EL TIEMPO ES VIDA, EL DÍA ES HOY.
Dios tiene palabra de acción para nosotros. Hay
momentos en la vida en los que sentimos que el tiempo se nos escapa de las
manos, postergamos sueños, guardamos proyectos en un cajón, callamos palabras
de amor o de perdón y creemos que siempre habrá un mañana. Pero la verdad es
que el tiempo no se detiene y cada día que pasa es un regalo que no vuelve.
Por eso, el llamado es a vivir con plenitud, a
aprovechar cada instante para amar, perdonar, servir y soñar. Lo que no hagas
hoy quizá mañana ya no sea posible. El tiempo no espera: se aprovecha o se
pierde.
Ese tiempo precioso debe ser aprovechado para hacer el
bien, para aplicar la justicia, para asistir a un enfermo, para ayudar al que te
extiende su mano y hasta para prepararnos para el día en que el Señor venga por
segunda vez. Llenemos nuestras manos de amor, sembremos esperanza y dejemos
huellas de bondad.
Y dentro de todo ese obrar, debe haber también tiempo
para rezar, para pedir por nuestra conversión, por la conversión de nuestros
hijos o familiares, como lo hizo Santa Mónica, a quien hoy recordamos. Ella
supo esperar con fe y perseverancia la conversión de su hijo Agustín, quien
después llegó a ser un gran santo y doctor de la Iglesia.
Su ejemplo nos enseña que
nunca debemos cansarnos de orar, porque las lágrimas y súplicas de una madre
tocan el corazón de Dios y dan fruto en el tiempo preciso.
Y en medio de ese caminar, podemos quizá, recordar
alguna canción de nuestra época, yo por ejemplo, cuando cantaba en el coliseo de
mi pueblo y me creía una artista, hoy te comparto mi risa de casi seis décadas atrás, esas melodías que nos marcaron y que hoy nos
hacen pensar que lo más valioso no fueron los aplausos ni las conquistas
pasajeras, sino las obras de amor que quedaron grabadas en el corazón de los
demás.
"Todo tiene su momento,
y cada cosa su tiempo bajo el cielo." (Eclesiastés 3,1)
¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!
Tu amiga
Mirtha Villarroel de Rocha
Comentarios
Publicar un comentario