propia boca un bocado para compartirlo,
permitimos que ocurra el milagro de Dios en la vida de otra persona.
No siempre podemos solucionar todos los problemas,
pero siempre podemos hacer algo: escuchar, acompañar, compartir el pan o
pronunciar una palabra de esperanza. Levantemos con fortaleza las dos alas del
corazón: perdonemos con misericordia y demos con amor. Solo así nuestra oración
dejará de ser palabras y se convertirá en una verdadera obra de fe.
Oración
Señor Jesús,
abre mi corazón para perdonar
a quien me ha causado dolor
y enséñame a compartir con quien necesita.
No permitas que la indiferencia
cierre mis manos ni que el resentimiento
me impida acercarme a Ti.
Espíritu Santo, actúa en mi vida
y conviérteme en instrumento de tu amor.
Que pueda sacar de mi propia mesa
un bocado para compartir con mi hermano.
Levanta en mí las dos alas de la oración:
el perdón y la generosidad,
para que mi vida vuele cada día
hacia el corazón de Dios. Amén.
¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!
Tu amiga,
Mirtha Villarroel de Rocha
Próximo encuentro en Toque Espiritual
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