NO MIRAMOS EL DELITO, MIRAMOS LA DIGNIDAD HUMANA. SEGUNDA PARTE.
Por el año 1997 tuve el privilegio de hacer un
proyecto carcelario y poder conformar un equipo interdisciplinario al que
llamamos “Confraternidad Carcelaria con Terapia Ocupacional”, orientado a la
atención integral de personas privadas de libertad.
Todos participamos en una experiencia que marcó
profundamente cada vida, la mía y mi vocación de servicio: Al ingresar al
recinto penitenciario encontramos una realidad dolorosa. Existían 43 privados
de libertad; apenas tres contaban con sentencia ejecutoriada y cuarenta
permanecían encarcelados bajo detención preventiva, algunos desde hacía más de cuatro
o cinco años, sin que su situación jurídica hubiera sido resuelta. Muchos
habían perdido la esperanza. Sus expedientes dormían en oficinas y archivos,
mientras ellos veían pasar los días, los meses y los años detrás de los muros.
Ningún abogado parecía dispuesto a asumir la defensa
de aquellos casos. Sin embargo, Dios fue allanando el camino. Por aquella época
comenzaba a utilizarse con mayor frecuencia la Acción de Libertad (antes
conocida como Hábeas Corpus), y como abogada decidimos revisar cuidadosamente
cada expediente. Poco a poco, la verdad comenzó a abrirse paso. Recuerdo haber
impulsado al menos tres acciones que lograron resultados favorables.
Posteriormente, el propio sistema judicial fue reconociendo la situación
irregular de muchos internos y facilitó su liberación debido al excesivo tiempo
de permanencia en prisión sin sentencia ejecutoriada.
Pero nuestro trabajo no se limitó solamente al
aspecto jurídico.
Comprendimos que una persona no necesita únicamente
recuperar su libertad física; también necesita recuperar su dignidad, su
autoestima y la esperanza de volver a empezar. Por ello la conformación de un
equipo interdisciplinario integrado por profesionales comprometidos con el
servicio al prójimo. Trabajamos en áreas de salud, alimentación, salubridad,
educación, terapia ocupacional y orientación social.
A través de talleres y actividades productivas,
muchos descubrieron habilidades que desconocían poseer. La terapia ocupacional
se convirtió en una herramienta invaluable para fortalecer la disciplina, el
sentido de utilidad y la confianza en sí mismos. Cada trabajo realizado
representaba mucho más que una actividad manual: era una oportunidad para
reconstruir vidas.
Tampoco dejamos de lado la dimensión espiritual.
Compartimos momentos de oración, reflexión y formación en valores cristianos.
Muchos se prepararon para recibir los sacramentos y reencontrarse con Dios
después de años de sufrimiento, abandono o resentimiento. Aprendimos que la fe
puede iluminar incluso los lugares más oscuros y que ninguna persona está fuera
del alcance de la misericordia divina.
Con el tiempo, cuarenta de aquellos privados de
libertad recuperaron su libertad. Sin embargo, el desafío apenas comenzaba.
Había que ayudarlos a re insertarse en la sociedad, reencontrarse con sus
familias y enfrentar el peso de los prejuicios. El estigma social suele
convertirse en una segunda condena para quien intenta reconstruir su vida.
Por eso procuramos acompañarlos también en esa
etapa. Nunca nos correspondió juzgar sus historias ni sus errores. Para eso
están los tribunales. Nosotros decidimos mirar algo más profundo: la dignidad
humana que permanece intacta en toda persona, incluso después de haber caído.
Aquella experiencia me enseñó que detrás de cada
reja hay un ser humano que sigue siendo hijo de Dios. Aprendí que la justicia
debe ir de la mano de la misericordia, que la libertad verdadera comienza en el
corazón y que una oportunidad puede cambiar el destino de una vida.
Hoy, cuando recuerdo aquellos años, donde parecía no cansarme por lo relativamente joven, no pienso en
expedientes ni en estadísticas. Pienso en rostros, en lágrimas de alegría al
recuperar la libertad, porque fuimos claros, que saldrían por la misma puerta
por donde entraron para reencontrarse en familia, que volvieran a abrazarse y
en personas que descubrieran que todavía era posible comenzar de nuevo.
Porque detrás de los muros también nacen sueños,
florecen talentos y se producen milagros cuando alguien decide mirar más allá
del delito para reconocer la grandeza de la persona humana.
Cita bíblica
"Acuérdense de los presos, como si ustedes
estuvieran presos con ellos; lo mismo
con los que sufren; pues ustedes también viven en un cuerpo. (hebreos 13, 3)
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