NADIE ESTÁ TAN CAÍDO QUE
DIOS NO PUEDA LEVANTARLO
Hay momentos en la vida en que las tormentas parecen
demasiado fuertes. Una enfermedad, una injusticia, la pérdida del trabajo, una
traición, un proceso judicial, una condena, una deuda o una situación familiar
difícil pueden hacernos pensar que todo está perdido.
Sin embargo, Dios nunca abandona a sus hijos. Quizás
no siempre interviene cuando nosotros queremos, ni de la manera que esperamos,
pero permanece junto a nosotros, sosteniéndonos en silencio.
Esto es especialmente importante para quienes se
encuentran privados de libertad. Algunos serán inocentes, otros habrán cometido
errores; pero todos siguen siendo hijos de Dios y conservan su dignidad humana.
Mientras hay vida, hay esperanza. Mientras hay arrepentimiento, hay posibilidad
de cambio. Mientras hay fe, hay un camino hacia la luz.
La sociedad muchas veces condena para siempre, pero
Dios no deja de llamar al corazón de cada persona. Recordemos al buen ladrón
crucificado junto a Jesús. En el último momento de su vida reconoció sus faltas
y puso su confianza en el Señor.
"Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino."
Y Jesús le respondió:
"En verdad te
digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso." (Lucas 23, 42-43)
Por eso, como cristianos, no podemos limitarnos a
sentir compasión. Debemos practicar las obras de misericordia. Entre ellas,
visitar a los presos, consolar a los afligidos, dar esperanza al desesperado,
acompañar al enfermo y rezar por quienes sufren.
La oración y las obras siempre caminan juntas. Una
oración sincera nos mueve a actuar; y una obra de caridad sin Dios corre el
riesgo de quedarse sólo en un gesto humano. El cristiano está llamado a ambas
cosas.
Hoy viernes LOS
MISTERIOS DOLOROSOS
nos enseñan precisamente esto. Jesús sufrió la agonía, la injusticia, los
golpes, las burlas y la cruz. Conoce el dolor humano porque lo vivió en carne
propia. Por eso nadie puede decir que su sufrimiento es desconocido para Dios.
Cuando contemplamos los Misterios
Dolorosos
descubrimos que el sufrimiento no es el final de la historia. Después de la cruz
vino la Resurrección. Después de la noche llegó el amanecer. Después del dolor
apareció la esperanza.
Reflexión
Quizás hoy no estemos detrás de los barrotes de una
cárcel, pero muchos vivimos prisioneros del miedo, del resentimiento, de la
desesperanza o de las preocupaciones. Jesús quiere liberarnos de esas cadenas
interiores.
No abandonemos la oración. No abandonemos las obras
de misericordia. No abandonemos la esperanza.
Porque cuando todo parece perdido, Dios sigue
escribiendo la última palabra.
Cita Bíblica
"Vengan a mí todos los que
están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré." (Mateo 11, 28)
Oración Final
Señor Jesús, acompaña a quienes atraviesan tormentas
en su vida. Fortalece a los enfermos, a los que sufren injusticias, a los
privados de libertad, a quienes han perdido la esperanza y a quienes se sienten
solos. Enséñanos a unir siempre la oración con las obras de misericordia, para
ser instrumentos de tu amor. Que nunca olvidemos que después de la cruz llega
la resurrección y que tu misericordia es más grande que nuestras caídas. Amén.
Al rezar los Misterios Dolorosos, contemplamos a
Jesús en su Pasión y pidiendo la gracia de permanecer firmes en la fe, aun en
medio de las pruebas más difíciles.
¡QUE EL SEÑOR NOS BENDIGA Y LA VIRGEN NOS PROTEJA!
Tu amiga
Mirtha
Villarroel de Rocha
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