SEGUNDA VUELTA. PERO... CON FE Y ESPERANZA
Bolivia vivió una jornada eleccionaria este domingo 17 de
agosto 2025. Por el derecho y deber como ciudadanos bolivianos fuimos convocados
a emitir nuestro voto y nos acercamos a las urnas voluntariamente, eligiendo al
candidato que cada uno consideró el más idóneo para conducir nuestra patria.
Personalmente, me levanté muy temprano y asistí a la Santa Misa. Allí, delante
del Señor de la vida y de la historia, puse a Bolivia en sus manos, y pedí que
el Espíritu Santo iluminara a quienes tienen la responsabilidad de elegir y de
ser elegidos.
Le rogué con el corazón abierto por paz en las almas,
claridad en las mentes, responsabilidad en las decisiones y cordura en los
actos. Que nuestros candidatos recuerden siempre que servir no es un privilegio
personal, sino un deber sagrado hacia el pueblo, y que cada ciudadano ejerza su
derecho con conciencia, respeto y esperanza en un mañana mejor.
Pedí también al Señor que aparte de nosotros la
violencia, la división y el egoísmo, y que en su lugar florezcan la unidad, la
justicia y la solidaridad entre hermanos. Que nunca olvidemos que no somos
enemigos, sino hijos de una misma tierra, herederos de una misma historia y
constructores de un mismo futuro.
Bajo esa guía sagrada, Bolivia tuvo que elegir el
camino que más convenga para el bien común. Y si el destino ya nos condujo a
una segunda vuelta, que no decaiga nuestra confianza: con fe en Dios y esperanza en el corazón, sabremos esperar que la
nueva autoridad sea instrumento de su voluntad, para conducirnos por senderos
de paz, de reconciliación y de prosperidad.
Hoy, después de 20 años, nuestra amada Bolivia vuelve
a levantar la mirada al cielo y a decir con voz firme: “¡Sí, todavía tenemos FE
Y ESPERANZA!”. Porque la vida, con sus pruebas y contrastes, nos recuerda que
todo puede cambiar cuando el pueblo se une, ora y confía en el Dios de la vida.
Te invito a reflexionar:
“Si el Señor no construye el edificio, en vano se fatigan los obreros; si el Señor no guarda la
ciudad, en vano monta guardia el centinela.” (Salmo 127,1)
Sería inútil orientar nuestra vida sin intentar saber lo que Dios quiere. Es vano buscar la felicidad por otra caminos que los que Él indicó.
"La sabiduría que viene de lo alto es, ante todo,
pura, y además pacífica, comprensiva, dócil, llena de misericordia y de buenos
frutos, imparcial y sincera. Y el fruto de la justicia se siembra en la paz
para aquellos que trabajan por la paz. Santiago 3,17-18
¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!
Tu amiga
Mirtha Villarroel de Rocha
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