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lunes, 4 de marzo de 2024

 

DESTRUYAN ESTE TEMPLO Y EN TRES DIAS LO VOLVERÉ A LEVANTAR Jn  2,13-25

  Este relato describe el momento en que Jesús expulsa a los vendedores del templo en Jerusalén y habla sobre su cuerpo como un templo que será destruido y reconstruido en tres días.

El pasaje bíblico es significativo porque anticipa la muerte y resurrección de Jesús. La muerte de Jesús en la cruz es vista como la destrucción del templo, y su resurrección tres días después es la reconstrucción, cumpliendo así la afirmación que hizo.

La muerte y resurrección de Jesús como el centro del cristianismo señala hacia adelante los eventos centrales de la fe cristiana: la muerte sacrificial de Jesús en la cruz por los pecados del mundo y su victoriosa resurrección. La destrucción del templo (su muerte) y su reconstrucción en tres días (su resurrección) son la base misma de la fe cristiana, que ofrece esperanza de vida eterna y reconciliación con Dios.

Jesús desafía las prácticas y estructuras religiosas establecidas al limpiar el templo de los vendedores y al afirmar su autoridad para hacerlo. Esta acción y sus palabras subrayan la importancia de la relación personal con Dios sobre las prácticas externas y rituales.

Aunque Jesús habla de la destrucción de su cuerpo, también promete su reconstrucción en tres días. Esta promesa asegura a sus seguidores que, incluso después de su partida física, la presencia de Dios seguirá estando con ellos a través del Espíritu Santo y la comunidad de creyentes.

En conjunto, este pasaje ofrece una visión profunda de la identidad y la misión de Jesús, así como del significado central de su muerte y resurrección en la fe cristiana.

Esta declaración es una afirmación de la identidad única de Jesús como el Mesías prometido. Al referirse a su cuerpo como un templo, está insinuando que él mismo es el lugar de encuentro entre Dios y la humanidad. La destrucción y reconstrucción en tres días apuntan a su muerte y resurrección, eventos que confirmarán su identidad como el Hijo de Dios.

En la tradición judía, el templo era el lugar sagrado donde se encontraba la presencia de Dios. Jesús desafía esta noción al afirmar que su propio cuerpo es el nuevo templo. Esta enseñanza cambia fundamentalmente la forma en que las personas interactúan con lo divino, ya que no se limita a un lugar físico, sino que se encuentra en la persona de Jesús.

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha

 

 

 

 

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