“DOS VECES CÁNCER, DOS VECES VIDA” POR LA MISERICORDIA DE DIOS.
Ya conté mi historia, pero es necesario insistir para cuidarnos y estar alertas mujeres y por su relevancia estará dividido en dos partes.
Primera parte:
"A lo largo de mi vida he pasado por dos batallas que marcaron profundamente mi historia: el cáncer de mama, primero a mis 35 años y luego nuevamente a mis 67. Hoy te escribo a mis 73 años. En ambas ocasiones el Señor y su Madre Santísima me sostuvieron con su misericordia, dándome la oportunidad de seguir viviendo para contarlo.
Hoy, muchas mujeres se acercan a mí en busca de consejo, esperanza y oración. Saben que he caminado por este valle de sombra y que, por la gracia de Dios, lo he atravesado con fe en Dios, el apoyo de mi esposo, su presencia y comprensión me dieron seguridad y fuerza. Mis hijos y nietos cada uno con su amor, son un motor para seguir luchando. Mis hermanos, los amigos y el entorno, no hay que aislarse y hay que permitir que nos ayuden.
Lo más relevante en estos momentos es la FE que la debemos tomar como un ancla.
Entregar la enfermedad a Dios. Decir cada día: “Señor, en tus manos pongo mi vida.”
Buscar el consuelo de la Virgen. Rezar a diario el rosario, una imagen, o rezar novenas.
Mostrar que se puede vivir y superar, incluso dos veces, como en mi caso y es esperanza
para otras.
Me visitan muchas mujeres enfermas con cáncer, me hacen varias preguntas como por ejemplo: Si tuve miedo. Si contagia. ¿Cómo supe que era cáncer? ¿Qué tratamiento se siguió? ¿Cuáles son los síntomas? ¿Qué pasa después de una quimioterapia o radioterapia? ¿Por qué Dios permite esto? ¿Es un castigo? También buscan ánimo para afrontar el diagnóstico, en medio de la confusión y fortaleza para continuar y son conscientes que sólo Dios puede abrir luz en ese caminar duro por el momento, tanto personal como familiar. Pero no hay que desesperarse porque el cáncer tiene cura si se detecta a tiempo o también por milagro de Dios.
Por eso las escucho, rezo con ellas, les comparto lo que aprendí en mi propio camino y les recuerdo que el cáncer no es el final, sino un desafío que, con fe, disciplina y esperanza, se puede enfrentar. Mi deseo es que cada mujer que llega a mí se vaya con el corazón más fuerte que cuando llegó. Lo primero que se debe hacer es no perder la fe en Dios, al contrario, aferrarse a lo divino y es momento que, si has perdido la conexión, debes buscarlo porque es providencial esos momentos para encontrar la calma interior, la que jamás se debe perder. Así suelo decirles...
Y así voy respondiendo con lo que aprendí en mi propia carne y en mi espíritu
Comienzo por la última pregunta y les digo que la enfermedad de cáncer NO es un castigo de Dios. Y que no contagia. Como muchos suelen demostrar animadversión, eso pasó conmigo. Esta enfermedad es parte de la fragilidad humana, y en medio de ella, Él se hace presente para sostenernos. Puedes atender a uno o una enferma hasta cerrarles los ojitos sin pena alguna, es una gran obra de misericordia.
El Señor no envía el cáncer para destruirnos, sino que nos acompaña en la prueba para fortalecernos. En esos momentos descubrimos su presencia, porque en medio del dolor Él se hace más cercano, hay que aceptar la realidad sin dejarse vencer por el miedo. Esto no significa resignarse, sino reconocer que hay un desafío que afrontar.
Deben fortalecer su espíritu en la oración. Dedicar momentos del día para hablar con Dios y pedir a la Virgen fortaleza, paz y confianza.
Si tuve miedo. ¿Y cómo supe que era cáncer? Claro que tuve miedo…, y mucho, cuando conocí el diagnóstico que era cáncer, fue como si el mundo se viniera abajo. La primera vez lo descubrí por una secreción en el pezón y luego un bulto que no estaba antes. Fui al médico pensando que sería algo sencillo, pero los exámenes confirmaron que era cáncer. La palabra me golpeó como un ladrillo, me pareció una sentencia de muerte. Sin embargo, en cuanto vi el rostro de mis hijos que en ese entonces tenían 5, 7 y 10 años le dije al Señor, “no puedo derrumbarme, ellos me necesitan”.
En la segunda ocasión, la aceptación fue más serena: estaba gracias a Dios, rodeada de mi amado esposo y de mis hijos, ya mayores y realistas. Entonces comprendí que había un propósito en mi vida que el Señor quería que cumpliera, y me aferré a esa certeza como a un ancla en medio de la tormenta.
"A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien" (Romanos 8,28).
¡Con gratitud inmensa a Dios todopoderoso por la segunda oportunidad!
Tu amiga
Mirtha Villarroel de Rocha
Continuará...
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