GUÍA DE AUTO EXPLORACIÓN MAMARIA

¿Cuándo hacerlo? Una vez al mes.

El mejor momento es 7 a 10 días después de la menstruación (cuando los senos están menos sensibles).

Si ya no menstruas, elige un día fijo de cada mes (ejemplo: el día 1 o el 15).

 Primer paso 1: Observación frente al espejo

Colócate frente a un espejo, con los brazos relajados a los lados.

Observa si hay cambios en tamaño, forma o color de tus senos.

Repite la observación con los brazos levantados y luego con las manos apoyadas en la cintura, apretando para tensar el pecho.

 ¿Qué debes buscar? Hoyuelos o retracciones en la piel (como piel de naranja).

Bultos visibles o inflamaciones. Cambios en el pezón (hundimiento, secreción o enrojecimiento).

Segundo Paso. Palpación de pie (en la ducha)

Levanta el brazo izquierdo y usa la mano derecha para explorar el seno izquierdo.

Con la yema de los dedos, haz movimientos circulares pequeños, recorriendo toda la mama:

Desde la parte superior hacia abajo. Desde el borde externo hacia el pezón.

Repite el procedimiento en la otra mama.

Palpa también la axila y la zona de la clavícula, donde hay ganglios linfáticos.

 Tercer Paso. Palpación acostada

Acuéstate boca arriba, coloca una almohada bajo el hombro derecho y el brazo derecho detrás de la cabeza.

Con la mano izquierda, repite los movimientos circulares sobre el seno derecho.

Haz lo mismo con el seno izquierdo.

Señales de alerta que requieren consulta médica. Bulto duro y fijo en la mama o axila. Retracción o hundimiento de piel o pezón. Secreción con sangre o transparente fuera de la lactancia. Cambios de color o textura en la piel del seno. Dolor persistente en una zona específica.

La autoexploración no reemplaza la mamografía ni los controles médicos, pero es un acto de amor propio que ayuda a conocer tu cuerpo y detectar cambios tempranos.

Si notas algo diferente, consulta al médico de inmediato.

Mensaje de esperanza

"Hoy tu cuerpo lleva las huellas de una gran batalla, pero también refleja la fuerza de alguien que no se rindió. La quimioterapia y la radioterapia pudieron cansarte, quitarte el cabello, robarte el apetito y a veces hasta la sonrisa, pero no lograron apagar tu fe ni la esperanza que brilla en ti.

Cada lágrima, cada noche de cansancio y cada día de incertidumbre son semillas de vida que, con paciencia, darán fruto en tu corazón. Aunque el camino sea duro y a veces parezca interminable, recuerda que dentro de ti late una valentía que ni la enfermedad puede vencer.

Y aunque el futuro se vea incierto, en cada amanecer Dios te regala una nueva oportunidad de vida, un motivo para seguir soñando y creyendo.

Hoy celebra no sólo que sobreviviste a un tratamiento, sino que eres testimonio vivo de que la esperanza es más fuerte que el dolor.

Escucha esto. No estás sola, está tu familia, tus amigos, tu fe más que todo y todos los que te aman caminan con vos. Ttambién descubrí que el amor de la familia, los amigos y la fe, actúan como una medicina que no se compra en farmacias.

Te dejo mi mensaje final

Que quede claro que “Dios no te mandó esta enfermedad. Él nunca quiere verte sufrir. La enfermedad llega porque nuestro cuerpo es frágil y porque vivimos en un mundo donde también existe el dolor. Pero lo importante es saber que Dios camina a tu lado, en cada sesión del tratamiento, en cada lágrima, en cada noche de cansancio.

Él no te castiga, al contrario, te abraza y te sostiene. Jesús mismo sanaba a los enfermos y se conmovía con su dolor, porque el corazón de Dios es misericordioso.

Si hoy estás pasando por un diagnóstico de cáncer de mama, quiero decirte; que El Señor tiene el control de tu vida. Confía en Él, fortalece tu espíritu con la oración, cuida tu salud siguiendo las indicaciones médicas y no pierdas la esperanza.

“La enfermedad puede tocar tu cuerpo, pero nunca podrá robarte la fe ni el amor de tus hijos, tu esposo y quienes te rodean.

Cuando atravieses esta etapa y salgas adelante, te darás cuenta que tu vida será un testimonio vivo de que la misericordia de Dios y es más grande que cualquier diagnóstico. Y en medio de esta lucha, Dios hará brotar en ti una fortaleza que tal vez nunca imaginaste tener, y serás un apoyo para otras que atraviesan lo mismo.

Y a las que hemos pasado por este camino del cáncer, nos corresponde ser entregadas al prójimo, con un corazón compasivo y solidario que acompañe y anime a quienes hoy luchan, recordándoles que Dios está primero y nunca nos deja sola.

Como dice la Escritura: “Los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán” (Isaías 40,31).

¡Con gratitud inmensa a Dios Todopoderoso por la segunda oportunidad!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

(Muy pronto tendrás la primera edición de mi libro. Mi Testimonio de vida. Porque yo creo en Dios y en los milagros)

 

 

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