AL CELEBRAR NUESTRO “CUARTO ANIVERSARIO” DEL REZO DEL ROSARIO POR ZOOM.

Continuación... Segunda parte.

Cuatro años han transcurrido desde que el rezo del Rosario por Zoom comenzara como una respuesta a la necesidad de conexión espiritual durante tiempos de aislamiento impuestos por la pandemia.

Este hito no solo marca un período de persistencia y compromiso, sino también un testimonio vivo de cómo la tecnología puede ser un vehículo poderoso para la comunidad y la fe. En este tiempo, el grupo ha permanecido no solo en número, sino también en solidaridad, empatía y esperanza compartida. Nos recuerda de cómo, incluso en la distancia física, se pudo encontrar unidad y consuelo en la oración comunitaria.

Es importante reconocer y agradecer a Dios, así como a la Virgen María, por guiar nuestros pasos y manteneros unidos en la fe y la comunidad. Es imperativo reconocer el valor de nuestra perseverancia y unidad en tiempos de crisis. Ahora más que nunca, el mundo necesita de la fortaleza y la esperanza que brinda la oración en comunidad.

En estos momentos de incertidumbre y sufrimiento, es esencial que más personas se unan a esta noble causa. La oración es un puente que une corazones y fortalece espíritus. Cada voz que se une al coro de plegarias representa una esperanza renovada, un apoyo inquebrantable para aquellos que luchan contra la enfermedad, la adversidad y la desesperanza.

Nuestra labor trasciende las fronteras del tiempo y del espacio, extendiendo un manto de amor y compasión sobre aquellos que más lo necesitan. Nuestro compromiso con la oración y la acción es un testimonio vivo del poder transformador del amor de Dios.

En momentos de crisis, la oración se convierte en nuestra roca, nuestra fortaleza. Es el faro que guía nuestros pasos en la oscuridad. Que más personas se sumen a este noble propósito, para que juntos, en comunidad, podamos enfrentar cualquier adversidad, sabiendo que no estamos solos, sino unidos en la fe y en el amor fraternal. Que la luz de la oración ilumine nuestro camino y traiga consuelo a los corazones afligidos.

Por tanto, hacemos un llamado a todos aquellos que buscan consuelo, fortaleza y sentido en medio de la tormenta: unirse a este grupo de oración. Juntos, elevemos nuestras voces al cielo, pidiendo por la salud del Santo Padre, los enfermos, los privados de libertad, los sacerdotes, por el consuelo de los afligidos, la conversión de las familias y la propia humanidad, por la fortaleza de aquellos que enfrentan desafíos aparentemente insuperables, reconociendo que el ser humano está lleno de múltiples necesidades. Pero estamos orando…

NO TE PIERDAS LA ÚLTIMA PARTE DE ESTE COMPROMISO YA CONSOLIDADO.

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!

Tu amiga

Mirtha Villarroel de Rocha


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