REFLEXIÓN EN TOQUE ESPIRITUAL
ESCUCHA Y ABRAZA A TUS HIJOS
MIENTRAS PUEDAS
Escucha a tus hijos cuando te hablen. Aunque estés
cansado, preocupado o lleno de ocupaciones, detente un momento y míralos a los
ojos. Tal vez aquello que quieren contarte parezca insignificante para ti, pero
para ellos puede ser todo su mundo. Cuando un hijo se acerca a sus padres para
hablar, no solamente busca respuestas: busca sentirse importante, comprendido,
protegido y amado.
Cuando te busquen, atiéndelos. Cuando te pidan un
abrazo, no se lo niegues. Cuando necesiten escuchar un “te amo”, díselo sin
vergüenza y con el corazón. No pienses que ya saben cuánto los amas; necesitan
escucharlo y sentirlo por medio de tus palabras, tu paciencia y tu presencia.
Los hijos crecen más rápido de lo que imaginamos. Un
día dejan de correr hacia nuestros brazos, comienzan a guardar sus secretos y
buscan respuestas lejos del hogar. Quizá llegue el momento en que esquiven
nuestros abrazos o se incomoden cuando les digamos cuánto los queremos. No será
necesariamente porque dejaron de amarnos, sino porque están creciendo y
aprendiendo a construir su propio camino.
Por eso, aprovecha el tiempo en que todavía te buscan.
Juega con ellos, escucha sus historias, acompáñalos en sus temores y celebra sus
pequeñas alegrías. No permitas que mañana tengan que preguntarte: ¿Por
qué no me abrazabas cuando era pequeño? ¿Por qué nunca me decías que me amabas?
¿Por qué no me escuchabas cuando intentaba hablar contigo?
Ningún trabajo, compromiso o preocupación debería
robarnos completamente esos momentos. Las cosas materiales pueden recuperarse,
pero la infancia de nuestros hijos no vuelve. El juguete se rompe, la ropa
queda pequeña y los regalos se olvidan; pero un abrazo sincero, una
conversación a tiempo y una palabra de aliento pueden permanecer para siempre
en su corazón.
También debemos aprender a escuchar aquello que no
dicen. A veces, detrás de un cambio de carácter, del silencio o del
aislamiento, puede esconderse una tristeza, un miedo o una herida. No respondamos
inmediatamente con gritos o reproches. Acerquémonos con paciencia y
preguntemos: ¿Qué te pasa? ¿Cómo puedo ayudarte? Un hijo que se siente
escuchado en su hogar tendrá más confianza para acudir a sus padres cuando
enfrente una dificultad.
Amar a los hijos no significa permitirles todo.
También es necesario corregirlos, enseñarles límites y mostrarles el camino
correcto; pero la corrección debe ir acompañada de respeto y ternura. Las
palabras duras pueden dejar heridas profundas, mientras que una corrección
hecha con amor puede convertirse en una enseñanza para toda la vida.
Abrázalos hoy. Diles que estás orgulloso de ellos,
incluso cuando todavía tengan mucho que aprender. Hazles saber que pueden
equivocarse sin perder tu amor. Enséñales que, aunque no siempre apruebes sus
decisiones, nunca dejarás de ser su padre o su madre. El hogar debe ser ese
lugar al que puedan regresar sin miedo, sabiendo que encontrarán orientación,
comprensión y cariño.
Reflexión
El mejor legado que podemos dejar a nuestros hijos no
siempre es una casa, dinero o bienes materiales. Es el recuerdo de una familia
donde fueron escuchados, corregidos con amor y abrazados en sus momentos
difíciles.
Esas raíces se forman con tiempo, diálogo, oración,
respeto y ternura. No dejemos para mañana el amor que podemos demostrar hoy,
porque llegará el día en que los hijos crecerán y nosotros desearíamos volver,
aunque fuera por un instante, a tenerlos pequeños entre nuestros brazos.
También nos
recuerda la Palabra de Dios:
“Padres, no
exasperen a sus hijos, sino fórmenlos más bien mediante la instrucción y la
corrección según el Señor”. Efesios 6,4
Oración por nuestros hijos
Señor, gracias por el regalo maravilloso de mis hijos.
Perdóname por las veces que no los escuché, por los momentos en que mis
preocupaciones fueron más fuertes que su necesidad de sentirse amados y por las
palabras que pudieron herirlos.
Enséñame a comprender sus silencios, a acompañar sus
temores y a alegrarme con sus sueños. Dame paciencia para escucharlos,
sabiduría para orientarlos y ternura para corregirlos.
Protégelos, Señor, en cada etapa de su vida. Cuando se
alejen de mis brazos, permanece Tú a su lado. Guía sus pasos, fortalece su fe y
haz que nuestro hogar sea siempre un refugio de confianza, perdón, ternura y paz.
Amén.
¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE
ACOMPAÑE!
Tu amiga,
Mirtha Villarroel de Rocha
Hasta nuestro
próximo Toque Espiritual.
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