LEVANTEMOS LAS DOS ALAS DE LA ORACIÓN
La oración necesita dos alas para elevarnos hacia Dios: el perdón y la generosidad. No basta con pronunciar hermosas palabras si nuestro corazón continúa cerrado al hermano.
La primera ala es perdonar a quien nos ha ofendido. Perdonar no significa justificar el daño ni olvidar inmediatamente lo sucedido. Significa entregar a Dios la herida, renunciar a la venganza y permitir que el Espíritu Santo vaya sanando nuestro corazón. Algunas ofensas son profundas y no se superan de un día para otro; por eso necesitamos pedir fortaleza para comenzar el camino del perdón.
La segunda ala es dar y compartir con quien necesita. Podemos ofrecer nuestro tiempo, compañía, escucha, alimento, ropa, ayuda económica o una palabra de esperanza. A veces, compartir significa incluso sacar de nuestra boca un bocado para que otro también pueda alimentarse. Lo que entregamos con amor nunca se pierde, porque llega a las manos de Dios.
Dios se sirve de los seres humanos como instrumentos de su providencia. Cuando damos, permitimos que el milagro de Dios llegue a la vida de alguien.
Tal vez una familia esté pidiendo alimento y el Señor quiera responderle por medio de nuestra generosidad. Quizá una persona esté rogando por consuelo y Dios quiera abrazarla mediante nuestras palabras y nuestra presencia.
"Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja "
Tu amiga
Mirtha Villarroel de Rocha

No hay comentarios:
Publicar un comentario