¿QUÉ PUEDO HACER CUANDO TENGO UN FAMILIAR GRAVEMENTE ENFERMO?
Cuando una persona que amamos padece una enfermedad
grave o terminal, sentimos miedo, tristeza e impotencia. Quisiéramos encontrar
las palabras exactas, aliviar su dolor o detener el paso del tiempo. Sin
embargo, muchas veces lo más importante no es hablar demasiado, sino permanecer
a su lado con amor.
Acompañar a un enfermo es escucharlo, sostener su mano
y recordarle que no está solo. Como católicos, llamemos oportunamente al
sacerdote, sin esperar sus últimos momentos, su visita no anuncia la muerte:
lleva el consuelo, la fortaleza y la misericordia de Dios.
El sacerdote no llega únicamente para acompañar la
muerte; llega para llevar a Cristo, que sostiene, perdona, fortalece
¿Cuándo debemos llamar a un
sacerdote?
Es conveniente llamarlo cuando:
Se recibe el diagnóstico de una enfermedad grave.
La salud comienza a deteriorarse.
La persona será sometida a una cirugía delicada.
El enfermo pide confesarse, recibir la Comunión o
conversar espiritualmente.
Es una persona anciana cuya fragilidad aumenta.
La familia advierte que podría acercarse el final de
la vida.
Mientras el enfermo está consciente y es visitado por
un sacerdote puede conversar con él, confesarse, recibir la Unción de los
Enfermos y la Comunión. Este sacramento no es sólo para los agonizantes:
también fortalece y consuela a quienes padecen una enfermedad grave o las
dificultades de la ancianidad. Puede recibirse nuevamente si la salud empeora.
Por eso, la familia no debe decir: “Todavía
no llamemos al sacerdote porque se asustará”. Con mucha delicadeza
podemos explicarle:
“Queremos que venga el sacerdote
para acompañarte, rezar contigo y traerte el consuelo de Dios”.
Si el enfermo se encuentra hospitalizado, podemos preguntar
si existe capellán o servicio de asistencia religiosa. Si está en casa, debemos
comunicarnos con la parroquia. Y si la situación se vuelve crítica, conviene
indicar claramente que se trata de una urgencia.
Además de la asistencia espiritual, nunca debemos
abandonar la atención médica y los cuidados paliativos. La fe, la medicina, el
alivio del dolor y el acompañamiento familiar pueden caminar juntos.
Cita bíblica
“El que esté enfermo,
que llame a los presbíteros de la iglesia para que rueguen por él, ungiéndolo
con aceite en el nombre del Señor. La
oración hecha con fe salvará al enfermo; el Señor lo levantará y, si ha
cometido pecado, le serán perdonados”. Santiago 5,14-15
Tu amiga,
Mirtha Villarroel de Rocha
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