“SI TE HACE CASO, HAS SALVADO A TU HERMANO” DEL EVANGELIO DE SAN MATEO 18,15-20
el señor es mi pastos
nada me faltara
miércoles, 14 de agosto de 2024
Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndelo
a solas; si te escucha, has ganado a tu hermano. Pero si no te escucha, lleva
aún contigo a uno o dos, para que todo asunto se resuelva por el testimonio de
dos o tres testigos. Si no los escucha a ellos, dilo a la iglesia; y si no
escucha a la iglesia, considéralo como un pagano o un publicano. En verdad os
digo que todo lo que atéis en la tierra será atado en el cielo, y todo lo que
desatéis en la tierra será desatado en el cielo. De cierto os digo que, si dos
de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que
pidan, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están
dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
Aborda la importancia de la reconciliación y
la resolución de conflictos en la comunidad cristiana. El proceso comienza con
una conversación privada entre las dos partes implicadas. Jesús nos enseña que
antes de llevar un conflicto a la comunidad más amplia, es esencial intentar
resolverlo de manera personal, es un proceso escalonado para tratar con el
pecado y las faltas entre hermanos, enfatizando la importancia de la corrección
privada y el papel de la comunidad en la resolución de disputas. Esto refleja
un profundo respeto por la dignidad del otro y busca restaurar la relación sin
causar más daño.
REFLEXIÓN
Si la reconciliación privada no tiene éxito, el
siguiente paso es involucrar a testigos o miembros de la comunidad. Esto no se
trata de formar bandos, sino de buscar una resolución justa y de restaurar la
armonía dentro de la comunidad. La presencia de testigos puede ayudar a
asegurar que el proceso sea justo y transparente.
El texto sugiere que, si una persona no escucha ni a
los testigos ni a la comunidad, debe ser tratada como un pagano o un publicano.
Esto no implica una exclusión definitiva, sino una invitación a reflexionar
sobre el comportamiento y el impacto en la comunidad. La autoridad de la
comunidad está relacionada con el compromiso de buscar el bien común y la
restauración de la relación.
Jesús promete estar presente donde dos o tres se
congregan en su nombre. Esta promesa tiene la importancia de reconocer cómo una
comunidad puede ayudar a la unidad de la misma, en la resolución de conflictos.
La presencia de Jesús en medio de nosotros es una garantía de que el proceso de
reconciliación no es simplemente un esfuerzo humano, sino una colaboración con
lo divino.
Cómo aplicamos en la vida diaria
¿Cómo podemos aplicar este enfoque en nuestras vidas?
¿Estamos dispuestos a abordar los conflictos directamente y con empatía, o
preferimos hablar sobre ellos con terceros antes de intentar resolverlos
personalmente?
Cuando tengas un conflicto con alguien, busca un
momento adecuado para hablar con esa persona en privado. Usa un lenguaje claro
y respetuoso para expresar tus sentimientos y preocupaciones. Por ejemplo,
puedes comenzar con: ¡Me siento muy triste
conocer lo que te ha sucedido! Me gustaría entender tu perspectiva y
encontrar una solución juntos.”
Si la conversación privada no resuelve el conflicto,
considera invitar a una tercera persona imparcial para mediar. Esta persona
puede ser un amigo de confianza, un miembro de la familia o un consejero. La
presencia de un mediador puede ayudar a mantener la conversación enfocada y
justa.
Asegúrate de escuchar activamente al otro. Esto
significa prestar atención sin interrumpir, hacer preguntas para aclarar y
mostrar empatía por sus sentimientos.
Asegúrate de que los testigos o mediadores actúen de
manera neutral y objetiva. Su papel es ayudar a facilitar la comunicación y
buscar una solución equitativa, no tomar partido.
Si el conflicto persiste y afecta a una comunidad más
amplia (como un grupo de trabajo o una comunidad religiosa), considera discutir
el problema con un grupo más grande para obtener perspectiva y apoyo. Sin
embargo, esto debe hacerse con cuidado para proteger la privacidad y la
dignidad de todas las partes involucradas.
Cuando enfrentes desafíos o conflictos, busca el
apoyo de otros en oración. Reúne a amigos, familiares o miembros de tu
comunidad para orar por una solución justa y pacífica. La oración en conjunto
puede fortalecer la resolución y la esperanza. Después de una resolución,
revisa y acuerda los pasos a seguir para evitar futuros conflictos. Asegúrate
de que todos estén de acuerdo con el plan y comprometidos a seguirlo.
En contextos comunitarios como la iglesia, puedes
buscar la orientación de líderes o asesores que puedan ofrecer sabiduría y
ayudar a guiar la resolución del conflicto.
¡Que el
Señor nos bendiga y la Virgen nos proteja!
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