REFLEXIÓN EN TOQUE ESPIRITUAL
CUANDO UNA ADICCIÓN ESTÁ
DESTRUYENDO TU FAMILIA
Hay dolores que se viven a puerta cerrada: esperar a
alguien que no llega, escuchar promesas que vuelven a romperse, ver cómo
desaparecen la confianza y la tranquilidad del hogar. Cuando una adicción entra
en la vida de una persona, también alcanza a quienes la aman.
Quizá has llorado, suplicado y rezado para que todo
cambie. Tal vez te preguntas: ¿Qué hice
mal? ¿Por qué mi amor no es suficiente? No te culpes por no poder
resolverlo todo. Puedes acompañar a quien amas, pero no puedes recorrer su
camino de recuperación en su lugar.
La Palabra de
Dios nos invita:” Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados, y yo
los aliviaré» (Mateo 11,28).
Esta invitación también es para ti, que sostienes a tu
familia mientras por dentro sientes que te derrumbas.
Amar también significa hablar con verdad: “Te quiero y
deseo ayudarte, pero necesitamos buscar ayuda”. Significa poner límites al
dinero que entregas, dejar de ocultar lo que sucede y cuidar tu dignidad y la
de tus hijos. Perdonar no te obliga a soportar violencia ni a permanecer en
peligro. Si hay amenazas o agresiones, busca protección y ayuda inmediata.
No cargues este sufrimiento en silencio. Acude a
profesionales y a espacios de apoyo para familiares. La oración y el
acompañamiento espiritual pueden sostenerte mientras buscas esa ayuda. Pedir
apoyo no es traicionar a quien amas: es reconocer que la familia también
necesita cuidado.
Si tú eres quien está atravesando una adicción, tu
vida conserva su valor. Reconocer el daño y aceptar ayuda puede ser el comienzo
de un camino distinto. Tus seres queridos necesitan que las promesas se
conviertan, poco a poco, en acciones.
La recuperación puede tener dificultades, pero hay
motivos para esperar. Hoy no tienes que resolver toda tu vida: puedes dar un
primer paso, contar lo que está pasando y dejarte acompañar.
Oremos
Señor Jesús, entra en nuestro hogar herido. Sostén a
quien vive una adicción y dale valor para aceptar ayuda. Abraza a quienes
lloran en silencio, protege a nuestros hijos y enséñanos a amar con verdad y
con límites. Danos fortaleza para buscar apoyo y esperanza para caminar un día
a la vez. Amén.
“El Señor está
cerca de los que tienen el corazón herido, y salva a los de espíritu abatido”.
Salmo 34,18
Cuando una adicción hiere a tu familia, Dios no es
indiferente a tus lágrimas. Acércate a Él y busca ayuda: tú también necesitas
apoyo, cuidado y esperanza.
¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA
SIEMPRE TE ACOMPAÑE!
Tu amiga,
Mirtha Villarroel de Rocha
Hasta nuestro
próximo Toque Espiritual.
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