REFLEXIÓN EN TOQUE ESPIRITUAL
MANTENER EL CONTACTO CON DIOS
Mantener el contacto con Dios no significa recordarlo
solamente cuando atravesamos una dificultad o necesitamos su ayuda. Es procurar
su presencia todos los días, hablar con Él mediante la oración y permitir que
su Palabra ilumine nuestras decisiones.
Dios nos habla de muchas maneras, pero especialmente
por medio de la Sagrada Escritura. Por eso es importante dedicar cada día unos
minutos a leer el Evangelio, aunque sea un breve pasaje. No se trata de leer
apresuradamente para cumplir una obligación, sino de guardar silencio, prestar
atención y preguntarnos: ¿Qué quiere decirme Dios hoy?
Escuchar, comprender y vivir
La Palabra de Dios necesita
recorrer tres caminos en nuestra vida:
Primero, escucharla.
Debemos acercarnos a ella con un corazón abierto,
dejando por un momento las preocupaciones, los ruidos y las distracciones.
Segundo, asimilarla.
No basta con leerla; necesitamos meditarla, guardarla
en nuestro interior y permitir que confronte nuestra manera de pensar y de
actuar.
Tercero, ponerla en práctica.
La Palabra se vuelve vida cuando nos impulsa a
perdonar, servir, hablar con verdad, ayudar al necesitado, tratar con respeto a
nuestra familia y corregir aquello que no agrada a Dios.
Podemos conocer muchas citas bíblicas y participar en
diferentes actos religiosos; pero, si nuestras acciones contradicen nuestras
palabras, nuestra fe queda solamente en apariencias. Dios nos invita a ser
coherentes: que exista unidad entre lo que creemos, lo que decimos y lo que
hacemos.
No podemos hablar de amor y tratar mal a los demás;
pedir perdón a Dios y negarnos a perdonar; defender la verdad y vivir en la
mentira; rezar con devoción y permanecer indiferentes ante el sufrimiento
ajeno.
Ser coherentes no significa ser perfectos. Todos
podemos equivocarnos y caer. La coherencia cristiana consiste en reconocer
humildemente nuestros errores, pedir perdón, corregirnos y volver a comenzar de
la mano de Dios.
Un encuentro diario con su Palabra
No necesitamos disponer de mucho tiempo. Podemos
comenzar reservando unos minutos cada mañana o antes de dormir:
Invocar al Espíritu Santo.
Leer lentamente el Evangelio del día.
Elegir una palabra o frase que toque nuestro corazón.
Preguntarnos qué debemos cambiar o practicar.
Terminar con una oración y un compromiso concreto.
Quizás ese compromiso sea escuchar con paciencia,
evitar una crítica, reconciliarnos con alguien, visitar a una persona enferma,
acompañar a quien se siente solo o realizar nuestro trabajo con mayor responsabilidad.
Cuando escuchamos la Palabra y la llevamos a la vida,
mantenemos una relación cercana con Dios. Poco a poco, Él transforma nuestro
corazón, fortalece nuestra fe y nos enseña a vivir con mayor amor y esperanza.
Oración
Señor, abre mi corazón para escuchar tu Palabra.
Ayúdame a comprenderla, guardarla y ponerla en
práctica.
Que mis palabras no contradigan mis acciones
y que mi conducta refleje la fe que profeso.
Dame humildad para reconocer mis errores,
fortaleza para corregirlos
y perseverancia para buscarte cada día.
Que tu Palabra sea luz para mis decisiones,
consuelo en mis dificultades
y guía en cada paso de mi vida. Amén.
“Felices los que
escuchan la Palabra de Dios y la practican”. Lucas 11,28
Tu amiga,
Mirtha Villarroel de Rocha
Hasta nuestro
próximo Toque Espiritual.
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