DIOS NECESITA MANOS DISPUESTAS, NO PERSONAS PERFECTAS

Hay una pregunta que muchas veces me hago:

¿Qué estamos haciendo con el tiempo y los dones que Dios nos ha regalado?

Vivimos preocupados por tantas cosas que, sin darnos cuenta, pasan los días, los meses y los años. Muchas personas dicen: "Que otros lo hagan", "Para eso están las monjitas y los padrecitos", "Cuando mis hijos crezcan tendré tiempo para ayudar", "Cuando me jubile tendré más tiempo para servir", e incluso escuché decir a una prima: "Si algún día enviudo, recién me dedicaré a la Iglesia." Y si llegás a los 90 y aún no sucede, sólo has perdido el tiempo…, creo yo.

Y así, la vida transcurre sin dejar huellas de amor.

A lo largo de mi vida personal y profesional, el Señor me permitió comprobar una verdad que nunca olvidaré: cuando damos un paso para servir al prójimo, Dios abre caminos que jamás habíamos imaginado.

No basta con mirar la realidad de quienes hoy necesitan ayuda y lamentarse por lo que viven. Es necesario actuar.

Con la colaboración de muchas personas de buena voluntad fue posible impulsar diversos proyectos de servicio: desde un proyecto carcelario basado en la terapia ocupacional, iniciativas educativas, apoyo a niñas y niños en situación de extrema pobreza, hasta la labor desarrollada durante veinticinco años por los Centinelas del Divino Niño, que, por la gracia de Dios, este año 2026 se consolidó como la Fundación CENDINI.

Cada una de estas experiencias me confirmó que el trabajo digno, unido a la fe, puede devolver esperanza, fortalecer la autoestima y abrir un nuevo horizonte para quienes desean reconstruir su vida.

Por eso creemos firmemente que:

"No queremos dar un pan para un día; queremos ayudar a sembrar la semilla que produzca el pan de toda una vida."

El grupo de los Centinelas del Divino Niño, hoy Fundación, no nació para ser asistencialista, sino para unir la fe, la formación, el trabajo y la solidaridad, ayudando a cada persona a descubrir y desarrollar los dones que Dios le ha concedido. Este modelo promueve la dignidad humana, la responsabilidad y el desarrollo integral, en plena armonía con la Doctrina Social de la Iglesia.

Durante más de treinta años de servicio como abogada conciliadora, tuve la oportunidad de acompañar a muchas personas y familias en la búsqueda de soluciones pacíficas a sus conflictos. Esa experiencia me enseñó que las obras más valiosas nunca son fruto del esfuerzo de una sola persona, sino de hombres y mujeres que ponen generosamente sus talentos, conocimientos y tiempo al servicio del prójimo.

Por eso comprendí que Dios no necesita personas extraordinarias; necesita corazones disponibles.

Hoy me pregunto cuántos talentos permanecen escondidos por miedo, comodidad o porque pensamos que "alguien más lo hará". Muchos dicen no tener tiempo para Dios, pero sí para otras ocupaciones; otros afirman amarlo, pero rara vez ponen su fe al servicio del prójimo mediante la oración, las obras de misericordia o el acompañamiento a quienes más lo necesitan.

 La fe no puede quedarse únicamente en palabras.

Cada uno de nosotros tiene algo valioso que ofrecer: tiempo, conocimientos, una profesión, una sonrisa, una visita, una oración, una escucha atenta o unas manos dispuestas para trabajar.

No todos estamos llamados a realizar las mismas obras, pero todos estamos llamados a hacer el bien.

Preguntémonos hoy:

¿Qué estoy haciendo con los dones que Dios me regaló?

Porque llegará un día en que el Señor no nos preguntará cuántos proyectos soñamos, cuántos fueron realizados, sino cuánto amor sembramos con lo que puso en nuestras manos.

Que el Espíritu Santo nos conceda un corazón generoso para descubrir que cada día es una oportunidad para servir y que ninguna obra hecha por amor es pequeña a los ojos de Dios.

Cita bíblica

"Así también la fe: si no produce obras, está realmente muerta." Santiago 2, 17.

“QUE EL SEÑOR NOS BENDIGA Y LA VIRGEN NOS PROTEJA”

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha


Comentarios

Entradas populares de este blog