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jueves, 10 de septiembre de 2026

 ¿QUÉ PUEDO HACER CUANDO TENGO UN FAMILIAR GRAVEMENTE ENFERMO?

Cuando una persona que amamos padece una enfermedad grave o terminal, sentimos miedo, tristeza e impotencia. Quisiéramos encontrar las palabras exactas, aliviar su dolor o detener el paso del tiempo. Sin embargo, muchas veces lo más importante no es hablar demasiado, sino permanecer a su lado con amor.

Acompañar a un enfermo es escucharlo, sostener su mano y recordarle que no está solo. Como católicos, llamemos oportunamente al sacerdote, sin esperar sus últimos momentos, su visita no anuncia la muerte: lleva el consuelo, la fortaleza y la misericordia de Dios.

El sacerdote no llega únicamente para acompañar la muerte; llega para llevar a Cristo, que sostiene, perdona, fortalece

¿Cuándo debemos llamar a un sacerdote?

Es conveniente llamarlo cuando:

Se recibe el diagnóstico de una enfermedad grave.

La salud comienza a deteriorarse.

La persona será sometida a una cirugía delicada.

El enfermo pide confesarse, recibir la Comunión o conversar espiritualmente.

Es una persona anciana cuya fragilidad aumenta.

La familia advierte que podría acercarse el final de la vida.

Mientras el enfermo está consciente y es visitado por un sacerdote puede conversar con él, confesarse, recibir la Unción de los Enfermos y la Comunión. Este sacramento no es sólo para los agonizantes: también fortalece y consuela a quienes padecen una enfermedad grave o las dificultades de la ancianidad. Puede recibirse nuevamente si la salud empeora.

Por eso, la familia no debe decir: “Todavía no llamemos al sacerdote porque se asustará”. Con mucha delicadeza podemos explicarle:

“Queremos que venga el sacerdote para acompañarte, rezar contigo y traerte el consuelo de Dios”.

Si el enfermo se encuentra hospitalizado, podemos preguntar si existe capellán o servicio de asistencia religiosa. Si está en casa, debemos comunicarnos con la parroquia. Y si la situación se vuelve crítica, conviene indicar claramente que se trata de una urgencia.

Además de la asistencia espiritual, nunca debemos abandonar la atención médica y los cuidados paliativos. La fe, la medicina, el alivio del dolor y el acompañamiento familiar pueden caminar juntos.

Cita bíblica

“El que esté enfermo, que llame a los presbíteros de la iglesia para que rueguen por él, ungiéndolo con aceite en el nombre del Señor.  La oración hecha con fe salvará al enfermo; el Señor lo levantará y, si ha cometido pecado, le serán perdonados”. Santiago 5,14-15

 ¡DIOS TE BENDIGA Y LA VIRGEN MARÍA SIEMPRE TE ACOMPAÑE!

Tu amiga,

Mirtha Villarroel de Rocha

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